Disable your Ad Blocker! Thanks :)
Chapter 3
by
Alman02
What's next?
"Sombras de Desesperanza y Venganza".
Capitulo 2
En una oscura y húmeda mazmorra, Arion se encontraba encadenado a la pared, su cuerpo delgado y debilitado por años de sufrimiento y privación. La celda era fría y lúgubre, apenas iluminada por una pequeña antorcha que proyectaba sombras inquietantes en las paredes de piedra.
Arion, con su cabello rubio enmarañado y sus ojos azul turquesa apagados por la desesperación, miraba al suelo, sumido en sus pensamientos. Desde niño, había sido vendido por sus padres a cambio de un poco de pan, una traición que nunca podría olvidar. El recuerdo de su cruel abandono lo llenaba de un profundo resentimiento.
"Si tuviera el poder de cambiar las cosas...", murmuró para sí mismo, con los ojos llenos de rencor. "Si pudiera invertir las posiciones, les enseñaría a esos esclavistas lo que se siente ser un esclavo. Les haría pagar por cada momento de sufrimiento que he soportado".
Pero en medio de su amargura y desesperación, había una luz que mantenía viva su voluntad de sobrevivir: la imagen de la princesa Arianne Eldorin. Arianne, con su cabello gris, ojos verdes y su figura seductora, era para él la encarnación de la belleza, la justicia y la bondad. Recordaba cómo su presencia irradiaba calidez y esperanza, algo que le había dado fuerzas en sus momentos más oscuros.
"Princesa Arianne...", susurró Arion, sus labios temblando mientras sus pensamientos se llenaban de su imagen. "Tú eres mi razón de vivir. Eres amable, bella, justa... y esos pechos enormes...". Su mente divagó, pensando en su cuerpo seductor que haría babear a cualquiera. Su deseo de que ella fuera suya era una fantasía recurrente, un anhelo que sabía que sólo podía existir en sus sueños.
Los ruidos de pasos se acercaban, anunciando la llegada de otro noble que podría decidir su destino. Arion apretó los dientes, su mente regresando a la cruel realidad de su existencia. Pero en su corazón, mantenía viva la esperanza de que algún día, de alguna manera, su vida cambiaría y quizás, solo quizás, podría estar al lado de la mujer que tanto admiraba y deseaba.
La mazmorra, envuelta en una penumbra húmeda y opresiva, vibraba con los ecos de pasos firmes. El esclavista, un hombre corpulento y lleno de cicatrices, guiaba a un noble elfo por los estrechos corredores. El noble, de porte elegante y mirada altiva, observaba cada celda con una mezcla de desdén y curiosidad.
"Este es uno de nuestros esclavos," dijo el esclavista, deteniéndose frente a la celda de Arion. "Es bueno para trabajos pesados y carga. Ha soportado condiciones extremas y sigue vivo."
El noble elfo miró a Arion a través de los barrotes, sus ojos dorados llenos de desprecio. Arion, encadenado y débil, levantó la mirada, encontrando la del noble. Sus ojos azul turquesa, apagados por el sufrimiento, destellaron con un fugaz brillo de resentimiento.
"¿Ese enclenque?" comentó el noble con desdén, frunciendo el ceño al ver el cuerpo desnutrido de Arion. "No necesito a un saco de huesos que apenas puede sostenerse en pie. Enséñame algo que valga la pena."
El esclavista, sin perder la compostura, asintió. "Por supuesto, mi señor. Sígame."
Dejaron atrás la celda de Arion, adentrándose más en la mazmorra hasta llegar a una puerta pesada. Al abrirla, el esclavista señaló a un hombre bestia de aspecto gorila, encadenado pero imponente. Su musculatura robusta y su aspecto feroz contrastaban drásticamente con la frágil figura de Arion.
"Este espécimen es mucho más adecuado para sus necesidades," explicó el esclavista. "Es fuerte, resistente y obediente."
El noble elfo esbozó una sonrisa de satisfacción. "Sí, este servirá. Prepáralo para el traslado."
Mientras el esclavista y el noble discutían los detalles, la voz del noble resonaba con desdén en la mazmorra. Arion, solo en su celda, apretó los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Sus pensamientos eran un torbellino de odio y desesperación.
"Algún día," se prometió a sí mismo, sus ojos brillando con una determinación sombría. "Algún día me vengaré de todos. De los esclavistas, de los nobles, de cualquiera que me haya despreciado y humillado. No moriré como un esclavo olvidado. Les haré pagar."
El juramento de Arion se solidificó en su mente, mientras los ecos de los pasos del esclavista y el noble se desvanecían en la distancia, dejándolo en la oscuridad con su ira y su inquebrantable deseo de venganza.
El sol se ocultaba detrás de los árboles mientras el convoy de carruajes avanzaba lentamente por el sendero del bosque. En uno de esos carruajes, enjaulado junto a otros esclavos, Arion se sentaba en silencio, su cuerpo débil y su espíritu cansado. A su alrededor, una mezcla de esclavos de diferentes especies compartían su destino: los hombres, destinados a trabajos forzados, y las mujeres, para el placer carnal de sus futuros amos, muchas de ellas drogadas para volverlas sumisas.
Los guardias vigilaban el convoy con cuidado, hablando entre ellos sin mucha preocupación por quién pudiera escuchar. Arion, aprovechando la cercanía de un guardia, afinó su oído, atento a cualquier información que pudiera ser útil.
"¿Has oído lo último?" dijo uno de los guardias, un hombre de aspecto rudo con una barba descuidada. "El grupo liderado por la princesa Arianne ha estado destruyendo varios campamentos de esclavistas. Dicen que están enviando a los líderes esclavistas y a los nobles relacionados directamente a la reina Elara para que ella les dicte sentencia."
"Sí, he oído," respondió otro guardia, ajustando su casco. "No me gustaría estar en la piel de esos tipos. La reina no es conocida por su misericordia cuando se trata de esclavistas."
Arion, aunque físicamente agotado, sintió una chispa de esperanza encenderse en su interior. La imagen de la princesa Arianne, su única razón para seguir adelante, se hizo más nítida en su mente. La idea de que ella y su grupo estuvieran luchando contra los esclavistas le daba un nuevo motivo para resistir.
"Princesa Arianne," pensó, aferrándose a esa esperanza. "Quizás aún haya una oportunidad para mí. Si continúan destruyendo estos grupos, tal vez un día puedan liberarnos."
El viaje continuaba, el crujido de las ruedas del carruaje mezclándose con el sonido de las hojas moviéndose con la brisa.
La esperanza era tenue, pero era todo lo que tenía, y mientras el convoy avanzaba hacia su destino incierto, Arion se aferraba a esa chispa con todas sus fuerzas.
La caravana se detuvo en un claro en medio del bosque, el lugar elegido para descansar durante la noche. Los guardias montaron un pequeño campamento, mientras los esclavos permanecían enjaulados, sus esperanzas tan oscuras como el cielo estrellado. El ambiente estaba tranquilo, el crepitar del fuego y los susurros del viento siendo los únicos sonidos que rompían el silencio.
De repente, un alboroto estalló. Algunos esclavos, desesperados por la libertad, intentaron escapar. La confusión fue breve; los guardias, entrenados y despiadados, rápidamente detuvieron a los fugitivos. En medio del caos, Arion, aunque no había participado en el intento de fuga, se encontró atrapado en la violencia desatada.
Los guardias, en su furia, no discriminaban. Golpeaban a cualquier esclavo que estuviera a su alcance. Arion, ya debilitado por la desnutrición y el maltrato constante, recibió los golpes con una fragilidad que no podía resistir. Cada golpe lo sumía más en la oscuridad, su cuerpo incapaz de soportar la brutalidad.
En el borde de la inconsciencia, Arion escuchó fragmentos de voces. "¡Las Valquirias de Avaloria han llegado!" gritó uno de los guardias, su tono lleno de alarma y temor. A través de su visión borrosa, Arion vio una figura elfica acercarse, moviéndose con la gracia y la determinación que sólo una guerrera podría tener.
La figura se arrodilló junto a él, y Arion sintió unos brazos fuertes pero delicados que lo levantaban. Abrió los ojos con esfuerzo y, para su sorpresa, reconoció el rostro de la princesa Arianne. Su expresión era de profunda preocupación, sus ojos verdes reflejaban una mezcla de compasión y determinación.
"Princesa Arianne..." pensó Arion, con una débil sonrisa formándose en sus labios. "Al menos moriré en los brazos del amor de mi vida."
Sus ojos se cerraron, y el mundo se desvaneció en la oscuridad.
Cuando volvió a abrir los ojos, no estaba en el campamento. El entorno era extraño, como si estuviera flotando en el espacio, rodeado de estrellas y una vastedad infinita. Una figura se materializó ante él, un hombre de aspecto extraño, cuya presencia emanaba una sensación de poder y misterio.
"¿Dónde estoy?" murmuró Arion, su voz resonando en el vacío.
El hombre extraño lo miró con una expresión enigmática, y aunque su rostro no mostraba ninguna emoción clara, había algo en su mirada que sugería que tenía respuestas a preguntas que Arion ni siquiera sabía que tenía.
"Bienvenido, Arion," dijo el hombre con una voz profunda y resonante. "Tenemos mucho de qué hablar."
Arion se encontraba atónito frente al hombre que se presentaba como Marcus un mago de control mental. Observó con atención su aspecto calvo, su piel morena y su aire de sabiduría acumulada a lo largo de los años. La oscuridad en sus ojos revelaba una historia turbulenta y poderosa.
"Marcus," murmuró Arion, dejando que el nombre resonara en su mente. "¿Un mago de control mental?"
El hombre asintió solemnemente. "Sí, Arion. Soy Marcus, y he esperado pacientemente durante un siglo para este momento."
Arion frunció el ceño, confundido. "¿Qué quieres decir con 'este momento'?"
Marcus sonrió, un gesto que enviaba escalofríos por la espalda de Arion. "Aparezco solo ante aquellos que albergan odio y resentimiento, como tú," explicó. "Hace cien años, yo... planeaba cosas terribles para este reino. Quería dominarlo todo, someter a sus habitantes y convertir a las mujeres en mis esclavas personales, especialmente a la reina Elara y disfrutar de sus enormes tetas elficas."
Arion sintió un escalofrío recorriendo su columna vertebral al escuchar las palabras de Marcus. La idea de que alguien pudiera concebir tales planes malévolos era inquietante pero al mismo tiempo le excitaba. Pero lo que más lo impactó fue la mención de la reina Elara, la imagen misma de la madre de Arianne.
"¿Qué pasó?" preguntó Arion, su curiosidad superando su miedo.
Marcus suspiró, como si reviviera el dolor del pasado. "La reina Elara y sus aliados me detuvieron," dijo. "Me enfrentaron y sellaron mi conciencia, esperando que nunca volviera a despertar. Pero ahora, aquí estoy, gracias a ti."
Arion retrocedió, asimilando la información. Si Marcus era real, entonces ¿qué significaba eso para él? ¿Y qué planes tenía este antiguo mago de control mental para el reino ahora? Las respuestas no llegaron fácilmente, pero una cosa era segura: el pasado oscuro de Avaloria estaba a punto de resurgir, y Arion estaba justo en medio de ello.
Arion miraba fijamente a Marcus, con una mezcla de incredulidad y curiosidad. "¿Qué quieres de mí?", preguntó con cautela, consciente de la peligrosa oferta que se le presentaba.
Marcus sonrió con malicia, como si estuviera esperando ansiosamente esa pregunta. "Quiero que cumplas mi sueño, Arion," respondió con voz suave pero llena de poder. "Sé que deseas a Arianne, la hija de la reina. Con mi poder de control mental, podrás hacerla tuya, y cualquier mujer que desees."
Las palabras de Marcus resonaron en la mente de Arion, desatando un torrente de emociones contradictorias. Por un lado, sentía la tentación de obtener el poder para lograr sus deseos más profundos. Por otro, una voz interior le advertía del peligro y la inmoralidad de sus acciones.
Sin embargo, la idea de tener a Arianne a su lado, de ser capaz de conquistarla y hacerla suya, despertó un deseo ardiente en el corazón de Arion. La idea de tener el control total sobre su destino y sobre el de aquellos que alguna vez lo habían menospreciado lo llenaba de una sensación de poder y satisfacción.
Con emoción y determinación brillando en sus ojos, Arion miró a Marcus y preguntó con voz firme: "¿Qué debo hacer para lograrlo?"
Arion miró la mano extendida de Marcus con una mezcla de emoción y ansiedad. Sabía que al aceptar el trato, se comprometía a un camino oscuro y peligroso, pero la promesa de poder y control era demasiado tentadora para resistirse. Con un nudo en la garganta y el corazón latiendo con fuerza, estrechó la mano del mago.
En el momento en que sus manos se encontraron, Arion sintió una descarga eléctrica recorriendo su cuerpo, una sensación de poder abrumador que lo envolvía por completo. La magia de control mental fluyó hacia él como un torrente, llenándolo con una fuerza que nunca antes había experimentado.
Los ojos de Arion brillaron con emoción mientras la energía mágica se asentaba en su ser. Ahora, con este poder en sus manos, podía hacer realidad sus más oscuros deseos. Podía hacer a la princesa suya, controlar su mente y su voluntad para que lo deseara con la misma intensidad que él la deseaba. Podía tener a cualquier mujer que quisiera, sometiéndola a su voluntad con un simple pensamiento.
Una sonrisa retorcida se extendió por el rostro de Arion mientras absorbía el poder recién adquirido.Estaba listo para desatar su dominio sobre el reino y cumplir sus más salvajes fantasías. El futuro ahora estaba en sus manos, y no había límite para lo que podía lograr.
Arion observaba a Marcus con atención mientras este explicaba los detalles de cómo utilizar sus recién adquiridos poderes de control mental. Cada palabra resonaba en su mente, alimentando su ansia por poner en práctica su nueva habilidad.
"Existen 2 formas de usar este poder la forma principal de utilizar tus poderes", comenzó Marcus con voz grave y llena de conocimiento, "es mirar a tu víctima directamente a los ojos. Una vez logres esto, esa persona se convertirá en un títere, obedeciendo cualquier orden que le des y actuará de la forma que quieras. Incluso puedes dejarla como un títere sin emociones, un ser vacío que solo existe para cumplir tus mandatos".
Las palabras de Marcus resonaron en la mente de Arion, llenándolo de emoción y anticipación. La idea de tener el control absoluto sobre las personas a su alrededor, de manipular sus pensamientos y acciones a su antojo, lo llenaba de una sensación de poder indescriptible.
"Es excitante, ¿verdad?", continuó Marcus con una sonrisa siniestra. "El poder de controlar a otros, de doblegar su voluntad y hacer que se sometan a ti. Es un poder que pocos pueden resistir".
Arion asintió con fervor, sintiendo la adrenalina correr por sus venas mientras imaginaba las infinitas posibilidades que se abrían ante él. Con este poder en sus manos, sería capaz de alcanzar cualquier objetivo, de obtener cualquier cosa que deseara. Ya no habría límites para lo que podría lograr.
Marcus observó a Arion con una expresión de complicidad mientras continuaba explicando los matices de su poder recién adquirido.
"Sin embargo", continuó Marcus, "la segunda forma de utilizar tu don. Una forma más sutil y cautelosa, pero igualmente efectiva".
Arion escuchaba con atención, sintiendo la intriga crecer dentro de él mientras esperaba escuchar los detalles de esta nueva faceta de su poder.
"Esta segunda forma implica influir en la mente de tus víctimas de manera más sutil", explicó Marcus. "En lugar de convertirlas en títeres visibles, puedes manipular sus acciones y pensamientos desde las sombras, haciéndoles actuar de la forma que tú ordenes sin que siquiera sean conscientes de que están siendo controladas por alguien más".
Arion asintió, absorbiendo cada palabra con avidez mientras imaginaba las infinitas posibilidades que se abrían ante él con esta nueva habilidad.
"Es una herramienta poderosa", continuó Marcus, "que te permitirá esclavizar completamente a tus víctimas sin que nunca sospechen que están bajo tu control. Tu influencia se extenderá a través de sus mentes, atándolas a tu voluntad".
Con una sonrisa siniestra en su rostro, Arion asintió con determinación. Estaba listo para poner en práctica estas nuevas enseñanzas y comenzar a ejercer su dominio sobre el mundo que lo rodeaba.
Arion cerró los ojos y dejó que sus pensamientos vagaran por los oscuros recovecos de su mente recién potenciada por el control mental. La idea de someter a la reina Elara y a la princesa Arianne a su voluntad despertaba un ardiente deseo dentro de él, un deseo que palpitaba con cada latido de su corazón.
En su imaginación, visualizó a la reina y a la princesa ante él, indefensas y sometidas a su poder. Se acercó a ellas con una sonrisa perversa en su rostro, sus manos ansiosas por explorar los contornos de sus cuerpos. Con los ojos llenos de lujuria, imaginó cómo acariciaría sus suaves pechos, jugando con ellos como si fuera un niño pequeño con un nuevo juguete.
La idea de sujetar esos pechos firmes y llenos en sus manos lo llenaba de excitación, y en su mente, podía sentir la suavidad de su piel bajo sus dedos. Se deleitó en la idea de hacer que las mujeres gemían de placer bajo su toque, convirtiéndolas en sus esclavas de placer para su propio deleite egoísta.
Marcus se aproximó a Arion, con una voz serena pero cargada de peso, le dijo:
—Arion, mi tiempo ha llegado a su fin. Mi energía se agota. Te deseo lo mejor en tu futuro. Aprovecha el poder que te regale y abusa de él.
Arion lo miró emocionado. Sabía que el control mental que ahora poseía era un arma muy poderosa.
Marcus asintió solemnemente antes de continuar:
—Usa tu poder para esclavizar a la familia real y satisfacer tus más profundos deseos.
Con un último gesto de despedida, Marcus desapareció en una neblina oscura, dejando a Arion solo.
Arion sabía que con su recién descubierto poder de control mental, podría hacer realidad estas fantasías retorcidas. Una sonrisa siniestra se extendió por su rostro mientras se sumergía aún más en sus oscuros deseos, planeando meticulosamente cada detalle de cómo haría que la reina y la princesa cayeran rendidas a sus pies.
Arion sintió como si estuviera emergiendo de un profundo sueño cuando abrió lentamente los ojos. Al principio, todo era borroso, pero gradualmente la neblina se disipó y se encontró mirando directamente a un par de pechos enormes y jugosos que se balanceaban suavemente ante él. Sorprendido y confundido, parpadeó varias veces antes de levantar la mirada y encontrarse con los ojos preocupados de la princesa Arianne, que lo observaban con ansiedad.
—¡Oh, estás despierto! —exclamó Arianne con alivio, su voz suave y melodiosa resonando en los oídos de Arion.
Arion trató de sentarse, sintiendo un mareo momentáneo mientras recuperaba su conciencia por completo. Arianne le ofreció ayuda y le sostuvo con gentileza.
—¿Estás bien? ¿Cómo te sientes? —preguntó Arianne con preocupación, sus ojos verdes escudriñando el rostro de Arion en busca de señales de malestar.
Arion asintió lentamente, su mente aún tratando de procesar lo que acababa de experimentar. Cuando Arianne le preguntó por su nombre, Arion se sintió momentáneamente sorprendido, como si hubiera olvidado quién era en medio del caos de sus emociones.
—Soy Arion —respondió finalmente, su voz sonando ronca por el largo sueño y la conmoción de la experiencia.
Una sonrisa suave iluminó el rostro de Arianne mientras escuchaba su nombre.
—Arion... Es un lindo nombre —dijo Arianne con dulzura, sus ojos brillando con un brillo reconfortante.
Después de una conversación amena con la princesa, Arion la vio partir hacia otros deberes en el castillo. Mientras se alejaba, Arion se quedó parado en el mismo lugar, sumido en sus pensamientos. "¡Soy un completo idiota!", se reprendió mentalmente.
Se maldijo por haber desperdiciado la oportunidad perfecta. En ese momento, podría haber utilizado sus poderes para someterla a su voluntad, convirtiéndola en su esclava de placer. Podría haberle ordenado que chupara su pene y satisficiera cada uno de sus deseos más oscuros. Pero en lugar de eso, se dejó llevar por la charla, distraído y sin aprovechar el poder que tenía a su disposición.
Arion se golpeó suavemente la frente con la palma de la mano, sintiendo una mezcla de frustración y arrepentimiento. Sabía que debía ser más astuto en el futuro, no podía permitirse desperdiciar otra oportunidad como esa. Con determinación en sus ojos, se prometió a sí mismo que la próxima vez no dejaría pasar una oportunidad tan valiosa.
Arion yacía en su cama dentro de la carpa, aún debilitado por las heridas hechas por los esclavistas fue entonces cuando vio entrar a Miura Hilt, conocida por su destreza con el arco y la flecha. Ella llevaba una bandeja de comida, una gentileza que Arion no esperaba. Observó cómo se acercaba, notando los delicados rasgos de su rostro y la confianza en su paso.
Miura le ofreció la bandeja con una sonrisa, pero antes de que pudiera decir algo, Arion se concentró en sus ojos y liberó su poder de control mental. Miura pareció reaccionar ligeramente al influjo de Arion, soltando la bandeja con un ligero gemido antes de ponerse en posición de firmes, como si estuviera bajo un trance. Arion sintió un hormigueo de anticipación al ver que sus poderes funcionaban, contemplando con lujuria el cuerpo de Miura mientras ella permanecía frente a él.
A pesar de no tener la misma exuberancia que la princesa Arianne, Arion encontró a Miura igualmente atractiva, debido a su habilidad y valentía en el campo de batalla. Sabía que ahora podía utilizarla para satisfacer sus deseos más oscuros, y eso lo llenaba de excitación.
Arion sintió un escalofrío de emoción recorrer su cuerpo al darse cuenta de que su poder funcionaba. Observó a Miura con lujuria, notando cada curva de su figura y la forma en que su uniforme se ajustaba a su cuerpo. Sabía que ahora podía hacerla suya, usarla para satisfacer sus deseos más oscuros.
Con una sonrisa maliciosa, Arion se levantó lentamente y se acercó a Miura, quien permanecía inmóvil frente a él. En su mente, ya estaba planeando cómo utilizaría su poder sobre ella para su propio placer.
Arion se encuentra recostado, observando con admiración el inerte y sexy cuerpo de Miura en posición de firmes, que destaca incluso en la penumbra de la carpa. Impulsado por un deseo de lujuria, sin vacilar, le ordena a Miura que se suba a la cama y le de una rica mamada. Miura al recibir la orden de Arion, y responde con un "sí, amo" con un tono de voz inexpresivo.
Con delicadeza, Miura sube a la cama y se arrodilla junto a Arion y coloca su boca en el pene de su amo. Su lengua suave, comienza el pene de Arion, liberando todo el estres acumulado. Cada movimiento de la boca de Miura brinda un alivio que se extiende por todo el cuerpo de Arion.
Arion contempla con satisfacción el poder que ha obtenido sobre Miura gracias al hechizo que ejerce sobre ella. Observa cómo Miura, antes una valiente y poderosa guerrera, se convierte en poco más que un títere, un simple juguete bajo su dominio. Esta idea le llena de un placer profundo, alimentando su ambición y sus deseos más oscuros.
Consciente del control que ahora ejerce sobre Miura, Arion no puede evitar pensar en las posibilidades que se abren ante él. Sueña despierto con la idea de hacer suyos a todos los miembros de Las Valquirias de Avaloria: la princesa, las demás guerreras e incluso la propia reina. Se imagina cómo utilizará sus cuerpos y sus pechos para su propio placer, sometiéndolos a sus deseos más profundos y oscuros.
En su mente, el futuro se presenta lleno de promesas de placer y poder. Arion se ve a sí mismo como el gobernante supremo del reino, con todas las mujeres a su disposición, listas para satisfacer cada uno de sus caprichos. Con una sonrisa de anticipación, se sumerge en sus fantasías más salvajes, convencido de que muy pronto el reino será suyo en cuerpo y alma.
Arion se sumerge en un placer indescriptible mientras Miura le complace, satisfaciendo sus deseos más íntimos. A medida que se acerca al clímax, le ordena a Miura que, una vez haya expulsado su semilla, se retire a su carpa para dormir y olvidar lo ocurrido. Miura responde con un simple "Sí, amo", su voz carente de emoción o voluntad propia.
Después de unos minutos de éxtasis, Arion alcanza el clímax y Miura cumple con su orden. Se retira silenciosamente, dejando a Arion solo en su carpa. Satisfecho pero ansioso por más, Arion se acomoda en su lecho, dejando que el sueño lo envuelva mientras anticipa los placeres que le deparará el futuro. Con la promesa de nuevas conquistas en mente, se sumerge en un sueño lleno de ambiciones y deseos.
What's next?
Disable your Ad Blocker! Thanks :)
La Caída de Avaloria
Historia
En el reino de Avaloria, un paraíso de belleza natural y armonía entre diversas razas, la paz se ve amenazada por fuerzas oscuras y un deseo insaciable de poder. Las Valquirias, un grupo de valientes guerreras lideradas por la princesa Arianne y protegidas por la benevolente reina Elara, luchan por mantener la estabilidad y la justicia en su tierra. Tras regresar de una misión crucial contra los esclavistas que azotan su reino, las guerreras disfrutan de un breve descanso, preparándose para eliminar completamente a las redes esclavistas que amenazan Avaloria. No obstante, un peligro mucho mayor se avecina cuando Arion, un joven campesino marcado por años de sufrimiento y esclavitud, descubre que posee poderes oscuros de control mental. Aprovechando sus nuevas habilidades, Arion planea usar su influencia para corromper y someter a las figuras más poderosas del reino: la reina Elara, la princesa Arianne y las Valquirias. Con sus capacidades de control mental, pretende convertirlas en sus esclavas sexuales y en instrumentos de su dominio, alimentando su sed de poder y venganza.
Updated on Dec 5, 2025
by Alman02
Created on Dec 2, 2025
by Alman02
- All Comments
- Chapter Comments