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Chapter 4 by Andres23marquez

What's next?

Maria recibe una leccion

Daniel seguía de pie en medio del apartamento, con la espalda recta por pura tensión. Aún sentía el peso extraño en el pecho, una presión constante que no dolía, pero que exigía atención a cada respiración. No era solo físico: era la sensación de estar inhabitando un error.

Observó a María, luego a Juan. La risa de Juan se había apagado del todo.

“¿Saben qué?” dijo Daniel.

Daniel lo dijo con una serenidad demasiado calculada.

María lo miró con cautela.

“Daniel, no hagas nada impulsivo,” dijo María.

Juan levantó las manos, conciliador.

“Fue una broma, ¿sí? Humor nervioso. Nada más,” dijo Juan.

Daniel negó lentamente con la cabeza.

“Esto ya pasó de broma,” dijo Daniel. “Y me toca a mí pedir.”

Milena flotaba cerca, con expresión resignada.

“Formula el deseo con claridad,” dijo Milena.

Daniel inhaló profundo, sintiendo cómo el cuerpo ajeno reaccionaba incluso a eso.

“Quiero que María y Juan intercambien torsos,” dijo Daniel. “Durante treinta minutos. Y que el cambio incluya el ajuste hormonal correspondiente.”

María abrió la boca.

“Espera—” dijo María.

“Deseo concedido,” dijo Milena, antes de que nadie pudiera detener nada.

No hubo explosión ni luz. Solo un instante de vacío, como si el mundo hubiera parpadeado mal.

Juan fue el primero en reaccionar. Dio un paso… y se detuvo en seco.

“Algo está… mal,” dijo Juan.

Bajó la mirada lentamente.

El torso que ahora tenía no respondía como esperaba. El peso era distinto, más concentrado hacia adelante, alterando su equilibrio natural. Los senos estaban ahí, sí, pero lo que lo descolocó de verdad fue la respuesta interna: una oleada de sensaciones difusas, un ruido emocional constante, como si el volumen del mundo se hubiera subido sin permiso.

“Me siento… expuesto,” dijo Juan.

Juan lo dijo con una voz más suave, menos segura.

Se abrazó a sí mismo por reflejo, buscando estabilidad. El cuerpo parecía pedir cuidado, pausa, contención. Cada movimiento se sentía observado, incluso por él mismo.

“No me gusta cómo todo me afecta,” dijo Juan. “Es como si no pudiera ignorar nada.”

María, mientras tanto, estaba completamente quieta.

Miró su pecho plano. Luego sus brazos. Luego el espacio que ahora ocupaba su cuerpo.

“No siento el peso,” dijo María.

María lo dijo con la voz grave de Juan, sorprendiéndose al oírla.

Pero no era solo ausencia. Era impulso. Una energía directa, casi incómoda, que la empujaba a moverse, a enderezarse, a tomar espacio sin pedir permiso. Se dio cuenta de que estaba de pie con una postura más abierta, más dominante.

“Me siento… cargada,” dijo María. “Como si tuviera mucha energia.”

Dio un par de pasos largos por el apartamento, sin pensarlo.

Juan la miró con una mezcla de envidia y pánico.

“Yo no puedo parar de sentir,” dijo Juan.

Daniel observaba en silencio. Su propia transformación seguía ahí, pero ahora era secundaria. Lo que veía frente a él era más revelador de lo que había esperado.

“Esto no es solo físico,” dijo Daniel.

Daniel lo dijo con voz baja.

Milena asintió, como si fuera obvio.

El reloj invisible siguió avanzando, y por primera vez desde que todo había empezado, nadie habló.

No porque no hubiera nada que decir, sino porque el cuerpo estaba diciendo todo primero.

Que sigue?

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