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Chapter 15
by
DC-Women-Fan
What will they do with her?
Sue gets bath
Susan forcejeaba con furia contenida mientras las mujeres Gorak la rodeaban en el gran salón de baños, un espacio amplio excavado en la roca viva de la colina, con paredes húmedas que brillaban bajo la luz de antorchas de resina y un estanque central de agua caliente que humeaba con un aroma herbal intenso y ligeramente dulce. Las seis hembras —todas desnudas como ella, con sus cuerpos verdes curvos y voluptuosos, pechos pesados balanceándose con cada movimiento, caderas anchas reluciendo de aceite— la sujetaban con una mezcla de firmeza y casi ternura maternal, manos suaves y cuidadosas hundiendo sus brazos y piernas en el agua caliente mientras ella pataleaba y se retorcía, el agua salpicando en chorros que brillaban bajo la luz anaranjada.
El agua estaba deliciosamente caliente, casi abrasadora, y su cuerpo traicionero se relajó un instante al contacto, los músculos doloridos protestando menos, el semen seco comenzando a disolverse en la superficie en hilos blanco-verdosos que flotaban como evidencia acusadora. Una de las mujeres, la mayor, con el cabello negro trenzado con plumas y pechos grandes marcados con pezones verde oscuro, la sujetó por la nuca y la obligó a sumergirse por completo. Susan emergió jadeando, el cabello rubio platino pegado al rostro y a la espalda, el agua resbalando por sus pechos en riachuelos que lamían los pezones hinchados y morados, bajando por el vientre aún ligeramente abultado hasta perderse entre sus muslos.
Otra mujer, más joven, con piel verde clara y ojos dorados brillantes de curiosidad, se arrodilló junto al borde y comenzó a frotar su cuerpo con una esponja natural impregnada en aceites aromáticos. Las manos subieron por sus muslos internos con una lentitud deliberada, abriéndolos ligeramente para limpiar el semen que aún goteaba del coño y del ano, los dedos rozando los labios mayores hinchados y el anillo sensible con una precisión que hizo que Susan se tensara y soltara un jadeo ahogado. La esponja pasó por los moretones en las caderas, por las marcas de dedos en las nalgas, por los chupetones morados que cubrían sus pechos como medallas de guerra.
Mientras la limpiaban, las mujeres hablaban en tono reverente, casi orgulloso.
—Deberías sentirte honrada, caída —dijo la mayor, sujetándola por los hombros mientras otra le lavaba el cabello con agua perfumada—. Has recibido la semilla de Kragor, uno de nuestros guerreros más experimentados, un macho que ha engendrado docenas de crías fuertes. Y de Tharn, joven pero prometedor, con la potencia de la juventud en sus bolas. Pocas llegan con tanta suerte en su primera captura.
Susan se enfureció al instante, la ira subiendo como bilis por su garganta, los ojos azules brillando de rabia mientras intentaba zafarse de nuevo.
—¡Sueltenme, malditas! —escupió, la voz ronca por el desuso y los gemidos previos—. ¡No estoy honrada, estoy…!
Pero las palabras se cortaron en su garganta cuando los recuerdos borrosos regresaron como flashes calientes: el peso de Kragor sobre ella, la polla gruesa hundiéndose profundo; Tharn detrás, abriendo su culo por primera vez; las dos pollas moviéndose dentro de ella, llenándola, haciéndola correrse una y otra vez.
El placer odioso y agradable recorrió su cuerpo de la nada, un pinchazo caliente en los pezones, un espasmo en el vientre, una humedad traicionera entre las piernas que no era solo agua del baño. Se mordió el labio con fuerza, el rostro enrojeciendo de vergüenza y furia mezcladas.
Las mujeres rieron suavemente, sin malicia, como si entendieran perfectamente la lucha interna.
La sacaron del agua al fin, el cuerpo chorreando, la piel pálida brillando limpia pero aún marcada. Una de ellas, la más habilidosa con las manos, tomó un cuenco de pasta blanca y espesa —una mezcla herbal que olía a menta y algo metálico— y comenzó a aplicarla con dedos expertos sobre las marcas: primero en los moretones de las caderas y muslos, luego en los chupetones morados de los pechos, frotando suavemente los pezones hinchados hasta que Susan jadeó por el placer-dolor. Luego entre las piernas, untando la pasta en los labios mayores y menores, en el clítoris sensible, dentro del coño y del ano con una delicadeza que era casi violación. Finalmente, le abrieron la boca y le obligaron a tragar una cucharada grande, el sabor amargo y cremoso cubriendo su lengua.
Susan observó asombrada cómo las marcas comenzaron a desvanecerse poco a poco: los moretones palideciendo, los chupetones volviéndose rosados, el dolor interno suavizándose hasta casi desaparecer. El cuerpo se sentía ligero, renovado, traicioneramente cómodo.
Luego la vistieron.
La vistieron entonces con un atuendo nuevo y vulgar: guantes blancos hasta por encima de los codos, ceñidos a sus brazos como una segunda piel que resaltaba sus curvas; botas blancas altas hasta casi medio muslo, moldeando sus piernas en un contorno provocador; una braga alta de color azul con bordes blancos en la cintura, ajustada tan alta que acentuaba sus caderas anchas y el coño depilado; y un top corto de cuello alto azul con un gran círculo blanco en el pecho, pero en lugar de un símbolo, un agujero escote con forma del número cuatro que dejaba ver una buena parte de sus pechos pesados, los globos pálidos expuestos en un escote profundo y obsceno que hacía que cada respiración los hiciera rebotar ligeramente.
¡Era una parodia hipersexualizada de su traje original!
Una de las mujeres, la que había cosido el atuendo, sonrió con colmillos prominentes mientras ajustaba el top, los dedos rozando deliberadamente los pezones expuestos.
—Lo hice tomando de ejemplo ese atuendo medio rasgado que traías —dijo, la voz silbante cargada de emoción—. ¡De nada!
Susan tuvo que morderse la lengua con fuerza para no mandarla a la mierda, la ira y la vergüenza ardiendo en su pecho mientras las mujeres la levantaban por los brazos y la sacaban del salón de baños, el cuerpo limpio y perfumado reluciendo bajo la luz del atardecer, el nuevo atuendo vulgar abrazándola como una segunda piel que gritaba su nuevo estatus.
Las mujeres Gorak la sacaron del salón de baños con una firmeza que no admitía resistencia, sus manos verdes sujetándola por los brazos y la cintura mientras el nuevo atuendo vulgar.
La luna derramaba una blanca y brillante sobre su cuerpo, resaltando la piel pálida ahora limpia y libre de las marcas dejadas por los dos hombres que la violaron, el cabello rubio platino cayendo en mechones húmedos sobre su rostro.
La llevaron por un camino de tierra compacta flanqueado por chozas y hogueras, el campamento bullendo de actividad mientras la tribu se reunía. El aire estaba cargado de olor a carne asada, humo de resina y el almizcle colectivo de cuerpos excitados; tambores retumbaban en un ritmo lento y profundo que vibraba en el pecho de Susan, flautas silbaban notas agudas, y el murmullo de cientos de voces graves se elevaba como una ola al verla pasar. Machos Gorak de todas las edades se apartaban para dejar paso, ojos dorados recorriéndola con hambre abierta, colmillos asomando en sonrisas depredadoras; hembras desnudas o semidesnudas observaban con una mezcla de envidia y orgullo ritual, algunas tocando sus propios vientres redondeados como recordatorio de lo que aguardaba a la nueva caída.
Llegaron a la plaza central, un espacio amplio rodeado por murallas pintadas y postes tallados con escenas de caza y fertilidad, el suelo de tierra roja ahora cubierto de pétalos y hojas frescas esparcidos en preparación. En el centro se alzaba el Tótem de la Fertilidad: un poste alto y grueso de madera oscura, tallado con glifos de semillas y vientres hinchados, cadenas de cuero y metal colgando de lo alto, manchadas por usos previos.
Susan forcejeó cuando la empujaron hacia él, los brazos retorciéndose contra las manos que la sujetaban, las botas altas resbalando en la tierra mientras intentaba plantar los pies.
—¡Sueltenme! —gritó, la voz ronca pero llena de furia, los ojos azules brillando de desafío—. ¡No pueden hacerme esto!
Pero las mujeres eran fuertes, acostumbradas, y la presionaron contra el poste con una eficiencia ritual. Las cadenas frías se cerraron alrededor de sus muñecas, alzando sus brazos por encima de la cabeza hasta que su cuerpo se estiró, los pechos empujados hacia adelante por la posición, los pezones apenas cubiertos por las tiras delgadas del body rozando el aire cálido. Otras cadenas rodearon sus tobillos, separando sus piernas lo suficiente para exponerla completamente, el atuendo vulgar apretándose entre sus piernas y revelando el monte de coño depilado y los labios vaginales bajo el material. El collar en su cuello tintineó contra el poste, un recordatorio cruel de su poder robado.
Bound against her will, exposed to the setting sun before hundreds of Gorak eyes, Susan breathed heavily, her chest rising and falling with contained fury, her body trembling between fear and an anger that burned like fire in her veins.
Then the boss appeared.
Vorthak emerged from the crowd like a living colossus, his enormous body striding forward with heavy steps that shook the earth, his deep green skin glistening with ritual oil in the reddish light, his muscles marked by tattoos of leadership and victories, his long fangs bared in a smile of absolute authority. The crowd fell silent instantly, drums rolling once before falling still, only the crackling of bonfires and collective panting breaking the silence.
He stopped before the Totem, his golden eyes slowly and possessively scanning Susan's bound body, lingering on her exposed breasts, her flat stomach that would soon round, her slightly trembling, parted thighs.
"Brothers and sisters of Krag'Vahl," he announced, his deep, resonant voice filling the plaza like distant thunder. "A day ago, we were blessed by the heavens with a new ****, a fall of beauty and strength such as we have never seen."
The crowd roared in approval, fists raised, fangs flashing.
“And, as the sacred law of the hunt dictates,” Vorthak continued, raising a hand to silence them, “two of our finest warriors, Kragor the experienced and Tharn the promising, enjoyed it in their exclusive right. They broke it, marked it, and filled it with their seed in every way imaginable.”
More roars, deep laughter, females proudly touching their bellies.
—Now, clean and prepared, we present her before the gods for the Great Thal'korath.
The square erupted in a chorus of anticipation, drums rolling again, the air thick with collective excitement as Susan, tied up and immobilized, felt the horror rise in her throat like hot bile.
What's next?
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Savage Falls: Gorathar
English
In the vast multiverse, there exists a primitive and savage world called Gorathar, inhabited by a ferocious race of green humanoids known as the Gorak, tall, muscular warriors endowed with brutal strength along with an insatiable sexual appetite. Every time an Earth in the multiverse is destroyed, one woman, whether human, superhero, or villain, survives... only to be dragged through a dimensional portal into this unforgiving jungle. There, women are hunted as coveted prey. Captured, displayed, mercilessly by warriors and entire packs, to participate in humiliating rituals of semen and fertility, and finally turned into breeding slaves destined to carry in their wombs the next generation of Gorak conquerors. An interactive story full of explicit sex, , ritual gangbangs, impregnation, delicious degradation and the gradual fall of the comic's strongest women to the primal lust of the Gorak. How long will they hold out before giving up completely? How many more superheroines will manage to share this cruel and lustful destiny? You decide how this saga of erotic conquest continues.
Updated on Feb 8, 2026
by DC-Women-Fan
Created on Feb 8, 2026
by DC-Women-Fan
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