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Chapter 97
by
bla12
¿Qué pasa al llegar al club?
May les da los uniformes para el evento
La camioneta negra, con ventanas tintadas, se deslizó por la zona portuaria como una sombra. En su interior, el silencio era tan denso que Magi podía oír el crujir del latex de la máscara genérica que May les había dado para el viaje, cada vez que respiraba. Las otras cuatro chicas eran siluetas inmóviles, sus rostros ocultos tras simples antifaces negros. El anonimato, prometido como un escudo, se sentía como una sofocante capucha.
La camioneta se detuvo en un callejón trasero, frente a una puerta metálica sin marca. May, que iba en el asiento delantero, bajó y abrió la puerta lateral.
—Salgan. Rápido —ordenó, su voz cortando la noche húmeda.
Las cinco descendieron, sintiendo el pavimento frío bajo sus sandalias de tela. May las guio a través de la puerta metálica y por un estrecho pasillo de concreto que olía a cerveza rancia y desinfectante. Finalmente, abrió una puerta que conducía a una despensa fría y mal iluminada, convertida en un vestuario improvisado.
Colgadas de una barra, cinco atuendos esperaban. Eran trajes elaborados, grotescamente reveladores, diseñados no para nadar, sino para ser contemplados.
—Sus uniformes para la velada —anunció May con la frialdad de un director de escena—. Serán estatuas vivientes. El concepto es "Las Sirenas Perdidas de la Costa". Deberán permanecer inmóviles sobre pedestales, interactuando solo cuando un cliente les ofrezca una moneda especial del establecimiento. Un movimiento brusco, un quebrantamiento del personaje, será penalizado. —Su mirada recorrió los antifaces—. Vístanse. Tienen cinco minutos.
Señaló cada traje con nombre.
Para Magi: Un "vestido" hecho enteramente de delgadas tiras de cuero negro entrelazadas, que dejaban ver más piel de la que cubrían. Desde los hombros caía una capa transparente y pesada, como de red de pescar plastificada.
Para Lara: Un torso de látex verde oscuro que se moldeaba a su figura como una segunda piel, del que surgía una falda hecha de afiladas "escamas" de acrílico que no ocultaban nada de sus piernas.
Para Cloe: Un conjunto que simulaba algas marinas, hecho de tiras de seda viscosa verde y marrón, que se enredaban alrededor de su cuerpo de manera estratégica, dejando sus pechos y entrepierna apenas velados por los nudos de la tela.
Para Sofia: Un diseño "roto": un corsé blanco, rasgado y manchado con pintura azul, que forceaba su postura y del que colgaban cadenas plateadas que terminaban en argollas alrededor de sus muñecas y tobillos.
Para Julia: El más simple y el más obsceno: dos bandas cruzadas de spandex color carne que se anudaban a la espalda, y una falda circular de gasa iridiscente tan corta y transparente que era peor que no llevar nada.
Un sollozo ahogado, distorsionado por el antifaz, escapó de Cloe. Sofia retrocedió un paso, chocando con una estantería.
—No —murmuró Sofia, su voz apagada y metálica tras la tela—. No puedo ponerme eso.
May ni siquiera se inmutó.
—Claro que puedes. O puedes regresar a la camioneta y esperar allí. Desnuda. Mientras tus compañeras trabajan. Y luego, discutiremos las consecuencias de tu... artisticidad quebradiza. —Su tono era tan plano que la amenaza resonó con más fuerza que un grito.
Lara fue la primera en moverse. Con movimientos mecánicos, comenzó a despojarse de la ropa de acuario y a enfundarse en el torso de látex verde. No miraba a nadie.
Magi, con los dedos entumecidos, siguió su ejemplo. El cuero frío de las tiras le golpeó la piel. La capa de red pesaba sobre sus hombros como una losa. Cada centímetro de su cuerpo, ya familiarizado con la exposición, se rebelaba contra este nuevo nivel de obscenidad estilizada.
Cloe, temblando, se puso el traje de algas. Las tiras de seda se le adhirieron a la piel mojada de sudor frío. Julia, con su actitud de indiferencia perfecta, se vistió con el atuendo de gasa sin pestañear.
Todas miraron a Sofia. Ella permaneció paralizada, abrazándose a sí misma. May no dijo nada. Solo cruzó los brazos y esperó. El silencio se extendió, lleno de la presión de las miradas enmascaradas de las otras cuatro, suplicando en silencio que obedeciera, que no las condenara a todas a un castigo colectivo.
Finalmente, con un temblor que recorrió todo su cuerpo, Sofia comenzó a vestirse. Las lágrimas resbalaban por su mejilla, encontrando el borde inferior del antifaz y humedeciendo la tela.
Cuando estuvieron listas, cinco criaturas absurdas y vulnerables se alzaron en la despensa, sus formas expuestas y distorsionadas por los trajes. Pero aún conservaban los anónimos antifaces negros, lo que las hacía ver como experimentos fallidos, mitad mujer, mitad espectro.
Fue entonces cuando May abrió una caja larga y estrecha que descansaba sobre una mesa. En su interior, sobre un terciopelo negro, yacían cinco máscaras.
No eran las genéricas del viaje. Eran obras de arte siniestras y elaboradas, cada una perfectamente coordinada con el atuendo que llevaban.
Para Magi, una máscara de media cara de plata bruñida con remaches de estilo steampunk, que simulaba un rostro mecánico y frío, con rendijas angostas para los ojos. Completamente impersonal.
Para Lara, un antifaz de plumas de pavo real verdes y azules, que se ataba con un cordón de cuero, elegantísimo y salvaje, ocultando solo la zona de los ojos y enfatizando la sensualidad de su boca y su barbilla.
Para Cloe, una máscara hecha de fibras verdes entrelazadas, como un nido de algas secas, que le cubría la frente y la nariz, dejando solo una abertura para sus ojos asustados y el temblor de sus labios.
Para Sofia, una máscara de porcelana blanca, agrietada y con un dorado tenue, como un tesoro antiguo rescatado del mar. Tenía una expresión de dolor congelado y se sujetaba con unas cintas de raso que se anudaban como las que tenía en sus muñecas.
Para Julia, la más perturbadora: una máscara de gasa color carne, casi transparente, que se adhería al rostro como una segunda piel. Desde la distancia, parecía que no llevaba nada, que su rostro estaba simplemente... borroso.
—La ilusión se completa con el anonimato —dijo May, entregando cada máscara con la ceremonia de un sacerdote—. Ahora sí. Son criaturas. Son conceptos. Ya no son nadie.
Una por una, se colocaron las nuevas máscaras. Magi sintió el metal frío sobre su piel. El mundo se redujo a dos delgadas rendijas.
—Excelente —musitó May, evaluando su obra—. Ahora, recuerden: son estatuas. No hablan. No se mueven. Son piezas de arte. —Abrió la puerta—. Síganme. Su público las espera.
Las guio entre otro pasillo hacia el sonido amortiguado de música electrónica y murmullos. La puerta se abrió.
La "Gruta de Neptuno" era un espacio cavernoso, iluminado por luces de luz negra que hacían brillar las pinturas fosforescentes de sirenas y pulpos en las paredes. En el centro de la sala, cinco pedestales de diferentes alturas esperaban, cada uno bañado por un foco de luz cenital.
Y alrededor, en la penumbra, decenas de ojos brillaban, expectantes, curiosos, hambrientos.
May les asignó un pedestal a cada una con un gesto. Magi subió a el suyo. La luz la cegó por un segundo. El murmullo de la gente se intensificó a sus pies. Sintió cómo la luz hacía brillar la capa de red y las tiras de cuero, transformándola en una visión etérea y grotesca. La máscara de metal le oprimía los pómulos.
Quedó petrificada, no por la disciplina, sino por el puro y crudo terror. Bajo la máscara elaborada, ya no era Magi. Pero tampoco era un concepto. Era solo un animal acorralado, escondido detrás de un disfraz de plata, expuesta para que todos miraran el cuerpo que la máscara pretendía hacer impersonal, pero que se sentía más suyo y violado que nunca.
¿Cómo empieza el evento?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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