¿ella lo consigue?
La Rendición de Fū
La pequeña ciudad termal de Yunagiri era un remanso de paz y tranquilidad, famosa por sus aguas curativas y sus posadas tradicionales. El grupo había llegado esa mañana, después de tres días de viaje desde el lago, y Jiraiya había decidido que merecían un descanso.
—Voy a investigar los baños termales —dijo Jiraiya, ajustándose el cinturón de su robe— Para documentación, por supuesto. No me esperen para cenar.
Karin rodó los ojos.
—Claro, "documentación".
—¡Es para mi libro! —protestó Jiraiya, pero ya se alejaba calle abajo, una sonrisa lasciva en su rostro.
Fū vio cómo el Sannin desaparecía entre la multitud, y su corazón comenzó a latir con fuerza. Era el momento perfecto.
—Karin —dijo, su voz más firme de lo que esperaba— ¿podrías ir a registrarnos en una posada? Yo quiero mostrarle a Naruto los alrededores.
Karin la miró, sus ojos entrecerrados con sospecha.
—¿Mostrarle los alrededores?
—Sí —respondió Fū, manteniendo su expresión neutral— Hay un mercado artesanal del que me hablaron. Pensé que a Naruto le gustaría verlo.
Naruto, que estaba estirándose después del viaje, levantó una ceja.
—¿Un mercado? Suena bien.
Karin apretó los labios, claramente incómoda, pero no podía negarse sin revelar sus celos.
—Está bien —dijo, tomando las bolsas— Iré a buscar una posada. Pero no tarden demasiado.
—No lo haremos —respondió Fū, tomando a Naruto del brazo— Vamos, Naruto.
Caminaron por las calles empedradas, pasando entre puestos de comida, tiendas de recuerdos y grupos de turistas. Fū se mantenía cerca de Naruto, su brazo enredado en el suyo, su cuerpo rozándolo con cada paso.
—Mira, Naruto —decía, señalando un puesto de dulces— ¿No se ven deliciosos?
—Sí —respondía él, pero sus ojos no estaban en los dulces. Estaban en ella.
Fū lo notó, y una oleada de satisfacción la recorrió. Pero necesitaba más. Necesitaba estar a solas con él.
Vio un callejón estrecho entre dos edificios, oscuro y vacío. Sin dudarlo, tiró de Naruto hacia él.
—Fū, ¿qué haces? —preguntó Naruto, sorprendido.
—Solo un momento —respondió ella, arrastrándolo hasta el fondo del callejón, donde la luz del sol apenas llegaba.
Una vez allí, se giró para enfrentarlo. Su corazón latía tan fuerte que pensó que se saldría de su pecho.
—Naruto... —comenzó, su voz temblorosa— Necesito decirte algo.
—¿Qué pasa, Fū? —preguntó él, su expresión preocupada.
Ella dio un paso adelante, luego otro, hasta que estuvo tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo.
Y entonces, se arrojó a sus brazos.
Lo besó.
No fue un beso tímido o vacilante. Fue un beso profundo, apasionado, lleno de todo el deseo que había estado acumulando durante días. Sus labios se encontraron con los de él, su lengua buscando entrada, sus manos enredándose en su cabello rubio.
Naruto se quedó paralizado por un momento, sorprendido por la repentina agresión. Pero luego, sus instintos tomaron el control. Sus brazos la rodearon, atrayéndola más cerca, y respondió al beso con igual intensidad.
Se separaron, jadeando, sus frentes apoyadas una contra la otra.
—Naruto —dijo Fū, sus ojos brillando con lágrimas de deseo— Quiero que me hagas lo mismo que a Karin. Quiero ser tuya. Quiero que me marques, que me poseas, que me hagas tuya de todas las formas posibles.
Naruto la miró, sus ojos azules oscurecidos por la lujuria.
—¿Estás segura, Fū? —preguntó, su voz ronca— Esto no es un juego. Una vez que entras en mi harén, no hay vuelta atrás.
—Lo sé —respondió ella, sin dudar— Y lo quiero. Te quiero a ti, Naruto. Desde que te vi, desde que sentí tu poder, supe que quería ser tuya.
Naruto sonrió, una sonrisa llena de posesividad.
—Entonces, déjame explicarte cómo funcionan las cosas.
Naruto la tomó de la mano y la guió hacia una esquina más oscura del callejón, donde una pila de cajones viejos formaba un asiento improvisado. Se sentó y la atrajo hacia su regazo, sus manos descansando en sus caderas.
—Escucha con atención, Fū —dijo, su voz seria— Eres una jinchūriki, como yo. Eres fuerte, poderosa, y valiosa. Pero si entras en mi harén, te conviertes en mi propiedad. ¿Entiendes eso?
Fū asintió, sus ojos fijos en los de él.
—Sí, lo entiendo.
—Bien —continuó Naruto, sus manos deslizándose bajo su camiseta— Como mi propiedad, hay reglas que debes seguir. Reglas que todas mis zorras siguen.
Sus dedos encontraron sus pechos, acariciando sus pezones a través de la tela de su sujetador. Fū jadeó, arqueándose contra su toque.
—La primera regla —dijo, pellizcando suavemente— es que nunca, bajo ninguna circunstancia, usarás ropa interior. Quiero que estés siempre accesible para mí, lista para ser usada cuando yo lo desee.
—Sí —susurró Fū— Lo haré.
—La segunda regla —continuó, sus manos bajando hasta su vientre— es que dejarás crecer tu cabello hasta la altura de tu cintura. Me gusta el cabello largo en mis mujeres. Es un símbolo de su sumisión, de su dedicación a mí.
—Sí, Naruto —respondió ella, su voz temblorosa.
—La tercera regla —dijo, sus dedos deslizándose hacia la cintura de sus pantalones— es que llevarás mi collar en todo momento. Un collar de perro, para que todos sepan que eres mi propiedad. Y llevarás mi marca, un tatuaje con mi inicial sobre tu útero, para que nunca olvides a quién perteneces.
Fū sintió un escalofrío de excitación recorrer su cuerpo.
—Sí, Naruto-sama —dijo, usando el honorífico por primera vez— Quiero tu collar. Quiero tu marca. Quiero ser tuya.
Naruto sonrió, una sonrisa depredadora.
—Entonces, bienvenida a mi harén, Fū.
Naruto metió la mano en su bolsa y sacó un collar. Era de cuero verde oscuro.
—Este es tu collar —dijo, colocándolo alrededor de su cuello— El verde es por tu cabello, para que todos sepan que eres mía.
Fū tocó el collar, sintiendo el cuero contra su piel. Era real. Era suyo. Era la marca de su pertenencia.
—Gracias, Naruto-sama —susurró, sus ojos llenos de lágrimas de felicidad.
—Ahora —dijo Naruto, sus manos deslizándose bajo su camiseta nuevamente— es hora de que te familiarices con tu nuevo rol.
Sus manos encontraron sus pechos, esta vez sin la barrera del sujetador. Fū gimió cuando sus dedos pellizcaron sus pezones, enviando ondas de placer a través de su cuerpo.
—Eres tan sensible —murmuró Naruto, inclinándose para besar su cuello— Me encanta.
—Naruto-sama... —gimió Fū, arqueándose contra él.
Sus manos vagaron por su cuerpo, explorando cada curva, cada pliegue. Encontraron el borde de sus pantalones, y se deslizaron dentro, encontrando su sexo húmedo y caliente.
—Mira qué mojada estás —dijo Naruto, sus dedos jugando con sus labios— Y solo te he besado.
—Es por ti —respondió Fū, jadeando— Solo por ti.
Naruto sonrió, y comenzó a acariciar su clítoris con movimientos lentos y circulares. Fū gimió, su cabeza cayendo hacia atrás, sus manos aferrándose a sus hombros.
—¿Te gusta, Fū? —preguntó, aumentando el ritmo.
—Sí... sí... —respondió ella, su voz entrecortada.
—¿Quieres más?
—Sí, por favor... más...
Naruto introdujo un dedo en su interior, luego dos, estirándola suavemente. Fū gimió, su cuerpo temblando.
—Eres tan apretada —dijo Naruto, moviendo sus dedos dentro de ella— ¿Eres virgen, Fū?
—Sí —respondió ella, sonrojándose— Nunca... nunca he estado con nadie.
Naruto sonrió, una sonrisa llena de posesividad.
—Entonces, seré tu primero. Y tu único. Porque a partir de ahora, solo yo te tocaré. Solo yo te poseeré. ¿Entiendes?
—Sí, Naruto-sama —respondió Fū, sus ojos llenos de devoción—. Solo tú.
Naruto la levantó y la colocó contra la pared del callejón, sus manos sosteniendo sus muslos mientras ella envolvía sus piernas alrededor de su cintura.
—¿Estás lista? —preguntó, su miembro erecto presionando contra su entrada.
—Sí —respondió Fū, su voz firme— Estoy lista.
Naruto la penetró lentamente, centímetro a centímetro, dándole tiempo para adaptarse a su tamaño. Fū gimió, sintiendo una mezcla de dolor y placer mientras él la llenaba.
—Duele... —susurró, sus uñas clavándose en sus hombros.
—Lo sé —respondió Naruto, deteniéndose— Pasará. Solo relájate.
Ella respiró hondo, intentando relajar sus músculos. Poco a poco, el dolor comenzó a desvanecerse, reemplazado por una sensación de plenitud.
—Puedes moverte —dijo, su voz apenas un susurro.
Naruto comenzó a moverse, lentamente al principio, luego más rápido. Fū gimió, su cabeza cayendo hacia atrás, su cuerpo respondiendo a sus embestidas.
—Eres mía, Fū —dijo Naruto, su voz ronca—. Dilo.
—Soy tuya —respondió ella, sus ojos fijos en los de él—. Soy tuya, Naruto-sama.
Naruto aumentó el ritmo, sus embestidas más profundas, más fuertes. Fū sintió que el placer crecía dentro de ella, una ola que amenazaba con romper.
—Voy a... voy a... —gimió, su cuerpo tensándose.
—Córrete —ordenó Naruto—. Córrete para mí.
Y Fū obedeció.
Su orgasmo la golpeó como una ola, sacudiendo su cuerpo mientras gemía el nombre de Naruto. Él continuó moviéndose, llevándola a través de su clímax, hasta que finalmente se derramó dentro de ella, su propio orgasmo siguiendo al de ella.
Ambos yacieron jadeando, sus cuerpos sudorosos y satisfechos.
—Te quiero, Naruto —susurró Fū, su cabeza apoyada en su hombro.
—Lo sé —respondió él, besando su frente— Y yo te quiero a ti. Eres mía ahora, Fū. Y nunca dejaré que nadie te quite de mi lado.
Esa noche, en la posada que Karin había reservado, Naruto cumplió su promesa.
En la habitación privada, con Karin y Fū desnudas frente a él, Naruto tomó su máquina de tatuaje que había comprado en el mercado de Konoha, la misma máquina que ha marcado a todas sus zorritas.
—Esta marca —dijo, mientras dibujaba la letra "N" en un corazón sobre el útero de Karin— significa que eres mía. Que tu cuerpo, tu corazón, tu alma, me pertenecen.
Karin gimió mientras la aguja perforaba su piel, pero no era dolor lo que sentía. Era placer. Era orgullo.
Cuando terminó con Karin, se volvió hacia Fū.
—Tu turno —dijo, sonriendo.
Fū yació sobre la cama, su vientre expuesto, su corazón latiendo con fuerza. Naruto se inclinó sobre ella, la aguja en su mano.
—Esto dolerá un poco —dijo—. Pero cuando termine, serás mía para siempre.
—Hazlo —respondió Fū— Hazme tuya.
La aguja perforó su piel, y Fū sintió una mezcla de dolor y placer. Cada punzada era una promesa, cada línea de tinta una declaración de propiedad.
Cuando terminó, Naruto se inclinó y besó la marca fresca.
—Ahora eres mía, Fū —susurró— Para siempre.
Fū sonrió, sus ojos llenos de lágrimas de felicidad.
—Sí, Naruto-sama —respondió— Soy tuya. Para siempre.
Y en esa habitación, con su collar verde alrededor de su cuello y la marca de Naruto sobre su útero, Fū supo que había encontrado su lugar en el mundo.
Era propiedad de Naruto Uzumaki.
Y eso era todo lo que necesitaba.
0 comments
No comments yet
The story has no discussion yet. Leave a note here when a branch gives you something to say.
No chapter comments yet
No one has commented on this branch yet. Add the first note above.