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Chapter 76 by bla12 bla12

¿Qué pasa después de la presentación?

Julia le reclama a Magi

El vestuario estaba frío y Julia no dejaba de temblar. Envuelta en la toalla, se mecía ligeramente, como si intentara consolarse a sí misma. Cuando Magi entró, Julia alzó una mirada devastada.

—Dijiste que sería transformador —susurró, con la voz rasgada por el llanto silencioso—. Dijiste que sería arte. Pero solo fue... humillación. Pura y simple. Me sentí tan expuesta... Tan violada.

Magi se acercó lentamente, como quien se aproxima a un animal herido. Su propio corazón latía con fuerza, cargado de una culpa que amenazaba con ahogarla. Vio en Julia el reflejo de su propio dolor pasado.

—Lo sé —dijo Magi, y esta vez su voz sonó genuinamente quebrada—. Lo sé, Julia. La primera vez es... inimaginable. Te sientes traicionada por tu propia piel.

—¡Tú sabías! —acusó Julia, con un destello de rabia—. ¡Sabías lo del agua! ¡Sabías que se transparentaría!

Magi no lo negó. Asintió lentamente, dejando que el peso de su complicidad se hiciera visible.

—Lo sabía. Y te lo dije. ¿Recuerdas? Te dije que la tela era traicionera. Que el agua revela todo. —Hizo una pausa, buscando las palabras que May una vez usó con ella—. Pero saberlo y vivirlo... son cosas diferentes. Lo siento. De verdad.

Julia se sorprendió por la disculpa. La esperanza, débil y tóxica, asomó en sus ojos.

—Entonces... ¿puedo irme? ¿Puedo romper el contrato?

Magi se sentó a su lado en el banco frío. Tomó una de sus manos heladas entre las suyas.

—Julia, mira el contrato... —dijo suavemente—. Si te vas ahora, no solo no verás el dinero... sino que deberás pagar una penalización por incumplimiento. Una cláusula que protege los gastos de preparación. Serían... miles. Que no tienes.

Julia palideció, el poco alivio que había sentido se esfumó.

—¿Una penalización? Pero... eso es...

—Injusto —completó Magi—. Sí. Lo es. Este mundo... es injusto. —Apretó su mano—. Pero si te quedas, el dolor de hoy no será en vano. El dinero llegará. Podrás pagar todo. Será tuyo. Y no estarás sola. Yo estaré aquí. Te ayudaré a aguantar. Como a mí me hubiera gustado que me ayudaran.

Era una mentira. Magi no podría protegerla. Pero sonó cierta en su boca, impregnada de su propia necesidad de redención.

—¿Y la próxima vez? —preguntó Julia, con voz de niña asustada.

—La próxima vez estarás más preparada —murmuró Magi, acariciándole el pelo con una ternura que no sentía—. Sabrás a lo que vas. Y yo estaré ahí, vigilando. No estás sola en esto. Lo superaremos juntas.

Julia se dejó consolar, agarrándose a la promesa vacía de hermandad como a un salvavidas. Magi la abrazó, sintiendo cómo los sollozos de la chica empapaban su hombro. No era el abrazo de una aliada, sino el de un verdugo que pide perdón a su víctima antes de llevar a cabo la sentencia. Magi sabía que la estaba condenando a más de lo mismo, pero la culpa y el miedo a May eran más fuertes que su compasión. Había creado un lazo de dependencia envenenada. Y ahora, ambas estaban atrapadas en la misma red.

¿Qué pasa el próximo día?

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