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Chapter 42 by bla12 bla12

¿Qué pasa cuando se despierta?

Dia libre

Magi despertó con un jadeo ahogado, el corazón galopándole sobre el pecho. La oscuridad era profunda, pero no era la de su apartamento. El aire olía a perfume caro y a limpieza implacable. La sábana bajo su espalda era de seda, fría y resbaladiza.

Y estaba desnuda.

La memoria regresó a golpes: la habitación de terciopelo, la venda, los látigos, los besos, la montaña rusa de sensaciones que Lilith había orquestado. Se incorporó de golpe, buscando a tientas alguna prenda, una sábana con la que cubrirse.

—Despierta, ¿cielo? —la voz de Lilith sonó desde un rincón oscuro de la habitación, serena y dueña de la situación. Una lámpara de mesilla se encendió, bañando la estancia en una luz tenue. Lilith estaba recostada en un sillón, ya vestida con un elegante conjunto de pantalón y blusa de seda, observándola mientras sorbía lo que parecía un café—. No busques la ropa. La mandé a limpiar. Y la que te presté… bueno, ya cumplió su propósito.

Magi se encogió, tirando de la sábana de seda para cubrirse el pecho. El gesto no pasó desapercibido.

—Oh, por favor. Después de anoche, ¿todavía la timidez? —Lilith se levantó y se acercó a la cama. Con un movimiento suave pero firme, tiró de la sábana, arrebatándosela—. Tu cuerpo ya no es un secreto, Magi. Ni para mí, ni para la cámara, ni para nadie. Es hora de que te acostumbres a él. De que dejes de verlo como algo que hay que esconder y empieces a verlo como lo que es: tu herramienta, tu mercancía, tu único valor real en este juego.

Magi se quedó sentada en la cama, completamente expuesta, sintiendo el aire frío del aire acondicionado sobre su piel. La vergüenza le ardía en las mejillas, pero era una sensación lejana, amortiguada por el residuo del vino y el shock de la noche anterior.

—Me… me tengo que ir, —tartamudeó, buscando con la mirada algo, cualquier cosa, con lo que cubrirse.

—¿Ir? ¿A dónde? —Lilith rio, un sonido breve y cortante—. Pedí el día libre para nosotras. Pensé que podríamos… practicar. Sin las presiones del estudio. Un entrenamiento privado. Su mirada recorrió el cuerpo desnudo de Magi con una evaluación crítica—. Aún te tensas demasiado. Se nota en las fotos. Tienes que aprender a relajarte, a entregarte por completo, incluso cuando crees que no quieres.

Se sentó en el borde de la cama, tan cerca que Magi pudo sentir el calor de su cuerpo.

—Hoy no hay cámaras. No hay clientes. Solo tú y yo. Y tu cuerpo. Es la lección más importante que aprenderás: la comodidad en la exposición total.

Magi miró hacia la ventana. Las persianas estaban bajadas, pero no del todo. Una fina línea de luz solar se colaba, iluminando una franja del suelo de madera pulida. Fuera, el mundo continuaba. Dentro, ella estaba atrapada en una suite de lujo, desnuda y a merced de los caprichos de Lilith.

—No… no estoy cómoda, —logró decir, su voz un hilo de voz.

—Por eso es una lección, querida, —respondió Lilith, con una paciencia que sonaba falsa—. La comodidad se construye. Repetition. Exposición constante. Hoy es el día perfecto para eso. Nada que hacer. Ningún lugar adónde ir. Solo… estar. En tu piel.

Se levantó y se dirigió a la puerta.

—Voy a pedir el desayuno. Quédate aquí. Acostúmbrate a la sensación de las sábanas sobre tu piel. A la luz. Al aire. Es solo tu cuerpo. No es el enemigo.

Salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Magi no oyó el sonido de una cerradura, pero sabía que había una barrera invisible, más fuerte que cualquier metal, que la mantenía prisionera.

Se quedó sentada en la cama, abrazándose a sí misma. Cada poro de su piel parecía hiperconsciente, cada neurona gritaba para que se cubriera. Miró alrededor. La habitación era impecable, minimalista. No había armarios abiertos, ni batas olvidadas. Solo elegancia fría y espacios vacíos.

Se levantó y caminó hasta la ventana, sintiendo el suelo frío under sus pies descalzos. Corrió la persiana unos milímetros. Afuera, la ciudad brillaba bajo el sol de la mañana. Gente yendo a trabajar, coches circulando, vida normal. Ella, en cambio, estaba en una urna de cristal, desnuda y observada, incluso cuando nadie la miraba.

La puerta se abrió. Lilith entró con una bandeja de desayuno cargada de frutas exóticas, yogur y café. Sus ojos se posaron en Magi, de pie junto a la ventana.

—Me gusta. Ya te estás adaptando. La luz de la mañana te favorece. —Dejó la bandeja sobre la mesa—. Ven. Desayuna. Y después, podemos practicar algunas poses. Sin presión. Para que cuando volvamos al estudio, ese miedo en tus ojos se vea un poco más… domesticado.

Magi se acercó mecánicamente y se sentó. Comió un trozo de papaya sintiendo que cada bocado era una rendición. La seda de la sábana que Lilith le permitió usar para sentarse era una burla de modestia. Sabía que el día sería largo, una tortura de exposición constante y "lecciones" forzadas, donde su cuerpo dejaría de ser suyo para convertirse en un instrumento que Lilith afinaría a su antojo. La incomodidad no era un accidente; era el curriculum. Y ella, desnuda y atrapada, era la estudiante perfecta.

¿Qué pasa durante el día?

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