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Chapter 53 by bla12 bla12

¿Qué hace Magi con Ceci?

Le muestra la peor parte de su trabajo

La decisión se cocinó en el silencio de la noche, mientras Celia dormía con una sonrisa ingenua en los labios. Magi no había pegado ojo. El plan era arriesgado, desesperado, pero era la única forma: mostrarle el monstruo de frente, con toda su crudeza, para que su hermana huyera aterrada y se salvara.

A la mañana siguiente, con un nudo de hierro en el estómago, Magi guio a Celia hacia el Studio Lumière. No por la entrada principal, sino por una puerta lateral que llevaba directamente a los archivos y a la sala de edición, un lugar que olía a polvo y a desinfectante.

—¿Por aquí? Parece un hospital —comentó Celia, arrugando la nariz, pero sin perder su curiosidad.

—Es donde se guarda el trabajo real —mintió Magi, con la voz tensa.

La sala de edición estaba vacía. Magi encendió uno de los monitores. Su corazón latía con tanta fuerza que sentía que el sonido reverberaba en la habitación.

—Celia, lo que vas a ver… no es glamour. Es lo contrario —advirtió, buscando en los ojos de su hermana un atisbo de comprensión.

—Vamos, Magi, no exageres. Todo el mundo retoca sus fotos —dijo Celia, quitándole importancia.

Magi no respondió. Con un clic, abrió una carpeta etiquetada simplemente como «M - Sesiones Crudas». Y entonces, comenzó el desfile del horror.

No fueron las fotos artísticas del Coleccionista. Fueron las instantáneas más vergonzantes, las que ni siquiera Elara consideraba útiles: Magi con la blusa empapada de café, transparente, el rostro contraído por la humillación. Magi en el body de encaje, forcejeando torpemente con las manos atadas mentalmente por la obediencia. Magi con la espalda arqueada en una pose que era pura sumisión, los ojos vacíos, perdidos.

—Dios mío… —susurró Celia, pero no con horror. Su voz era un hilo de asombro. Se acercó más a la pantalla, sus ojos abiertos como platos.

Magi, confundida, continuó. Le mostró un breve clip de video, mudo, de una de sus primeras sesiones con Lilith. Se veía a Magi temblando, tratando de mantener una pose imposible mientras Lilith la ajustaba con manos impersonales, como si fuera un maniquí.

—Es… es fuerte —dijo Celia, y su tono no era de compasión, sino de algo parecido a la admiración. Su mirada se deslizó de la pantalla a Magi, recorriéndola de arriba abajo—. Tienes que ser increíblemente fuerte para aguantar esto.

Magi sintió que el suelo se abría bajo sus pies. No era la reacción que esperaba.

—¿Aguantar? Celia, esto es… es una violación. Es humillante —intentó explicar, su voz quebrada.

—¡Pero mira! —exclamó Celia, señalando la imagen congelada de Magi en el suelo, después de la sesión del body painting—. ¡Mira tu cara! Estás destrozada, pero hay algo… algo feroz en tus ojos. Como si te hubieran llevado al límite y hubieras sobrevivido. ¡Eso es poder, Magi! ¡No es debilidad!

Magi no podía creer lo que oía. Su hermana menor, la alegre y despreocupada Celia, estaba reinterpretando su tormento como una hazaña de fortaleza.

—No lo entiendes —susurró Magi, desesperada—. Esto me está matando por dentro.

Celia se volvió hacia ella, y en sus ojos brillaba una luz nueva, peligrosa y emocionada.

—¡Claro que lo entiendo! ¡Por fin te entiendo! Siempre pensé que este trabajo te había cambiado, y tenía razón. Te ha hecho más dura. Más… interesante. En la universidad todo es tan aburrido, tan predecible. Pero esto… —señaló la pantalla otra vez—. Esto es real. Esto es vivir al límite.

Se acercó a Magi y le tomó las manos. Sus dedos estaban calientes, llenos de una energía nerviosa.

—Magi, por favor. No me eches. Habla con Elara. Dile que quiero entrar. No tengo miedo. Si tú pudiste con esto, yo también. Quiero… quiero saber cómo se siente. Tiene que ser… emocionante.

Magi retrocedió como si le hubieran quemado. El plan había salido terriblemente mal. En su intento de mostrarle el abismo, solo había conseguido que Celia viera un emocionante parque de atracciones. Su sumisión, su ruptura interna, se habían convertido para su hermana en un símbolo de poder y de una vida intensa.

En ese momento, la puerta de la sala de edición se abrió. Elara estaba allí, apoyada en el marco, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Había escuchado todo.

—Parece que tenemos una nueva aspirante —dijo su voz suave y cortante—. La familia Lumière crece. Qué conmovedor.

Magi miró a Celia, cuyo rostro se iluminó con un entusiasmo terrible al ver a Elara. Luego miró a Elara, cuya expresión era de pura satisfacción voraz.

No había salvado a su hermana. Le había mostrado el camino directo hacia la jaula. Y lo peor era que Celia quería entrar corriendo en ella.

¿Que ordena Elara?

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