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Chapter 38
by
bla12
¿Qué pasa el día siguiente?
Le dan una nueva orden
Magi había vuelto para "asuntos de la misión". Cita a Soler a las 17:00 en su domicilio para devolver la prenda. Aprovecha para sondear su estado de ánimo tras el incidente e informa de cualquier reacción.
Magi dejó la taza de café a medio beber. La sola idea de volver a ese ático, de ver la puerta, el ascensor de cristal, le provocó una náusea física. La sudadera gris y el pantalón de jogging, ahora lavados y doblados con una precisión obsesiva en su mesilla, parecían inertes, pero para ella eran artefactos cargados de la memoria de la humillación.
Pero no había opción. Era una orden. Con dedos que apenas sentía, tomó el teléfono y escribió un mensaje a Adrián, esperando que la formalidad lo disuadiera:
Buenos días, Adrián. Soy Magda. Tengo tu ropa. ¿Podría pasarme a dejártela por tu apartamento esta tarde?
La respuesta fue casi inmediata: Claro. Pasa sobre las 5. Estaré allí.
A las 16:55, Magi se plantó frente al imponente edificio de Torres del Este. Vestía su ropa de civil más anodina —vaqueros y una sudadera holgada—, intentando camuflarse, ser invisible. La bolsa con la ropa de Adrián pesaba como plomo en su mano.
El portero, con uniforme impecable, la reconoció con una leve inclinación de cabeza y abrió la puerta sin mediar palabra. El ascensor, silencioso y rápido, la llevó hasta el último piso. Cada segundo que pasaba, su corazón latía con más fuerza.
Cuando las puertas se abrieron, no se encontró con el silencio expectante de la última vez. Desde dentro del ático llegaban voces: la de Adrián y otra, más aguda, femenina, riendo con despreocupación. Magi dudó en el umbral. ¿Estaba con alguien? ¿Era otra "invitada"? El pánico comenzó a brotar de nuevo. ¿Tendría que actuar, interpretar a "Magda" delante de un testigo?
Antes de que pudiera decidir si huir, Adrián apareció en la entrada. Vestía ropa informal, pero de una elegancia relajada. Su expresión era neutral, pero sus ojos la escudriñaron con rapidez.
—Magda, puntual como siempre —dijo, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Pasa. No te quedes ahí.
La hizo entrar. El ático, bañado por la luz dorada de la tarde, parecía menos siniestro, pero no menos opresivo. Y entonces Magi la vio. Sentada en el sofá blanco, con las piernas cruzadas y bebiendo de una taza de té, había una mujer joven, quizás un poco menor que Adrián, con su mismo pelo oscuro y sus mismos ojos penetrantes, pero con una expresión abierta y curiosa. No vestía con la ostentación de Adrián, sino con un estilo bohemio y desenfadado.
—Magda, te presento a mi hermana, Valeria —dijo Adrián, con un tono que pretendía ser casual, pero que Magi percibió como deliberado—. Valeria, esta es Magda. Una... amiga.
Valeria sonrió, una sonrisa genuina y llena de calor que descolocó por completo a Magi.
—¡Hola, Magda! Es un gusto. Adrián no suele traer... amigas por aquí —le lanzó una mirada cómplice a su hermano, quien respondió con un encogimiento de hombros.
Magi, aturdida, forzó una sonrisa tensa.
—Hola. Igualmente. Yo... solo vine a devolverle esto —alargó la bolsa como si fuera un escudo.
—¡Oh, no me digas que le prestaste ropa! —exclamó Valeria, riendo—. Eso sí que es novedad. ¿Qué hizo, se manchó de vino en una cita? —preguntó, mirando a su hermano con divertida incredulidad.
Adrián tomó la bolsa con un gesto vago.
—Algo así —murmuró, evasivo—. ¿Te apetece un té, Magda? Valeria acaba de hacer una infusión.
—No, no, por favor, no se molesten —se apresuró a decir Magi, deseando desesperadamente escapar—. Solo pasaba a dejar esto. No quiero interrumpir.
—¡Tonterías! —dijo Valeria, levantándose y yendo hacia la cocina—. Ya estás aquí. Además, tengo que oír cómo conociste a mi hermano. Sus historias suelen ser terriblemente aburridas —le guiñó un ojo a Magi.
Magi se quedó paralizada, mirando a Adrián. Él la observaba con una expresión intrigada, como si también tuviera curiosidad por ver cómo manejaría la situación.
—Fue... en un club —logró decir Magi con la voz levemente quebrada—. Ébano.
—¿Ébano? —Valeria frunció el ceño mientras servía otra taza—. Ese sitio tan... oscuro. No me digas que es tu tipo de lugar, Adrián —su tono era de reproche cariñoso.
—Uno tiene que relajarse donde puede, hermana —respondió Adrián con una sonrisa forzada—. Magda era la camarera nueva. Muy... eficiente.
La mentira salió de sus labios con una facilidad que aterrorizó a Magi. Adrián estaba reescribiendo su encuentro, creando una fachada para su hermana. Y ella era cómplice. Valeria le entregó la taza de té a Magi, quien la aceptó con dedos temblorosos.
—Bueno, es un cambio agradable —dijo Valeria, sentándose de nuevo—. Me alegra que conozcas a gente fuera de tu... círculo usual.
Los siguientes quince minutos fueron una tortura surrealista para Magi. Bebió té amargo que no saboreó mientras Valeria hacía preguntas ligeras sobre su vida —preguntas que ella evadió con respuestas vagas— y Adrián observaba en silencio, con una mirada que parecía decir "¿ves lo fácil que es mentir?". Era una puesta en escena familiar, una farsa donde ella era la actriz invitada, obligada a interpretar un papel bajo la atenta mirada de su director.
Finalmente, Magi no pudo soportarlo más.
—De verdad, tengo que irme —dijo, poniendo la taza vacía sobre la mesa con un golpe seco—. Tengo... un turno.
—Claro —dijo Adrián, sin intentar retenerla—. Te acompaño a la puerta.
Valeria se despidió con un abrazo sincero que Magi recibió con rigidez.
—Fue un gusto, Magda. Espero verte otra vez.
En la puerta del ático, Adrián se detuvo. El pasillo estaba vacío.
—Mi hermana es... especial —dijo en voz baja—. Le caíste bien. Eso es interesante —su mirada se volvió más intensa—. Hasta pronto, camarera.
Magi no respondió. Bajó en el ascensor temblando, no por el miedo de antes, sino por la confusión. Había conocido a una persona normal, cálida, en el corazón del lobo. Y eso no hacía a Adrián menos peligroso; lo hacía más complejo, más impredecible. La devolución había terminado. Pero la hermana, Valeria, se había convertido en una variable inesperada, un punto de luz en la oscuridad que, en lugar de consolar, desconcertaba aún más. ¿Era real? ¿O era otra capa de la manipulación de Adrián? Magi no lo sabía. Solo sabía que la misión se había vuelto infinitamente más complicada.
¿Qué pasa el próximo día?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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