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Chapter 75 by bla12 bla12

¿Cómo es la presentación de Julia?

Con trasparecería

El ambiente en el acuario era distinto al de cualquier otro día. La luz habitual, clara y azulada, había sido reemplazada por una iluminación tenue y dorada que creaba pozos de sombras seductoras. Música ambiental, un eco de sonidos submarinos mezclados con cuerdas sutiles, se filtraba por los altavoces ocultos. No era el bullicio de las familias, sino el murmullo bajo y expectante de adultos que habían pagado una suma considerable por una "experiencia exclusiva": la presentación de la nueva sirena.

Magi se movía entre los invitados como un fantasma avergonzado. Su atuendo, un bikini blanco mínimo que May consideraba el "uniforme de servicio" para estas veladas, le parecía cada vez más una burla. La tela, que ya de por sí era escasa, se sentía como una delgada capa de pintura sobre su piel. Cada vez que llevaba una bandeja con copas de champagne o canapés, sentía las miradas como dedos que recorrían su cuerpo, evaluando, midiendo, deseando. Todavía no se acostumbraba. Cada risa ahogada, cada comentario susurrado que captaba, le erizaba la piel. Cruzaba los brazos instintivamente sobre el pecho cuando podía, un gesto inútil que May siempre corregía con una mirada gélida desde la esquina de la habitación.

—Sonríe, Magi —le susurró May al pasar junto a ella, con una sonrisa falsa y perfecta para los invitados—. Eres parte de la decoración. Las decoraciones no se avergüenzan.

Magi forzó los músculos de su cara en una mueca que pretendía ser alegre y siguió circulando, sintiendo el frío del suelo de mármol bajo sus pies descalzos.

La música ambiental se desvaneció hasta quedar en un silencio expectante. Todas las miradas se volvieron hacia May, quien se colocó en el centro de la sala, bajo la luz dorada de un foco que parecía creado solo para ella. Con una sonrisa amplia y cargada de teatralidad, alzó los brazos, abarcando con su gesto a todo el selecto grupo de suscriptores.

—¡Queridos amigos, amantes del arte y la belleza única! —comenzó, su voz un instrumento perfectamente modulado que resonó en la sala—. Esta noche es especial. No solo los reunimos para disfrutar de la intimidad de las profundidades, sino para ser testigos privilegiados de un estreno absoluto.

Hizo una pausa dramática, dejando que la curiosidad se apoderara de los invitados. Magi, desde su rincón, sintió un nudo de angustia apretándosele en el estómago. Sabía lo que venía.

—Durante semanas, hemos estado refinando nuestro concepto más preciado —continuó May, caminando lentamente hacia el tanque principal—. Buscando no solo una intérprete, sino un espíritu salvaje capaz de encarnar la esencia pura del mito. Alguien que no represente a la sirena, sino que se convierta en ella.

Las luces dentro del tanque se atenuaron aún más, creando un misterioso suspense. Julia, invisible por un momento, debía estar aterrorizada en la penumbra acuática.

—El arte —prosiguió May, con un tono casi reverencial— exige entrega total. Vulnerabilidad absoluta. Y hoy, tenemos el honor de presentarles a una joven que ha aceptado ese desafío con una valentía que quita el aliento. Que ha renunciado a todo prejuicio para sumergirse en la verdad cruda de la fantasía.

Magi apretó la bandeja que sostenía hasta que los dedos le dolieron. Cada palabra de May era un clavo en el ataúd de la inocencia de Julia, envuelta en el lenguaje edulcorado del "arte".

—Así que, sin más preámbulo —anunció May, con voz triunfal—, les presento a ‘Marina’, nuestra perla abisal, ¡la sirena nueva que dará que hablar! ¡Déjense hechizar por su gracia salvaje!

En ese preciso instante, un potente haz de luz blanca y fría se encendió dentro del tanque, bañando a Julia con una claridad brutal. El efecto fue instantáneo y devastador. El agua había hecho su trabajo: el diminuto top blanco era tan transparente como el cristal que la separaba del público, pegándose a su piel y exponiendo cada detalle de su cuerpo con una obscenidad innegable.

Un murmullo colectivo, mezcla de sorpresa y morbo, recorrió la sala. Algunos invitados se inclinaron hacia adelante, otros sonrieron con complicidad. Las cámaras de los teléfonos se alzaron como una mancha de luces digitales hambrientas.

La expresión de Julia fue de puro y visceral horror. Su sonrisa forzada se quebró por un segundo, sus ojos se abrieron desmesuradamente al mirar hacia abajo y comprender. Nadó instintivamente hacia un rincón, tratando de refugiarse detrás de un coral artificial, pero el movimiento solo acentuó la desnudez y su torpeza dentro de la cola.

Magi no pudo evitar un flashback paralizante: ella, en ese mismo tanque, descubriendo la misma traición de la tela, sintiendo que el mundo se derrumbaba a su alrededor. La misma impotencia, la misma vergüenza. Pero esta vez, ella estaba del otro lado. Y había sido su mano la que le había pasado el top, la que le había asegurado que era necesario.

La culpa le golpeó con una fuerza nauseabunda. Era cómplice. Había preparado el sacrificio y ahora asistía a él con una bandeja de champagne en la mano.

May, lejos de mostrarse preocupada, sonreía con satisfacción. El "efecto transparencia" nunca era un accidente. Era una parte crucial del espectáculo, una prueba de fuego para las nuevas y un recordatorio picante para los suscriptores de qué era lo que realmente financiaban.

—Brindemos —oyó Magi que decía May, alzando una copa que un camarero le acercó—. Por la belleza cruda. Por el arte que no tiene miedo a mostrarlo todo.

Los invitados rieron y brindaron. Magi intentó sonreír, pero sus labios se negaban a obedecer. Solo podía mirar cómo Julia, atrapada en su jaula de agua y luz, intentaba recomponer su máscara de sirena serena mientras su mundo se hacía añicos detrás del cristal. Y supo, con una certeza que le heló el alma, que nunca se perdonaría por esto.

¿Qué pasa después de la presentación?

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