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Chapter 4
by
traviezisha
Capítulo 2. Parte 2.
Las grabaciones
Comencé a compartir más y más sobre mis experiencias bebiendo miados ajenos en mi cuenta de Facebook, donde la respuesta fue tan positiva, tan inmediata, que me sirvió de aliciente brutal para hundirme de una forma distinta en esta adicción. Al principio solo eran comentarios: “qué perrita tan caliente”, “muéstranos más puta”, “quiero verte bebiéndolos”. Pero pronto se volvieron demandas: querían evidencias, pruebas de que la perra exhibicionista que era yo realmente existía (y hacía lo que decía hacer). Comencé dándoles detalles morbosos en mensajes privados (el color, el sabor, la ubicación aproximada, y a veces, hasta compartí mi ubicación en tiempo real bajo la condición de que solo se acercaran a ver), luego capturas de pantalla de las conversaciones en que me ponía de acuerdo con el proveedor de miados (también incluyendo horarios, lugares exactos, descripciones de la botella), después ya solo los llenaban fotos mías recogiendo las botellas de la calle, arrodillada en tanga diminuta mientras las tomaba con las manos, o bebiéndolas: grotescos sorbos por la boca de los labios rojos brillantes abiertos como un urinal, o por el ano, insertando la boca de la botella mientras mi interior se llenaba de ese éxtasis amarillo, y mi clítoris inútil palpitaba en su jaula de emoción.
En algún momento, las imágenes dejaron de serles suficientes y comenzaron a pedir videos; yo, siendo la perra exhibicionista que soy, me encendí como gasolina. Empecé a hacer transmisiones en vivo desde casa en google meets, para las que siempre me vestía con la lencería más vulgar y provocativa posible, en las primeras transmisiones solía beberme cervezas de las de 355ml por el ano, me es tan excitante beberme una botella entera mientras la cámara captura cómo el líquido, siempre al tiempo, entra, expandiendo mi recto en una inflación humillante que me provoca gemidos de placer; como siempre, fuí subiendo la intensidad poco a poco: pasé a meterme un plug anal en directo (antes o después de beberme una cerveza), después a vaciarme caguamas completas (casi un litro de cerveza) por la cola sintiendo cómo el gas y el **** me hinchaban el vientre; y ya para la última vez que lo hice así, fue una sesión en que me vacié una caguama entera por el ano, apretando fuerte para no derramar ni una gota, y me puse a jugar partidas de ajedrez online mientras mantenía el culo frente a la cámara. Era un éxtasis perverso que repetí con varias caguamas, y varias partidas: intentar concentrarme en mover piezas, peones, alfiles, torres y caballos bailando en la pantalla, mientras mi recto lleno de cerveza presionaba contra mis paredes internas, donde cada movimiento amenazaba con un chorro traicionero. Los comentarios en vivo llegaban como latigazos: “así puta, aprieta”, “no derrames nada jotita”, y yo, jadeando, no podía más que sonreír y mover mi culo de emoción, sabiendo que cientos me observaban en tiempo real, contribuyendo a mi humillación colectiva.
Una solicitud constante en cada transmisión, iba taladrando mi mente poco a poco: “queremos verte beber orines por el ano, no cerveza”, hasta que pronto, no pude ignorarla más, y comencé a buscar a alguien que me ayudara a grabar para los fieles espectadores. La única condición que puse en mi búsqueda era que dicha persona solo iba a grabarme, nada de tocar, nada de interactuar físicamente; y para mi sorpresa, sí que hubo varios interesados; recalqué mucho las condiciones hasta que por fin elegí a uno que me inspiró confianza; acordamos la fecha y rentamos un Airbnb en el que alguna vez ya me había quedado. Él me preguntó qué debía llevar a la cita, “Una botella llena de mi bebida favorita, y otra muy grande de agua para que estés bebiendo, por si necesito que me le hagas refill” fue mi respuesta; y es que aunque yo ya había contactado a varios hombres para que me regalaran sus orines, quería tener la deliciosa bebida asegurada por si ellos me quedaban mal.
Cuando llegó ese día, de entre todos los que me habían ofrecido sus orines, tres hombres seguían aún en pie con la propuesta. Mi idea era que cada uno de los tres dejara su botella en algún lugar público, cada uno más expuesto que el anterior, y en donde yo pudiera llegar, y quedarme a beberla ahí mismo hasta terminarla, sin importar cuánta gente hubiera alrededor. El problema con el primero de ellos es que vivía muy cerca de mi casa, y no del airbnb además de que solo podía dejarla muy temprano, antes de la hora en que nos permiten entrar al lugar rentado. Acordamos entonces que él dejara la botella cerca de mi casa a eso de la 1pm; yo pasaría sola de camino al alojamiento, me la dejó en una calle angosta, justo al lado de un poste de luz. Al llegar, la botella estaba demasiado a la vista: más de un litro de orines muy amarillos, intensos, expuesta como un trofeo obsceno; esperando por mí. La calle estaba llena de jóvenes sin hacer nada, charlando, fumando. Yo estaba aún muy sobria, muy nerviosa; Iba vestida con un mini vestido blanco que se me subía a cada paso, y en el que si yo me inclinaba demasiado, revelaría la tanga diminuta que apenas cubría mis partes… no me animé ni a caminar hacia ella. Detuve el coche justo frente al poste, ni metros más ni metros menos, bajé rápido, y la recogí mientras todos me miraban (y cómo no hacerlo, con mi ropa llamativa, el maquillaje excesivo, siendo el único auto en movimiento en esa calle estrecha, sin dejar de mencionar el detalle más grande, pues basta verme unos segundos para saber que no soy una mujer cis), y entonces la subí al coche, sin atreverme a beberla allí. Ya en retrospectiva, me arrepiento tanto de no haber puesto el celular a grabar y haberme quedado a tragarla a plena luz del día, ante la mirada de todos, sin importar el tiempo que me tomara. Me faltó valor; pero me dije a mi misma, que no iba a dejar pasar las otras oportunidades que el día me deparaba. Para eso necesitaría introducirme mucho valor líquido vía anal, y por suerte, como siempre, yo ya lo llevaba en el auto en forma de cuatro caguamas y dos ultras de 355 ml, además de mucho lubricante.
Me puse de camino hacia el Airbnb mientras hablaba con el chico que ya me había llenado una botella de 600ml, me calentó demasiado el hecho de que grabara para mí el cómo la había llenado con su verga tan antojable, que yo desee lamer, y chupar mientras lo hacía; él me comentó que estaba muy cerca de una plaza comercial, pero ya cerca de terminar por acordar el punto exacto donde me la dejaría, tomé una avenida larga y fluida, y no pude seguir contestando durante bastantes minutos; yo pensé que me iba a dejar la botella en los alrededores de esa plaza, no fue hasta que me volví a conectar que vi todos los mensajes: Él me la había dejado justo en la plaza, en una jardinera, escondida en la misma, pero la jardinera a la vista de cualquiera. No es lo que yo esperaba, pero no iba a dejar perder otra oportunidad de beber miados en público, apresuré el paso hacia el airbnb, necesitaba urgentemente aquel valor líquido via anal.
Llegué al Airbnb donde el chico ya me esperaba; él fue de lo más atento, lindo y caballeroso que pudiera imaginar. Si bien tenía la mirada perversa, todo el tiempo respetó la regla de no tocar; me ayudó además a estacionar el coche, a bajar las maletas, y lo más importante: Ya me tenía lista en la barra de la cocina una botella con poco más de un litro de orines, unos muy claros que me hicieron agua la boca. Él no los mencionó, yo reconocí el color de inmediato; traté de no mirarlos demasiado pero me sentía salivar sin poderlo controlar; y es que los orines que son amarillos intensos no son nada agradables en cuanto a sabor, es la humillación de beberlos a pesar de todo, lo que los hace irresistibles para mí; Los claros, en cambio, me encantan: su sabor suave y completamente reconocible, son para mi tan fáciles de beber sin parar; pensando en ello, y sabiendo que él me observaba, ya listo para grabar, se me subió el libido al cielo.
Le comenté que ya solo me faltaba pintarme las uñas para estar lista, así que muy natural, acomodé mis esmaltes en el comedor, y luego tomé el vaso más grande que encontré, una bandeja de hielos del congelador, y me acerqué a la barra donde estaba la botella; no volteé a mirar, pero sabía que él ya me estaba grabando adivinando lo que seguía: Puse algunos cubitos de hielo en el vaso, y muy natural comencé a vaciar el contenido de la botella en el mismo, hasta el tope; en la botella, que yo aún sostenía con mi mano, quedó todavía un poco más de medio litro de mi bebida favorita; el aroma de mi te de macho acariciaba mi nariz, y el tacto tibio de la botella me gritaba que eran frescos, recién salidos para mi. No resistí: empiné la botella mientras envolvía la boca con mis labios rojos, disfrutando de una forma indescriptible esos miados tibios, deliciosos, divirtiéndose en el urinal lascivo que es mi hocico… Ese sabor… suave, reconocible, delicioso, me hizo tragar sin respirar, trago tras trago sin dejar de mantener la botella empinada, que con cada trago se aligeraba, y con cada trago me ahogaba en un éxtasis al saberme grabada… Hasta que quedó vacía; la sacudí sobre mi lengua de fuera y mi boca bien abierta como si fuera una verga que recién terminaba de orinar hasta tener en mí la última gota, y luego lamí desesperada la boca de la botella, primero por fuera y luego metiéndola para saborear un poco más. Y luego recordé el vaso todavía lleno que tenía al lado: le di un largo trago y sonriendo, me lo llevé a la mesa para terminar de pintarme las uñas, dando deliciosos tragos cada pocos segundos, tratando de darle las mejores tomas al camarógrafo, al donante de la primera botella de pis que bebería ese día.
Solo me había pintado tres uñas cuando me quedé sin bebida, simplemente no podía parar de beber; y entonces él dejó de grabar, para de inmediato ponerse a beber, (y bastante) de una gran botella de agua; el ano me palpitaba mientras pintaba mis uñas restantes, con un litro de orines en el estómago, (y solamente eso, pues no suelo comer cuando voy a beber miados, quiero ser un urinal vacío para mi perversión) y sabiendo perfectamente, mientras lo veía seguir tomando agua, que ese litro no iba a ser el último de la noche…
Me apresuré a terminar de pintarme las uñas, y ansiosa por beber más, me vestí de prisa con un micro bikini estampado de vaquita, y subimos a la habitación; nos aseguramos de que todas las cortinas estuvieran abiertas de manera que los ventanales dieran la más clara y transparente visión de lo que sucedería a todo el que decidiera girar su cabeza hacia ellos.
Él tenía en sus manos una caguama lista para mí, yo, no quise beberla en 4 patas como de costumbre, quería hacerlo de una forma especial como agradecimiento, así que me coloqué con el culo hacia arriba, la cabeza hacia abajo, recargada en la parte lateral de la cama, con las piernas muy abiertas hacia la cámara, y hacia los ventanales que no ocultaban nada de mí, y así, con ayuda de la gravedad, me vacié la caguama que él me había traído por la cola, casi un litro de cerveza templada entrando de un solo trago anal, expandiendo mi recto conforme el gas se separaba del líquido, en una inflación que me hacía gemir como la jotita agradecida que soy; (Y es que creo firmemente que cuando a una putita como yo le regalan una cerveza, es su obligación beberla de un solo trago, exclusivamente por el ano, mientras el macho graba, mira y/o se masturba) yo me puse más cachonda; no tanto como para salir por la siguiente botella de orines, pero sí para beberme la siguiente caguama en la cochera, a plena luz del día; cuando vi que en sus manos el tenía la botella llena casi a la mitad de unos orines solo un poco más amarillos que los primeros, claramente tibios todavía; y no pude, ni quise resistirme; me puse de rodillas frente a él, y le pedí que grabara cómo me entregaba la botella en las manos, que yo, agradecida, aún de rodillas, mirando hacia la cámara, bebí de un solo trago, gustosa y desesperadamente hasta la última gota, y cuando terminé, sabiéndome el intestino lleno de 1.5 litros de miados, y 1 litro de cerveza, procedí en éxtasis a lamer la boca de la botella como si fuese la punta de su verga…
Me vestí entonces con el bikini más diminuto posible, solo un bra diminuto y una micro tanga tan pequeña que no hubiera hecho prácticamente diferencia estar desnuda, y así, a la luz del día, salí en 4 patas, como la perra que soy, a la cochera a beberme la siguiente caguama con el culo bien paradito, mostrándo a la cámara como mi culo tragón bebía sin demora, aún con autos y personas pasando por la calle, sin imaginar lo que esta cerdita hacía a plena vista…
Una vez que me bebí la segunda caguama por el ano, estaba lista para ir a la plaza por mi botella de miados, y, mientras iba de camino, el donante de la tercera botella (que había estado orinando todo el día en la misma) me dijo que también estaba listo, que ya me la había dejado en un cajero cerca de Av. Chapultepec, y como siempre, me envío la prueba en foto: una botella de litro y medio cargada de orines intensamente amarillos que esperaban por mi boca sedienta; planeé entonces ir por ellos después de haber bebido la botella la de la plaza, y un par de caguamas más por el ano en casa; para llegar con aún más valor y calentura.
Y llegamos a la plaza, que estaba terriblemente llena, y por la naturaleza de la misma, llena de gente que quizá no sería tan recomendable que me viera; pero ya había perdido una oportunidad de beber orines en público; no estaba dispuesta a perder la segunda, así que caminé, bajándome el vestido con frecuencia, pues a cada paso se subía casi dejando mis nalgas al descubierto, caminé a paso veloz tratando de llegar lo más rápido posible y llegué a la jardinera, me senté lo más cerca posible de donde marcaba la foto, pero no encontraba mi regalito, intenté encontrarla sin pararme, pero sin éxito, así que me paré para buscar mejor, sin saber, ni importarme si la gente me miraba; si ya se veían mis nalgas, o no; pero no la encontraba; me desesperé cual adicta buscando su dosis: di vuelta a la jardinera, moví plantas, revisé lugares que ya había revisado; nada. Parece que a causa de las horas que tardé en llegar, alguien de limpieza ya se la había llevado; Muy triste, pero muy decidida a no perder mi última botella de la noche, cambié los planes y decidí que debía ir directo al cajero por la botella de litro y medio.
No me enorgullezco de la forma en que manejé, desesperada por llegar antes de que alguien se llevara eso que nadie más que yo se querría llevar, deseosa por encontrarme con mi regalo amarillo, conduje más rápido de lo que suelo hacerlo, desde que me estacionaba pude ver hacia adentro del cajero, como siempre, perfectamente iluminado, y esperándome desde una mesita, ahí estaba, mi nectar ámbar, embotellado, fuerte, esperando por mí.
Le pedí entonces a quien esa noche hacía de mi camarógrafo, que se acercara al cajero, y ahí, simulando no conocerme, se pusiera a grabar la botella a corta distancia; Quería darle un gran trago ahí mismo a esa botella de orines, y quería evidencia de mí haciéndolo, ahí mismo, en el cajero, con el fluir de personas que no para a ninguna hora en esa zona, con las cámaras apuntando, viendo… Caminé lentamente, pero pasé de largo al lado de la botella, y entré hasta el fondo, hasta el cajero del final, y me paré frente a él; giré mi cabeza hacia la entrada, y como no había nadie mirando más que las cámaras que no duermen, caminé directo por la botella. Justo mientras extendía mi mano para agarrarla, entraba alguien a utilizar algún cajero, pero ya no me importó, ahí con mi mini vestido, claramente indecente, la agarré, y al mismo tiempo la acaricié como se acaricia a un amante que se deseaba ver hace tiempo, y también ahí mismo, y viendo el celular de mi acompañante grabando, la destapé; En el video volteo una sola vez a cada lado, para en seguida darle un muy buen trago; el sabor, tan intenso como su color, me invadió por completo, al mismo tiempo que una lujuria tan fuerte como el sabor de esos miados. No me fui, me quedé plantada en el mismo lugar, y sabiendo que la grabación seguía, le di otro gran trago, y lo disfruté igual o más que el primero; el sabor invadió mi hocico, y el valor invadió todo mi cuerpo, con la boca seguramente apestando a orines, salí frente al banco y me recargué en una barda, despreocupada, como si fuera una prostituta esperando atraer a algún cliente, procedí a seguir bebiendo, trago a trago, indiferente en apariencia a la gente que pasaba alrededor, pero muy consciente de que un segundo de atención era suficiente para descubrir la naturaleza de mi sucia bebida, siendo grabada a distancia, disfrutando cada sorbo amargo, mi elixir de degradación en la vía pública.
Decidió que quería una mejor toma: caminé hacia el camarógrafo para pasar por su lado, me aseguré de dar un largo y delicioso trago mientras caminaba justo frente a la cámara, lentamente pasé de largo y conforme me alejaba seguí bebiendo; luego, más quitada de la pena, y dándole la espalda a la cámara, levanté mi vestido, mostré mi tanga diminuta y me dejé grabar así; y di la vuelta para volver al carro, dando los últimos tragos; sabiendo que ya iba de huida, volví a levantar el vestido para llegar con las nalgas de fuera al auto. Se escucharon risas en el video, pero por suerte, yo no las escuché en su momento; me había bebido la mitad de la botella, me quedaba la otra mitad en el coche, y yo ya sabía qué haría con ella….
Ya en casa, junté la primera botella de miados que recogí temprano, el sobrante de esta última (intensa y amarilla), y el otro litro que ya me había llenado amablemente el camarógrafo con sus tantos refills de agua convertidos en orines claros; Me puse en 4 patas con el culo abierto hacia esa combinación de orines de 3 hombres, que él comenzó a vaciarme en el ano con una jeringa de un litro, yo a gatas en el piso, el culo en alto, sintiendo cómo la mezcla entraba lenta y pesada, expandiendo mi recto hasta el límite, hinchándome como un globo asqueroso, mientras yo gemía, y él grababa, cada gota, cada presión, cada gota, hasta que no pudo entrar más, y ahí me quedé, con litro y medio de orines aplicando presión para salir de mi ano, y quien sabe cuantos más que ya me había bebido por la boca.
Todavía después me grabó bebiéndome otras dos caguamas por el ano, en la banqueta, ya a la luz de la noche, de rodillas en el cemento frío, con lencería de puta, y el ano abiert,o recibiendo casi dos litros más de cerveza, el vientre distendido como embarazada, el clítoris goteando en desesperación dentro de la jaula… Y luego, me dijo que ya se iba.
Le pedí quedarse aunque fuera unos cinco minutos más. Dudó, creo que tenía algún compromiso, pero yo estaba tan caliente, tan agradecida por su complicidad, tan deseosa de verga después de tantas horas de humillación anal, que se lo dije directo y sin rodeos: “quiero que me cojas”. Él dudó un segundo, seguramente recordando que la regla era no tocar, pero la lujuria también le ganó; él eligió la lencería (negra y rosa, un conjunto diminuto que resaltaba mi jaula y mis nalgas rojas hinchadas), se puso el condón y me penetró, rico, profundo, mientras yo gemía como la puta agradecida que soy, sintiendo cómo su verga llenaba el hueco que las botellas habían preparado; me bombeó como quiso, y yo gemí sin limitarme; sentí en su orgasmo expulsando esa leche que yo me había ganado, y le pedí el condón lleno; atestiguó cómo me lo exprimí en el hocico, tragando sus mecos calientes como postre después de tantos miados que fueron mi plato fuerte, lamiendo cada gota del condón con devoción; chupándolo para dejarlo tan limpio como antes de ser usado; y no conforme, todavía antes de irse, le pedí que me dejara mamar su verga una última vez; él de inmediato se puso encima de mí y penetró mi boca con fuerza, follándome la garganta hasta que se vació de nuevo, y se fue, dejándome exhausta, llena por todos lados, grabada y satisfecha, y deseando repetir...
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Erika Bebemiados
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Updated on Feb 23, 2026
by traviezisha
Created on Jan 9, 2026
by traviezisha
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