¿Qué sucede en Konoha?

La Corrupción de Shizune

Chapter 30 by Locoloco Locoloco

El tiempo había pasado desde que Shizune fue secuestrada por las zorritas de Naruto. Lo que comenzó como un secuestro y una tortura sexual diseñada para quebrar su voluntad, se había transformado en algo mucho más oscuro y profundo.

Shizune ya no era la misma.

La mujer que una vez fue la asistente leal y dedicada de Tsunade, la kunoichi que había dedicado su vida a la medicina y al servicio de la Quinta Hokage, ahora yacía desnuda sobre el tatami del apartamento de Naruto, su cuerpo cubierto de marcas de mordiscos y moretones de placer, su cabello negro recogido en una cola de caballo alta que apenas llegaba a sus hombros, un crecimiento que dejaba ver los 2 meses que había estado en ese apartamento.

—Más... —gimió, sus ojos vidriosos por el deseo— Por favor... más...

Sakura, sentada en una silla frente a ella, sostenía un consolador en una mano, y un pequeño vibrador en la otra.

—¿Más? —preguntó, con una sonrisa cruel— Pero si acabas de correrte hace cinco minutos, Shizune.

—No importa —suplicó Shizune, extendiendo sus manos hacia ella— Necesito más. Por favor, Sakura-sama...

Sakura se rió, un sonido frío y calculador.

—Mira lo que has llegado a ser, Shizune. La asistente de la Hokage, suplicando por más placer como una perra en celo.

—Soy una perra —admitió Shizune, sin vergüenza alguna— Soy la perra de Naruto-sama. Y de todas ustedes, sus zorritas.

—Dilo más fuerte —ordenó Hinata, que estaba sentada a un lado, observando con una sonrisa de satisfacción.

—¡Soy la perra de Naruto-sama! —gritó Shizune, su voz resonando en la habitación. ¡Soy una perra sumisa que solo vive para servir!

—Bien —dijo Sakura, acercándose con el consolador— Entonces, abre las piernas y recibe tu recompensa.

Shizune obedeció, abriendo sus piernas de par en par, su coño húmedo y brillante. Sakura insertó el consolador lentamente, disfrutando de los gemidos de Shizune.

—Así es —susurró Sakura— Tómalo todo. Como la buena perra que eres.

La mañana siguiente, Shizune se despertó en el futón que ahora era su lugar designado en el apartamento de Naruto. Su cuerpo estaba adolorido, pero era un dolor que había aprendido a amar.

Se levantó y se vistió con el uniforme de doncella que ahora usaba a diario: un vestido negro corto que apenas cubría sus nalgas, con un delantal blanco que dejaba poco a la imaginación. No llevaba ropa interior, como era la regla, y su cabello, aunque aún corto, estaba creciendo lentamente.

—Buenos días, Shizune —dijo Natsu Hyūga, que ya estaba despierta, vistiendo un uniforme similar.

—Buenos días, Natsu —respondió Shizune, con una sonrisa.

Natsu era la otra "recluta" del harén de Naruto. La niñera, nodriza, de Hinata había sido secuestrada y corrompida semanas antes, y ahora era la sirvienta más devota del harén, y bueno la única hasta ahora que ostenta el título, aunque al igual que ella, no ha sido bendecida por su amo.

—¿Qué toca hoy? —preguntó Shizune, estirándose.

—Primero, servir el desayuno a las zorritas —respondió Natsu, el termino zorritas, o a veces zorras, en el contexto de ese apartamento se había convertido en una forma de distinguir a las miembros del harem de Naruto y una aspiración para Natsu y Shizune— Luego, limpiar el apartamento. Y luego... —una sonrisa lasciva se extendió por su rostro— hay una sesión de entrenamiento.

—¿Entrenamiento? —preguntó Shizune, su corazón latiendo más rápido.

—Sí —dijo Natsu— Mebuki-sama quiere que practiquemos nuestras habilidades de seducción. Dice que necesitamos estar listas para cuando Naruto-sama regrese.

Shizune sintió una oleada de excitación. La idea de servir a Naruto, de complacerlo de todas las formas posibles, era su mayor deseo.

—Entonces, vamos —dijo, tomando la bandeja del desayuno— No hagamos esperar a nuestras amas.

Las zorritas oficiales de Naruto estaban sentadas alrededor de la mesa baja, esperando su desayuno. Sakura, Hinata, Ayame, Kurenai y Mebuki estaban presentes, cada una vestida con ropa ligera que revelaba sus collares y sus tatuajes con la letra "N" sobre sus úteros.

—Buenos días, amas —dijo Shizune, inclinándose mientras colocaba la bandeja sobre la mesa.

—Buenos días, Shizune —respondió Sakura, tomando una taza de té— ¿Dormiste bien?

—Sí, Sakura-sama —respondió Shizune, su voz sumisa— Gracias por preguntar.

—Me alegra —dijo Sakura, sonriendo— Porque hoy tenemos mucho trabajo que hacer.

—¿Qué tipo de trabajo? —preguntó Natsu, curiosa.

—Primero, el desayuno —dijo Hinata— Luego, necesitamos discutir nuestros planes para el futuro.

—¿El futuro? —preguntó Ayame.

—Sí —dijo Kurenai, tomando un bocado de arroz— Naruto-sama regresará eventualmente. Y queremos que su harén sea más grande y más fuerte que nunca.

—¿Qué quieren decir? —preguntó Mebuki, levantando una ceja.

—Queremos reclutar a más mujeres —dijo Sakura— Mujeres fuertes, leales, y hermosas. Mujeres que puedan servir a Naruto-sama como nosotras.

—¿Y quiénes son las candidatas? —preguntó Shizune, su corazón latiendo con emoción.

Sakura sonrió, una sonrisa que no presagiaba nada bueno.

—La primera candidata es Tsunade-sama.

Shizune se quedó paralizada.

—¿Tsunade-sama? —preguntó, su voz temblorosa.

—Sí —dijo Sakura, sus ojos brillando— Tsunade-sama es una de las mujeres más poderosas de Konoha. Y sería una adición perfecta al harén de Naruto-sama.

—Pero... —comenzó Shizune.

—No hay peros —la interrumpió Hinata— Shizune, tú conoces a Tsunade mejor que nadie. Eres su asistente, su confidente, prácticamente eres su hija. Tú puedes acercarte a ella sin levantar sospechas.

—¿Quieren que... la convierta? —preguntó Shizune, su mente dando vueltas.

—Exactamente —dijo Kurenai— Queremos que te reincorpores a tu puesto como su asistente. Que recuperes su confianza. Y luego, poco a poco, la prepares para unirse a nuestro harén.

Shizune sintió un conflicto interno. Por un lado, Tsunade había sido su mentora, su amiga, casi una figura materna. Por otro lado, su nueva vida como sirvienta del harén de Naruto le había dado un propósito, una identidad, una familia.

—¿Qué debo hacer? —preguntó finalmente.

Sakura sonrió, satisfecha.

—Primero, debes regresar a la torre de la Hokage. Tsunade-sama cree que te tomaste unas vacaciones. Dile que necesitabas un descanso, que estabas agotada. Luego, retoma tus deberes como si nada hubiera pasado.

—¿Y luego? —preguntó Shizune.

—Luego, comienza a sembrar las semillas —dijo Mebuki— Háblale de Naruto. De su poder, de su carisma, de su... generosidad. Haz que lo desee sin saber por qué, se creativa.

—Y cuando esté lista para la verdad —añadió Ayame— la traerás aquí. Y la convertiremos en una de nosotras.

Shizune asintió, su determinación creciendo.

—Lo haré. Por Naruto-sama.

—Por Naruto-sama —repitieron todas al unísono.

Shizune se vistió con su ropa normal, el mismo que había usado durante años. Pero ahora este le era molesto, no era tan sexy como el de las zorritas, incluso tenia que usar ropa interior, no como el harem oficial, ellas no usaban bragas, la ropa cuando no están de misión es sexy, pero en misión dijeron que lo importante es volver con vida para servir a Naruto así que las ropas deben ser lo más útiles posibles para ese fin.

Caminó hacia la torre de la Hokage, su corazón latiendo con fuerza. Había pasado 2 meses desde que había visto a Tsunade, y sabía que la Hokage estaría preocupada, aunque le habían dicho que Tsunade estaba convencida de que estaba de vacaciones.

Entró en la oficina y encontró a Tsunade sentada detrás de su escritorio, rodeada de montañas de papeles.

—¿Shizune? —exclamó Tsunade, levantando la vista— ¿Dónde demonios has estado?

—Lo siento, Tsunade-sama —dijo Shizune, inclinándose— Necesitaba un descanso. Estaba agotada.

—¿Agotada? —preguntó Tsunade, frunciendo el ceño— Podrías haberme avisado. Estuve a punto de enviar un escuadrón de búsqueda, antes que me enterase de que tomaste vacaciones.

—Lo sé, lo sé —dijo Shizune, acercándose— Lo siento. Pero ahora estoy lista para retomar mis deberes.

Tsunade la miró por un momento, sus ojos escaneando su rostro.

—Algo es diferente en ti, Shizune —dijo finalmente— No sé qué es, pero algo ha cambiado.

Shizune sonrió, una sonrisa que ocultaba su verdadero propósito.

—Tal vez solo necesitaba un descanso, Tsunade-sama. A veces, un poco de tiempo lejos de todo puede hacer maravillas.

Tsunade asintió, aceptando la explicación.

—Está bien. Entonces, ponte a trabajar. Hay una pila de documentos que necesitan tu atención.

—Sí, Tsunade-sama —dijo Shizune, tomando asiento.

Pero mientras trabajaba, su mente estaba en otra parte. En Naruto. En su regreso. En la misión que le habían encomendado.

Convertir a Tsunade en una más del harén.

Y haría todo lo posible para lograrlo.

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¿volvemos con Naruto?

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