¿de que color será el collar?
Lavanda
La noche había caído sobre las ruinas antiguas donde Jiraiya había decidido acampar. El Sannin roncaba plácidamente dentro de su tienda, ajeno a lo que ocurría a pocos metros de distancia, bajo el manto estrellado del cielo abierto.
Naruto y Karin estaban sentados junto a una fogata moribunda, las llamas danzando débilmente mientras la brisa nocturna acariciaba sus rostros. La kunoichi pelirroja miraba a Naruto con una mezcla de ansiedad y anticipación, sabiendo que este era el momento que había estado esperando desde la noche anterior.
—¿Estás lista? —preguntó Naruto, su voz baja pero firme.
Karin asintió, su corazón latiendo acelerado.
—Sí —respondió—. Estoy lista.
Naruto sacó un rollo de almacenamiento de su mochila y lo desenrolló con cuidado. Con un sello de liberación, una pequeña caja apareció frente a ellos. La abrió, revelando un collar de cuero lavanda, suave y brillante.
—Este es tu collar —dijo Naruto, tomándolo entre sus manos—. Representa tu sumisión a mí. Mientras lo uses, eres mía. Mi propiedad. Mi sumisa.
Karin extendió su mano, tocando el collar con reverencia.
—Es hermoso —susurró.
—Póntelo —ordenó Naruto.
Ella obedeció, colocando el collar alrededor de su cuello. El cuero se ajustó perfectamente, como si hubiera sido hecho para ella. Con el cuero, brillando bajo la luz de las estrellas.
—¿Cómo me veo? —preguntó, con una sonrisa tímida.
—Perfecta —respondió Naruto, acariciando su mejilla—. Ahora, hay reglas que debes seguir.
Karin asintió, prestando atención.
—Primero —comenzó Naruto—, no usarás ropa interior nunca más. La ropa interior es para las mujeres comunes, no para mis mujeres.
Naruto tomo la ropa interior de Karin como trofeo como lo había hecho con todas.
Karin se levantó y, sin dudar, se desabrochó los pantalones. Se los bajó lentamente, revelando una pequeña tanga negra. Lo deslizó por sus piernas y lo entregó a Naruto, quien lo tomó con una sonrisa de satisfacción.
—Bien —dijo él, guardando la prenda en el rollo de almacenamiento—. Segunda regla: te dejarás crecer el cabello hasta la cintura. Cuando regresemos a Konoha, quiero verte con una melena larga y sedosa, para que tengas peinados que te hagan ver más sexy.
Karin tocó su cabello, consciente de lo corto que era en el lado derecho. El peinado asimétrico que siempre había llevado ahora le parecía un error.
—Me lo dejaré crecer —prometió—. Pero tomará tiempo.
—Tengo paciencia —respondió Naruto— Tercera regla: te depilarás completamente el vello púbico. Quiero tu coño limpio y suave, listo para ser usado por mí en cualquier momento.
Karin asintió, sintiendo un escalofrío de anticipación.
—¿Ahora? —preguntó.
—Ahora —confirmó Naruto, sacando una pequeña navaja de su mochila—. Ven aquí.
Karin se arrodilló frente a él, separando las piernas. Naruto se colocó entre ellas, la navaja en su mano. Con movimientos lentos y precisos, comenzó a afeitar su vello púbico, eliminando cada rastro de cabello oscuro.
Karin temblaba, no de frío, sino de excitación. Sentir la mano de Naruto tan cerca de su sexo, la navaja rozando su piel, era increíblemente erótico.
—Quédate quieta —ordenó él, su voz calmada—. No quiero lastimarte.
Ella obedeció, conteniendo la respiración mientras él terminaba su trabajo. Cuando finalmente se retiró, su sexo estaba completamente liso, suave como la seda.
—Perfecta —dijo Naruto, acariciando su monte de Venus—. Ahora eres digna de mí.
Karin sonrió, sintiéndose más vulnerable y más deseable que nunca.
—Gracias, Naruto-sama —susurró.
—Ahora —dijo él, guardando la navaja—, hay más reglas.
—¿Cuáles? —preguntó ella.
—Cuando estemos en privado, me llamarás "Naruto-sama" o "Amo". Cuando estemos en público, me llamarás por mi nombre, pero siempre con respeto. Y nunca, nunca, me desafiarás delante de otros, tu ropa en interiores es solo ropa sexual o desnuda, para exteriores ropa que muestre tu atractivo. Excepto para misiones, allí lo importantes es que pueda ser útil porque tu vida estará en peligro.
—Lo entiendo, Naruto-sama —respondió ella, inclinando la cabeza.
—Bien —dijo él, levantándose—. Ahora, ven aquí. Quiero celebrar tu nueva sumisión.
Karin se levantó y lo siguió hasta una manta que había extendido en el suelo, lejos de la tienda de Jiraiya. La noche era oscura, y las estrellas brillaban como testigos silenciosos de lo que estaba por ocurrir.
—Arrodíllate —ordenó Naruto.
Ella obedeció, sus rodillas hundiéndose en la manta. Naruto se paró frente a ella, desabrochándose los pantalones. Su polla emergió, erecta y lista, brillando bajo la luz de la luna.
—Abre la boca —dijo.
Karin obedeció, su lengua extendiéndose instintivamente. Naruto guio su polla hacia su boca, deslizándose lentamente entre sus labios. Ella comenzó a succionar, su cabeza moviéndose arriba y abajo, sus manos sujetando sus muslos.
—Así es —susurró Naruto, acariciando su cabello— Chúpame, Karin. Muéstrame lo mucho que me deseas.
Ella gimió alrededor de su polla, aumentando el ritmo. Su lengua trabajaba incansablemente, lamiendo el glande, recorriendo la longitud, succionando con desesperación.
—Más profundo —ordenó él— Quiero sentir tu garganta.
Karin obedeció, relajando su garganta y dejando que la polla de Naruto se deslizara hasta el fondo. Sintió cómo el glande rozaba su esófago, y una mezcla de placer y asfixia la invadió.
—Bien —dijo Naruto, su voz ronca— Quédate así.
Mantuvo su polla dentro de su garganta por unos segundos, disfrutando de la sensación de tenerla completamente sumisa. Luego, se retiró lentamente, permitiéndole respirar.
—Ahora —dijo, ayudándola a levantarse— Ponte a cuatro patas.
Karin obedeció, colocándose en posición, su trasero levantado y su sexo expuesto. Naruto se colocó detrás de ella, alineando su polla con su entrada vaginal.
—¿Lista? —preguntó.
—Sí, Naruto-sama —respondió ella, su voz temblorosa— Tómame.
Él empujó, penetrándola profundamente. Karin gimió, su cuerpo arqueándose mientras él comenzaba a moverse. El ritmo era lento al principio, cada embestida profunda y deliberada.
—Eres tan apretada —gruñó Naruto, sus manos aferrándose a sus caderas— Tan caliente. Tan mía.
—Soy tuya —gimió ella— Solo tuya, Naruto-sama.
Él aceleró el ritmo, sus embestidas volviéndose más rápidas, más duras. El sonido de los cuerpos chocando llenaba la noche, mezclándose con los gemidos ahogados de Karin.
—Más fuerte —suplicó ella— Por favor, más fuerte.
Naruto obedeció, dándole todo lo que tenía. La penetró una y otra vez, sintiendo cómo su sexo se contraía alrededor de su polla, acercándose al clímax.
—Me voy a correr —jadeó él— ¿Dónde quieres que me corra?
—Dentro —respondió ella, sin dudar— Quiero sentirte dentro de mí.
Naruto dio una última embestida, profunda y poderosa, y se corrió. Su semen caliente llenó el interior de Karin, quien gimió mientras su propio orgasmo la sacudía.
Cayeron juntos sobre la manta, jadeantes, sudorosos. Karin yacía boca abajo, su cuerpo temblando por las secuelas del orgasmo. Naruto yacía a su lado, acariciando su espalda.
—Eres increíble —susurró él.
—Tú también —respondió ella, sonriendo débilmente— Nunca había sentido algo así.
—Y esto es solo el comienzo —dijo él— Tenemos poco más de dos años por delante. Y muchas noches como esta.
Karin se giró para mirarlo, sus ojos carmesí brillando con devoción.
—¿Qué pasará cuando termine el viaje? —preguntó— ¿Volveremos a Konoha?
—Sí —respondió Naruto— Y allí conocerás a las otras.
—¿Quiénes son?
—¿Mis otras zorritas? —explicó él—. Sakura, Hinata, Ayame, Kurenai, Mebuki. Y Koyuki, en el País de la Nieve.
Karin parpadeó, sorprendida.
—¿Tienes una daimyo?
—Sí —dijo Naruto, sin vergüenza—. Y tú eres su hermana ahora.
Karin guardó silencio por un momento, procesando la información. Luego, sonrió.
—No me importa —dijo— Mientras sea tuya, no me importa quienes son mis hermanas.
Naruto sonrió, besando su frente.
—Eres perfecta, Karin —dijo— Y cuando volvamos a Konoha, te presentaré a todas.
—Lo espero con ansias —respondió ella, acurrucándose contra su pecho.
El silenció cayó entre ellos, roto solo por el sonido del viento y los ronquidos lejanos de Jiraiya.
—Naruto-sama —dijo Karin, después de un momento.
—¿Sí?
—Gracias. Por mostrarme esto. Por hacerme sentir completa.
—Siempre, Karin —respondió él— Siempre.
Y mientras la luna brillaba sobre ellos, Naruto Uzumaki abrazó a su nueva sumisa, sintiendo cómo su harén crecía, cómo su poder se expandía.
Casi dos años. Casi dos años para conquistar a más mujeres.
Y cuando volviera a Konoha, nada volvería a ser igual.
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