Disable your Ad Blocker! Thanks :)
Chapter 104
by
bla12
¿Qué pasa el barco?
Magi se convierte en la curadora
El «Siren's Call» era un coloso de blanco y acero pulido que se mecía suavemente sobre un mar de aceite negro. Subir a él fue como cruzar el umbral a otra dimensión, una donde el aire olía a perfume caro, a mar limpio y a dinero antiguo.
Bajo la tenue luz de la cubierta, iluminada por guirnaldas de cristal, la élite se movía con una calma predadora. Hombres con trajes de lino blanco impecable, mujeres con vestidos que fluían como agua y joyas que centelleaban con cada movimiento. Sus risas eran suaves, sus conversaciones, un murmullo de transacciones y privilegios.
Y entre ellos, como peces exóticos en una pecera de zafiro y ébano, se movían Lara, Cloe, Sofia y Julia. Sus cuerpos, enfundados en las intricadas armaduras de seda oscura y metal, parecían fundirse con la noche. Pero fue Magi quien, irónicamente, llevaba el atuendo más revelador. May lo había elegido personalmente para ella: un bikini de "hilos de plata" que era poco más que un conjunto estratégico de cordeles metálicos que se anudaban en su pelvis y se enlazaban alrededor de su cuello, dejando sus pechos y espalda completamente expuestos, solo "cubiertos" por una finísima red de plata que brillaba bajo la luz. Era la encarnación del concepto: la máxima exposición enmarcada en el lujo más obsceno. Su tableta, ahora, era un contraste absurdo contra su piel casi desnuda.
Magi circulaba entre los invitados, su cuerpo una exhibición ambulante que atraía miradas como un imán. Cada paso era una agonía de vulnerabilidad, pero también un recordatorio para las otras: si ella, la "curadora", llevaba eso, ¿qué derecho tenían ellas a quejarse? La crítica silenciosa que podría haber recibido por su nuevo rol se ahogaba en la evidencia de que su propia humillación era igual de profunda, sino mayor.
—Postura, Lara —susurró, pasando junto a ella, que se apoyaba contra la barandilla—. Eres una sirena descansando en las rocas. Arquea la espalda.
Lara la miró, y por primera vez, en lugar de odio, hubo un destello de… ¿piedad? Ver a Magi reducida a unos hilos brillantes parecía equilibrar grotescamente la balanza. Asintió y ajustó su pose.
Un hombre con una copa de coñac se le acercó a Magi, sus ojos recorriendo los cordeles de plata sobre su piel.
—Un diseño… audaz —comentó, su voz un susurro cargado de intención—. ¿Es usted la artista detrás de estas… criaturas?
Magi contuvo el impulso de cruzarse de brazos. En su lugar, apretó la tableta contra su cuerpo, usándola como un escudo simbólico.
—Soy la curadora —respondió, forzando su voz a sonar serena—. Ayudo a que la visión cobre vida. "Criaturas de la Profundidad en la Superficie del Lujo".
—Fascinante —murmuró el hombre, su mirada bajando de nuevo a los hilos de plata—. La contradicción es palpable. ¿Y la sal? ¿Conserva todos los secretos? —preguntó, citando burlonamente una de las frases preestablecidas.
—Solo los que el océano decide devolver —respondió Magi mecánicamente, sintiendo cómo las palabras vacías salían de su boca mientras su piel se erizaba bajo su mirada.
Se acercó a Cloe, que parecía a punto de desmayarse junto a un grupo de mujeres que la examinaban como a un insecto raro.
—Cloe, circula —le ordenó en un susurro—. No eres un exhibit estático. Eres una corriente marina. Muévete.
—«La… la salmuera alimenta los sueños» —balbuceó Cloe hacia ninguna parte en particular, antes de escabullirse, nadando literalmente entre la multitud como le habían enseñado.
Vio a Sofia de pie cerca de Alexander Vance. Él ni siquiera la miraba, pero un socio suyo, un hombre más joven, le deslizaba un dedo por el brazo, examinando la textura del tejido de su traje y la venda de su muñeca.
—¿Herida de guerra, pequeña sirena? —preguntó con una sonrisa condescendiente.
Sofia mantuvo la mirada al frente, pero su respiración se aceleró. Magi intervino rápidamente, deslizándose entre ellos.
—Una marca de las profundidades —dijo, con una sonrisa tensa—. El océano siempre deja su huella. ¿No encuentra, señor?
El hombre se rió, divertido por el juego, y se alejó. Sofia lanzó a Magi una mirada breve, compleja: algo entre gratitud y resentimiento por la intervención.
Julia era la única que parecía haber trascendido la incomodidad. Se había convertido en una sombra viviente, y los invitados más audaces jugaban a "encontrarla" en los rincones, susurrándole las frases estúpidas como si fueran conjuros. Ella solo los miraba con sus ojos vacíos, lo que parecía excitarlos aún más.
Un matrimonio mayor, con joyas que hablaban de siglos de riqueza, se detuvo frente a Lara. La mujer, con una voz tan fría como los diamantes que llevaba, señaló el intrincado encaje de algas metálicas que cubría el costado de Lara.
—¿Es confortable, querida? —preguntó, no por interés, sino como quien pregunta por el bienestar de un mueble raro.
Lara, recordando su entrenamiento, respondió con la mirada perdida en el horizonte:
—El océano no conoce la comodidad, solo la corriente.
El marido sonrió, satisfecho con la respuesta. —Poético. Y rentable, May, siempre rentable —comentó hacia la oscuridad, sabiendo que ella estaba observando desde algún lugar.
Más allá, un pequeño grupo se había congregado alrededor de Cloe. Un hombre con gafas de montura fina le tocó una de las "escamas" de resina que recubrían su cadera.
—¿Material sintético? —preguntó con curiosidad clínica—. ¿Resistente al agua salada?
Cloe, temblando, asintió.
—Como la piel de un tiburón —murmuró, repitiendo una línea que le habían hecho memorizar.
—Fascinante —dijo el hombre, y luego, dirigiéndose a sus amigos—: El nivel de detalle en la degradación estética es remarcable. Una alegoría perfecta de nuestro propio desgaste, ¿no creen?
Cerca de la barra, un trío de jóvenes herederos, claramente ebrios, habían acorralado a Sofia. Uno de ellos le ofrecía una copa de champán.
—Vamos, sirena. Un trago. A ver si escupes burbujas de verdad.
Sofia apretó los puños, la venda de su muñeca parecía apretarse más. Magi se abrió paso entre ellos con una sonrisa forzada.
—Las sirenas solo beben salmuera, caballeros. Les nubla la voz para el canto —dijo, tomando a Sofia del brazo y guiándola lejos, sintiendo cómo la chica temblaba contra ella.
—Odio esto —susurró Sofia entre dientes, una ráfaga de autenticidad en medio del guión.
—Yo también —susurró Magi de vuelta, antes de soltarla y volver a sonreír para la multitud.
Magi sintió una oleada de náusea. Estaba funcionando. El concepto de May era un éxito. Ella era su instrumento más eficaz: mitad carnada, mitad maestra de ceremonias, completamente desnuda y atrapada. Cada interacción era una lección de cómo vender su alma y la de las demás, y cada mirada en su cuerpo casi al desnudo era un recordatorio de que, en este juego perverso, ella había sido puesta en la primera línea de fuego. El yate se mecía, y Magi sentía que con cada balanceo, una parte más de lo que alguna vez fue se desprendía y se hundía en las oscuras aguas del lujo ajeno.
¿Cómo sigue la fiesta?
Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
- All Comments
- Chapter Comments
