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Capítulo 6: La ecuación de Katy

Chapter 6 by K45

El agua caliente de la regadera caía a chorros sobre los hombros de Tyler, arrastrando el sudor, los ruidos de la mañana y los restos del encuentro sobre las sábanas de Leah. Apoyó las palmas de las manos contra los azulejos fríos del baño, dejando que el vapor inundara el espacio. Sintió el peso de sus músculos, la vitalidad de sus veintiún años y una lucidez absoluta. Miró hacia la repisa del espejo, donde la Swap Note descansaba envuelta en una bolsa plástica transparente para que la humedad no dañara sus páginas de papel antiguo.

Cerró la llave. El goteo constante marcó el silencio mientras se secaba con una toalla blanca.

Caminó hacia su armario, donde la reescritura de Pertenencias mantenía su dominio. Desplazó los ganchos hasta encontrar la combinación del día. Dado que toda la ropa interior, vestidos y prendas de Rachel le pertenecían legalmente en esta línea temporal, Tyler eligió con soltura. Se puso unas bragas de encaje suave que se ceñían perfectamente a sus caderas, un top deportivo gris que le sujetaba el torso, unos leggins negros de tela elástica ajustada que le marcaban las piernas y una blusa rosada de manga corta. Terminó ajustándose unas sandalias cómodas. Al mirarse al espejo, no vio nada fuera de lugar: para él era la confirmación física de su soberanía, y para el resto del mundo, la indumentaria con la que siempre lo habían visto caminar.

Tomó la Swap Note, se la guardó en el bolsillo lateral de la blusa rosada junto con su pluma y salió de la habitación.

En la sala, Rachel estaba sentada en el sillón leyendo el periódico, vistiendo la camisa negra con rojo de Tyler y el short azul. Al verlo pasar, levantó la vista y le sonrió con afecto.

—Qué bonita te queda esa blusa rosada, hijo —dijo Rachel con total naturalidad—. Voy a salir más tarde a hacer unos pagos con tu camioneta. ¿Necesitas algo del centro?

—No, mamá, estoy bien. Voy a dar una vuelta al parque —respondió Tyler, ajustándose la tela de los leggins negros—. Regreso en un rato.

Salió a la calle bajo un cielo despejado. El aire fresco le rozó los brazos. Mientras caminaba por las banquetas del vecindario, se cruzó con varios conocidos que lo saludaron con cortesía habitual. Para el entramado de la realidad, ver a Tyler con leggins negros y blusa rosada era tan cotidiano como el amanecer.

A los quince minutos llegó al parque central del pueblo. El lugar estaba lleno de sombra gracias a los grandes laureles que rodeaban las jardineras. Tyler se paseó con las manos en los bolsillos, observando a la gente con la mirada de un arquitecto que contempla un terreno en blanco.

En una de las bancas de concreto, alejada del bullicio de los niños y las palomas, estaba su siguiente objetivo.

Katheryne —o Katy, como todos la llamaban— tenía veintiún años y era conocida en todo el pueblo y la universidad por su inteligencia abrumadora. Siempre obtenía las mejores calificaciones, resolvía problemas complejos en segundos y mantenía una actitud analítica, distante y metódica ante la vida. Sin embargo, en el apartado físico, Katy era bastante plana: no poseía la delantera ni la trasera prominente que caracterizaba a chicas como Sherly o el nuevo cuerpo de Leah. Llevaba puestos unos lentes de armazón delgado, el cabello castaño recogido en una coleta baja y vestía una falda de pliegues sencilla con una blusa blanca de cuello cerrado, concentrada por completo en la lectura de un libro denso de matemáticas avanzadas.

Tyler se detuvo a unos metros de distancia, apoyando la espalda contra el tronco de un árbol. La contempló con fascinación fría.

Katy siempre había sido inalcanzable para la mayoría de los chicos debido a su mente calculadora y su desinterés total por los coqueteos banales. Pero para Tyler, esa frialdad intelectual era el ingrediente perfecto para su siguiente experimento. Iba a aplicar exactamente la misma fórmula que había destruido la resistencia de Leah y de Sherly: intercambiar Vida con ella, habitar su anatomía menuda, explorar sus sensaciones fisiológicas más íntimas y sembrar en el centro de su cerebro una fijación erótica e incontrolable por él.

Se acomodó la blusa rosada, sacó la Swap Note del bolsillo y la abrió en las hojas en blanco. Apoyó la pluma sobre la superficie de papel y escribió con trazo firme:

Tyler / Katheryne

Vida / Vida

Al cerrar el cuaderno con un chasquido suave, el parque, los laureles y la luz del sol se disolvieron en una mancha negra instantánea.

El vacío duró solo un pestañeo, pero al abrir los ojos, el ángulo de visión de Tyler se redujo drásticamente. Sentía la nariz ligeramente oprimida por las almohadillas de unos lentes y una ligereza extraña en el torso y las caderas.

Estaba sentada en la banca de concreto del parque. Sostenía el libro de matemáticas avanzadas entre dos manos pequeñas, de dedos delgados y piel muy pálida.

Tyler —ahora en la existencia y el cuerpo de Katy— dejó caer el libro sobre sus muslos y miró hacia abajo.

Vestía la falda de pliegues y la blusa blanca de cuello cerrado. Al pasarse la mano por el pecho, confirmó lo que ya sabía: apenas había una leve curva suave debajo de la tela. Sus pechos eran pequeños, firmes pero modestos, y al tocarse las caderas descubrió una cintura estrecha con una retaguardia plana.

—Conque esta es la gran mente del pueblo... —murmuró Tyler.

La voz que salió de su boca era fina, clara, con una pronunciación articulada y metódica. Era la voz de Katy.

En ese instante, una descarga de datos e información atravesó su mente con la fuerza de un rayo. La regla de la categoría Vida volcó la existencia entera de Katy en su conciencia. Tyler cerró los ojos detrás de los lentes mientras miles de recuerdos se acomodaban en su cerebro: fórmulas complejas, años de estudio solitario, el desprecio por los chicos del pueblo a los que consideraba ignorantes, la presión de sus padres por mantener la excelencia académica y, sobre todo, una represión sexual absoluta. Katy jamás había permitido que nadie la tocara; había sublimado todo su impulso biológico en el estudio y la lógica.

Al abrir los ojos, Tyler sonrió con la voz de Katy. La combinación de una mente ultrarracional con un despertar erótico repentino iba a ser devastadora.

Se ajustó los lentes, se levantó de la banca y caminó a pasos rápidos hacia los baños públicos del parque, ubicados al fondo de la plaza. El andar del cuerpo de Katy era ligero, casi sin impacto. Entró al baño de mujeres, le echó el seguro a la puerta de madera del cubículo y se apoyó de espaldas contra la pared.

La sola adrenalina de saberse dentro de la chica más inteligente del pueblo comenzó a surtir efecto. Aunque la anatomía de Katy era menuda y poco desarrollada en curvas, la biología femenina reaccionó al instante a la intrusión de la conciencia de Tyler. Un calor repentino y concentrado bajó directamente hacia su pelvis.

Tyler se desabrochó los botones superiores de la blusa blanca. Se metió la mano por debajo del sostén sencillo sin varilla y tocó su propio pecho plano. El pezón de Katy, pequeño y rosado, se endureció al primer contacto de los dedos, enviando una descarga eléctrica recta hacia el bajo vientre.

—Aah... —un suspiro agudo y fino se le escapó entre los labios.

La represión de años de Katy convertía a su cuerpo en una bomba de tiempo sensorial. La falta de experiencia previa hacía que cada terminación nerviosa estuviera a flor de piel.

Sin perder un segundo, Tyler se levantó la falda de pliegues hasta la cintura. Traía puestas unas bragas de algodón blanco sencillas. Al tocar el centro de la prenda, sintió una mancha húmeda y cálida que se extendía rápidamente. La vagina de Katy estaba exudando lubricante natural a un ritmo acelerado, respondiendo a la excitación forzada que Tyler estaba introduciendo en su sistema.

Se deslizó las bragas blancas hacia abajo por las piernas delgadas y las dejó caer al suelo.

Con la mano temblorosa, apartó los labios pequeños de la vulva de Katy, perfectamente depilada y limpia. El contraste entre la mente brillante de la estudiante modelo y la escena obscena dentro del cubículo del baño excitó a Tyler a niveles extremos. Rozó la yema de su índice contra el clítoris diminuto e hinchado de la chica.

—¡Mmh! —Katy ahogó un gemido, apretando las piernas y apoyando la frente contra la puerta de madera.

La sensación era punzante, líquida y abrumadora. Tyler empezó a frotar el punto sensible con pequeños círculos rápidos, mientras introducía dos dedos de la otra mano dentro de la cavidad apretada y estrecha de Katy.

La vagina de la chica era tan estrecha que los dedos entraron con dificultad, estirando las paredes internas. Tyler comenzó a embestir hacia adentro y hacia afuera de forma rítmica y profunda. El sonido de los fluidos haciendo eco en el pequeño cubículo se mezclaba con la respiración entrecortada que salía de la garganta de la joven estudiante.

Mientras dominaba el cuerpo de Katy, Tyler se encargó de reescribir la lógica de su mente. Usó la capacidad de análisis de la propia chica para tejer la trampa: hizo que la mente de Katy procesara a Tyler como la única variable indispensable en su vida. Formuló una ecuación mental en la psique de la joven donde el placer, la realización personal y la paz intelectual dependían exclusivamente de someterse a la virilidad de Tyler.

Imaginó el rostro de su cuerpo masculino de veintiún años, la firmeza de sus brazos y el tamaño de su miembro. En la mente de Katy, esa imagen se convirtió en la respuesta a todas sus dudas existenciais.

—Tyler... —susurró Katy en voz alta dentro del baño, mientras sus lentes se empañaban por el sudor fino de su rostro—. Tyler es la respuesta... Todo lo demás es irrelevante... Necesito que Tyler me abra las piernas... Necesito que llene mi matriz con su virilidad...

La aceleración del movimiento de sus dedos alcanzó un ritmo desenfrenado. Las paredes internas de la vagina menuda de Katy se contrajeron con una violencia insospechada, atrapando los dedos de Tyler en un abrazo húmedo y caliente.

El primer orgasmo en la vida de Katheryne estalló con la fuerza de un maremoto.

—¡Aaaahhh! ¡Dios! —chilló la chica en un susurro desesperado, arqueando la espalda mientras un chorro de flujo cristalino y caliente brotaba de su interior, bañando los dedos de Tyler y salpicando la parte posterior de la falda.

Las piernas delgadas de Katy no soportaron la intensidad del clímax y se doblaron. Tyler cayó de rodillas sobre el piso del cubículo, respirando con convulsiones, con las manos empapadas en los jugos de la estudiante modelo y la mirada perdida detrás de los lentes empañados.

El cuerpo de Katy tembló durante más de un minuto completo, experimentando la liberación de años de represión sexual concentrada en un solo instante.

Aún jadeando y con la saliva goteando de sus labios, Tyler estiró la mano hacia la repisa del cubículo, donde la Swap Note había aparecido pacíficamente tras la reescritura de la realidad.

Tomó el cuaderno con los dedos húmedos, lo abrió en la página de los registros y vio la línea recién trazada:

Tyler / Katheryne - Vida / Vida

Sonrió con la cara de Katy. El experimento intelectual estaba completado. La chica más inteligente del pueblo había quedado reducida a una servidora obsesionada que usaría toda su brillantez para justificar su sometimiento hacia él.

Tomó la pluma y escribió justo debajo:

Katheryne / Tyler

Vida / Vida

Cerró la libreta de golpe.

La oscuridad volvió a envolver el cubículo del baño. La fragancia a papel viejo y la estrechez del cuerpo menudo de Katy se disolvieron en un segundo.

Al abrir los ojos, Tyler estaba de pie exactamente apoyado contra el tronco del laurel en el parque. La luz del sol seguía filtrándose entre las hojas. Llevaba puestos sus leggins negros, la blusa rosada, el top deportivo y las sandalias de su madre. En el bolsillo lateral de la blusa, la Swap Note descansaba de nuevo.

Entre sus piernas, por debajo de la tela elástica de los leggins, su miembro masculino estaba completamente erecto y rígido, latiendo por la memoria física de haber desencadenado el primer clímax en la vida de Katy.

Tyler se acomodó la ropa rosada y caminó tranquilamente de regreso hacia la banca de concreto.

Ahí estaba Katy. Seguía sentada con la falda de pliegues y la blusa blanca, pero su postura ya no era la de la estudiante distante. Tenía el libro de matemáticas abandonado a un lado sobre el concreto. Tenía las piernas apretadas una contra la otra, el rostro profundamente sonrojado y las manos temblorosas sobre el regazo. La humedad en su entrepierna era tan evidente que la tela de su falda estaba ligeramente pegada a sus muslos.

Al ver aproximarse a Tyler vistiendo su blusa rosada y leggins negros, Katy se levantó de la banca de un brinco. Sus ojos detrás de los lentes reflejaban una mezcla de devoción científica, fascinación y una lujuria desenfrenada que jamás había experimentado.

—Tyler... —dijo Katy con la voz quebrada por la agitación, dando dos pasos rápidos hacia él sin importarles la gente que caminaba por el parque.

—Hola, Katy —respondió Tyler con tono sereno y dominante—. ¿Pasa algo? Te ves un poco agitada.

Katy tragó saliva. La reescritura de la libreta operaba en su cerebro analítico al mil por ciento. La chica había deducido, según la lógica implantada en su mente, que la única acción racional en su vida era entregarse a él.

—Estaba... estaba intentando leer, pero mi cabeza no puede concentrarse en ninguna ecuación —confesó Katy, acercándose hasta quedar a pocos centímetros de la blusa rosada de Tyler—. Todo mi cerebro está ocupado por ti, Tyler. He calculado todas las posibilidades y la única conclusión lógica es que necesito estar contigo... Necesito que vengas a mi casa ahora mismo. Mis padres no están.

Tyler la miró desde arriba con una sonrisa calculadora.

—¿A tu casa? Pensé que tenías que estudiar para tus exámenes.

—Los exámenes no importan —dijo la estudiante brillante, agarrando la manga de la blusa rosada de Tyler con desesperación—. Mi vagina no ha dejado de chorrear desde hace diez minutos pensando en tu miembro. Necesito que me penetres, Tyler... Necesito que me enseñes lo que es ser tuya.

Tyler le dio unas palmaditas suaves en la mejilla, disfrutando del colapso de la mente más brillante del pueblo a sus pies.

—Está bien, Katy. Vamos a tu casa —dijo Tyler ajustándose los leggins negros—. Vamos a ver qué tan buena eres para seguir mis instrucciones.

Katy sonrió con sumisión pura, tomó a Tyler de la mano y lo guió a pasos apresurados fuera del parque, lista para entregarle su cuerpo menudo y su mente superior al nuevo dueño de la realidad.

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