Naruto

Y Kurama

Chapter 1 by K45

Nota de la autor: Hola de nuevo, este es un fanfic hecha por mi y con la ayuda de Lyra (una IA). Todos los personajes son mayores de edad y esta historia también contiene errores, así que pido disculpas de antemano. ¡Espero que la disfruten! :D

Historia escrita en español

/

Author's Note: Hello again! This is a fanfic I wrote with the help of Lyra (an AI). All characters are adults, and this story also contains errors, so I apologize in advance. I hope you enjoy it! :D

Story written in Spanish

Capítulo 1

Naruto sabía que hay varias verdades objetivas en la realidad. Las leyes de la física que dictan la gravedad y la masa, que el chakra fluye a través de trescientos sesenta y un puntos en el cuerpo humano, que la voluntad de fuego de la Aldea de la Hoja es indestructible, y que su propio hijo, Boruto, se había convertido en un bastardo megalómano, frío y despiadado. Un tirano que no solo había sometido a las Cinco Grandes Naciones usando una palabra de su retorcida Omnipotencia, sino que además había desterrado a su propio padre y puesto precio a su cabeza como si fuera un criminal de poca monta.

Y la última verdad objetiva era que Naruto Uzumaki y Kurama estaban a punto de morir.

Sin más opciones, acorralados en una cueva oscura y desangrándose tras haber gastado hasta la última gota de sus vidas, el Nueve Colas y el Séptimo Hokage combinaron la chispa final de sus almas en un Jutsu prohibido del tiempo. Una técnica ancestral del clan Uzumaki que requería más fe que precisión.

Naruto también sabía que existen verdades subjetivas en la realidad. Esas que se basan en la perspectiva de cada persona. Si era un héroe o un perdedor, si estaba destinado a salvar el mundo o a terminar en una zanja. Esas podían cambiar en cualquier momento por cualquier número de factores, y por tanto solo eran 'ciertas' por un instante.

Lo que Naruto no sabía era que el Jutsu del tiempo, al reaccionar con el residuo de la magia verbal con la que Boruto había alterado el mundo, había ligado su propia lengua a la estructura misma de la realidad.

En el espacio negro y abrumador de su propia mente, el agua tibia le llegaba a los tobillos a un Naruto que ya no vestía su ropa de Hokage desgarrada por la batalla, sino su viejo chándal naranja. Frente a él, detrás de los barrotes de hierro de la celda, la enorme figura de Kurama lo observaba con un ojo rojo gigante lleno de cansancio, sarcasmo y una profunda incredulidad.

—Dime que funcionó, zorro apestoso —murmuró Naruto, mirándose las manos. Ya no tenían las cicatrices de las batallas contra los Otsutsuki. Eran las manos suaves de un joven de dieciocho años.

—Funcionó, mocoso —resopló Kurama, expulsando un chorro de aire caliente que hizo vibrar el agua a sus pies—. Viajamos al pasado. Estamos en el momento exacto en que regresaste a Konoha tras esos tres años de entrenamiento con el pervertido de Jiraiya. Todos tus compañeros tienen ya dieciocho años o más. Estás en la etapa de adultos jóvenes. Pero hay un problema... un problema catastrófico.

—¿Qué problema? —preguntó Naruto, parpadeando mientras se rascaba la nuca.

—Siento una distorsión en tu chakra. Ese jutsu no solo nos trajo de vuelta; absorbió la naturaleza conceptual de la alteración de Boruto. Naruto... cualquier cosa que digas con convicción o que afirmes como un hecho, la realidad la reescribirá como una verdad objetiva. Y lo peor de todo es que para la gente de este mundo, siempre habrá sido así. Sus mentes y sus recuerdos se adaptarán de inmediato. Nadie sabrá que cambiaste algo. Solo tú y yo recordaremos la línea temporal original. Así que mantén esa bocota tuya completamente cerrada.

—¿Eh? ¿De qué hablas? Yo sé cuándo hablar y cuándo callarme. No soy un idiota.

Kurama soltó una carcajada seca y retumbante que sacudió los cimientos de la celda.

—Esa es la mayor mentira que has dicho en toda tu vida, mocoso.

Naruto cerró los ojos y, en un parpadeo, la oscuridad de su espacio mental desapareció.

El sol de mediodía le dio de lleno en la cara. El olor a pino, a tierra mojada y al humo distante de las cocinas de Konoha lo golpeó con una fuerza abrumadora. Estaba de pie en la calle principal, justo frente a la imponente Torre del Hokage. A su lado, Jiraiya descansaba las manos en las caderas, observando las esculturas en la montaña con una sonrisa satisfecha.

—Ah, nada como el hogar, ¿verdad, Naruto? —dijo el Sabio Pervertido—. Ve a presentar tu informe a la oficina de la Quinta mientras yo voy a hacer algo de 'investigación' para mi nuevo libro. ¡Nos vemos luego!

Jiraiya se esfumó en una nube de humo antes de que Naruto pudiera siquiera protestar.

Naruto tragó saliva. "Vale... voy a entrar a la oficina, le daré un saludo respetuoso a la Abuela Tsunade y me iré sin decir nada raro." Con ese pensamiento en mente, subió las escaleras de la torre, sintiendo el peso de la responsabilidad en sus hombros. Llegó a la gran puerta de madera con el símbolo del Fuego, respiró hondo para calmar los nervios y la abrió de golpe.

Detrás del escritorio lleno de montones infinitos de papeleo estaba Tsunade Senju.

A sus más de cincuenta años biológicos, pero luciendo como una deslumbrante mujer de treinta gracias a su jutsu de transformación, la Quinta Hokage levantó la vista. Su abultado pecho de copa H descansaba pesadamente sobre la madera del escritorio, comprimido bajo la bata verde. Su cabello rubio estaba recogido en dos coletas bajas, y sus ojos marrones mostraron una mezcla de sorpresa y alivio al ver al muchacho.

—¡Naruto! —exclamó Tsunade, poniéndose de pie. La mesa se sacudió ligeramente por la presión de sus pechos al levantarse—. Por fin volviste... Mírate, has crecido bastante en estos tres años.

Naruto se quedó congelado en la puerta. Ver a Tsunade tan llena de vida, tan imponente y dominante, hizo que los recuerdos de su futuro muerto volvieran a su mente. Quería sonar maduro. Quería demostrarle que ya no era el mimado que le pedía dinero o le faltaba al respeto. Quería expresarle que ella era la mujer más hermosa y poderosa que conocía, alguien a quien un hombre de verdad querría cuidar.

—Abuela Tsunade... —empezó Naruto, pero se corrigió al instante para sonar más caballero—. Digo... Tsunade. Te ves increíble. La verdad es que siempre he pensado que una mujer tan imponente como tú no debería estar encerrada detrás de un escritorio aburrido. Una mujer como tú merece tener a un hombre joven como yo, que la atienda como su reina personal, que la satisfaga en todo lo que el papeleo le quita y que le haga sentir lo que es ser deseada todos los días.

Un chasquido invisible y sordo resonó en el tejido del universo.

En el fondo de la mente de Naruto, Kurama se dio una bofetada colosal con las nueve colas a la vez, emitiendo un gemido de dolor agónico.

—¡Mocoso imbécil! ¡¿Qué acabas de decir?! —rugió el zorro en su cabeza.

—¡Solo quería ser educado y halagarla! ¡Para que viera que soy maduro! —gritó Naruto en pánico dentro de sus pensamientos.

Pero la Verdad Absoluta ya había echado a rodar.

Los ojos de Tsunade se dilataron por un segundo. Un brillo extraño, casi hambriento, sustituyó la mirada maternal de la Hokage. Un rubor intenso y profundo apareció en sus mejillas, extendiéndose hacia abajo por su escote pronunciado. Para Tsunade, no hubo magia ni alteración rara; en su mente, los últimos tres años de la ausencia de Naruto habían sido tres largos años de tensión acumulada, de recuerdos de promesas íntimas que ellos dos supuestamente habían hecho antes de que él se fuera a entrenar con Jiraiya.

—Vaya... —murmuró Tsunade con una voz rasposa, profunda y absurdamente sensual, bajando las manos hacia los bordes de su bata verde—. Así que por fin lo admites en voz alta, Naruto...

—¿E-eh? —Naruto dio un paso atrás, sintiendo que el sudor le corría por la nuca—. Espera, Tsunade, yo solo decía que trabajas mucho...

—No tienes por qué seguir fingiendo, cariñito —interrumpió ella, rodeando el escritorio con pasos lentos, pesados y calculados. El sonido de sus tacones resonaba en la habitación cerrada. El movimiento de sus caderas era hipnótico, meciendo su figura voluptuosa de un lado a otro—. Llevo tres años esperando este día. Tres años firmando papeles aburridos mientras pensaba en lo que dijiste antes de irte... que cuando volvieses con dieciocho años, asumirías tu papel como el hombre de esta oficina.

—¡Te lo dije! —gritó Kurama en su mente, agarrándose la cabeza—. ¡Tu palabra reescribió sus recuerdos y su personalidad! ¡Para ella, ustedes dos eran amantes secretos desde antes de irte!

—¡No puede ser! ¡Eso es imposible! —protestó Naruto.

—¡A la Verdad le importa un demonio la lógica original, idiota! ¡La realidad se ajustó para que para ella todo sea perfectamente coherente!

Tsunade llegó hasta la puerta, estiró el brazo por encima de la cabeza de Naruto y le echó el cerrojo a la cerradura con un clack metálico que sonó como una sentencia. Luego, se giró hacia él, acorralándolo contra la madera pulida. El aroma a sake dulzón, jazmín y el calor corporal que emanaba de la piel de la Sanin inundaron los sentidos de Naruto.

—Tsunade... esto... esto no es lo que quería decir —balbuceó Naruto, tratando de mantener las manos pegadas a sus costados.

—Cállate —murmuró ella con una sonrisa seductora, llevando una de sus manos de uñas pintadas de rojo al pecho de Naruto, sintiendo la firmeza de sus músculos recién desarrollados—. Dijiste que una mujer como yo merece a un hombre joven como tú, que la atienda. Y tienes toda la razón. He sido la Hokage por demasiado tiempo sin recibir mi recompensa.

Tsunade se desabrochó la bata verde y la dejó caer al suelo de madera, quedando únicamente con su blusa gris de escote abismal y sus pantalones oscuros. Se inclinó hacia adelante, presionando sus pechos colosales directamente contra el pecho de Naruto. La suavidad y el calor de la carne de la mujer hicieron que a Naruto se le fuera el aire de los pulmones.

—Tsunade... —jadeó Naruto, con el corazón batiéndole a mil por hora en las costillas.

—Dime 'mi reina' —arrulló la rubia en su oído, lamiéndole el lóbulo de la oreja con una lentitud que le provocó un escalofrío electrizante por toda la columna vertebral—. Como prometiste.

Antes de que Naruto pudiera articular otra palabra, Tsunade le tomó el rostro con ambas manos y le plantó un beso voraz, apasionado y dominante. Sus labios carnosos y húmedos se sellaron contra los de él, permitiendo que su lengua buscara la de Naruto con un hambre acumulada de años. Naruto intentó resistirse un segundo, pero el calor aplastante de la Sanin, la firmeza de sus muslos rodeando los suyos y la textura de su lengua saboreando la suya destruyeron cualquier intento de contención mental.

Naruto gimió dentro de la boca de la Hokage, rindiéndose a la sensación. Sus manos, de forma involuntaria, subieron hasta la cintura de Tsunade, sintiendo la piel firme y suave justo donde la blusa se abría.

Tsunade soltó un gemido grave y ronco en la garganta de Naruto al sentir el agarre del joven. Rompió el beso solo un milímetro, dejando un fino hilo de saliva conectando sus labios mientras lo miraba con los ojos entrecerrados y los párpados pesados de lujuria.

—Mucho mejor... —susurró Tsunade, pasándole la lengua por el labio inferior al chico—. Ahora... quítate la ropa. El papeleo puede esperar hasta mañana. La reina exige su tributo.

—Esperas... ¡espera! —pidió Naruto, intentando tomar aire—. ¿Y si entra Shizune? ¡Shizune puede venir en cualquier momento con más documentos!

Tsunade soltó una risita baja y sensual mientras sus manos bajaban hacia la cremallera de la chaqueta naranja de Naruto, abriéndola de un solo tirón experto.

—Shizune sabe perfectamente que cuando estás aquí, la oficina está fuera de servicio —dijo Tsunade, empujando la chaqueta hacia abajo para dejar al descubierto el torso desnudo y marcado del joven Uzumaki—. Le di órdenes estrictas desde hace meses. Nadie nos interrumpirá.

Tsunade se arrodilló lentamente frente a él, dejando que su abundante busto se apoyara sobre los muslos de Naruto mientras sus manos desabrochaban el pantalón del chico. Naruto bajó la mirada, completamente paralizado mientras veía a la mismísima Quinta Hokage, la kunoichi más poderosa y respetada del mundo Shinobi, desnudándolo con una devoción y una necesidad que rozaban la locura.

—Tsunade... no sé si esto sea una buena idea... —alcanzó a decir Naruto, sintiendo cómo el aire se le escapaba cuando las manos cálidas de la mujer liberaron su miembro rígido y pulsante.

—Es la mejor idea que has tenido en tu vida, cariñito —respondió ella, mirando la longitud del muchacho con una sonrisa llena de orgullo y deseo—. Mírate... has crecido perfecto. Todo para mí.

Tsunade no esperó más. Inclinó la cabeza y rodeó la cabeza del miembro de Naruto con sus labios carnosos, tragándoselo de un solo movimiento fluido hasta el fondo de su garganta.

—¡Aaaah! —Naruto echó la cabeza hacia atrás contra la puerta de madera, apretando los dientes mientras los ojos se le ponían en blanco por la intensidad del placer. La cavidad bucal de Tsunade estaba absurdamente caliente, su lengua se movía en espirales alrededor de su glande mientras succionaba con un ritmo constante, rítmico y experto.

—Incréible... sencillamente increíble —comentó Kurama en el espacio mental, aunque esta vez su voz sonaba entre divertida y resignada mientras se echaba en el agua a presenciar la escena—. La legendaria Sanin de los Babosas, reducida a una adicta a tu polla por un comentario de tres segundos. Eres un peligro para la sociedad, mocoso.

—¡Cállate, Kurama! ¡No me hables ahora! —pensó Naruto en agonía pura y placer absoluto, sintiendo cómo sus manos se hundían en el cabello rubio y sedoso de Tsunade para mantener el ritmo.

Tsunade emitía ruidos ahogados de satisfacción desde el fondo de su garganta, aumentando la succión con cada segundo. Sus pechos rebotaban suavemente contra las piernas de Naruto con cada movimiento de su cabeza, creando una imagen tan erótica que Naruto sintió que se iba a correr en cuestión de segundos.

—T-Tsunade... voy a... ¡voy a llegar! —advirtió Naruto, sintiendo la presión acumulándose en su vientre bajo.

Tsunade ni siquiera se inmutó. En lugar de soltarlo, aumentó la velocidad de la succión, usando su lengua para masajear el frenillo de Naruto mientras sus manos apretaban firmemente los muslos del chico. Con un último gemido ahogado de la Sanin, Naruto se convulsionó contra la puerta, liberando una carga espesa y abundante directamente en la garganta de la Hokage.

Tsunade tragó con fuerza, una y otra vez, sintiendo cada pulsación de la liberación del joven bajando por su cuello. Su garganta se distendía rítmicamente hasta que la última gota fue absorbida. Lentamente, la rubia retiró la boca del miembro levemente flácido de Naruto, dejando escapar un leve pop húmedo. Un fino hilo de semen y saliva conectaba sus labios carnosos con la punta del chico.

—Delicioso... —murmuró Tsunade, limpiándose la comisura de los labios con el dorso de la mano mientras lo miraba con una expresión seductora y triunfante—. Mucho mejor que cualquier vino que haya probado en mi vida.

—Tsunade... yo... lo siento... —jadeó Naruto, apoyando las manos en los hombros de la mujer para no caerse de rodillas.

Tsunade se puso de pie con una agilidad impresionante, tomándolo de la cintura y levantándolo sin esfuerzo para sentarlo sobre el borde del gran escritorio de madera, tirando todos los pergaminos al suelo sin darle la menor importancia. Se desabrochó los pantalones y se los quitó junto con su ropa interior, revelando su pubis perfectamente cuidado y una femineidad empapada que emanaba un calor abrasador.

—No pidas perdón, mi rey —susurró Tsunade, acomodándose entre las piernas de Naruto y guiando el miembro del chico, que comenzaba a endurecerse de nuevo bajo su toque, hacia su entrada caliente—. Apenas estamos empezando. Tres años de espera no se saldan con una sola mamada.

Tsunade se dejó caer hacia abajo de un solo golpe firme, enterrando la longitud completa de Naruto dentro de su estrechez empapada.

—¡AAAAH! —ambos gritaron al unísono. Tsunade echó la cabeza hacia atrás, arqueando su espalda de manera espectacular mientras sus pechos gigantes rebotaban en el aire. Sus paredes vaginales apretaban el miembro de Naruto con una fuerza sobrehumana, pulsando en oleadas de placer puro.

—Eres... eres tan estrecha... —jadeó Naruto, agarrando las caderas firmes de la Sanin mientras empezaba a embestir hacia arriba desde su posición en el escritorio.

—¡Sí! ¡Así, Naruto! —gimió Tsunade sin reservas, perdiendo cualquier ápice de la dignidad de una Hokage mientras se apoyaba en los hombros del chico, rebotando sobre él con una pasión salvaje—. ¡Tómame como la mujer que soy! ¡Hazme tuya en este escritorio!

El sonido de la carne chocando contra la carne y los gemidos desinhibidos de Tsunade resonaban por toda la oficina insonorizada de la torre. De un lado a otro, los dos rebotaban en una danza hambrienta. La boca de Tsunade buscó de nuevo la de Naruto, devorándose en un beso desprolijo mientras los movimientos de sus caderas se volvían más frenéticos y violentos. La madera del escritorio crujía bajo el peso de ambos, amenazando con romperse en cualquier momento.

Tsunade activó instintivamente una pequeña fracción de su Sōsei Saisei, permitiendo que sus músculos se moldearan aún más alrededor del miembro de Naruto, maximizando la fricción.

—¡Me voy a volver a correr! —advirtió Naruto, embestiendo con más fuerza desde abajo, golpeando el cérvix de la rubia con cada estocada.

—¡Lléname, Naruto! ¡Llena a tu Hokage! ¡Hazme tuya por completo! —gritó Tsunade, entrando en un orgasmo aplastante que hizo que todo su cuerpo se tensara y temblara compulsivamente.

Naruto se impulsó una última vez hacia arriba, enterrándose hasta los testículos dentro de la Sanin, y liberó una segunda carga masiva y caliente en lo profundo de su vientre. Tsunade gimió contra su cuello, apretándolo con sus brazos fuertes mientras sentía las pulsaciones del chico inundándola por dentro.

Los dos se quedaron abrazados sobre el escritorio, respirando agitadamente mientras el calor de la habitación se asentaba lentamente.

Pocos minutos después, Tsunade se dejó deslizar hacia abajo, saliendo del miembro de Naruto con un gemido satisfecho. Un flujo denso y blanco comenzó a escurrirse entre sus muslos mientras ella se reacomodaba la ropa con una sonrisa de absoluta plenitud.

—Eso... fue maravilloso, cariñito —dijo Tsunade, dándole un beso tierno en la mejilla a un Naruto que aún intentaba recuperar el aliento y la cordura—. Puedes venir a la oficina a la hora que quieras. A partir de hoy, el informe de la misión se entrega directamente en mi cama.

Naruto se vistió a toda prisa, todavía mareado por la intensidad del encuentro. Salió de la oficina de la Hokage como si estuviera huyendo de una explosión, tropezando con sus propios pies en el pasillo de la torre.

Al salir a la calle, se apoyó contra un poste de madera, respirando el aire fresco de la tarde mientras intentaba asimilar lo que acababa de pasar.

—No puedo hablar... no puedo volver a hablar nunca más —se dijo Naruto a sí mismo en voz baja, cubriéndose la boca con ambas manos en un gesto de pánico absoluto.

—Tranquilo, mocoso —se burló Kurama desde el fondo de su mente, echándose a reír de nuevo—. Apenas es tu primer día y ya te acostaste con la líder de la aldea. ¿A quién vas a convertir en tu concubina en la siguiente esquina?

—¡No es gracioso, Kurama! —pensó Naruto en pánico—. ¡Tengo que encontrar a Hinata! Ella es la única chica que me quiere de verdad, sin nada de este poder loco de la Verdad. Tengo que verla antes de que arruine la aldea por completo.

Naruto echó a correr a toda velocidad en dirección a los dominios del clan Hyūga, rezando internamente para que su propia lengua no volviera a traicionarlo antes de llegar a su destino.

Start your own immersive adult AI roleplay story
Ad

What's next?

Start Over View Story Map

0 comments