¿seguimos con Shizune o volvemos con Naruto?

El Despertar de Fū

Chapter 24 by Locoloco Locoloco

La noche había caído sobre el campamento como un manto de terciopelo oscuro, salpicado de estrellas que brillaban con intensidad en el cielo sin luna. El fuego que Jiraiya había encendido horas antes crepitaba débilmente, reducido a brasas anaranjadas que parpadeaban en la oscuridad.

Dentro de la tienda compartida, Fū yacía envuelta en su saco de dormir, su respiración rítmica y profunda. Pero algo la había despertado. Un silencio demasiado perfecto, una ausencia de calor a su lado.

Abrió los ojos lentamente, parpadeando en la penumbra. La tienda estaba vacía. Los sacos de dormir de Naruto y Karin estaban desocupados, sus mantas revueltas como si hubieran salido apresuradamente.

—¿Naruto? ¿Karin? —susurró, pero no hubo respuesta.

Fū se incorporó, frotándose los ojos. Una ligera inquietud se apoderó de ella. ¿Habría pasado algo? ¿Un ataque? ¿Una emergencia?

Salió de su saco de dormir y se puso de pie, vistiendo solo una camiseta holgada y unos shorts cortos. La brisa nocturna se coló por la entrada de la tienda, haciendo que se estremeciera.

Salió al exterior, sus ojos acostumbrándose a la oscuridad. El campamento estaba en silencio. La tienda de Jiraiya, a unos metros de distancia, estaba cerrada, y desde el interior se escuchaban los ronquidos profundos del Sannin.

—Deben estar cerca —murmuró Fū, comenzando a caminar.

Siguió un sendero que llevaba hacia un lago cercano, un lugar que habían explorado durante el día. La luz de las estrellas se reflejaba en la superficie del agua, creando un brillo plateado que guiaba el camino.

A medida que se acercaba, comenzó a escuchar sonidos. Suaves al principio, luego más claros. Gemidos. Suspiros. El sonido rítmico de cuerpos moviéndose al unísono.

Fū se detuvo, su corazón latiendo con fuerza. Sabía lo que estaba sucediendo. Había vivido suficiente tiempo para conocer teóricamente de sexo.

Pero en lugar de regresar al campamento, algo la impulsó a seguir adelante. Curiosidad. O tal vez algo más profundo, algo que aún no comprendía.

Se acercó sigilosamente, escondiéndose detrás de un grupo de arbustos cerca de la orilla del lago. Y entonces los vio.

Naruto y Karin estaban desnudos, sus cuerpos brillando bajo la luz de las estrellas. Estaban en la orilla, sobre una manta que habían extendido sobre la hierba. Karin estaba de espaldas, arqueada sobre la manta, sus piernas abiertas y envueltas alrededor de la cintura de Naruto. Él estaba sobre ella, moviéndose rítmicamente, sus caderas chocando contra las de ella en un ritmo constante.

—Oh, Naruto... —gimió Karin, su voz entrecortada— Más... por favor... más fuerte...

—Shhh —susurró Naruto, inclinándose para besar su cuello— No queremos despertar a Jiraiya, ¿verdad?

—Pero no puedo... no puedo evitar gemir cuando me haces esto...

Naruto sonrió, una sonrisa llena de lujuria y poder. Aumentó el ritmo, sus embestidas más profundas, más fuertes. Karin gimió, sus uñas clavándose en la espalda de Naruto.

Fū observaba desde su escondite, sus ojos abiertos de par en par. Nunca había visto algo así. Nunca había presenciado el acto sexual con tanta claridad, con tanta intimidad.

Su cuerpo reaccionó antes de que su mente pudiera procesarlo. Un calor se extendió por su vientre, una humedad entre sus piernas. Sus manos, como si tuvieran voluntad propia, se deslizaron hacia abajo, tocando su coño a través de su ropa.

—¿Qué estoy haciendo? —susurró, pero no se detuvo.

Sus dedos encontraron su clítoris, sensible incluso a través de la tela. Comenzó a masajearse lentamente, siguiendo el ritmo de las embestidas de Naruto.

—Mierda... —murmuró, mordiéndose el labio para no gemir.

Ante sus ojos, Naruto cambió de posición. Se sentó, llevando a Karin consigo, de modo que ella quedó a horcajadas sobre él, sus pechos rebotando mientras ella comenzaba a moverse arriba y abajo.

—Así es —dijo Naruto, agarrando sus caderas— Muévete, Karin. Muévete para mí.

—Sí, Naruto-sama —respondió Karin, su voz llena de devoción— Haré lo que usted quiera.

Fū observó fascinada mientras Karin cabalgaba a Naruto, sus movimientos cada vez más desesperados, más frenéticos. Podía ver el placer en sus rostros, podía escuchar sus gemidos, podía oler el aroma del sexo en el aire.

Sus dedos se movían más rápido ahora, su clítoris hinchado y sensible. Podía sentir el orgasmo acercándose, una ola de placer que crecía en su vientre.

—Casi... casi... —susurró, cerrando los ojos.

Y entonces lo vio.

Naruto agarró a Karin por las caderas y la tumbó sobre la manta, colocándose sobre ella. Sus movimientos eran salvajes ahora, primitivos. Karin gemía, su cuerpo arqueándose, sus ojos en blanco.

—Voy a correrme —gimió Karin— Naruto-sama, voy a...

—Hazlo —ordenó Naruto—. Córrete para mí.

Karin gritó, un sonido ahogado que apenas pudo contener, mientras su cuerpo se sacudía en espasmos de placer. Y en ese momento, Fū también alcanzó el clímax.

Su cuerpo se tensó, su mano presionando contra su sexo mientras las oleadas de placer la recorrían. Mordió su brazo para no gemir, sus ojos fijos en la escena ante ella.

Naruto también se corrió, su cuerpo tensándose mientras se derramaba dentro de Karin. Ambos yacieron en el suelo, jadeando, sus cuerpos cubiertos de sudor.

Fū se quedó inmóvil, su corazón latiendo con fuerza. Acababa de tener su primer orgasmo autoinducido, y había sido provocado por la visión de Naruto y Karin teniendo sexo.

—¿Qué significa esto? —susurró, confundida y excitada al mismo tiempo.

Se levantó lentamente, asegurándose de no hacer ruido, y regresó al campamento. Se metió en su saco de dormir, fingiendo estar dormida cuando escuchó los pasos de Naruto y Karin regresando.

Pero no podía dormir. Su mente estaba llena de imágenes, de sensaciones, de deseos que nunca antes había experimentado.

—Naruto... —susurró en la oscuridad, su mano deslizándose nuevamente entre sus piernas—. ¿Qué me está pasando?

A la mañana siguiente, Fū se despertó temprano, antes que los demás. Salió de la tienda y se dirigió al lago, donde se sumergió en el agua fría para aclarar sus pensamientos.

El agua helada la ayudó a calmarse, pero no pudo borrar las imágenes de la noche anterior. Cada vez que cerraba los ojos, veía a Naruto sobre Karin, sus cuerpos moviéndose al unísono, el placer en sus rostros.

—Fū, ¿estás bien?

La voz de Naruto la sobresaltó. Se giró y lo encontró de pie en la orilla, sosteniendo una toalla.

—Sí, sí —respondió, sonrojándose— Solo... quería nadar un poco.

Naruto sonrió, esa sonrisa cálida que siempre la hacía sentir segura.

—Está bien. Pero ten cuidado, el agua está fría.

—Lo sé —respondió ella, evitando su mirada.

Naruto se sentó en la orilla, observándola mientras nadaba. Fū podía sentir su mirada sobre ella, y su cuerpo reaccionaba de maneras que no comprendía.

—Oye, Fū —dijo Naruto de repente— ¿Te gusta viajar con nosotros?

Fū se detuvo, flotando en el agua.

—Sí —respondió, honestamente— Me siento... en casa. Por primera vez en mucho tiempo.

—Me alegra —dijo Naruto— Porque me gusta tenerte cerca.

Fū sintió un cosquilleo en el estómago.

—¿En serio?

—En serio —respondió Naruto, sus ojos fijos en los de ella— Eres especial, Fū. Y quiero que sigas siendo parte de mi vida.

Fū sonrió, una sonrisa genuina, mientras una nueva sensación crecía en su interior.

—Yo también quiero eso, Naruto.

Esa noche, cuando todos dormían, Fū se despertó nuevamente. Esta vez, no buscó a Naruto y Karin. En lugar de eso, se quedó en su saco de dormir, escuchando la respiración rítmica de sus compañeros.

Pero no podía dormir.

Su mano se deslizó entre sus piernas, recordando las imágenes de la noche anterior. Recordando el cuerpo de Naruto, sus movimientos, su voz.

—Naruto... —susurró, mientras sus dedos encontraban su clítoris.

Se masturbó lentamente, saboreando cada sensación, cada pensamiento. Y cuando alcanzó el clímax, gimió su nombre en voz baja.

—Naruto...

Sabía que algo había cambiado en ella. Sabía que ya no podía ver a Naruto solo como un amigo o un compañero de viaje.

Lo deseaba.

Y pronto, muy pronto, haría todo lo posible para que él la deseara a ella también.

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¿Qué planea Fū?

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