¿Qué planea Fū?
El Juego de la Seducción
El sol se elevó sobre el campamento, pintando el cielo de tonos naranjas y rosados. Los pájaros cantaban, el lago brillaba, y el aroma del café recién hecho flotaba en el aire. Jiraiya ya estaba despierto, como siempre, sentado junto al fuego con su libreta en mano, garabateando notas para su próximo libro.
Naruto salió de la tienda, estirándose, su cuerpo semidesnudo cubierto solo por unos pantalones holgados. Karin lo siguió momentos después, su cabello rojo despeinado, una sonrisa de satisfacción en sus labios.
Y luego, Fū salió de la tienda.
Pero no era la misma Fū del día anterior.
Había algo diferente en ella. Algo en la forma en que se movía, en la forma en que se estiraba, en la forma en que su camiseta se levantaba apenas lo suficiente para revelar una franja de piel morena en su vientre.
—Buenos días —dijo, su voz más suave de lo habitual.
—Buenos días, Fū —respondió Naruto, sonriendo.
Karin la observó con una mirada penetrante, sus ojos entrecerrados. Había notado un cambio. Y no lo entendía.
Se sentaron alrededor del fuego, compartiendo un desayuno simple de arroz, pescado seco y té. Pero Fū no podía concentrarse en la comida. Su mente estaba en otra parte.
En Naruto.
Había pasado toda la noche pensando en él, en lo que había visto, en lo que había sentido. Y había tomado una decisión.
Quería que él la notara.
—Naruto —dijo, inclinándose hacia adelante para alcanzar la tetera— ¿quieres más té?
Su camiseta, deliberadamente holgada, se deslizó hacia adelante, revelando el valle incipiente entre sus pechos. No llevaba sujetador. Lo había dejado en la tienda a propósito.
Naruto levantó la mirada, sus ojos encontrándose con el escote de Fū. Por un momento, dudó.
—Sí, gracias —respondió, recuperándose rápidamente.
Karin frunció el ceño, pero no dijo nada.
Jiraiya, por su parte, observaba todo con una sonrisa maliciosa. Su lápiz se movía rápidamente sobre el papel, capturando cada detalle.
—Interesante —murmuró—. Muy interesante.
Más tarde, cuando el calor del mediodía se volvió insoportable, decidieron bañarse en el lago. Jiraiya se quedó en la orilla, fingiendo leer un libro, pero en realidad observando a las dos jóvenes kunoichis.
Karin entró al agua primero, su cuerpo esbelto brillando bajo el sol. Nadó con gracia, su cabello rojo flotando detrás de ella como una llama líquida.
Fū la siguió, pero su entrada fue diferente. Se quitó la camiseta lentamente, revelando su torso desnudo. Solo llevaba unos shorts que se pegaban a su piel cuando entró al agua.
—El agua está perfecta —dijo, sumergiéndose hasta el cuello.
Naruto la observó desde la orilla, sus ojos recorriendo su cuerpo. Fū lo notó, y una oleada de satisfacción la recorrió.
—¿No vas a entrar, Naruto? —preguntó, su voz inocente.
—Claro —respondió él, quitándose la camiseta.
El torso de Naruto era una obra de arte. Músculos definidos, cicatrices de batallas pasadas, una línea de vello que se perdía dentro de sus pantalones. Fū sintió que su boca se secaba.
Entró al agua, nadando hacia ellas. Karin se acercó a él de inmediato, enroscándose a su alrededor como una serpiente.
—Naruto-sama —susurró, mordisqueando su oreja— ¿quieres que te lave la espalda?
—Tal vez más tarde —respondió él, sus ojos fijos en Fū.
Fū sintió una punzada de celos, pero también de emoción. La competencia había comenzado.
Esa tarde, mientras descansaban a la sombra de un gran árbol, Fū decidió intensificar sus esfuerzos.
Tomó una botella de agua y se sentó cerca de Naruto, asegurándose de que él pudiera verla. Bebió lentamente, dejando que el agua corriera por su garganta, algunas gotas deslizándose por su cuello y desapareciendo en su escote.
—Qué sed tengo —dijo, su voz apenas un susurro.
Naruto la miró, sus ojos siguiendo el rastro de las gotas.
—Sí, hace calor —respondió, su voz ronca.
Fū inclinó la boteta un poco más, y de repente, un chorro de agua cayó sobre su pecho, empapando su camiseta. La tela se volvió transparente, revelando la forma de sus pechos, sus pezones erectos contra la tela húmeda.
—¡Oh! —exclamó, fingiendo sorpresa— Qué torpe soy.
—No te preocupes —dijo Naruto, sus ojos fijos en sus pechos— Aquí tienes una toalla.
—Gracias —respondió ella, tomando la toalla pero sin usarla de inmediato. En lugar de eso, se quedó allí, dejando que Naruto la viera, que la deseara.
Karin, sentada al otro lado del fuego, apretó los puños. Jiraiya, por su parte, escribía frenéticamente en su libreta.
—"La doncella de cabello verde derrama agua sobre su pecho, revelando sus encantos al joven héroe..." —murmuró—. Excelente material.
Cuando cayó la noche, cocinaron una cena sencilla. Fū se aseguró de sentarse junto a Naruto, sus rodillas tocándose ocasionalmente bajo la mesa improvisada.
—Naruto —dijo, sirviéndole más comida— debes estar cansado después del entrenamiento de hoy.
—Un poco —respondió él— Pero valió la pena.
—Eres tan fuerte —dijo ella, sus ojos brillando con admiración— Me siento segura cuando estoy contigo.
Karin resopló, pero se contuvo.
—Fū —intervino Jiraiya— ¿cómo es que escapaste exactamente de Taki? Debes tener una historia interesante.
Fū se tensó por un momento, pero se relajó rápidamente.
—No es una historia feliz —respondió, pero no tenía planeado hablar mucho de su vida antes de este grupo, para ella su verdadera vida comenzó con ellos— Pero ahora estoy aquí, y eso es lo que importa.
—Así es —dijo Naruto, colocando una mano sobre la de ella— Ahora estás con nosotros. Y te protegeremos.
Fū sintió que su corazón se derretía. Eso era exactamente lo que necesitaba escuchar.
Cuando llegó la hora de dormir, Fū se acostó en su saco de dormir, pero no cerró los ojos. Esperó, escuchando la respiración de sus compañeros.
Jiraiya se retiró a su tienda, y pronto se escucharon sus ronquidos.
Naruto y Karin yacían en sus sacos, pero Fū sabía que no estaban dormidos. Podía sentir la tensión en el aire, la anticipación.
Y entonces, comenzó.
Primero, fueron susurros. Luego, gemidos suaves. Luego, el sonido de cuerpos moviéndose.
Fū abrió los ojos, apenas una rendija, y vio a Naruto y Karin besándose apasionadamente. Las manos de Naruto recorrían el cuerpo de Karin, deslizándose bajo su camiseta.
—Naruto-sama... —gimió Karin— Por favor...
—Shhh —susurró él— No queremos despertar a Fū.
—Pero no puedo evitarlo... cuando me tocas...
Fū observó, su corazón latiendo con fuerza. Vio cómo Naruto desnudaba a Karin, cómo sus manos recorrían cada centímetro de su piel. Vio cómo la penetraba, cómo se movían juntos en la oscuridad.
Y entonces, sintió algo en sus labios.
Una gota. Cálida. Líquida.
Había caído de donde Naruto y Karin estaban teniendo sexo, justo en su boca entreabierta.
Inconscientemente, tragó.
El sabor era familiar. El mismo sabor que había probado noches antes, cuando dormía junto a ellos. El sabor que había soñado, que había anhelado sin saberlo.
Era el semen de Naruto.
Fū sintió que su cuerpo se encendía. Su mano se deslizó entre sus piernas, buscando alivio. Se masturbó en silencio, mientras Naruto y Karin continuaban su danza de placer a solo unos centímetros de distancia.
Cuando ambos alcanzaron el clímax, Fū también lo hizo, un orgasmo silencioso que la dejó temblando.
—Naruto... —susurró, apenas un aliento.
Y en la oscuridad, sonrió.
Sabía lo que quería.
Y haría todo lo posible para conseguirlo.
¿ella lo consigue?
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