La habitación

Una noche de frustración.

Chapter 10 by malakaison

Aunque al principio fui reticente a devolverle el beso en seguida mi lengua buscó la suya. La erección frustrada en mi aparato de castidad me hizo soltar un gemido frustrado que solo encontró una sonrisa en su cara. Arrastro su mano a mi culo y cuando se abrió la puerta del ascensor me dio una cachetada.

-Andando chico. Habitación 205.

Llegamos a la habitación del hotel y ella me empujó hasta la cama.

-Quitate la ropa, ¿quieres?

Obedecí al instante y me desnudé frente a ella, con solo mi polla cubierta por el aparto de castidad, mi excitación era evidente para ella.

-Parece que el pajarito quiere salir del nido. No esta noche Jon. Esta noche tu regalo es otra tarea- dijo ella tirandose en la cama a mi vera y acariciando mi cuerpo desnudo.-Me gusta cuando un hombre se cuida Jon.

Fui a contestar pero ella llevó su dedo a mis labios y me pidió que me callara.

-Esta noche tu eres el entretenimiento, así que pon las manos a la espalda y date la vuelta.-Dijo ella mientras buscaba entre su bolso una cinta de raso y la sacaba. Se descalzó con un movimiento de pies y se colocó a horcajadas sobre mi culo, atándome las manos a la espalda. Me dió la vuelta y se inclinó ante mí. Se quedó a apenas unos centímetros de mi boca y no podía evitar mirar la suya, semiabierta en una invitación. Me incliné para besarla y fui recibido por un tortazo que no me hizo mucho daño pero que me descolocó por completo.

-Habíamos quedado que eres mi juguete-ronroneó- y juego como yo quiero.

Su actitud de perdonavidas me cabreo pero al mismo tiempo me excitó muchísimo el grado de control que tenía sobre mi cuerpo. Mi polla intentaba inútilmente endurecerse en su jaula. Ella debíó darse cuenta porque me echó al suelo y me exigió que pusiera en práctica con sus pies lo que había hecho vía webcam el día anterior.

Con las manos atadas a la espalda y arrodillado incliné la cabeza ante el pie que me tendía y besé su dorso. Me sentía expuesto y humillado. ¿Cómo una chica tan delgadita y aparententemente frágil podía ejercer tanto control sobre mí? Una parte de mí deseaba tirarse sobre ella y hacerle echarle un polvo cabreado. La otra deseaba complacerla y ver que más cosas me tenía guardadas. Seguí besando, dorso, empeine, deditos planta. Estaba ansioso, con mariposas en el estómago y una erección imposible de satisfacer así que huí hacia delante. Besé y lamí sus pies y cuando me lo indicó seguí subiendo por sus piernas hasta llegar a sus muslos. Ella se subió la falda y me mostró un coño perfecto, totalmente depilado y con la labia pequeñita y abierta por sus dedos.

-Lame, chico.

No me lo tuvo que decir dos veces. Mi lengua acarició sus labios y penetró en su coño húmedo. Ella tomó mi cabeza y la mantuvo apretada contra su vagina. Succioné y se empezaron a mezclar nuestros gemidos de frustración y placer. No podía parar, me sentía fuera de sí mientras acariciaba su clítoris con mi lengua. No se el tiempo que me llevó pero ella acabó corriéndose y empapándome. Con el pie me apartó con suavidad y me quedé allí mirándola. Todavía vestida y recuperándose de su orgasmo. Me encontré a mí mismo diciendo.

-Gracias Reina.

Y ella sonrió.

Cuando se recuperó un poco me desató y me indicó que nos preparara un baño. Con las muñecas libres corrí a la bañera y empecé a llenarla de agua caliente.

-¿Querrá espuma?

-Sí-respondió ella.

Eché espuma y esperé a que ella llegara. Se presentó ante mí desnuda. Era realmente bonita. Me miró a los ojos y me indicó con un gesto de cabeza que me metiera en la bañera. Ella se metió detrás mío y se tumbó sobre mí acaraciciando el brazo que la rodeaba.

-¿Has disfrutado, Jon?

-Ha sido extraño. Quiero decir comerte el coño sabiendo que solo conseguiría frustrarme más. Pero no hubiera podido hacer otra cosa.

-Buen chico-dijo y me plantó un beso en la frente.

Tras estar un rato ahí tirados ella me pidió que le lavara. Era una situación extraña, acariciar su cuerpo con la esponja limpiando cada centímetro de su piel. Al llegar a las piernas ella no pude evitarlo y le besé una nalga. Ella me miró de repente seria.

-Si quieres hacer algo así. Debes pedir permiso.

Aquello me extrañó fui a decir algo, pero su semblante cambió de repente.

-Aún te queda mucho por aprender, Jon. Pero me está encantando enseñarte.

Cuando le pregunté ellla no quiso responder y decidí no insistir en el tema. Fuimos a la cama y ella se durmió usando mi pecho como almohada. Apenas pude pegar ojo aquella noche. Estaba confuso, frustrado y sin embargo sentía algo calmo y placentero en mí. Creo que me pasé la noche en vela sin nada más que hacer que mirar su rostro en la penumbra.

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