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Chapter 22
by
bla12
¿Cómo sigue?
Sesión de fotos
La luz principal era un sol artificial que la golpeó con fuerza, blanqueando momentáneamente su visión y erizando su piel. Bajo su calor, las perlas del micro bikini se calentaron casi de inmediato, convirtiéndose en pequeñas brasas contra su piel. Magi parpadeó, tratando de adaptarse, pero todo a su alrededor era un borrón de sombras expectantes y el ojo negro de la cámara apuntándole como un arma.
—Perfecto. Quieta. Solo respira —La voz del fotógrafo era calmada, profesional, lo que hacía la situación aún más surrealista—. Vamos a empezar con algo sencillo. De pie. Espalda recta. Gira la cabeza hacia el hombro izquierdo. Sí, así. Mira por encima del hombro, hacia la cámara.
Magi obedeció. El movimiento, tan simple, hizo que el diminuto triángulo de seda de la parte de arriba se desplazara levemente, rozando su piel de una manera que le provocó un escalofrío. Sintió el impulso instantáneo de cruzarse de brazos, de cubrirse, pero las miradas de los clientes y de Elara, que observaba desde un costado con los brazos cruzados y una expresión de satisfacción silenciosa, la paralizaron.
—Excelente. Ahora, lentamente, lleva las manos a la nuca. Sin prisas. Deja que los codos caigan naturalmente —instruyó el fotógrafo.
Magi alzó los brazos. Fue la pose más expuesta de su vida. El arqueo de su torso estiró la piel de su abdomen y elevó sus senos, haciendo que la precaria cobertura del bikini se tensara hasta el límite. Un murmullo de aprobación, bajo pero audible, surgió del pequeño grupo de clientes. El hombre del traje caro asintió lentamente, tomando un sorbo de champán.
—Quiero ver la línea de la columna. Arquéate un poco más. Sí. Ahora sostén —el fotógrafo se acercó, el obturador de la cámara disparando en ráfagas rápidas, click-click-click-click.
Cada click era como el golpe seco de un martillo clavando su vergüenza en un tablero. El flash estallaba, cegándola por microsegundos, congelando su imagen en una pose de sumisión forzada. Sentía el sudor frío resbalando por sus costillas, y rezó para que la luz lo ocultara.
—Muy bien. Ahora en el suelo. Siéntate sobre tus talones. Piernas separadas, solo un poco. Apoya las manos detrás, en el suelo —La siguiente orden llegó sin pausa.
Magi bajó, sintiendo el frío del papel de fondo contra sus nalgas desnudas. La posición era profundamente ****, abriendo su cuerpo de una manera que la hizo contener la respiración. Al apoyar las manos detrás, su pecho se elevó inevitablemente, ofreciéndose a la cámara.
—Perfecto. Ahora mira a la cámara. No a mí. A la lente. Quiero ver tus ojos —dijo el fotógrafo, agachándose a su nivel.
Magi forzó la mirada hacia el negro profundo del objetivo. En su reflejo, vio una versión diminuta y distorsionada de sí misma: pálida, asustada, casi irreconocible. Click-click-click.
—Un poco más de drama. Inclínate hacia adelante, como si fueras a susurrar un secreto a la cámara —El fotógrafo hizo un gesto con la mano.
Al inclinarse, el escaso tejido del bikini se hundió aún más, exponiendo la parte superior de sus senos. Una de las asistentes en el borde del set soltó un suspiro audible. Magi sintió que las lágrimas le nublaban la visión, pero parpadeó con fuerza para contenerlas. Llorar sería otra capa del espectáculo, y se negaba a dárselos.
—¡Excelente! ¡Mantén esa emoción! —gritó el fotógrafo, disparando frenéticamente.
El cliente principal se acercó a Elara, hablando en voz baja pero no lo suficiente.
—La vulnerabilidad es palpable. Se venderá muy bien en la campaña de primavera. Tiene esa... pureza quebrada que buscamos —dijo.
Elara sonrió. —Es una profesional. Sabe entregarse al arte.
Las palabras resonaron en Magi como un latigazo. Entregarse. No era arte. Era un sacrificio.
La sesión continuó con una sucesión de poses cada vez más intrincadas y expuestas: de costado con las piernas recogidas pero abiertas, boca arriba con los brazos extendidos como en crucifixión, de rodillas con la espalda arqueada hasta el límite. Cada movimiento era coreografiado para maximizar la sugerencia y la exposición, siempre al borde de lo explícito, pero sin cruzar técnicamente la línea. El fotógrafo y Elara eran maestros en ese juego.
El calor de los focos era asfixiante. El sudor recorría su cuerpo, haciendo que la seda diminuta se pegara y resbalara alternativamente, creando un tormento sensacional constante. El olor a su propio miedo se mezclaba con el perfume caro de los clientes y el aroma del champán.
Después de lo que pareció una eternidad, el fotógrafo bajó la cámara.
—Tenemos suficiente. Es todo —anunció.
El silencio que siguió fue roto por un aplauso lento y deliberado del cliente principal. Los demás se unieron, unos con entusiasmo, otros con la formalidad de una transacción comercial concluida.
Magi permaneció en el suelo, inmóvil, agotada. La luz principal se apagó, dejándola en una penumbra relativa que sintió como un refugio momentáneo. Pero las miradas aún estaban allí, grabadas en su piel, al igual que el recuerdo de cada click de la cámara. Se había convertido en exactamente lo que Elara quería: un lienzo en blanco que ahora estaba lleno de las imágenes que otros habían dibujado sobre ella. Y supo, con una certeza helada, que esta sesión era solo la primera de muchas.
¿Qué pasa cuando termina la sesión?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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