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Chapter 17
by
bla12
¿Qué pasa en la fiesta?
No era a lo que estaba acostumbrada
El loft era un latido de música electrónica y luces estroboscópicas que se filtraban por las ventanas altas. Un mar de cuerpos sudorosos se movía al unísono, una masa anónima de superhéroes, zombies, vampiresas y personajes de anime. El aire era pesado a **** barato, perfume y humo de máquina.
Magi se quedó paralizada en la entrada, agarrando el fino material del top como si fuera una armadura. El vinilo de la minifalda le crujía con cada respiración acelerada, un sonido que le recordaba absurdamente al de los guantes de goma en el suelo del baño. Cada centímetro de su piel expuesta al aire le quemaba, no por el calor de la fiesta, sino por la hiperconsciencia de su propia exposición.
Valeria, disfrazada de una versión igualmente sexualizada de una mecánica, le dio un codazo.
—¡Relájate! ¡Es una fiesta! ¡Nadie te muerde! —gritó para hacerse oír sobre la música, antes de sumergirse en la multitud y desaparecer casi de inmediato, absorbida por el caos.
Magi intentó seguirla, pero se sintió como un náufrago en medio de un océano de frivolidad. Avanzó cojeando ligeramente (el tobillo aún le recordaba su existencia) entre la gente, sintiendo cómo las miradas se posaban sobre ella. No eran las miradas de desprecio calculado de la academia, sino algo diferente, pero igualmente intenso: curiosidad, morbo, aprobación lasciva.
—¡Oye, policía! ¿Vas a arrestarme? —le gritó un tipo disfrazado de prisionero a rayas, acercándole la cara con una sonrisa ebria y una mirada que le recorrió el cuerpo de arriba abajo.
Magi se encogió, desviando la mirada y apretando el paso, solo para tropezar con otro grupo.
—Uy, perdona, oficial —dijo una chica con orejas de gato, riéndose mientras su mirada se detenía en las largas piernas de Magi, enfundadas en medias de red que formaban parte del disfraz y que le recordaban a una telaraña—. ¿Buscas refuerzos? ¡Aquí hay un delito de aburrimiento!
Las risas la siguieron. Cada comentario, cada mirada, era un eco distorsionado de los que recibía en la academia, pero aquí, envueltos en el disfraz de la fiesta, carecían de la malicia personal de Costa... pero no por eso dolían menos. La convirtieron en el centro de atención de una manera que la hacía sentir profundamente incómoda. No era Magi. Era un objeto. Un chiste.
Encontró un rincón relativamente tranquilo cerca de una columna, lejos de la pista de baile. Se apoyó contra la pared fría, cruzando los brazos sobre el estomago expuesto en un intento instintivo de cubrirse. Observaba a la gente bailar, reír, fluir con una naturalidad que a ella se le antojaba imposible. Se sentía como un impostor, no solo por el disfraz, sino por dentro. La seriedad, la ansiedad, la humillación que cargaba eran como un peso muerto que la anclaba en medio de la frivolidad.
Un chico se acercó a ofrecerle un vaso de un líquido azul eléctrico.
—¿Sed? Pareces necesitarlo —dijo con una sonrisa que pretendía ser simpática, pero su mirada se deslizó directamente hacia su escote.
Magi negó con la cabeza con un movimiento seco, apartando el vaso con la mano. El chico se encogió de hombros y se fue, buscando presa más fácil.
¿Éste era el olvido que Valeria le había prometido? ¿Sentirse observada y deseada por las razones equivocadas? ¿Convertir su trauma en un fetiche para desconocidos borrachos?
Cerró los ojos por un momento, pero detrás de los párpados solo veía el suelo sucio de los baños, la sonrisa fría de Costa, los jirones del uniforme rosa. El disfraz, en lugar de liberarla, actuaba como un recordatorio grotesco. Cada crujido de vinilo era una risa burlona. Cada mirada sobre su piel, un eco de las que recibía en el patio de la academia.
Se sintió atrapada. No podía irse; no tenía cómo avisar a Valeria y no quería parecer más rara de lo que ya se sentía. Pero quedarse era una tortura de otra índole.
De pronto, una canción más llena y con una base profunda llenó el loft. La multitud en la pista de baile coreó el estribillo y se agitó con más energía. Un grupo de chicos, al verla acurrucada en su rincón, empezó a hacerle señas para que se uniera, riendo, moviendo las caderas de manera exagerada en su dirección.
Magi sacudió la cabeza, forzando una sonrisa tensa que se sentía como una mueca. Uno de ellos se separó del grupo y empezó a caminar hacia ella, bailando de manera ridícula y provocativa.
Era el momento de huir.
Girando sobre sus talones, se abrió paso entre la gente, ignorando los gritos de "¡Eh, ¿a dónde va, oficial?!" y "¡La diversión está aquí!". Buscó desesperadamente una salida, un balcón, un baño, cualquier lugar donde poder respirar lejos de las miradas.
Finalmente, encontró una puerta semiabierta que conducía a un pequeño balcón con vistas a un callejón latera. El aire frío de la noche la golpeó como una bofetada salvadora. Salió y apoyó las manos temblorosas en la barandilla metálica, respirando hondo, tratando de calmar el galope de su corazón.
Desde abajo, el sonido de la fiesta era un latido sordo y lejano. Aquí, sola, por fin podía pensar. O no pensar. Solo sentir el frío en la piel, un frío que no era el del agua helada de Costa, sino uno que limpiaba, aunque fuera momentáneamente.
Miró su reflejo distorsionado en el cristal sucio de la ventana del balcón. La figura de la policía sexy parecía fuera de lugar, triste y **** bajo la tenue luz de la farola del callejón. Se ajustó la gorra, no por coquetería, sino en un gesto absurdo de buscar algo de dignidad en aquella parodia.
La liberación no había llegado. Solo había cambiado de escenario. La fiesta, el disfraz, la atención... todo era solo otro tipo de exposición, otro recordatorio de que, llevara lo que llevara, su cuerpo se había convertido en un objeto para la mirada de los demás. Y esa noche, ella misma había elegido ponerse la máscara de su propia humillación.
¿Qué pasa después?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
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Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
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