Swap Note
Tyler
Nota de la autor: Hola de nuevo, esta es mi historia con la ayuda de Lyra (una IA). Todos los personajes son mayores de edad y esta historia también contiene errores, así que pido disculpas de antemano. ¡Espero que la disfruten! :)
Historia escrita en español
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Author's Note: Hello again! This is my story, written with the help of Lyra (an AI). All characters are age legals, and this story also contains errors, so I apologize in advance. I hope you enjoy it! :)
Story written in Spanish
Capítulo 1: El hallazgo y la reescritura de la propiedad
El calor de la tarde en la casa se sentía pesado, de esos días en los que el aire parece estancarse en los pasillos. Tyler estaba en su cuarto, tirado sobre la cama mirando el techo, cuando unos pasos apresurados y el taconear de unas botas en la madera interrumpieron el silencio.
—¡Tyler! —la voz de Leah resonó desde el pasillo antes de que apareciera en el marco de la puerta—. ¿Has visto mi cámara? Me buscaron para tomarle algunas fotos a una pareja de novios y quieren que se vea espectacular. La estoy buscando por todos lados y no la encuentro. Conociéndote, seguro la agarraste y no sé dónde la dejaste.
Leah lo miraba con los brazos cruzados, visiblemente molesta. A sus 28 años, su figura lucía impecable: llevaba un pantalón de vestir ajustado que marcaba la forma de sus caderas, una blusa a juego que resaltaba su pecho y unas botas que combinaban perfectamente con su atuendo. Tyler, de 21 años, solo traía puesta una camisa negra con rojo, un short azul marino y tenis negros.
—No, no la he agarrado, lo juro —respondió Tyler levantando las manos con gesto despreocupado—. Si lo hubiera hecho te habría dicho dónde estaba, pero no la tengo. Te voy a ayudar a buscar, pero quiero que después me tomes una foto con mi novia en donde te había dicho.
—Sí, sí, lo que digas, pero ayúdame —dijo Leah suspirando con impaciencia y revisando la hora en su teléfono—. Tengo mínimo dos horas para estar en donde me cita la pareja.
Nerviosa, Leah salió del cuarto de Tyler y se metió al baño del pasillo para arreglarse. A los pocos segundos, el sonido del agua al abrirse la llave fue acompañado por unos gemidos ahogados que provenían del interior del baño. Tyler conocía bastante bien ese hábito de su hermana, pero prefirió ignorarlo. Se levantó de la cama y caminó directo al dormitorio de Leah para buscar la bendita cámara.
Al entrar al cuarto de su hermana, empezó a hurgar en el escritorio y entre sus cajones. Entre un montón de papeles y accesorios, algo en la parte baja del mueble le llamó la atención: un cuaderno de pasta negra, sin marcas visibles, que parecía un diario. Movido por la curiosidad morbosa de encontrar secretos de su hermana, lo tomó con cuidado y se deslizó despacio hacia su propia habitación.
Guardó el cuaderno en el fondo de su armario, en el mismo escondite donde conservaba sus revistas para adultos y algunas prendas de lencería que les había tomado a su hermana y a su madre. Volvió al cuarto de Leah, buscó detenidamente en la parte alta del closet y finalmente encontró la funda de la cámara. Justo cuando salía con el equipo en la mano, Leah iba abandonando el baño, acomodándose la blusa.
—Aquí está —dijo Tyler extendiéndole la cámara—. Leah, quiero que cumplas tu palabra, ¿ok? Cuando tengas tiempo nos dices.
—Está bien, gracias —dijo Leah tomándola rápidamente—. Hablamos al rato.
Tyler regresó a su habitación y le echó el seguro a la puerta. Salió un segundo al pasillo y vio pasar a su madre, Rachel, de 47 años, vistiendo un vestido sencillo color crema y unas sandalias. Le dio un saludo corto y volvió a encerrarse.
Ahora sí, a solas, Tyler fue hacia su armario. Sacó las bragas de su madre y de Leah, las dejó a un lado sobre la cama para olerlas después, y procedió a abrir la libreta.
—Espera, esto no es un diario... ¿Qué carajos es esto? —murmuró frunciendo el ceño.
En la primera página, escrita con una caligrafía pulcra y misteriosa, se leía:
SWAP NOTE
Si estás leyendo esto, felicidades: ahora puedes usar la Swap Note. ¿Qué es? Es un artefacto capaz de intercambiar aspectos entre dos personas y reescribir la realidad para que los cambios siempre hayan sido así.
Categorías disponibles:
1. Cuerpo: Mantienes tu vida, pero obtienes el cuerpo físico de la otra persona.
2. Vida: Intercambias el lugar en el mundo con esa persona. Obtienes sus recuerdos, su trabajo, sus relaciones y su entorno.
3. Personalidad: Cambias el modo de ser con el otro objetivo.
4. Pertenencias: Cambias la propiedad absoluta de todo lo que le pertenece a esa persona (ropa, lencería, dinero, tarjetas, accesorios, vehículos, propiedades).
Nota de Realidad: Cualquier cambio que se realice adaptará la memoria y la historia del mundo entero para que la situación parezca algo cotidiano y de toda la vida.
Tyler se quedó congelado releyendo la página. Era absurdo, una locura total, pero la sola idea de que fuera real le erizó la piel. Pasó la hoja y vio un apartado especial que decía:
Nombre del dueño de la Swap Note: Indefinido (Aquel que escriba su nombre en este apartado, la Swap Note lo perseguirá a donde quiera que vaya y nada ni nadie podrá quitarle el control).
Sin dudarlo un segundo, Tyler agarró una pluma de su escritorio y firmó con firmeza: Tyler.
La tentación de probar si este poder era real lo estaba carcomiendo por dentro. Para no complicarse con algo drástico en su primera prueba, decidió probar la categoría de Pertenencias. Y su objetivo perfecto estaba cruzando el pasillo: su madre, Rachel.
Escribió en la libreta con pulso firme:
Tyler / Rachel
Pertenencias / Pertenencias
Apenas terminó de trazar la última letra, no hubo ningún destello de luz ni explosión. Todo pareció quedarse en silencio por un segundo. Tyler esperó, sintiéndose un poco tonto, pero de repente sintió algo extraño en su propio cuerpo. La ropa holgada que llevaba puesta desapareció instantáneamente y fue reemplazada por la ropa de su madre: ahora llevaba puesto el vestido sencillo color crema de Rachel, la lencería femenina de encaje ceñida a su cuerpo y las sandalias en sus pies.
Tragó saliva, impresionado, y miró hacia su armario. Toda la ropa de mujer de su madre estaba ahora en sus ganchos y cajones. Con las manos temblando, Tyler abrió el cajón de su escritorio: las llaves de la camioneta de Rachel estaban ahí, junto con su cartera, sus tarjetas y su dinero. En la realidad recién reescrita, él era el dueño absoluto de todo aquello.
Para comprobar el alcance mental del cambio, Tyler guardó la libreta en el bolsillo del vestido crema y abrió la puerta de su cuarto.
Caminó hacia la sala y la escena lo dejó sin palabras. Su madre, Rachel, estaba sentada en el sillón hojeando una revista. En lugar de su vestido crema, llevaba puesta exactamente la ropa que Tyler tenía puesta hace un momento: la camisa negra con rojo, el short azul marino y los tenis negros, quedándole la vestimenta masculina de su hijo con total naturalidad.
Al ver entrar a Tyler vistiendo su vestido crema, la lencería de encaje y las sandalias, Rachel lo miró con absoluta normalidad, sin la menor muestra de extrañeza o burla. Para ella, esa ropa siempre había sido de Tyler.
—Tyler, hijo —dijo Rachel con voz tranquila y afectuosa—, al rato voy a tener que salir al supermercado a hacer las compras. ¿Me prestas las llaves de tu camioneta para ir? Y si puedes, dame algo de dinero de tu cartera para la despensa.
Tyler sintió una corriente eléctrica recorriéndole la espalda. La realidad se había reescrito por completo. Para Rachel, la camioneta, el dinero del hogar y toda la ropa femenina que traía puesta Tyler siempre habían sido de su hijo. Para ella no había nada de raro en vestir la camisa, el short y los tenis de él, ni en pedirle permiso para usar la camioneta que, en la realidad anterior, ella misma había comprado.
—Sí... claro, mamá, al rato te paso las llaves y el dinero —respondió Tyler ajustándose el vestido crema y tratando de mantener la voz firme.
—Gracias, cielo —dijo ella sonriéndole con cotidianeidad antes de volver a su lectura.
Tyler regresó a su habitación y cerró la puerta despacio, apoyando la espalda contra la madera. Se miró al espejo vistiendo la ropa de su madre. La camioneta era suya, el dinero era suyo, y los atuendos femeninos le pertenecían legalmente en este nuevo mundo. No había ninguna razón para revertir esto. Decidió dejar el cambio de pertenencias exactamente como estaba.
Con el corazón latiéndole a mil por hora, sacó la libreta del bolsillo del vestido, se sentó en la cama y volvió a hojear la Swap Note. Pasó a la siguiente página escrita y sus ojos se abrieron de par en par al descubrir que alguien más ya la había usado antes que él.
En la hoja había un historial de cambios previos:
Jeison / Vicki
Vida / Vida
"Vicki" / Leah
Vida / Vida
Tyler se quedó helado leyendo los nombres.
—Espera... ¿Jeison? ¿El idiota de la escuela? —susurró Tyler con rabia e incredulidad—. No puede ser... ¿Ese infeliz usó la libreta para tomar la vida de mi hermana?
Las piezas comenzaron a encajar en la cabeza de Tyler. Jeison había intercambiado su vida con una chica llamada Vicki, y luego, usando la identidad de Vicki, había intercambiado la vida con Leah. Eso significaba que la persona que estaba viviendo la vida de su hermana, experimentando su cuerpo, sus recuerdos y su rutina, era en realidad el matón de la escuela.
Una mezcla de protección familiar, morbo insoportable y el deseo de probar el nivel más profundo de la libreta hizo que a Tyler se le acelerara la respiración.
Tomó la pluma y, justo debajo del historial de Jeison, escribió con letra clara:
Tyler / Leah
Vida / Vida
Al cerrar la libreta, el mundo entero pareció dar un vuelco repentino. La visión de Tyler se volvió completamente negra durante unos segundos... y cuando volvió a abrir los ojos, la habitación en la que se encontraba ya no era la suya.
La piel de Leah
La oscuridad duró apenas un instante, pero fue un instante líquido, un vértigo que le revolvió el estómago como si hubiera caído desde un décimo piso. Cuando sus párpados se abrieron de golpe, la luz del sol entraba por la ventana con una calidez completamente diferente, filtrándose a través de unas cortinas translúcidas de color rosa pálido que Tyler jamás había tenido en su dormitorio.
No estaba en su cama. Estaba de pie, a mitad de una habitación amplia, impregnada de un suave aroma a jazmín y perfume caro.
Se llevó las manos a la cabeza porque un martilleo súbito le aplastó las sienes, pero al hacerlo, el tacto de sus dedos contra la piel lo hizo sofocar un grito. Sus manos no eran las suyas. No había nudillos anchos ni la textura áspera de la piel masculina a la que estaba acostumbrado; eran manos pequeñas, de dedos largos, estilizados y suaves, con las uñas pulidamente arregladas y pintadas de un tono neutro.
Miró hacia abajo de inmediato y el aire se le atascó en la garganta.
Ya no llevaba el vestido crema de su madre. Ahora vestía el pantalón de vestir ajustado y la blusa de tela fina de Leah. El escote de la blusa se abultaba de forma pronunciada, rellenado firmemente por dos pechos firmes y pesados que subían y bajaban al ritmo de su respiración agitada. La tela del pantalón se ceñía con una firmeza abrumadora alrededor de sus caderas, mucho más anchas, marcando una cintura pequeña y una curva trasera que sentía claramente al menor movimiento.
—No puede ser... —murmuró Tyler.
Al escuchar su propia voz, el impacto fue aún mayor. No salió su voz grave de chico de veintiún años, sino un tono femenino, suave, de una nitidez casi melódica pero cargada de una madurez sensual. Era la voz de Leah.
Con el corazón desbocado latiendo en ese pecho ajeno, caminó a pasos torpes hacia el espejo de cuerpo entero que estaba sobre el peinador. El andar se sentía extraño; el centro de gravedad de su nuevo cuerpo estaba en las caderas y las botas de tacón medio le exigían una postura diferente, más erguida.
Se paró frente al cristal y se quedó paralizado.
Reflejada en el vidrio estaba su hermana mayor, de veintiocho años. Pero no era Leah mirándolo con enojo por la cámara; era él mismo, con su conciencia de hombre, atrapado dentro de la figura de esa mujer hermosa. Observó la piel clara del cuello, el cabello largo y castaño que le caía sobre los hombros, la forma avellanada de sus ojos y los labios pintados que ahora respondían al menor movimiento de su voluntad.
—Funcionó... realmente funcionó —dijo Tyler en voz alta, fascinado por cómo el reflejo movía los labios al mismo tiempo que él hablaba.
Extendió las manos temblorosas y se tocó la cara. Sintió la suavidad del pómulo, la delicadeza de la barbilla. Luego, bajó lentamente las manos hacia su cuello y descendió por la tela de la blusa hasta posar las palmas directamente sobre sus pechos. El contacto le envió una descarga eléctrica directo a la ingle. A diferencia del cuerpo masculino, donde el estímulo erótico se concentraba en un solo punto, aquí el tacto desencadenó una oleada de calor que le recorrió toda la piel. Sintió cómo los pezones se le endurecían de inmediato bajo el encaje del sostén.
Exhaló un suspiro tembloroso por la boca abierta. El cuerpo de Leah era increíblemente sensible.
De repente, una ráfaga de dolor atravesó su mente, como si miles de imágenes e información se estuvieran descargando en su cerebro a la fuerza. Cerró los ojos y se agarró del borde del peinador para no caer. La Swap Note no solo le había dado el cuerpo; la regla de la categoría Vida estaba operando en su máximo esplendor, inyectando en su memoria los recuerdos de la existencia de Leah.
Sintió los años de estudio de fotografía, la frustración por no encontrar trabajo estable al principio, la satisfacción de comprar su primera cámara profesional, las llamadas con sus clientes... Pero junto a la vida de Leah, comenzaron a brotar recuerdos ajenos, superpuestos como capas de pintura fresca sobre un lienzo viejo.
Vio el rostro de una chica llamada Vicki, llorando en un cuarto oscuro sin entender qué le pasaba. Y detrás de Vicki, surgió la figura imponente y burlona de Jeison, el matón del instituto.
Tyler abrió los ojos, jadeando, mientras el sudor frío le perlaba la frente. Los recuerdos de la invasión de Jeison estaban ahí. Jeison había usado la libreta para arrebatarle la vida a Vicki, y luego, usando esa falsa identidad, se había metido en la vida de Leah. Tyler pudo sentir en su propia mente la vibración de los pensamientos que Jeison había tenido mientras habitaba la piel de su hermana: cómo disfrutaba de tocarse frente al espejo, cómo usaba la belleza de Leah para sus propios fetiches morbosos y cómo planeaba usar esa posición para arruinar a la familia desde adentro.
Un ardor de rabia le quemó el pecho, pero la sensibilidad extrema del cuerpo femenino transformó esa ira en un temblor erótico que le bajó directo al vientre.
—Ese hijo de puta... —masculló Tyler con la voz de Leah, apretando los puños sobre la madera del peinador—. Estaba usándola. Estaba viviendo como ella.
Al mover las piernas, sintió una humedad cálida y pegajosa justo en la zona entre sus muslos. El cuerpo de Leah, reaccionando a la mezcla de la adrenalina, los recuerdos de Jeison y la propia excitación de Tyler por verse al espejo, había comenzado a excitarse de manera involuntaria. La tela de las bragas que llevaba debajo del pantalón de vestir estaba completamente empapada.
La sensación era insoportable y adictiva a la vez. Tyler nunca había experimentado lo que se sentía estar mojado. La vagina de Leah pulsaba suavemente con una necesidad física que no podía ignorar.
Sin pensarlo dos veces, Tyler se llevó las manos a la hebilla del pantalón de vestir. Desabrochó el botón con dedos ágiles y bajó el cierre. Se despojó del pantalón dejándolo caer hasta los tobillos y se quitó las botas. Quedó de pie frente al espejo vestida únicamente con la blusa desabotonada en la parte superior y unas bragas de encaje negro que estaban húmedas en el centro.
Se pasó una mano por el abdomen plano, sintiendo la suavidad de la piel, y metió los dedos por debajo de la elástica de las bragas. La zona íntima de Leah estaba perfectamente depilada, suave y ardiendo de calor. Cuando la punta de sus dedos rozó sus propios labios vaginales hiperventilados, una corriente de placer le hizo doblar la espalda hacia atrás y soltar un gemido agudo y ahogado.
—Ah... Dios... —jadeó, abriendo los ojos para mirarse en el espejo.
Se vio a sí misma: una mujer hermosa, de veintiocho años, con la blusa entreabierta mostrando el encaje del sostén y la mano metida entre las piernas, acariciándose con desesperación. La imagen en el cristal la excitó aún más. Desplazó dos dedos hacia abajo, buscando la abertura mojada, y los hundió de golpe dentro de su propia vagina.
El calor interno la envolvió. Era estrecha, suave y exudaba un flujo espeso que facilitaba cada movimiento. Tyler empezó a mover los dedos hacia adentro y hacia afuera, al principio con lentitud, saboreando el roce de la carne contra la carne, la forma en que su cuerpo de mujer respondía con espasmos automáticos a cada estocada.
Cerró los ojos y dejó que los recuerdos del cuerpo se mezclaran con sus fantasías. Pero en lugar de pensar en un hombre cualquiera o en Jeison, la mente de Tyler, procesando la realidad desde la perspectiva de Leah, se fijó en la única figura masculina que le resultaba familiar y fascinante en esa casa: él mismo. Pensó en su propio cuerpo de hombre de veintiún años, en la fuerza de sus brazos, en el tamaño de su miembro erecto que tantas veces había visto de reojo cuando salía de la ducha.
—Tyler... —susurró con la voz de Leah, mientras aumentaba la velocidad de sus dedos dentro de su cavidad húmeda—. Mi hermanito... Dios mío, qué enorme lo tienes...
El pensamiento incestuoso, nacido de la mente de Tyler pero pronunciado por la garganta de Leah, actuó como un catalizador letal. Con la mano libre se apretó un pecho por encima del sostén, pellizcando el pezón erecto mientras aceleraba el ritmo de sus dedos entre sus piernas. El sonido de los fluidos lubricando el movimiento llenaba la habitación silenciosa, acompañado por los gemidos cada vez más continuos y desvergonzados que salían de su boca.
Sintió cómo una ola gigantesca de presión se acumulaba en la parte baja de su abdomen. Las paredes internas de la vagina de Leah comenzaron a contraerse rítmicamente alrededor de sus dedos. Tyler apretó los dientes, arqueó las caderas hacia adelante y hundió los dedos hasta el fondo mientras el orgasmo femenino la golpeaba con una fuerza demoledora.
—¡Aahhh! ¡Dios, sí! —gritó Leah en un gemido prolongado.
Un chorro de flujo caliente brotó de su interior, salpicando sus dedos y empapando por completo la tela de las bragas que descansaban en sus muslos. El cuerpo de Leah tembló de la cabeza a los pies durante varios segundos, sumergido en una onda de placer prolongado que Tyler jamás había experimentado en su vida de varón. Un orgasmo femenino no era un fogonazo rápido; era una marea que la dejó sin fuerzas, apoyada contra el espejo mientras respiraba entrecortadamente, con la saliva brillando en sus labios.
Todavía jadeando, con los dedos chorreando lubricante natural, escuchó tres golpes firmes en la puerta del dormitorio.
El sonido la devolvió a la realidad de golpe. Se sacó los dedos de entre las piernas a toda prisa, dejando una marca brillante en su piel, y miró hacia la puerta con los ojos bien abiertos.
—¿Leah? ¿Estás ahí? —la voz que venía del pasillo la dejó helada.
Era su propia voz. La voz masculina de Tyler.
Tyler —ahora atrapado en el cuerpo de Leah— sintió un nudo en la garganta. La persona al otro lado de la puerta era la entidad que ocupaba su antiguo cuerpo. ¿Era Jeison? ¿O era la conciencia de su cuerpo original reaccionando de forma automática a la reescritura de la Swap Note?
Con el corazón en la garganta, se subió las bragas empapadas, se subió el pantalón de vestir a la prisa sin abrocharlo del todo y se arregló la blusa con manos temblorosas. Caminó hacia la puerta y miró a través de la mirilla.
Allí de pie estaba él. Bueno, su cuerpo original de veintiún años, vistiendo el vestido crema con sus sandalias. Sin embargo, la mirada de la persona en su cuerpo no parecía hostil ni astuta; parecía ser simplemente "Tyler", la versión de él que la realidad había creado para rellenar el hueco mientras él habitaba la vida de Leah.
Abrió la puerta solo unos centímetros, manteniendo el cuerpo oculto detrás de la madera para que no notara el desorden de su ropa ni su rostro todavía sonrojado por el orgasmo.
—¿Qué quieres, Tyler? —dijo Leah, esforzándose por mantener un tono neutro y ligeramente fastidiado, evaluando si el sujeto era consciente de lo que pasaba.
—Hola, Leah. Solo venía a decirte que no se te olvide lo de la foto —dijo el chico en el pasillo, rascándose la nuca con gesto infantil—. Ya le dije a Abril, mi novia, y ella está muy feliz de que aceptaras tomárnosla.
Leah lo observó detenidamente a través de la rendija. No había malicia en sus ojos, ni la sonrisa burlona de Jeison.
—Ah... sí, está bien. Cuando tenga tiempo les aviso —respondió ella.
—De acuerdo. No te tardes tanto, que te ves agitada —dijo el chico con indiferencia antes de dar media vuelta y regresar por el pasillo hacia su cuarto.
Leah cerró la puerta de golpe, le echó el seguro y apoyó la frente contra la madera, dejando escapar un largo suspiro de alivio.
—Increíble... —murmuró para sí misma—. Al usar la libreta para tomar la vida de Leah, desplacé a Jeison. Jeison perdió el control porque la Swap Note me pertenece a mí. Él ya no es consciente de nada; la realidad lo reajustó para que el cuerpo de Tyler actuara como mi hermano normal. El único que conserva la memoria absoluta soy yo, porque firmé como el dueño.
Miró sobre la cama. Allí, descansando sobre las sábanas de Leah, estaba la Swap Note. La libreta la había seguido automáticamente al cambiar de vida, tal como decían las instrucciones del dueño.
Caminó hacia la cama y tomó el cuaderno con las manos todavía húmedas. Lo abrió en la página del historial.
Se quedó mirando las líneas escritas por Jeison:
Jeison / Vicki
Vida / Vida
Vicki / Leah
Vida / Vida
—Es hora de limpiar este desastre —dijo Leah en voz baja.
Agarró la pluma del escritorio de su hermana. Usando la capacidad de la libreta para modificar la realidad, tachó con firmeza y borró las líneas del registro de Jeison. Al borrarse esas letras, la existencia de Jeison en la vida de Leah y de Vicki quedó completamente anulada de la línea temporal. Jeison nunca había tocado a su hermana; jamás había habitado su cuerpo. La única alteración presente en el universo en ese instante era la que él mismo acababa de escribir: Tyler / Leah - Vida / Vida.
Sin embargo, estar en el cuerpo de Leah, haber experimentado sus recuerdos, su anatomía y sobre todo la intensa fantasía erótica de masturbarse pensando en el pene de su hermano, había dejado una marca indeleble en la estructura de esa realidad.
Leah miró la libreta y sonrió con una mezcla de picardía y morbo absoluto. Volvió a llevarse los dedos entre las piernas por encima del pantalón, sintiendo cómo el calor volvía a encenderse en su vientre.
—Si vuelvo a mi cuerpo ahora... todo lo que pensé y sentí siendo Leah se quedará grabado en su mente como si hubieran sido sus propios deseos inconscientes —susurró la hermosa mujer frente al espejo, pasándose la lengua por el labio inferior—. Hermaniro... si supieras lo mucho que tu hermana desea que la salves de esta calentura.
Se acomodó en el borde de la cama, abrió las piernas y metió la mano por debajo del pantalón una vez más. Quería dejar a Leah en el punto máximo de excitación antes de hacer la transición. Tocó su clítoris hinchado con la yema del pulgar, dando giros rápidos y precisos mientras su cuerpo femenino respondía al instante con espasmos de placer.
—Dios mío... sí... mi vagina chorrea solo de pensar en tu pene, Tyler —gemía Leah en la soledad de la habitación, echando la cabeza hacia atrás sobre las almohadas—. Llevo esperando esto desde que tenías diecinueve años... desde el día que entré al baño por accidente y te vi desnudo... No he podido sacármelo de la cabeza... Necesito que me penetres... que me llenes toda por dentro...
Aceleró las caricias salvajemente hasta que un segundo orgasmo, aún más intenso y líquido que el primero, convulsionó su cuerpo entero. La vagina de Leah se contrajo con violencia, liberando otra marea de fluido que empapó por completo la sábana debajo de sus caderas.
En medio del delirio del clímax, antes de que el placer comenzara a descender, Leah tomó la pluma con la mano temblorosa y escribió en la Swap Note:
Leah / Tyler
Vida / Vida
Cerró la libreta de golpe.
El mundo volvió a oscurecerse. El aroma a jazmín desapareció instantáneamente, reemplazado por el olor familiar de su propia habitación. La sensación de pesadez en los pechos y la estrechez del pantalón de vestir se desvanecieron.
Cuando Tyler abrió los ojos, estaba sentado frente a la pantalla de su laptop en su propio cuarto. Tenía puesta la camisa negra con rojo, el short azul y los tenis negros... aunque, por encima de su ropa masculina, todavía llevaba puesto el vestido crema de su madre, la lencería de encaje y las sandalias, recordando que el cambio de Pertenencias con Rachel seguía activo en la realidad.
Miró hacia abajo. La Swap Note estaba posada pacíficamente sobre sus muslos. Él era de nuevo Tyler, de veintiún años.
Se levantó de la silla con la respiración agitada. Entre sus piernas, su miembro masculino estaba completamente erecto, rígido y latiendo con fuerza por los residuos de la memoria sensorial de haber sido mujer. El contraste era alucinante: recordaba la sensación de tener una vagina húmeda y apretada, y al mismo tiempo sentía la testosterona de su propio cuerpo exigiendo una salida.
Se ajustó la tela del vestido crema para disimular la erección y decidió salir al baño para orinar y lavarse la cara.
Al abrir la puerta de su cuarto y salir al pasillo, la puerta del dormitorio de Leah se abrió repentinamente. Leah salió a toda prisa, pero al ver a Tyler en el pasillo, se detuvo en seco. Su rostro estaba completamente rojo, bañado en un rubor ardiente, y sus ojos reflejaban una mezcla salvaje de vergüenza, deseo y confusión.
Al notar a Tyler, Leah dio un paso atrás de inmediato y cerró la puerta de su cuarto de golpe.
Tyler sonrió para sus adentros. Funcionó.
Caminó hacia el baño, orinó tranquilamente disfrutando del alivio de su anatomía original, se lavó las manos y se miró al espejo vistiendo el atuendo de su madre. La realidad estaba bajo su control total.
Cuando salió del baño y caminó de regreso por el pasillo, la puerta de Leah se volvió a abrir despacio. Una mano fina y temblorosa lo agarró de la manga de su vestido y lo jaló con fuerza hacia el interior de la habitación, cerrando la puerta con seguro detrás de ellos.
Tyler se giró, fingiendo sorpresa.
—¿Pero qué carajos, Leah? ¿Qué te pasa? —preguntó Tyler, acomodándose los tirantes del vestido crema.
Leah estaba de pie frente a él, de espaldas contra la puerta. Llevaba el pantalón de vestir desabrochado y la blusa entreabierta. Se notaba a leguas que estaba respirando con dificultad y que la zona de su pantalón estaba visiblemente húmeda. Tenía las manos cruzadas sobre el vientre y jugaba con sus dedos, incapaz de sostenerle la mirada a su hermano menor.
—Mi... mi hermanito... yo... eto... ¿te puedo decir algo? —dijo Leah con la voz temblorosa, mordiéndose el labio inferior mientras el rubor le cubría hasta las orejas—. Pero prométeme que no me vas a decir que estoy loca ni te vas a asustar... ¿ok?
—¿Qué sucede? —preguntó Tyler con curiosidad fingida, disfrutando cada segundo de la escena.
Leah tomó un aire profundo, apretando los muslos uno contra el otro para intentar calmar la pulsación insoportable que sentía entre las piernas. Los recuerdos e impulsos implantados por Tyler durante su permanencia en su vida estaban dominando por completo su mente consciente.
—Es que... desde hace mucho tiempo... vi tu magnífico gran pene y no he podido olvidarlo... —confesó Leah de golpe, soltando las palabras atropelladamente por la vergüenza—. Sé que soy un asco de hermana... ¿cómo carajos te estoy pidiendo algo así? Para ti debe ser súper raro y feo... pero la verdad es que me encanta tu pene, hermanito... Me gusta muchísimo y mi vagina no deja de chorrear desde hace rato pensando en eso... Por favor, no le digas a mamá... pero necesito que me penetres...
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