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Chapter 4 by K45 K45

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Capitulo 4

El callejón estaba sumido en un silencio sepulcral, bloqueado por altos muros de ladrillo gris que impedían que la luz del sol tocara el suelo. Momo Yaoyorozu y Toru Hagakure habían tomado ese desvío buscando una ruta rápida, pero se encontraron atrapadas. Frente a ellas, bloqueando la única salida, emergía de entre las sombras la silueta esquelética y amenazante de Tomura Shigaraki, con su gabardina negra y su mirada fija y desquiciada.

—Vaya, vaya... dos pequeñas estudiantes de la UA caminando por donde no deben —siseó Tomura, rascándose el cuello con violencia, dejando ver sus dedos listos para desintegrar o capturar—. Especialmente tú, la chica invisible... vas a ser un espécimen de laboratorio perfecto para la Liga. Y la vicepresidenta de la clase... qué buen bonus.

—¡Hagakure-san, quédate detrás de mí! —exclamó Momo, colocándose en posición de defensa mientras comenzaba a abrirse la parte delantera de su traje de heroína para crear un arma con su quirk—. ¡No permitas que te toque!

—¡Momo-chan, tengo miedo! —la voz de Toru flotó en el aire, delatada solo por los guantes y botas flotantes que temblaban en el callejón.

Tomura dio un paso al frente, extendiendo sus manos con los cinco dedos listos para actuar. Pero antes de que pudiera abalanzarse sobre ellas para iniciar el secuestro, la onda expansiva del fenómeno global golpeó el callejón con una fuerza brutal.

Un dolor punzante, como un cortocircuito cerebral, hizo que Shigaraki se doblara a la mitad, soltando un gruñido ronco. Al mismo tiempo, Momo soltó un jadeo ahogado, dejando caer el bastón de metal que apenas comenzaba a crear, y se desplomó de rodillas sobre el pavimento. Los guantes y botas de Toru cayeron al suelo con un eco seco cuando la chica invisible colapsó por completo a un costado del contenedor de basura.

El Despertar del Impulso Villano

Pasaron solo unos segundos antes de que Tomura se incorporara, jadeando, con los ojos rojos bien abiertos. El dolor había desaparecido, pero en su lugar, una oleada de calor insoportable y un impulso lascivo de dominación absoluta se apoderaron de su entrepierna. Miró al frente: las dos chicas comenzaban a levantarse, pero algo en ellas había cambiado drásticamente.

La mirada de Momo Yaoyorozu, antes cargada de honor y heroísmo, ahora estaba completamente desorbitada, inyectada en una lascivia desvergonzada, soberbia y vulgar, idéntica a la mente de Shigaraki. Se levantó lentamente, ignorando por completo su bastón de combate. Con una sonrisa torcida, usó sus propias manos para desgarrar el resto de la cremallera de su traje, exponiendo sus enormes y perfectos pechos sin el menor rastro de vergüenza.

—Vaya... con que esto es lo que pasa por la cabeza del líder de los villanos —gimió Momo con una voz ronca y pastosa, arrastrando las palabras con la misma decadencia de Tomura—. Qué maldita delicia... Sé perfectamente quién soy, recuerdo la UA, pero ahora mi cerebro solo puede pensar en lo mucho que quiero que este maldito villano use mi cuerpo de la forma más sucia posible. ¡Mírame, Shigaraki! Toda mi educación no sirve para nada frente a tus ganas de destrozarme.

A un costado, los guantes y botas de Toru Hagakure se movieron. Aunque su cuerpo seguía siendo completamente invisible, la onda de fluidos corporales, el sudor que comenzaba a brotar de su piel invisible y la forma en que el aire se distorsionaba alrededor de su figura delataban su posición exacta. Toru se arrastró de rodillas hacia Tomura. Con movimientos lascivos y totalmente desinhibidos, se quitó los guantes y las botas, quedando completamente desnuda e invisible, pero su voz denotaba una calentura desquiciada.

—¡Es increíble... comparto tu mente enferma, Tomura! —chilló Toru, soltando una risita perversa que resonó en las paredes del callejón—. Soy la chica invisible de la Clase A, pero ahora soy tú. Sé perfectamente que querías secuestrarme para ver cómo reaccionaba mi cuerpo invisible cuando me reclamaras por la fuerza. Desnúdate ahora mismo, jefe... quiero sentir tus manos sobre mí aunque no me puedas ver.

Tomura soltó una carcajada ronca, rascándose el cuello con pura euforia criminal. Ver a la chica más rica y educada de la UA y a la estudiante invisible pensando exactamente como él, listas para someterse a sus fetiches de destrucción y carne, era el giro de tuerca perfecto para su juego.

—¡¡JAJAJAJA! ¡Esto es mucho mejor que destruir la sociedad de héroes! —rugió Tomura, desabrochándose el pantalón con desesperación, liberando su erección gruesa, venosa y palpitante—. ¡Si sus cabezas quieren que las use como mis juguetes de laboratorio, no las voy a hacer esperar!

Momo Yaoyorozu fue la primera en actuar bajo el influjo del clon mental. Se dejó caer de rodillas frente a él sobre el frío pavimento del callejón. Con una mirada de absoluta sumisión y soberbia compartida, agarró el miembro de Tomura con ambas manos, maravillada por la rigidez del villano. Sin dudarlo, abrió la boca de par en par y se lo tragó hasta la raíz, comenzando una succión ruidosa, húmeda y desesperada que hizo que Shigaraki arqueara la espalda, enterrando sus dedos en el sedoso cabello negro de la vicepresidenta.

Momo continuaba succionando con una desesperación salvaje, moviendo la cabeza con un ritmo frenético que hacía que su largo cabello negro se agitara contra los muslos del villano. La presión de su boca, combinada con la abundancia de su propia saliva, estaba volviendo loco a Shigaraki, quien no dejaba de soltar risadas roncas y jadeos secos mientras sentía el control absoluto sobre la estudiante modelo de la UA.

—¡Mmmgh... ahh! —Momo soltó un quejido ahogado sin soltar el miembro venoso, abriendo unos ojos que destellaban con la misma mirada lasciva y desvergonzada de Tomura. Sus manos apretaban con fuerza las piernas esqueléticas del líder de la Liga, manteniéndolo firme mientras se lo tragaba hasta la raíz.

Toru Hagakure, completamente consumida por la oleada de lujuria de la mente clonada, aprovechó su invisibilidad para actuar de forma aún más desinhibida. Aunque su cuerpo no se veía, el calor que emanaba, el roce de su piel sudorosa y la distorsión del aire delataban cómo se posicionaba justo detrás de Tomura. Envolvió el torso del villano con sus brazos invisibles, pegando sus pechos invisibles contra la espalda de él, mientras bajaba una de sus manos para guiar los dedos de Shigaraki hacia su propia intimidad, que ya estaba destilando fluidos sobre el frío pavimento.

—¡Siente esto, Tomura! ¡Siente lo empapada que está la chica invisible solo con ver cómo te la chupan! —chilló Toru con una voz cargada de una calentura vulgar—. Sé perfectamente que querías romper nuestro orgullo de heroínas... ¡ven y usa mis cuatro dedos para tocarme mientras destrozas a Momo!

Momo, escuchando las perversiones de su compañera y compartiendo el mismo flujo de pensamientos lascivos en su cabeza, incrementó la velocidad de la succión, usando su quirk de creación de forma interna para generar una sutil capa de lubricante sintético y sedoso en sus labios, haciendo que la fricción fuera aún más intensa y perfecta para el miembro de Shigaraki.

Tomura, al borde del colapso por el exceso de estimulación y la absoluta sumisión de las dos estudiantes en ese callejón desierto, no pudo aguantar más el deseo de la carne. Agarró a Momo del cabello con brusquedad para obligarla a soltar su miembro con un chasquido húmedo. La pelinegra quedó jadeando, con la boca abierta y un hilo de saliva colgando, mirándolo con pura devoción criminal.

—¡Ponte en cuatro patas, Yaoyorozu! —rugió Tomura, con los ojos rojos fijos en sus amplias caderas—. ¡Voy a demostrarte lo que un verdadero villano le hace a las niñas ricas de la UA!

Momo no se hizo esperar. Se dio la vuelta de inmediato sobre el pavimento gris, alzando su trasero y apartando los restos de su traje de heroína, exponiendo su intimidad completamente dilatada y rebosante de jugos.

Shigaraki se posicionó detrás de ella, manteniendo sus manos con cuidado para no desintegrarla, pero hincando los dedos lo suficiente en sus caderas para someterla. Con un empuje salvaje y despiadado, sepultó su erección por completo dentro del hirviente y apretado coño de Momo.

—¡¡¡AHHHHHHHG!!! —Momo soltó un grito desgarrador que retumbó en las paredes de ladrillo del callejón, arqueando la espalda por completo mientras sus ojos se ponían en blanco—. ¡Me entraste todo... Tomura! ¡Siento tu maldita destrucción quemándome por dentro!

Shigaraki comenzó un bombeo brutal, rápido y ruidoso, haciendo que los glúteos de Momo rebotaran salvajemente con cada estocada, mientras Toru se arrastraba por debajo, usando su boca invisible para lamer los testículos del villano en cada vaivén, atrapados los tres en el bucle lascivo del callejón.

El ritmo en el callejón se volvió completamente asfixiante. Shigaraki embestía a Momo con una saña destructiva, descargando en cada estocada toda la soberbia y el deseo de posesión de su mente. Las caderas de la vicepresidenta chocaban ruidosamente contra la pelvis del villano, produciendo un eco carnal y húmedo que rebotaba en los altos muros de ladrillo gris.

—¡Eso es... mírame bien, Yaoyorozu! ¡Aprende lo que se siente estar a merced de la Liga! —rugió Tomura, con el aliento entrecortado y una sonrisa desquiciada, rascándose el cuello con una mano libre mientras la sostenía firmemente con la otra.

Momo tenía las manos apoyadas contra el frío pavimento, con la cabeza gacha y el cabello negro cayendo en desorden. Sus gemidos eran constantes, una mezcla de dolor sordo y un éxtasis vulgar que emanaba directamente de la mente clonada que gobernaba su cerebro.

—¡¡Ahhh... Tomura... sí!! ¡Siento cómo... cómo me destrozas por dentro! —chillaba Momo con la voz rota, mientras las paredes de su coño, completamente empapadas por el lubricante que seguía generando, se contraían con una violencia que ordeñaba la erección del peliazul hasta el límite.

Justo debajo de ellos, Toru Hagakure se retorcía sobre el suelo. Aunque su cuerpo seguía siendo completamente invisible, la fricción de sus muslos contra el pavimento y las marcas húmedas de sus fluidos corporales delataban que se estaba masturbando con un frenesí descontrolado, totalmente conectada a la estimulación que Momo estaba recibiendo. De repente, Toru estiró sus manos invisibles hacia arriba, buscando los dedos de Momo para entrelazarlos, obligándola a arquear más la espalda.

—¡Momo-chan... se siente en mi cabeza... siento cómo te la mete entera! —exclamó la voz flotante de Toru, distorsionada por una lujuria salvaje—. ¡Tomura, no pares... haznos pedazos a las dos de una puta vez!

La provocación de la chica invisible y la asfixiante opresión del interior de Momo llevaron a Shigaraki al borde del colapso. Sus ojos rojos se abrieron de par en par, fijos en el vaivén de la carne y en la silueta distorsionada por el sudor de la chica invisible que exigía su parte.

Momo no aguantó más la intensidad. Su cuerpo se tensó de pies a cabeza, y con un espasmo que sacudió sus caderas, entró en un orgasmo violento que succionó el miembro de Tomura con una presión implacable.

—¡¡¡ME CORRO... TOMURA, ME CORRO CON UN VILLANO... AHHHH!!! —aulló la pelinegra, colapsando de pecho contra el suelo.

Shigaraki llegó a su propio límite de frenesí. Con tres embestidas ascendentes y brutales que sepultaron su miembro hasta la raíz, el líder de la Liga soltó un rugido animal. Se tensó por completo y se vino con una fuerza descomunal, disparando una densa, abundante y ardiente carga de semen que inundó las entrañas de Momo, desbordándose a borbotones entre sus piernas y manchando el pavimento del callejón.

Momo quedó tendida, completamente exhausta e hiperventilando, mientras Shigaraki, jadeando pesadamente, mantenía una mano firme sobre su cadera, sabiendo perfectamente que la noche en ese rincón oscuro apenas comenzaba para los tres.

Tomura sacó su miembro del interior de Momo con un chasquido húmedo, espeso y perezoso. La vicepresidenta de la Clase A quedó tendida boca abajo sobre el pavimento frío, con las caderas temblando levemente y el semen ardiente desbordándose a borbotones entre sus muslos perfectos. Shigaraki jadeaba de forma ronca, con la saliva goteando de su boca y su mirada roja clavada en la silueta invisible que se retorcía a un costado.

Su erección, lejos de disminuir, palpitaba con una rigidez venosa y destructiva, cubierta por los fluidos de la chica rica de la UA.

—¡Kaj... jajaja! ¡Esto es una maldita obra de arte! —rugió Tomura, rascándose el cuello con pura euforia criminal—. ¡Ya destruí a la estudiante modelo, ahora le toca al espécimen invisible! ¡¿Dónde estás, maldita mocosa?!

—¡Aquí mismo, jefe... justo frente a ti! —la voz de Toru Hagakure resonó pegada a él, cargada de una lascivia desquiciada.

Aunque su cuerpo no se veía, la distorsión del aire por su sudor y el sonido de sus rodillas arrastrándose sobre el suelo delataron su posición exacta. Toru se colocó en cuatro patas justo frente a Shigaraki, alzando sus caderas invisibles y arqueando la columna. El calor de su intimidad empapada era palpable en el aire frío del callejón, goteando fluidos invisibles que salpicaban el cemento de forma intermitente.

—¡Siente esto, Tomura! ¡Tócame y hazme tuya! —gimió Toru, con una soberbia idéntica a la del villano—. Sé perfectamente lo mucho que te excitaba la idea de profanar algo que no puedes ver... ¡úrame como tu juguete personal!

Shigaraki soltó una carcajada ronca y extendió sus manos secas, hincando cuatro de sus dedos en las caderas invisibles de Toru para no desintegrarla, pero sosteniéndola con un agarre firme y doloroso. Se posicionó detrás de ella y, con un empuje salvaje, violento e implacable, hundió su gruesa erección por completo en el estrecho y ardiente coño de la chica invisible.

—¡¡¡AHHHHHHHG!!! —Toru soltó un alarido desgarrador que rebotó con fuerza en las paredes de ladrillo.

Su interior invisible se contrajo como un puño de carne hirviente alrededor del miembro del peliazul, mordiéndolo con una presión asfixiante. Ver el miembro de Tomura desaparecer por completo en el aire, devorado por la nada, era un espectáculo lascivo que encendió el ego del villano a niveles estratosféricos.

Tomura comenzó un bombeo brutal, rápido y despiadado. El sonido carnal de su pelvis chocando contra las nalgas invisibles de Toru llenaba el callejón desierto, acompañado por los gemidos obscenos de la estudiante.

Momo Yaoyorozu, completamente consumida por la red mental compartida, se arrastró de rodillas hasta quedar al lado de ellos. Con los ojos inyectados en una lujuria vulgar, Momo comenzó a usar sus manos para acariciar el torso esquelético de Shigaraki, mientras abría la boca para lamer la espalda del villano, saboreando el sudor y la adrenalina del líder de la Liga.

—¡Eso es... dale más duro, Tomura! ¡Rómpele el útero a la chica invisible! —provocó Momo con una sonrisa torcida, perdiendo toda su educación mientras se masturbaba frente a la escena.

Estimulado por los halagos de Momo y la increíble fricción del coño invisible de Toru, Shigaraki aumentó la velocidad al máximo, embestiendo con una furia animal. El cuerpo invisible de Toru colapsó ante el castigo; sus paredes vaginales entraron en espasmos brutales que succionaron la verga del villano con desesperación.

—¡¡ME CORRO... TOMURA, ME CORRO CON TU MALDITO IMPULSO DESTRUCTOR... AHHHHG!! —chilló Toru con la voz completamente rota, mientras chorros invisibles de su propio clímax salpicaban las piernas de Shigaraki.

Tomura llegó a su propio límite. Con tres estocadas finales y profundas que sepultaron su miembro hasta la base dentro de la nada, el líder de la Liga soltó un rugido animal, tensándose de pies a cabeza mientras disparaba ráfagas espesas, abundantes y ardientes de semen que inundaron por completo las entrañas de la chica invisible, revelando la silueta interna de su útero al llenarse con el denso fluido blanco del villano.

El calor denso y el olor a semen salpicaban el pavimento del callejón, mientras los tres cuerpos quedaban unidos en una masa exhausta. Tomura mantenía su miembro enterrado en el coño invisible de Toru, sintiendo cómo las últimas pulsaciones de su eyaculación llenaban las entrañas de la chica. El espeso fluido blanco, atrapado dentro de ella, dibujaba a la perfección la silueta interna de su útero, el cual palpitaba en una respuesta involuntaria y sumisa.

Shigaraki soltó un bufido ronco, rascándose el cuello con la mano libre, dejando que la costra de su piel se desprendiera por la agitación.

—¡Jajaja... mírate, mocosa! —siseó Tomura con una sonrisa desquiciada, mirando la nada que ahora contenía su marca—. Ni siquiera te puedes ver, pero estás llena de mí hasta el borde. Eres solo un contenedor para la Liga.

—Kaj... es jodidamente perfecto... jefe —gimió la voz flotante de Toru, exhausta, mientras sus caderas invisibles temblaban sobre las rodillas de Shigaraki—. Siento tu semen ardiendo dentro de mí... limpia mis paredes con tu perversión, no me dejes libre todavía.

Momo Yaoyorozu, con el uniforme de heroína destrozado y los pechos cubiertos de sudor y fluidos, se arrastró de rodillas hacia ellos. Su mirada, antes digna de la élite, estaba completamente distorsionada por el ego criminal de Tomura que gobernaba su mente. Se acomodó justo al lado de las caderas de la chica invisible y comenzó a amasar su propio trasero con las manos, frotando su intimidad empapada contra el muslo invisible de su compañera.

—No seas egoísta, Hagakure... —gimió Momo con una voz pastosa y cargada de una calentura vulgar—. El dueño todavía tiene mucha energía. Yo también quiero sentir su destrucción desgarrándome otra vez. Mi quirk está listo para crear lo que él quiera si me vuelve a tomar por la fuerza.

Tomura, al escuchar a la vicepresidenta suplicar de esa forma tan decadente, sintió cómo su miembro reaccionaba de inmediato. Sacó su verga del interior de Toru con un chasquido ruidoso y húmedo. Un chorro espeso de semen y jugos invisibles cayó al suelo pulido, pero el miembro de Shigaraki ya se erguía de nuevo, venoso, rígido y apuntando con furia hacia arriba.

—¡Son unas malditas perras adictas al juego! —rugió Shigaraki, agarrando a Momo del sedoso cabello negro para obligarla a ponerse en cuatro patas justo al lado de Toru—. ¡Si quieren que las use como mis conejillos de indias en este callejón, van a aprender a soportar el dolor!

Tomura se posicionó justo en medio de las dos. Con una mano libre, apretó con saña las nalgas invisibles de Toru, hincando sus dedos secos en su piel oculta para mantenerla sumisa, mientras alineaba su gruesa erección con la ranura hirviente y dilatada de Momo. Con un empuje salvaje, seco y despiadado, se hundió de un solo golpe hasta la raíz en el coño de la pelinegra.

—¡¡¡AHHHHHHHG!!! —Momo soltó un alarido desgarrador que vibró en el callejón desierto, clavando las uñas en el pavimento mientras sus ojos se ponían en blanco por la tremenda fricción—. ¡Me entraste... me entraste más hondo que antes, Tomura! ¡Destrúyeme... hazme tuya hasta que me desmaye!

Shigaraki inició un bombeo brutal y rápido, haciendo que el cuerpo de Momo saltara sobre el suelo gris con cada estocada, mientras Toru, guiada por la misma mente colmena, subía la cabeza invisible para lamer los pezones de Momo, uniendo los gemidos de las dos heroínas en un bucle insaciable de sumisión absoluta bajo las sombras del callejón.

El callejón desierto se convirtió en un sumidero de pura depravación, aislado por completo del resto del mundo. El eco carnal de la pelvis de Tomura impactando con saña contra las caderas de Momo Yaoyorozu retumbaba entre las paredes de ladrillo gris, mezclándose con los jadeos distorsionados de las dos heroínas. Shigaraki incrementó el ritmo, embistiendo con una furia destructiva que buscaba reclamar cada centímetro de la vicepresidenta.

—¡¡Sí... sí... tómalo todo, maldita mocosa rica!! —rugió Shigaraki, con los ojos rojos inyectados en una locura absoluta mientras le jalaba el cabello negro hacia atrás—. ¡Mira en lo que te convirtió la Liga! ¡Rogando por más de mi perversión!

Momo arqueaba la espalda por completo, con las manos firmemente plantadas en el suelo húmedo y el rostro desencajado por un éxtasis vulgar. Las paredes de su coño, estimuladas por el ritmo salvaje del villano, se contraían de manera asfixiante alrededor de la gruesa erección de Tomura, exprimiéndolo con una presión brutal.

—¡¡AHHHG... Tomura... rompe... rompe mi orgullo de heroína!! —chillaba Momo con la voz rota y pastosa—. ¡Siento cómo tu mente me dobla por completo... hazme tu perra en este suelo!

Toru Hagakure, completamente fundida en la misma red mental libidinosa, no se quedó atrás. Aprovechando su cuerpo invisible, se montó a horcajadas sobre el rostro de Momo, abriendo sus piernas invisibles para restregar su intimidad empapada directamente contra los labios de la pelinegra. Momo, sin perder el ritmo de las estocadas de Shigaraki, abrió la boca y comenzó a lamer la nada, tragándose los jugos invisibles de su compañera en una muestra de sumisión absoluta.

—¡Eso es, Momo-chan... saboréame mientras el jefe te destroza por detrás! —gimió la voz flotante de Toru, mientras usaba sus manos invisibles para masturbarse con frenesí contra la mejilla de Momo—. ¡Siento la verga de Tomura vibrar en mi propia cabeza... nos vamos a correr juntas!

Tomura, viendo la perturbadora y perfecta sincronía de sus dos nuevas esclavas, sintió el interruptor de su propio clímax activarse con una fuerza animal. La fricción ardiente dentro de Momo y el descaro de la chica invisible lo llevaron directo al límite.

Momo llegó primero. Sus fluidos internos salpicaron las piernas del villano cuando su coño colapsó en espasmos violentos y definitivos.

—¡¡¡ME CORRO... ME CORRO OTRA VEZ CON EL VILLANO... AHHHH!!! —aulló Momo, colapsando de pecho contra el pavimento.

Shigaraki soltó un rugido ronco y, con tres embestidas finales que enterraron su miembro hasta la base dentro de Momo, se tensó de pies a cabeza. Liberó una carga masiva, densa y ardiente de semen que inundó por completo el útero de la pelinegra, desbordándose a borbotones entre sus muslos y salpicando el suelo del callejón.

Los tres quedaron unidos en un montón de carne exhausta y sudorosa bajo las sombras, con la certeza de que el líder de la Liga aún tenía intenciones de seguir reclamándolas en ese rincón oscuro.

Tomura Shigaraki se dejó caer pesadamente sobre la espalda sudorosa de Momo Yaoyorozu, soltando risotadas secas y roncas mientras recuperaba el aliento. El callejón apartado estaba sumido en un silencio denso, roto únicamente por la respiración entrecortada de los tres. Shigaraki retiró su miembro del interior de la vicepresidenta con un chasquido espeso, dejando que los fluidos calientes bajaran libremente por los muslos de la pelinegra, manchando el pavimento gris.

A pesar de haber descargado toda su fuerza, el influjo de la mente clonada seguía manteniendo la tensión al máximo en ese rincón oscuro. El ego del líder de la Liga de Villanos operaba con un control total en los cerebros de sus dos capturas, anulando cualquier rastro de decencia y reemplazándolo por una sumisión vulgar y soberbia.

Momo permaneció boca abajo, con los ojos entreabiertos y fijos en una grieta del suelo, sonriendo de una manera lasciva que contrastaba por completo con su habitual porte elegante.

—Kaj... mírate, Shigaraki... —susurró Momo con la voz pastosa, arrastrando las palabras—. Nos tienes tiradas en la basura como si fuéramos tus trofeos de guerra... y lo peor es que mi cabeza no puede parar de pedir que nos vuelvas a usar.

—¡Jajaja... esa es la idea, niña rica! —siseó Tomura, incorporándose lentamente mientras se rascaba el cuello con saña, disfrutando de la humillación absoluta de la UA—. El orgullo de los héroes no sirve para nada aquí. Son solo un par de juguetes que encontré en la oscuridad.

Toru Hagakure, cuyo cuerpo invisible seguía delatado por el vaho de su respiración caliente y las marcas de sudor en el suelo, se arrastró de rodillas hasta quedar pegada al costado de Shigaraki. Sin el menor rastro de timidez, usó sus manos invisibles para delinear el pecho esquelético del villano, subiendo lentamente hasta acariciar su rostro reseco y agrietado.

—El jefe todavía no ha terminado con nosotras, Momo-chan —gimió la voz flotante de Toru, con una calentura desquiciada—. Siento perfectamente cómo su mente sigue pensando en formas sucias de rompernos en este callejón. Vamos, Tomura... no nos dejes descansar. Usa tu mano de cuatro dedos y vuélveme a someter.

Momo se dio la vuelta con pereza sobre el pavimento, quedando boca arriba con el traje desgarrado y exponiendo sus pechos perfectos al aire frío del callejón. Con una mirada desorbitada y entregada, estiró sus brazos hacia Shigaraki, invitándolo a regresar sobre ella.

—Es verdad... —añadió Momo, soltando una risita lasciva—. Usa mi quirk... hazme crear lo que tu mente enferma desee para hacernos daño mientras nos tomas juntas. Ya no somos heroínas, somos la propiedad de la Liga en este suelo.

Tomura contempló el panorama de degradación absoluta: la estudiante modelo suplicando por más y la chica invisible frotándose contra su costado con total descaro, ambas compartiendo su misma mentalidad pervertida. Su miembro volvió a tensarse de inmediato, poniéndose rígido, venoso y goteando los jugos anteriores en el aire del callejón desierto.

—¡¡JAJAJAJA! ¡Si tantas ganas tienen de ser destruidas, no me voy a contener ni un maldito segundo! —rugió Shigaraki, agarrando a Toru de las caderas invisibles con un agarre firme mientras obligaba a Momo a arrodillarse frente a él, listo para desatar otra oleada de dominación salvaje sobre las dos estudiantes de la UA.

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