Chapter 5
by
K45
What's next?
Capitulo 5
La heladería estaba impregnada del dulce aroma a vainilla, gofres recién hechos y sirope de fresa. Denki Kaminari estaba de pie junto a la barra con los bolsillos temblando, observando cómo Mina Ashido pedía una copa gigante con tres bolas de helado, chispas de chocolate y crema batida.
—¡¡Siií!! ¡Una apuesta es una apuesta, Kaminari-kun! —festejó Mina, dando saltitos de alegría con su piel rosada y sus cuernos amarillos vibrando—. ¡Te dije que Bakugo ganaría ese entrenamiento y ahora te toca pagar!
—Cielos, Mina... me vas a dejar en la quiebra absoluta —se quejó Kaminari, rascándose la nuca con una sonrisa resignada, aunque por dentro no dejaba de mirar de reojo las curvas de su compañera.
A unos metros de ellos, apoyada contra una de las mesas con una actitud imponente y dominante, se encontraba la heroína número 5, Mirko. Llevaba su icónico traje blanco que resaltaba sus piernas musculosas e increíblemente atléticas y sus largas orejas de conejo. Tenía un enorme cono de helado de menta con chocolate en la mano y le daba un mordisco agresivo y confiado.
—Oigan, mocosos de la UA, dejen de llorar por un par de yenes —exclamó Mirko con una risa burlona y salvaje—. Si no tienen dinero para invitar a una chica, ¡entrenen más duro para ganar comisiones de héroe!
Kaminari se puso rojo de la vergüenza, admirando el imponente y atlético cuerpo de la heroína profesional. Pero antes de que pudiera responder, la misteriosa onda expansiva global golpeó el local con una fuerza sónica invisible.
Un dolor agudo, como una sobrecarga de voltios directo en el cerebro, hizo que Kaminari se tambaleara, soltando chispas eléctricas involuntarias de sus dedos. Al mismo tiempo, Mina soltó un quejido ahogado, dejando caer la cuchara de plástico al suelo, y se apoyó pesadamente contra la barra. Incluso la poderosa Mirko flaqueó; sus orejas de conejo se crisparon hacia atrás, sus ojos se abrieron de par en par y dejó caer su cono de helado directamente sobre sus botas, colapsando de rodillas con un jadeo ronco.
El Despertar del Impulso Eléctrico
Pasaron solo unos segundos antes de que Kaminari se enderezara. El dolor había desaparecido, pero en su lugar, una oleada de testosterona y una calentura desquiciada invadieron su entrepierna. Su miembro se puso ridículamente rígido dentro del pantalón. Miró al frente y vio que el fenómeno había fundido los cerebros de las dos mujeres con sus propios fetiches más ocultos.
Mina Ashido parpadeó, y una mirada de absoluta lascivia, soberbia y vulgaridad —idéntica a las expresiones pervertidas que Kaminari solía ocultar— se dibujó en su rostro rosado. Ignoró por completo su copa de helado. Con una sonrisa torcida, metió los dedos en el tazón, tomó un puñado de crema batida y se la restregó desvergonzadamente por el cuello, bajando hacia su escote mientras miraba a Denki con los ojos inyectados en deseo.
—Vaya, Kaminari... con que esto es lo que de verdad querías hacerme cuando te quedabas mirándome en los vestidores —gimió Mina con una voz ronca y pastosa, arrastrando las palabras—. Qué maldita delicia... Sé perfectamente quién soy, pero ahora mi cabeza solo quiere ser destruida por tus voltios. ¡Mírame! ¡Usa mi cuerpo rosado como te dé la gana en este suelo lleno de dulce!
A unos pasos, la imponente Mirko se levantó lentamente. Sus piernas musculosas temblaban, pero no por debilidad, sino por la brutal excitación que el clon mental de Kaminari había inyectado en su sistema. La heroína conejo, conocida por su orgullo indomable, ahora miraba al estudiante de la UA con una sumisión desvergonzada, mientras usaba sus propias manos para rasgar la parte delantera de su traje blanco, exponiendo sus firmes y tonificados pechos.
—¡Es increíble... un maldito mocoso de la UA me tiene completamente cachonda! —rugió Mirko con una risa salvaje y lasciva, pasándose la lengua por los labios—. Comparto tu mente enferma, Kaminari. Sé perfectamente que fantaseabas con ver a la heroína número 5 de rodillas, suplicando por la verga de un estudiante. ¡Ven aquí y electrifícame el coño antes de que rompa esta heladería con mis propias manos!
Kaminari soltó una carcajada chillona, completamente ebrio de poder al ver a la chica más atlética de su clase y a la heroína más ruda del país entregadas por completo a sus caprichos.
—¡¡JAJAJAJA! ¡Al diablo la apuesta, Mina! ¡Hoy yo soy el que va a comer delicioso! —bramó Kaminari, desabrochándose el pantalón con desesperación y liberando su erección venosa y palpitante—. ¡Si sus cabezas quieren electricidad, las voy a freír a las dos juntas!
Mirko fue la primera en actuar bajo el influjo del clon mental. Se arrojó de rodillas frente a él sobre el suelo de la heladería, manchado de helado derretido. Con una mirada de absoluta sumisión, capturó el miembro rígido de Kaminari con sus manos expertas y se lo tragó por completo hasta la garganta, comenzando una succión ruidosa y agresiva que hizo que al chico se le escaparan chispas reales de los ojos por el tremendo éxtasis.
Mirko continuaba devorando el miembro de Kaminari con una voracidad salvaje, moviendo la cabeza de arriba a abajo con la misma energía frenética con la que peleaba contra los villanos. Sus largas orejas de conejo se agitaban con cada succión ruidosa, y sus dientes rozaban sutilmente la piel venosa del chico, enviándole escalofríos que hacían que Denki soltara pequeñas descargas eléctricas involuntarias, chisporroteando en el aire con un olor a ozono y sirope dulce.
—¡¡Mmmgh... ahh!! —Mirko soltó un gruñido ahogado sin romper el agarre, abriendo de par en par sus ojos inyectados en lujuria. La heroína número 5, completamente doblegada por la mente colmena del estudiante, saboreaba el fluido preseminal con una soberbia lasciva.
Mina Ashido, totalmente desinhibida por la calentura de la red mental, se arrojó al suelo junto a ellos. Agarró el envase de sirope de fresa de la barra y se lo vertió por completo entre las piernas, empapando su ranura rosada y sus muslos con el líquido pegajoso y rojo. Se puso en cuatro patas justo al lado de la cabeza de Mirko, alzando su trasero con una desvergüenza total y mirando a Kaminari por encima de su shoulder con una sonrisa torcida.
—¡Kaminari-kun, mírame! —gimió Mina con la voz pastosa y los ojos nublados—. ¡Sé perfectamente que en tu cabeza querías usarme como un juguete dulce en este local! ¡Ven y clávame toda tu corriente dentro de mi coño lleno de sirope!
Denki sintió que el cerebro se le derretía ante semejante espectáculo. Agarró a Mirko del cabello blanco con brusquedad, obligándola a soltar su verga con un chasquido sumamente húmedo que dejó hilos de saliva colgando de sus labios.
—¡Tú vas primero, Ashido! ¡Voy a ver si aguantas mi voltaje! —bramó Kaminari, completamente ebrio de hormonas.
Sin perder un segundo, se posicionó detrás de Mina. Sosteniéndola firmemente por sus caderas rosadas, empujó su pelvis hacia adelante con un golpe seco y despiadado, sepultando su erección al máximo dentro del hirviente y estrecho coño de su compañera de clase.
—¡¡¡AHHHHHHHG, KAMINARI!!! —Mina soltó un alarido agudo que resonó en los cristales de la heladería, arqueando la espalda por completo mientras sus manos patinaban en el helado derretido del suelo.
Kaminari comenzó un bombeo brutal, rápido y ruidoso. Con cada estocada profunda, una pequeña ráfaga de voltios se transmitía directamente al interior de Mina, haciendo que las paredes de su vagina sufrieran espasmos eléctricos que apretaban el miembro del chico como un puño de carne hirviente.
Mirko, lejos de quedarse apartada, se arrastró de rodillas hacia el frente de Mina. La heroína conejo atrapó la boca de la chica rosada en un beso lascivo y profundo, devorándole la lengua mientras usaba sus manos musculosas para amasar los pechos de Mina, compartiendo el éxtasis de la red mental en un bucle destructivo.
El pasillo de la heladería era un desastre de fluidos, sirope y gemidos descontrolados, con Denki aumentando la intensidad de su corriente en cada vaivén carnal.
Kaminari continuaba embistiendo a Mina con un ritmo salvaje, haciendo que las caderas rosadas de la chica rebotaran ruidosamente contra el suelo cubierto de sirope de fresa. La corriente eléctrica que Denki liberaba de forma intermitente mantenía a Mina en un estado de shock orgásmico constante, mientras Mirko, arrodillada al frente, le mordisqueaba el cuello con ferocidad animal.
De repente, el teléfono de Mina, que había salido volando sobre el mostrador de la heladería, comenzó a sonar con fuerza. El tono interrumpió los gemidos lascivos del trío. En la pantalla parpadeaba el nombre de Eijiro Kirishima.
Mina, con la mente completamente distorsionada por el clon mental de Kaminari pero consciente de su entorno, estiró el brazo de forma perezosa. Guiada por la audacia y el descaro del pelirrubio, contestó y puso el altavoz, dejando el aparato sobre el suelo pegajoso, justo al lado de su rostro, mientras Kaminari no detenía el bombeo ni un solo milímetro.
—¡¿Mina?! ¡¿Mina, estás ahí?! —la voz de Kirishima sonó a través del auricular, cargada de una preocupación genuina y desesperada—. ¡Mina, contestas al fin! ¡El centro de la ciudad es un maldito caos! ¡Hay un fenómeno mental extraño y la gente se está volviendo loca, actuando de forma salvaje! ¡¿Estás a salvo?! ¡Dime dónde estás para ir a buscarte ahora mismo!
Mina apretó los dientes, soltando un quejido ahogado cuando Kaminari dio una estocada especialmente profunda que le transmitió una descarga eléctrica directa al útero. Su piel rosada se erizó por completo.
—¡Ahhh... K-Kirishima...! —articuló Mina con la voz temblorosa, pastosa y arrastrando las palabras con una soberbia desvergonzada—. Sí... estoy bien... uf... estoy con Kaminari en la heladería...
—¡¿En la heladería?! —Kirishima sonó confundido por el tono de voz de su amiga y los extraños ruidos húmedos de fondo—. Mina, ¿qué es ese ruido? Suenas rara... ¡¿están bajo el ataque de un villano?! ¡Voy para allá, manténganse firmes!
—¡No, idiota, no vengas! —le espetó Mina, soltando una risita ronca y vulgar, idéntica a las burlas de Kaminari, mientras arqueaba la pelvis hacia atrás para recibir más al pelirrubio—. Estamos... resguardados. Kaminari me está... ¡ahg!... me está pagando la apuesta. Está todo... bajo control. ¡No molestes y quédate donde estás!
—¡¿Mina, pero qué diantres...?! —alcanzó a gritar Kirishima, completamente desconcertado por la actitud tan extraña e insensible de su compañera.
¡Click!
Mina le colgó la llamada en la cara de un manotazo, arrojando el teléfono lejos. Se giró a mirar a Kaminari por encima de su hombro con los ojos desorbitados y una sonrisa lasciva y triunfante.
—Kaj... ese pelirrojo tonto cree que necesitamos que nos salven —se mofó Mina, jadeando pesadamente—. No sabe que tu corriente me tiene completamente rota en este suelo.
—¡Bien hecho, Ashido! ¡Ese es el espíritu de mi mente! —festejó Kaminari, soltando una carcajada chillona, inflado de orgullo y testosterona al ver cómo la chica ignoraba a su mejor amigo por someterse a él.
Mirko soltó una risa salvaje y dominante, posicionándose detrás de Kaminari para morderle la espalda y empujarlo con sus fuertes manos para que acelerara el ritmo.
—¡Déjense de charlas y sigan con esto! —rugió la heroína conejo, completamente encendida por el eco de la llamada y la adrenalina—. ¡Mete toda tu electricidad en esa mocosa, Kaminari, que yo sigo después!
Kaminari redobló la fuerza de sus embestidas, haciendo que los fluidos, el helado derretido y el sirope salpicaran las paredes de la heladería vacía, continuando su bucle insaciable de perversión sin que nadie pudiera interrumpirlos.
Kaminari metió el acelerador a fondo, espoleado por la adrenalina de haber dejado colgado a Kirishima y por la presión indomable de las manos de Mirko empujándolo desde atrás. El roce carnal dentro de Mina se volvió ensordecedor; el sirope de fresa y los jugos naturales de la chica rosada se batían en una espuma espesa con cada golpe seco de la pelvis de Denki.
—¡¡Eso es, Ashido!! ¡¡Siente cómo te crujen los sesos con mi maldito voltaje!! —chilló Kaminari, con los ojos desorbitados y soltando pequeñas chispas doradas que iluminaban los rincones de la heladería vacía.
Mina tenía las manos completamente clavadas en el charco de helado derretido del suelo, con los cuernos amarillos vibrando por la sobrecarga. Las paredes de su coño se contraían en violentos espasmos eléctricos, atrapando la verga de Denki en un vacío hirviente que lo arrastraba directo al precipicio.
—¡¡¡AHHHH, SÍ, KAMINARI!!! ¡Mete más... fríeme toda por dentro! ¡Que Kirishima se muera de la envidia si nos viera en este suelo!! —aulló Mina con una lascivia vulgar, perdiendo por completo el control de su propia lengua mientras arqueaba la pelvis hacia atrás con furia.
Mirko, contagiada por la brutal calentura de la mente colmena, se pasó la lengua por los labios y bajó las manos hacia los muslos de Kaminari, apretando sus fibras musculares con una fuerza salvaje para obligarlo a dar estocadas aún más profundas. La heroína conejo golpeaba con el pie el suelo del local, impaciente, con su ranura completamente empapada ardiendo por su turno.
—¡Ya casi estás, mocoso! ¡Mira cómo se retuerce tu compañera de clase... haz que explote ya! —provocó Mirko con una risa ronca, mordiéndole el lóbulo de la oreja a Denki para acelerar el desenlace.
Mina colapsó primero. Un orgasmo violento y cargado de estática sacudió todo su cuerpo rosado, haciendo que sus músculos vaginales mordieran la erección de Kaminari con una presión asfixiante.
—¡¡¡ME CORRO... ME CORRO CON TU CORRIENTE, DENKI... AHHHH!!! —chilló Mina, desplomándose de pecho contra el piso pegajoso.
Kaminari no pudo contenerse más. Estimulado por el vacío húmedo de Mina y la asfixiante presión de Mirko, soltó un chillido agudo de puro éxtasis. Se tensó de pies a cabeza y, junto con una descarga eléctrica que iluminó todo el mostrador, liberó una densa, abundante y hirviente carga de semen que inundó las entrañas de la chica rosada, desbordándose a borbotones entre sus piernas mezclándose con el sirope de fresa.
Denki sacó su miembro humeante con un chasquido pastoso, jadeando como un loco. Pero antes de que pudiera tomar aire, Mirko lo agarró del cuello de la camisa con una sonrisa indomable, lista para arrastrarlo sobre ella y continuar el bucle destructivo en el suelo de la heladería.
Mirko no le dio ni un maldito segundo para recuperarse. Con la fuerza bruta de sus piernas de conejo, se giró en el suelo de la heladería, se puso boca arriba justo sobre el charco de helado derretido y sirope de fresa, y jaló a Kaminari por el cuello de la camisa con una sonrisa indomable, salvaje y desvergonzada.
—¡Mi turno, mocoso! —rugió la heroína número 5, abriendo sus muslos increíblemente gruesos y tonificados de par en par, exponiendo su coño completamente dilatado y rebosante de fluidos—. ¡Vamos a ver si esa corriente tuya de verdad puede hacer temblar a una profesional, o si solo sirves para jugar con las niñas de tu clase!
Kaminari, con los ojos inyectados en sangre y el miembro aún rígido y humeante por el coito anterior con Mina, sintió que el ego se le inflaba a niveles astronómicos. Ver a la mujer más ruda y atlética del país completamente doblegada por su propio clon mental, suplicando por su verga en el suelo de un local comercial, lo volvió loco.
—¡¡Te voy a freír el útero, Mirko!! —chilló Kaminari con una risa desquiciada.
Denki se acomodó entre sus piernas musculosas y, con un empuje salvaje, violento y despiadado, sepultó su erección de un solo golpe directo hasta el fondo de la heroína conejo.
—¡¡¡AHHHHHHHG, SÍ!!! —Mirko soltó un alarido animal que hizo vibrar los cristales de los refrigeradores de la heladería, arqueando su espalda bronceada con una fuerza descomunal mientras sus largas orejas se sacudían hacia atrás.
Su interior era un puño de músculos hiperactivos y calientes que apretó el miembro de Kaminari con una presión asfixiante. El pelirrubio soltó un quejido de puro placer y comenzó un bombeo brutal, rápido y ruidoso, haciendo que los glúteos firmes de la heroína chocaran salvajemente contra el pavimento pegajoso en cada estocada profunda.
Mina Ashido, recuperando el aliento pero con la mente aún sumergida en la absoluta lascivia de la red mental, se arrastró de rodillas hacia ellos. Con una sonrisa torcida y vulgar, comenzó a derramar lo que quedaba del bote de sirope de chocolate sobre los pechos tonificados de Mirko. Mina se inclinó y comenzó a lamer el dulce directamente de la piel de la profesional, devorándole los pezones mientras Mirko gemía sin control por la fricción destructiva de Kaminari.
—¡Eso es... dale con todo, Kaminari-kun! ¡Mira cómo la campeona se retuerce bajo tus voltios! —provocó Mina con la voz pastosa, metiéndose los dedos en su propia ranura rosada y goteante.
Kaminari, espoleado por el descaro de Mina y el salvajismo del coño de Mirko, liberó una descarga eléctrica continua de baja intensidad. Los voltios viajaron directamente por su miembro hacia el sistema nervioso de la conejo, haciendo que todo su cuerpo sufriera espasmos violentos. Mirko colapsó ante el castigo carnal; sus paredes vaginales se contrajeron en un torbellino de fluidos.
—¡¡ME CORRO... ME CORRO, MALDITO MOCOSO... TU ELECTRICIDAD ME ESTÁ MATANDO... AHHHHG!! —aulló Mirko, perdiendo el sentido de la realidad mientras chorros de su propio clímax salpicaban el abdomen de Denki.
Kaminari llegó a su propio límite de frenesí. Con tres estocadas finales que tocaron el fondo del útero de la heroína número 5, el chico soltó un chillido agudo de puro éxtasis. Se tensó por completo, soltando un chispazo dorado que apagó las luces de la heladería, y disparó una densa, abundante y ardiente carga de semen que inundó por completo las entrañas de Mirko, dejándolos a los tres sumergidos en la oscuridad y el silencio post-orgásmico del local desierto.
Las luces de la heladería permanecían apagadas tras el último chispazo de Denki, dejando el establecimiento sumido en una penumbra densa, iluminada únicamente por el reflejo de la luna que se colaba a través de los grandes ventanales. El olor a ozono, sirope de fresa y chocolate derretido flotaba en el ambiente pesado, mezclándose con el vapor de los tres cuerpos que yacían tendidos sobre el suelo pegajoso.
Kaminari se deslizó perezosamente fuera del cuerpo de Mirko, soltando un chasquido húmedo que rompió el silencio del local. Se dejó caer de espaldas a un lado de la heroína profesional, hiperventilando, con una sonrisa de absoluta y desvergonzada satisfacción dibujada en el rostro. Su miembro, cubierto de fluidos y restos de dulce, goteaba lentamente sobre el piso.
—Diablos... —consiguió articular Kaminari, con la voz rota y los brazos extendidos—. Acabo de... acabo de destrozar a la heroína número 5. Soy un maldito genio.
La onda del clon mental seguía operando al máximo en los cerebros de las dos mujeres, manteniéndolas atrapadas en un estado de lascivia, laxitud y sumisión total hacia el rubio.
Mirko soltó un suspiro largo y ronco, acomodándose de lado en el suelo. Sus largas orejas de conejo se agitaron sutilmente para quitarse los restos de crema batida, y sus ojos, aún nublados por el éxtasis de las descargas eléctricas, miraron a Kaminari con una adoración vulgar que destruía por completo su habitual fachada indomable. Estiró una de sus piernas musculosas y la pasó por encima de los muslos del chico, atrapándolo contra ella.
—Maldito mocoso sucio... —gimió Mirko, pasándose la lengua por los labios resecos—. Me frito el cerebro con tus voltios... Todo mi entrenamiento y mi fuerza no sirvieron de nada frente a tu maldita verga. Mírame, sigo temblando en este suelo lleno de helado por tu culpa.
Mina Ashido, que se encontraba boca abajo limpiándose sutilmente el sirope de chocolate de la cara con el dorso de la mano, se arrastró de rodillas hasta quedar pegada al otro lado de Kaminari. Su piel rosada brillaba bajo la luz de la luna, y sus ojos destellaban con la misma calentura desquiciada que gobernaba la red mental. Se inclinó sobre el pecho de Denki, dejando caer hilos de saliva sobre su abdomen.
—Te lo dije, Kaminari-kun... —susurró Mina con una risita ronca y pastosa—. Kirishima llamando preocupado y tú aquí dentro de la heroína más ruda del país... Eres el maldito dueño de esta heladería. Limpiame otra vez con tu corriente, no nos dejes así.
Kaminari, sintiéndose el rey absoluto del mundo entre la chica más atlética de su salón y la profesional más deseada de las listas, estiró los brazos para agarrar a ambas por la nuca con brusquedad, obligándolas a juntar sus rostros frente al suyo mientras su miembro volvía a palpitar, listo para continuar el bucle de perversión en la oscuridad del local.
Mina continuaba succionando el miembro de Kaminari con una desesperación salvaje, moviendo la cabeza en un vaivén ruidoso y húmedo que hacía que sus cuernos amarillos rozaran el vientre del rubio. La fricción, combinada con el sabor dulce del sirope que aún quedaba en sus labios, estaba volviendo loco a Denki, quien sentía cómo la estática volvía a acumularse con fuerza en su entrepierna.
—¡Mmmgh... ahh...! —Mina soltó el miembro por un segundo, dejando un hilo de saliva colgando, y miró a Kaminari con los ojos completamente nublados por la lascivia—. Está tan duro... Kaminari-kun, tu mente me tiene hecha una maldita perra. ¡Vuélveme a llenar el coño con tus voltios ahora mismo!
Mirko, que seguía sentada a horcajadas sobre el pecho de Kaminari, soltó una carcajada ronca, totalmente consumida por el ego pervertido del chico. Bajó sus manos musculosas, agarró a Mina del cabello rosa y la obligó a ponerse en cuatro patas justo al lado del torso de Denki, exponiendo su trasero salpicado de chocolate.
—No te compliques, mocosa —siseó Mirko con una sonrisa salvaje—. ¡Kaminari, bájate de mi pecho y reviéntale el útero otra vez a tu compañera mientras yo te muerdo la espalda!
Denki no necesitó que se lo dijeran dos veces. Se incorporó de inmediato con un impulso de testosterona pura. Se posicionó detrás de Mina en el suelo de la heladería y, sosteniéndola firmemente por las caderas con un agarre que dejó marcas en su piel rosada, empujó su pelvis hacia adelante con un golpe seco, violento y despiadado, sepultando su erección por completo en el hirviente y estrecho interior de la chica.
—¡¡¡AHHHHHHHG, KAMINARI!!! —Mina soltó un alarido agudo que retumbó en la penumbra del local, arqueando la espalda al máximo mientras sus manos patinaban en el charco de helado derretido.
Kaminari inició un bombeo brutal, rápido y ensordecedor. Con cada estocada profunda, liberaba pequeñas descargas eléctricas continuas que hacían que las paredes vaginales de Mina sufrieran micro-espasmos brutales, apretando el miembro de Denki como un puño de carne hirviente.
Mirko se arrastró de inmediato detrás de Kaminari, envolviendo el torso del rubio con sus brazos atléticos y pegando sus pechos firmes contra la espalda del chico. Con una calentura desquiciada, la heroína número 5 comenzó a morderle los hombros y el cuello a Denki, gimiendo con fuerza al sentir la vibración de la corriente eléctrica viajar por el cuerpo del estudiante.
—¡Eso es... con más fuerza, mocoso! —rugía Mirko, restregando su propia ranura empapada contra los glúteos de Kaminari en cada vaivén—. ¡Haz que se corra hasta que pierda el conocimiento!
El ritmo se volvió asfixiante. Estimulado por los mordiscos de la heroína y la asfixiante presión del interior de Mina, Kaminari llegó a su límite. Mina colapsó primero, con su cuerpo rosado sacudiéndose en un orgasmo eléctrico violento.
—¡¡ME CORRO... ME CORRO OTRA VEZ, DENKI... AHHHH!! —aulló la chica.
Denki soltó un chillido agudo de puro éxtasis. Con tres embestidas finales y profundas, se tensó de pies a cabeza, soltando un destello dorado que iluminó el local por un segundo, y disparó una densa, abundante y ardiente carga de semen que inundó por completo las entrañas de Mina, desbordándose a borbotones entre sus muslos.
Denki retiró su miembro del interior de Mina con un chasquido húmedo y espeso, dejando que la densa carga de semen y jugos rosados fluyera libremente sobre el suelo de la heladería, mezclándose con los últimos restos de sirope derretido. Kaminari se apoyó sobre sus manos, jadeando de forma descontrolada mientras hilos de sudor le bajaban por la frente. El chispazo eléctrico anterior lo había dejado temblando, pero la insaciable rigidez de su entrepierna demostraba que el influjo de la mente colmena no pensaba darle tregua.
Mina quedó tendida boca abajo, con los ojos en blanco y la respiración entrecortada, soltando pequeñas risitas involuntarias y lascivas. Su cuerpo rosado reaccionaba con espasmos sutiles a la estática que aún flotaba en el aire del local.
—Kaj... Kaminari-kun... eres un maldito monstruo eléctrico —gimió Mina con la voz rota, lamiendo un poco de helado de sus propios dedos con total descaro—. Me dejaste el vientre vibrando... Siento que si me tocas de nuevo voy a estallar.
—¡Jajaja! ¡Te dije que yo controlaba el voltaje hoy, Ashido! —rugió Kaminari, inflado de soberbia criminal mientras se pasaba una mano por el cabello rubio, sintiéndose el amo absoluto de la situación.
A su espalda, la imponente Mirko no estaba dispuesta a quedar como una simple espectadora. La heroína conejo, con el traje completamente destrozado y la piel bronceada brillando por el sudor, se arrastró de rodillas hasta quedar frente a Denki. Sus largas orejas se crisparon hacia adelante y sus ojos inyectados en lujuria delataban el desespero de su propio interior, que seguía destilando fluidos calientes sobre el pavimento pegajoso.
—¡Oye, mocoso! Deja de celebrar con las niñas y mírame a mí —siseó Mirko con una sonrisa salvaje y dominante, agarrando a Kaminari por los hombros con sus manos musculosas—. Mi cuerpo está hecho para aguantar impactos reales. Tu corriente solo me ha dejado con ganas de que me rompas las entrañas en este suelo. ¡Ven aquí y demuéstrame de qué estás hecho!
Sin esperar respuesta, Mirko se dio la vuelta de inmediato, apoyando las manos y las rodillas sobre el piso, alzando sus potentes y tonificados glúteos hacia el rubio. Su intimidad, completamente dilatada y rebosante, palpitaba en una invitación directa y desvergonzada que encendió los fetiches más oscuros del estudiante de la UA.
Kaminari soltó una carcajada desquiciada. Se posicionó detrás de la heroína número 5 y, hincando sus dedos con fuerza en las caderas atléticas de la profesional para someterla por completo, empujó su pelvis con una furia animal. Sepultó su erección venosa de un solo golpe seco y despiadado hasta la raíz en el hirviente coño de Mirko.
—¡¡¡AHHHHHHHG!!! —Mirko soltó un alarido desgarrador que retumbó en las paredes de la heladería a oscuras, arqueando la columna con una fuerza descomunal mientras clavaba las uñas en el pavimento.
El interior de la conejo era un puño de músculos entrenados que mordió el miembro de Denki con una presión asfixiante, casi dolorosa, obligándolo a soltar un jadeo de puro éxtasis. Kaminari inició un bombeo brutal, rápido y ensordecedor, haciendo que los glúteos firmes de la heroína rebotaran ruidosamente contra su pelvis en cada vaivén carnal.
Mina, atrapada en el mismo flujo de pensamientos lascivos, se arrastró hacia el frente de Mirko. Con una mirada desorbitada y entregada, abrió la boca para recibir los gemidos de la profesional, uniendo sus lenguas en un beso húmedo y vulgar mientras usaba sus manos para acariciar los muslos de la conejo, perdiéndose los tres en el bucle infinito de perversión bajo las sombras de la heladería.
Kaminari no redujo la marcha ni un solo milímetro; las palabras de Mirko y la presión descomunal de sus paredes vaginales lo tenían operando en un estado de trance puramente carnal. La pelvis del rubio chocaba de manera ensordecedora contra los glúteos firmes y atléticos de la heroína, produciendo un eco húmedo y rítmico que llenaba cada rincón de la heladería a oscuras.
—¡¡Eso es... grita todo lo que quieras, Mirko!! —bramó Kaminari con una risa rota y desquiciada, soltando ráfagas intermitentes de estática que hacían que el vello de los brazos de la conejo se erizara por completo—. ¡Eres la maldita heroína número 5 y estás de rodillas, suplicando por la corriente de un estudiante!
Mirko arqueaba la espalda al máximo, con las orejas crispadas y los ojos completamente desorbitados. El clon mental que gobernaba su cerebro la obligaba a disfrutar de esa sumisión vulgar con un orgullo pervertido, respondiendo a cada estocada profunda con un empuje salvaje de sus propias caderas.
—¡¡Ahhh... sí... s-sigue... mocoso!! —gimió Mirko con la voz rota, jadeando pesadamente mientras la saliva goteaba de su boca hacia las manos de Mina—. ¡Siente cómo mis músculos te muerden la verga... métela más hondo... fríeme entera por dentro!
Mina Ashido, totalmente fundida en la misma red libidinosa, usaba sus dedos rosados para mantener abiertos los labios de la heroína conejo, facilitando el intercambio de besos húmedos mientras ella misma se frotaba con frenesí contra el muslo de Mirko. Los gemidos de las dos mujeres se entrelazaban en un coro lascivo que alimentaba la testosterona de Denki hasta el límite absoluto.
—¡Eso es... dejen que mi voltaje las consuma a las dos! —chilló Kaminari, sintiendo el interruptor de su clímax activarse con una fuerza animal.
La fricción abrasadora en el interior de Mirko, sumada a los espasmos eléctricos que él mismo provocaba, llevaron al rubio al borde del colapso. Mirko no aguantó más la sobrecarga; su cuerpo entero se tensó y, con un alarido animal, entró en un orgasmo violento que succionó el miembro de Denki con una presión implacable.
—¡¡¡ME CORRO... ME CORRO OTRA VEZ, MALDITO MONSTRUO... AHHHHG!!! —aulló la conejo, colapsando de frente contra el suelo pegajoso.
Kaminari llegó a su propio límite de frenesí. Con tres embestidas finales y brutales que sepultaron su miembro hasta la raíz, el chico soltó un chillido agudo de puro éxtasis. Se tensó por completo, liberando un último chispazo dorado que iluminó tenuemente los cristales del local, y disparó una densa, abundante y ardiente carga de semen que inundó las entrañas de Mirko, desbordándose a borbotones entre sus piernas musculosas.
Los tres quedaron tendidos en una masa exhausta de sudor, fluidos y helado derretido bajo las sombras, hiperventilando en el silencio de la heladería vacía.
What's next?
- No further chapters
Disable your Ad Blocker! Thanks :)
Gran Duplicado
BNHA
"Gran Duplicado de Mentes". Temática de clonación mental (emisores y receptores), las receptoras no solo tienen la mente clonada de (del emisor), sino que conservan absolutamente todas las memorias, habilidades y la personalidad original de ellas mismas (las receptoras), fusionándose con los pensamientos, deseos y la consciencia de (del emisor). "Great Duplicate of Minds". The theme of mind cloning (senders and receivers), the receivers not only have the cloned mind of (the sender), but they also retain absolutely all of their own memories, skills and original personality, merging with the thoughts, desires and consciousness of (the sender).
- All Comments
- Chapter Comments
