¿volvemos con Naruto?
Sobrevivencia en el Desierto
El sol caía a plomo sobre las dunas interminables, un calor implacable que hacía que el aire temblara y el horizonte pareciera un espejismo constante. Naruto, Karin y Fū caminaban en silencio, sus pasos pesados, sus cuerpos agotados. Habían pasado 3 meses en el desierto, y cada día era una batalla contra los elementos.
—Odio este lugar —murmuró Karin, su voz ronca por la deshidratación— Odio la arena, odio el calor, odio a los escorpiones, odio a las serpientes, odio todo.
—Ánimo, Karin —dijo Naruto, aunque su propia voz sonaba débil— Solo queda hasta mañana.
—Unos días —repitió Karin, con sarcasmo— Claro. Porque los últimos noventa días han sido tan fáciles.
—Al menos hemos encontrado agua —dijo Fū, tratando de ser positiva— Y comida.
—Cactus y lagartijas —dijo Karin, haciendo una mueca— Estoy tan harta de cactus y lagartijas que podría vomitar.
—Pero estamos vivos —insistió Fū— Eso es lo que importa.
—Vivos —repitió Karin— A duras penas. Y sin sexo.
Naruto y Fū se quedaron en silencio. Karin tenía razón. Desde que Jiraiya los había dejado solos, no habían tenido tiempo ni energía para el sexo. Cada día era una lucha por sobrevivir: encontrar agua, evitar a las criaturas peligrosas, refugiarse de las tormentas de arena. El deseo sexual había pasado a un segundo plano, reemplazado por la necesidad básica de mantenerse con vida.
—Cuando volvamos a ver a Jiraiya —dijo Karin, sus ojos brillando con una furia fría— voy a castrarlo.
—¿Qué? —exclamó Naruto, sorprendido.
—Voy a castrarlo —repitió Karin— Con mis propias manos. Lo voy a agarrar del cuello, lo voy a tirar al suelo, y le voy a arrancar los testículos con un kunai oxidado— movió un kunai oxidado entre sus manos mostrando que hasta tenía la herramienta.
—Eso es... un poco extremo, ¿no? —dijo Fū, riendo nerviosamente.
—Extremo —dijo Karin, su voz llena de veneno— ¿Extremo? Nos dejó en el desierto, sin agua, sin comida, sin protección, sin sexo, durante tres meses. Eso no es extremo. Eso es una declaración de guerra.
—Bueno, al menos nos está esperando en el oasis —dijo Naruto— Mañana llegaremos.
—Mañana —repitió Karin, sus puños apretados— Mañana lo veré. Y mañana, comenzará su sufrimiento.
Acamparon al atardecer, en la base de una formación rocosa que ofrecía algo de sombra. Fū usó sus alas de escarabajo para volar hasta la cima de la roca y divisar el horizonte.
—El oasis está al este —dijo, aterrizando— Si caminamos rápido, llegaremos mañana al mediodía.
—Bien —dijo Naruto, asintiendo— Entonces, descansemos esta noche y partamos temprano.
Karin se sentó contra la roca, sus ojos fijos en el cielo estrellado.
—¿Creen que Jiraiya estará allí? —preguntó.
—Dijo que nos esperaría —respondió Naruto— Confío en él.
—Confías en él —dijo Karin, con amargura— Claro. Porque él no te dejó en el desierto sin sexo durante tres meses.
—Karin —dijo Fū, sentándose a su lado— todos estamos frustrados. Pero no podemos dejar que eso nos consuma.
—No estoy frustrada —dijo Karin, su voz tensa— Estoy furiosa. Hay una diferencia.
Naruto suspiró, acercándose a ella.
—Karin, entiendo cómo te sientes. Pero Jiraiya hizo esto por una razón. Quería que aprendiéramos a sobrevivir por nuestra cuenta.
—Podríamos haber aprendido a sobrevivir sin que nos dejara en el desierto durante tres meses —dijo Karin— Podríamos haberlo hecho en un bosque, o en una montaña, o en cualquier otro lugar que no sea este infierno de arena.
—Pero el desierto es el lugar más difícil —dijo Naruto— Y si podemos sobrevivir aquí, podemos sobrevivir en cualquier parte, excepto en medio del océano.
Karin lo miró, sus ojos brillando con una mezcla de frustración y afecto.
—Sabes que tienes razón —dijo, suspirando— Pero eso no significa que no quiera castrarlo.
Naruto rió, abrazándola.
—Te prometo que cuando lo veamos, no lo castrarás. Pero puedes gritarle todo lo que quieras.
—Eso es un comienzo —dijo Karin, una pequeña sonrisa en sus labios.
Fū se acercó, uniéndose al abrazo.
—Nosotros tres somos un equipo —dijo— Y juntos, podemos superar cualquier cosa. Incluso a Jiraiya.
—Eso espero —murmuró Karin— Porque mañana, cuando lo vea, podría hacer algo de lo que me arrepienta.
El amanecer los encontró ya en movimiento. Caminaron durante horas, el sol subiendo cada vez más alto, el calor cada vez más intenso. Pero esta vez, tenían un objetivo claro: el oasis donde Jiraiya los esperaba.
—¿Puedes verlo? —preguntó Naruto, protegiéndose los ojos del sol.
Fū desplegó sus alas y voló hacia arriba, escaneando el horizonte.
—¡Sí! —gritó— ¡Veo el oasis! ¡Está a unos kilómetros!
—¡Vamos! —dijo Naruto, corriendo hacia adelante.
Karin y Fū lo siguieron, sus cuerpos agotados pero sus espíritus renovados. Finalmente, después de tres meses de sufrimiento, la recompensa estaba a la vista.
Llegaron al oasis justo cuando el sol alcanzaba su punto más alto. El agua cristalina brillaba bajo la luz, las palmeras ofrecían sombra, y el aire olía a vegetación fresca.
—¡Lo logramos! —gritó Fū, corriendo hacia el agua.
—¡Agua! —exclamó Karin, sumergiéndose en la laguna— ¡Agua real, no agua de cactus!
Naruto rió, uniéndose a ellas. El agua fresca era un alivio celestial para sus cuerpos abrasados.
Pero entonces, una voz interrumpió su celebración.
—¡Bienvenidos de vuelta, mis discípulos!
Jiraiya estaba sentado bajo una palmera, una botella de sake en la mano, una sonrisa de satisfacción en su rostro.
Karin se quedó paralizada, el agua goteando de su cuerpo. Luego, lentamente, se giró hacia él.
—Jiraiya —dijo, su voz baja y peligrosa.
—Sí, ¿qué pasa? —preguntó Jiraiya, ajeno al peligro.
—¿Dónde has estado? —preguntó Karin, caminando hacia él.
—Bueno, estuve en Sunagakure durante un tiempo, creía habérselos dejado en claro cuando nos separamos —respondió Jiraiya, encogiéndose de hombros— Luego, viajé por el País del Viento, visitando algunos lugares interesantes. Y ahora, aquí estoy, esperándolos.
—¿Visitando lugares interesantes? —repitió Karin, su voz subiendo de tono— ¿Mientras nosotros estábamos aquí, luchando por sobrevivir, comiendo lagartijas y bebiendo agua de cactus?
—Bueno, el entrenamiento de supervivencia es así —dijo Jiraiya, sin inmutarse— Es duro, pero necesario.
—¿Necesario? —gritó Karin— ¡Nos dejaste solos en el desierto durante tres meses! ¡Sin agua, sin comida, sin protección, sin sexo!
—Sin sexo —repitió Jiraiya, levantando una ceja— ¿Eso es lo que te molesta?
—¡Es una parte importante de la vida! —gritó Karin— ¡Y tú nos la quitaste!
Jiraiya rió, pero su risa se desvaneció cuando vio la expresión de Karin.
—Está bien, está bien —dijo, levantando las manos— Lo siento. ¿Eso te hace sentir mejor?
—No —dijo Karin, acercándose peligrosamente— Pero me hará sentir mejor cuando te castre.
—¡Karin! —exclamó Naruto, corriendo hacia ella— ¡Cálmate!
—No me calmé —dijo Karin, sus ojos brillando— Este hombre nos dejó en el desierto durante tres meses. Merece un castigo.
—Karin, por favor —dijo Fū, tomándola del brazo— No vale la pena.
Karin respiró hondo, tratando de controlar su ira.
—Está bien —dijo finalmente— No lo castraré, hoy. Pero juro que nunca volveré a confiar en él.
—Eso es justo —dijo Jiraiya, sonriendo nervioso— Ahora, ¿quieren algo de comer? Tengo carne seca, arroz, y un poco de sake.
—Sí —dijo Naruto, aliviado— Eso suena perfecto.
Se sentaron alrededor de una fogata, comiendo y bebiendo en silencio. Jiraiya les contó sobre su tiempo en Sunagakure, sobre la reunión con Baki, sobre la falta de baños termales en la aldea.
—No hay baños termales en Suna —dijo, negando con la cabeza— Es una tragedia.
—Debe haber sido difícil para ti —dijo Fū, con sarcasmo.
—Más de lo que imaginas —respondió Jiraiya, suspirando— Tuve que conformarme con duchas frías y masajes de las cortesanas locales, las oirán me echaban a patadas.
—¿Por qué será? —preguntó Karin, con evidente sarcasmo.
— Pero las cortesanas eran unas mujeres muy amables— dijo Jiraiya, sonriendo.
Karin rodó los ojos, pero no dijo nada.
—De todos modos —dijo Jiraiya, cambiando de tema— han demostrado ser dignos de mi confianza. Sobrevivieron tres meses en el desierto, sin mi ayuda, sin rendirse. Eso es impresionante.
—Gracias —dijo Naruto, sonriendo.
—Pero el entrenamiento no ha terminado —continuó Jiraiya— Todavía hay mucho que aprender.
—¿Qué sigue? —preguntó Fū.
—Por ahora, descansar —dijo Jiraiya— Se lo han ganado. Pero pronto, comenzaremos la siguiente fase del entrenamiento.
—¿Cuál es? —preguntó Karin.
Jiraiya sonrió, una sonrisa misteriosa.
—Eso es un secreto. Pero les prometo que será... interesante.
Naruto, Karin y Fū intercambiaron miradas, pero no dijeron nada. Sabían que, con Jiraiya, nada era fácil o normal.
Pero también sabían que, juntos, podían superar cualquier cosa.
Incluso al viejo sabio pervertido.
¿Qué sigue?
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