¿Qué hará Jiraya?

La Charla Incómoda

Chapter 28 by Locoloco Locoloco

La habitación de la posada había pasado de ser un santuario de placer a una escena de tensión incómoda en cuestión de segundos. Naruto, Karin y Fū estaban sentados en la cama, cubriéndose apresuradamente con las sábanas, mientras Jiraiya se acomodaba en una silla frente a ellos, su libreta aún abierta en su regazo, una sonrisa de satisfacción en su rostro.

—Bueno, bueno, bueno —dijo Jiraiya, cruzando las piernas— Parece que mis pequeños alumnos han estado ocupados.

—Jiraiya-sama —intervino Karin, su voz cortante— ¿no te enseñaron que es de mala educación espiar?

—Espiar es de mala educación —respondió Jiraiya, sin perder la sonrisa—. Pero esto es investigación. Y lo que vi esta mañana fue material de primera clase para mi próximo libro.

—No es cierto —murmuró Naruto, su rostro rojo como un tomate.

—Oh, sí lo es —dijo Jiraiya, abriendo su libreta— Déjame leerte algunos pasajes...

—¡No! —exclamaron Naruto, Karin y Fū al unísono.

Jiraiya rió, cerrando la libreta.

—Está bien, está bien. Pero tenemos que hablar.

Jiraiya se inclinó hacia adelante, su expresión volviéndose seria.

—Naruto, como tu maestro, es mi responsabilidad asegurarme de que entiendas ciertas cosas. Y después de lo que vi esta mañana, creo que es necesario tener "la charla".

—¿La charla? —preguntó Naruto, confundido— ¿Qué charla?

—La charla sobre... ya sabes... —Jiraiya hizo un gesto vago con las manos— La prevención. La seguridad. Las consecuencias.

Karin rodó los ojos.

—Por favor, Jiraiya-sama, somos shinobis. Sabemos cómo funcionan estas cosas.

—¿Ah, sí? —dijo Jiraiya, levantando una ceja— ¿Y saben que hay ciertas enfermedades que se pueden transmitir? ¿Qué hay métodos para evitar... complicaciones no deseadas?

—Jiraiya —intervino Naruto— creo que no es necesario...

—¡Es necesario! —insistió Jiraiya, levantándose— Como tu maestro, es mi deber asegurarme de que estés informado. Así que siéntense y escuchen.

Naruto, Karin y Fū intercambiaron miradas, pero obedecieron.

Jiraiya comenzó a pasearse por la habitación, sus manos gesticulando mientras hablaba.

—Imaginen, si quieren, un campo de flores. Hermosas flores, de todos los colores. Y en ese campo, hay abejas. Las abejas van de flor en flor, polinizando, creando nueva vida. Pero, ¿qué pasa si una abeja ha estado en una flor enferma? Lleva el polen de esa enfermedad a la siguiente flor, y así sucesivamente.

—¿Estás hablando de polinización? —preguntó Fū, confundida, porque estaba segura que las enfermedades no tenían nada que ver en esto.

—Es una metáfora —respondió Jiraiya— Las flores son las personas, las abejas son... bueno, los fluidos. Y la enfermedad es...

—Jiraiya —lo interrumpió Naruto— esto no tiene ningún sentido.

—¡Déjame terminar! —protestó Jiraiya— Luego tenemos el tema de la guerra. En una guerra, hay que proteger el territorio, ¿verdad? Hay que construir muros, cavar trincheras, preparar defensas. Pues en el amor, es igual. Hay que proteger el territorio. Usar barreras. Muros de contención.

—¿Te refieres a los condones? —preguntó Karin, sin rodeos.

Jiraiya se detuvo en seco, su rostro enrojeciéndose ligeramente.

—Bueno, sí. Eso. Pero también hay otros métodos. Píldoras, hierbas, técnicas de chakra...

—Sabemos todo eso —dijo Fū, suspirando— Estoy segura que todas las academias ninja las explican, Jiraiya-sama.

—Pero Naruto es un jinchūriki —insistió Jiraiya— Su chakra es especial. Podría haber... complicaciones.

—¿Qué complicaciones? —preguntó Naruto, frunciendo el ceño.

Jiraiya dudó, buscando las palabras adecuadas.

—Mira, Naruto, tú tienes el chakra del Kyūbi dentro de ti. Eso podría afectar... ciertas cosas. Como la fertilidad. O la transmisión de enfermedades. O...

—Jiraiya —dijo Naruto, su voz firme— te agradezco la preocupación. Pero creo que podemos manejar esto por nosotros mismos.

Jiraiya lo miró por un momento, y luego suspiró.

—Está bien, está bien. Solo quería asegurarme de que estuvieras informado. Pero si tienes alguna pregunta, mi libreta está llena de información útil.

—Estoy seguro de que sí —murmuró Karin, con sarcasmo.

Después de un desayuno incómodo (donde Jiraiya insistió en leer pasajes de su libro "Icha icha amor en tiempos de guerra"), el grupo se reunió para discutir los próximos pasos del viaje.

—Hemos estado viajando por meses —dijo Jiraiya, desplegando un mapa sobre la mesa— Hemos cubierto gran parte del País del Fuego y sus alrededores. Pero ahora es hora de expandir nuestros horizontes.

—¿A dónde iremos? —preguntó Naruto, sus ojos brillando de emoción.

—Al País del Viento —respondió Jiraiya, señalando una vasta extensión de arena en el mapa— Al desierto.

—¿El desierto? —preguntó Fū, su voz llena de incertidumbre— He oído que es un lugar peligroso.

—Lo es —confirmó Jiraiya— Pero también es un lugar perfecto para entrenar la supervivencia. El calor extremo, la falta de agua, las tormentas de arena, las criaturas del desierto... todo eso pondrá a prueba sus habilidades.

—¿Y Sunagakure? —preguntó Karin— ¿Pasaremos por allí?

—Tal vez —dijo Jiraiya, encogiéndose de hombros— Depende de cómo vaya el entrenamiento. Pero primero, tenemos que llegar al desierto. Y eso significa viajar hacia el oeste, a través del País del Río y el País del Viento.

Naruto asintió, su determinación creciendo.

—Entonces, vamos. Estoy listo para cualquier cosa.

—Eso espero —dijo Jiraiya, sonriendo— Porque el desierto no perdona a los débiles.

Empacaron sus pertenencias y partieron de Yunagiri esa misma tarde. El camino hacia el desierto era largo y polvoriento, pero el paisaje cambiaba gradualmente, pasando de colinas verdes a llanuras áridas.

—Hace más calor —comentó Fū, limpiándose el sudor de la frente.

—Estamos en el desierto —explicó Jiraiya— El clima cambia drásticamente en esta región.

Caminaron durante horas, el sol cayendo a plomo sobre ellos. Naruto, acostumbrado al clima templado de Konoha, sintió que el calor lo agotaba más rápido de lo normal.

—¿Cuánto falta? —preguntó, jadeando.

—Todavía un par de días —respondió Jiraiya— Pero podemos acampar cuando encontremos un lugar adecuado.

Karin, que había estado en silencio durante gran parte del viaje, finalmente habló.

—Hay un oasis no muy lejos de aquí —dijo, señalando hacia el oeste— Lo vi en un mapa antes de irnos. Podríamos llegar antes del anochecer.

—¿Un oasis? —preguntó Fū, sus ojos iluminándose— ¿Agua?

—Sí —respondió Karin— Y probablemente algo de sombra.

—Entonces, vamos —dijo Naruto, renovando su energía— ¡Al oasis!

Llegaron al oasis justo cuando el sol comenzaba a ponerse, pintando el cielo de tonos naranjas y rojos. Era un pequeño paraíso en medio de la nada: una laguna de agua cristalina rodeada de palmeras y vegetación exuberante.

—Es hermoso —dijo Fū, sus ojos brillando.

—Sí —asintió Karin— Pero no bajemos la guardia. Los oasis suelen atraer a criaturas peligrosas.

—Tiene razón —dijo Jiraiya, dejando caer su mochila— Montaremos campamento aquí, pero mantendremos turnos de vigilancia.

Mientras Jiraiya y Karin preparaban el campamento, Naruto y Fū se acercaron al agua. La laguna era más profunda de lo que parecía, y el agua estaba sorprendentemente fresca.

—¿Quieres nadar? —preguntó Naruto, sonriendo.

—Tal vez más tarde —respondió Fū, sonrojándose— Primero, deberíamos ayudar con el campamento.

—Tienes razón —dijo Naruto, tomándola de la mano— Vamos.

Pasaron la noche alrededor de una fogata, compartiendo historias y riendo. Jiraiya, para variar, se mantuvo en silencio, escribiendo en su libreta de vez en cuando.

—Mañana cruzaremos el desierto del país del Viento para llegar a Suna —dijo Jiraiya, cuando la luna estaba alta— El clima del desierto nos espera. Prepárense para lo peor.

—Estaremos listos —dijo Naruto, su voz firme.

Karin y Fū asintieron, sus ojos fijos en el horizonte.

El desierto los llamaba.

Y estaban listos para responder.

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