¿Quién es la siguiente?
La Jinchūriki de Siete Colas
Tres días después de la noche en que Karin recibió su collar lavanda, el grupo de viajeros se encontró con una sorpresa inesperada.
Viajaban por un camino boscoso, bordeando el límite del País de la Cascada, cuando una figura apareció entre los árboles. Era una joven de piel bronceada y un cabello corto de un verde vibrante que le llegaba hasta la nuca. Sus ojos eran grandes y expresivos, de un color naranja, y vestía un atuendo holgado que parecía más adecuado para un viajero que para una ninja.
Pero lo que realmente llamó la atención de Naruto y karin fue su chakra. Una presencia masiva, bestial, familiar.
—¡Alto! —gritó la joven, extendiendo sus brazos—. ¿Quiénes son ustedes?
Jiraiya, que iba al frente, se detuvo y la observó con curiosidad.
—Viajeros —respondió—. ¿Y tú?
—Soy Fū —dijo ella, sin apartar la mirada—. Y siento que uno de ustedes... es como yo.
Sus ojos se posaron directamente en Naruto, y él se preguntó si ella era una ninja sensor.
Naruto sintió un escalofrío recorrer su espalda. Una jinchūriki. Otra como él, aunque no parece desquiciada como Gaara cuando lo conoció.
—Sí —dijo, dando un paso al frente—. Soy como tú.
Fū sonrió ampliamente, sus ojos brillando con emoción.
—¡Lo sabía! —exclamó, corriendo hacia él—. ¡Eres una jinchūriki! ¿De qué bestia?
—El Zorro de Nueve Colas —respondió Naruto, con una sonrisa cautelosa.
—¡Guau! —dijo Fū, sus ojos abriéndose aún más—. ¡Eres el más famoso! Yo tengo a Chōmei, el Escarabajo de Siete Colas.
—¿Escapaste de tu aldea? —preguntó Karin, acercándose, por alguna razón se sentía reflejada en la hiperactiva chica.
Fū asintió, su expresión volviéndose sombría.
—Taki ya no era mi hogar. Me usaban como arma, me temían, me odiaban. Así que me fui. He estado viajando sola desde entonces — no les dijo que eso sucedió hace unos días.
—¿Sola? —preguntó Naruto—. ¿No tienes a nadie?
—No —respondió Fū, encogiéndose de hombros—. Pero estoy bien. Soy fuerte. Puedo cuidarme sola.
Naruto la miró, evaluándola. Era joven, probablemente de su edad. Su cuerpo era delgado pero atlético, sus pechos pequeños pero firmes, sus caderas estrechas pero femeninas, tenía potencial. Y su cabello verde... era único. Exótico. Atractivo.
—¿Por qué no viajas con nosotros? —propuso Naruto—. Vamos en un viaje por el continente, a entrenar. Y siempre es mejor viajar en compañía.
Fū lo miró, sorprendida.
—¿En serio? ¿No les importa?
—Claro que no —dijo Karin, sonriendo—. Entre más, mejor.
Jiraiya, que había estado observando la escena en silencio, asintió, digan lo que quieran pero con esa niña podría crear un nuevo libro.
—No veo problema. Una jinchūriki más no hará diferencia. Y tal vez puedas enseñarle algo a Naruto.
—¡Genial! —exclamó Fū, saltando de alegría—. ¡Gracias! ¡Gracias!
Y así, Fū se unió al grupo.
Los días siguientes fueron de adaptación. Fū resultó ser una compañera alegre y enérgica, siempre dispuesta a conversar y a compartir historias sobre sus viajes, la mayoría inventados o exagerados, por ejemplo el tigre de 3 cabezas que repelió, solo era un gato. Se llevó especialmente bien con Karin, con quien compartía el gusto por la comida picante y las canciones populares, ni Naruto ni Jiraya sabían de esos gustos.
Pero con Naruto, la conexión fue diferente. Había algo en él que la atraía, una familiaridad que iba más allá de ser compañeros jinchūriki. Tal vez era su confianza, su carisma, o simplemente la forma en que la miraba.
—Naruto —le dijo una noche, mientras compartían una comida alrededor de la fogata—, ¿tú también te sentías solo? Antes de tener a alguien, digo.
Naruto la miró, pensando en su infancia solitaria.
—Sí —respondió—. Muy solo. Pero luego encontré personas que me aceptaron. Y ahora tengo una familia, Karin, y a Jiraiya-sensei. Y ahora a ti— omitió a sus zorritas que no están presente.
Fū sonrió, una sonrisa tímida.
—Me alegra haberte conocido, Naruto.
—Yo también —respondió él, devolviéndole la sonrisa.
Karin, que observaba la escena, sintió una punzada de celos, pero la reprimió. Sabía que Naruto tenía un harén, y que probablemente Fū terminaría siendo parte de él. Era solo cuestión de tiempo.
Esa noche, Jiraiya se había retirado temprano a su tienda, dejando a los tres jóvenes solos. Habían decidido compartir una tienda grande, con tres sacos de dormir alineados. Karin estaba en el medio, con Naruto a su izquierda y Fū a su derecha.
La noche era tranquila, y pronto los únicos sonidos eran la respiración rítmica de Fū, que se había quedado dormida rápidamente.
Naruto esperó unos minutos, asegurándose de que Fū estuviera profundamente dormida. Luego, se giró hacia Karin, su mano deslizándose bajo su ropa.
—¿Estás despierta? —susurró.
—Sí, Naruto-sama —respondió ella, en voz baja.
—Quiero jugar un poco —dijo él, su mano encontrando su sexo ya húmedo—. Pero tenemos que ser silenciosos. ¿Puedes hacerlo?
—Sí —susurró ella—. Haré lo mejor que pueda.
Naruto se movió, colocándose sobre ella. Su polla ya estaba erecta, y la guio hacia su entrada vaginal. Con un movimiento lento y controlado, la penetró.
Karin mordió su labio para no gemir, su cuerpo arqueándose mientras él comenzaba a moverse. El ritmo era lento, cada embestida medida para no hacer ruido. El único sonido era el leve roce de los cuerpos y la respiración contenida de ambos.
—Más —susurró Karin, su voz apenas un hilo—. Por favor, más.
Naruto aceleró ligeramente, sus caderas moviéndose con precisión. Podía sentir cómo el coño de Karin se contraía alrededor de su polla, cómo se acercaba al clímax.
—Me voy a correr —jadeó él, en voz baja.
—Dentro —suplicó ella—. Dentro de mí.
Naruto dio una última embestida, su cuerpo tensándose mientras se corría. Su semen caliente llenó a Karin, quien gimió silenciosamente mientras su propio orgasmo la sacudía.
Se quedaron inmóviles por un momento, recuperando el aliento. Luego, Naruto se retiró lentamente, su polla aún húmeda.
Pero en su prisa por retirarse, no se dio cuenta de que una gota de semen había caído de su polla, justo en los labios entreabiertos de Fū, que dormía plácidamente a su lado.
La joven jinchūriki, en su sueño, movió la lengua instintivamente, lamiendo el líquido caliente. Su sabor era salado, extraño, pero no desagradable. Sin despertar, tragó.
Naruto y Karin, ajenos a lo ocurrido, se acurrucaron y se durmieron.
A la mañana siguiente, Fū se despertó con un sabor extraño en la boca. Frunció el ceño, tratando de recordar si había soñado con algo.
—Buenos días —dijo Karin, sonriendo—. ¿Dormiste bien?
—Sí —respondió Fū, estirándose—. Soñé algo raro, pero no recuerdo qué.
Naruto, que ya estaba preparando el desayuno, sonrió para sí mismo.
—Tal vez fue algo que comiste —dijo, inocentemente, e inconsciente de que técnicamente es cierto.
—Puede ser —respondió Fū, encogiéndose de hombros.
Mientras desayunaban, Fū notó algo que siempre había pasado por alto en la forma en que Naruto y Karin se miraban. Había una intimidad entre ellos que antes no había notado.
—Oye —dijo, de repente—, ¿ustedes dos son pareja?
Karin se sonrojó, pero Naruto respondió con calma.
—Algo así —dijo—. Karin es especial para mí.
—Ya veo —dijo Fū, sintiendo una punzada de celos que no entendía—. Qué bien.
El día continuó con normalidad, pero Fū no podía quitarse de la cabeza la imagen de Naruto y Karin juntos. Y aunque no lo admitía, comenzaba a desear ser ella quien ocupara ese lugar.
La noche siguiente, mientras dormían, Naruto y Karin volvieron a tener sexo silencioso. Y nuevamente, una gota de semen cayó en la boca de Fū.
Y nuevamente, ella tragó en sueños.
Esto se repitió durante varias noches, hasta que Fū comenzó a asociar el sabor con algo placentero, algo que deseaba sin saber qué era.
Y Naruto, que había notado las reacciones de Fū durante el día, comenzó a planear su próximo movimiento.
Otra estaba a punto de caer.
¿iraya se dignara a entrenar a sus estudiantes?
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