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Chapter 43 by bla12 bla12

¿Qué pasa durante el día?

Una visita inesperada

La luz del mediodía se filtraba por las persianas semiabiertas, bañando el desayuno frío e intacto de Magi. Estaba sentada en el borde de la cama, la sábana de seda enrollada alrededor de su torso como un capullo inútil, incapaz de moverse, de pensar, de ser. El mantra de Lilith—"solo es tu cuerpo"— resonaba en su cabeza, un hechizo vacío que no calmaba el temblor que le recorría las entrañas.

De repente, el timbre de la puerta principal sonó, un carillón elegante e intrusivo que cortó el silencio opresivo de la suite.

Lilith, que revisaba imágenes en su tableta en el sillón, frunció el ceño con irritación.

—No esperaba a nadie. —Sus ojos se clavaron en Magi—. No te muevas. No hagas ruido.

Se levantó y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Magi oyó pasos alejarse, luego el sonido lejano de la puerta principal al abrirse. Voces. Una voz masculina, profunda y familiar, saludando a Lilith con confianza.

—…de paso por el barrio y pensé en sorprenderte. ¿Estoy interrumpiendo? —dijo la voz.

—Para nada, Alexander. Pasa —respondió Lilith, su tono cambiando a uno social, afable, falso.

Alexander. El cliente del traje caro. El que había elogiado su "vergüenza auténtica". El nudo en el estómago de Magi se apretó hasta ahogarla.

Los pasos se acercaron por el pasillo. Magi se encogió instintivamente, buscando cubrirse más con la sábana, pero era inútil. La puerta de la habitación se abrió de par en par.

Alexander estaba en el umbral, impecable con un traje informal pero evidentemente costoso. Su sonrisa de saludo se congeló en sus labios al ver la escena: la habitación en penumbra, el desayuno abandonado, y Magi, pálida y temblorosa, semidesnuda en la cama, con la sábana como único escudo. Sus ojos, habituados a evaluar, se posaron en ella con una curiosidad intensa e inmediata.

Lilith apareció detrás de él, una sonrisa tensa en el rostro.

—Ya ves, estaba en medio de una… sesión de entrenamiento privado. Magi está preparándose para el nuevo proyecto.

Alexander entró en la habitación sin esperar una invitación, su presencia llenando el espacio ya de por sí claustrofóbico.

—¿Entrenamiento, eh? —dijo, su voz un rumor divertido—. Parece intenso. Su mirada escudriñó a Magi, desde sus pies descalzos hasta su rostro angustiado, sin perder un detalle—. Se le ve… entregada al proceso.

Magi deseó que la tierra se la tragara. Estaba siendo evaluada de nuevo, pero esta vez en un contexto íntimo, doméstico, lo que lo hacía mil veces peor. El "proceso" del que hablaba Alexander era su propio quebrantamiento.

—Sí, bueno —intervino Lilith, con una falsa ligereza—. Estábamos trabajando en la comodidad en la exposición. Eliminar los últimos resquicios de timidez. Se acercó a la cama y, con un gesto que pretendía ser natural, tiró suavemente de la sábana que Magi se aferraba—. Magi, cariño, no hace falta eso con Alexander. Él ya ha visto tu trabajo. Sabe de lo que eres capaz.

La sábana cedió. Magi se quedó completamente expuesta otra vez, bajo la mirada dual de Lilith y Alexander. Un rubor ardiente le subió por el cuello y las mejillas.

Alexander emitió un sonido de aprobación baja, como un gourmet saboreando un bocado exquisito.

—Impresionante —murmuró, más para sí mismo que para ellas—. La vulnerabilidad cruda, pero en un entorno doméstico… le añade una capa de verosimilitud fascinante. Casi como ver al animal en su jaula, ¿no? —Comentó, dirigiéndose a Lilith como si Magi no estuviera allí, o como si fuera parte del decorado.

—Exactamente —asintió Lilith, cruzando los brazos—. Estamos rompiendo la cuarta pared entre la modelo y la vida real. Integrando el arte en cada aspecto de su ser.

—Brillante —concluyó Alexander, y luego, su mirada se posó de nuevo en Magi, especulativa—. Oye, Lilith, ya que estoy aquí… ¿te importa si hago unas tomas? Informalmente. La luz en esta habitación es… interesante. Sacó su teléfono de última generación—. Solo para mi archivo personal.

Lilith dudó por una fracción de segundo, pero luego sonrió. Era una oportunidad de oro para impresionar a un cliente tan importante.

—Por supuesto. Magi, ¿lo ves? Es una oportunidad perfecta para practicar. Alexander es un conocedor.

Magi no podía creer lo que estaba pasando. La violación de su intimidad se estaba convirtiendo en una sesión fotográfica improvisada. Alexander se acercó, encuadrándola con su teléfono.

—Vamos, Magi —dijo Lilith, con un deje de advertencia en su voz—. Una pose relajada. Como si estuvieras descansando. Natural.

Magi, con los miembros pesados y el alma hecha trizas, se recostó sobre los almohadones. Era una parodia de relax. Cada músculo estaba tenso, cada nervio al límite. El clic silencioso del teléfono de Alexander sonó como un disparo.

—Sí, así… —murmuró él, moviéndose alrededor de la cama—. La luz en tu hombro… perfecta. Ahora gira la cabeza. Mira por la ventana. Como si desearas estar en otro lugar.

Era una tortura exquisita. Magi obedeció, sintiendo cómo las lágrimas se acumulaban en sus ojos, pero se negó a dejarlas caer. Alexander capturó cada micro-expresión, cada destello de angustia contenida.

—Magnífico —dijo finalmente, bajando el teléfono—. Tienes un talento increíble, Lilith. Para encontrar diamantes en bruto y… pulirlos hasta que no queda nada de la roca. Le guiñó un ojo a Lilith, y luego se despidió con un gesto distraído hacia Magi—. Ha sido un placer, Magi. Espero ver los resultados de este… entrenamiento en la próxima sesión.

Cuando se fue, el silencio que dejó atrás fue aún más pesado. Lilith cerró la puerta principal y regresó a la habitación. Magi ya se había envuelto de nuevo en la sábana, temblando incontrolablemente.

—¿Ves? —dijo Lilith, recogiendo la bandeja del desayuno—. Fue una prueba perfecta. Y la superaste. Alexander está más interesado que nunca. Tu valor acaba de aumentar. —Se detuvo en la puerta—. Descansa. Luego continuamos.

Magi se quedó sola, la marca del teléfono de Alexander quemando su piel más que cualquier látigo. La humillación ya no tenía límites. Su jaula ya no era el estudio, ni la casa de Lilith. Su jaula era su propio cuerpo, y ahora todo el mundo tenía una llave. Incluso los invitados inesperados.

¿Qué pasa después?

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