¿Qué sigue?
El Escorpión del Desierto y la Decisión de Jiraiya
La noche en el oasis había sido tranquila, pero el amanecer trajo consigo un calor abrasador que anunciaba la entrada al País del Viento. El grupo empacó rápidamente, conscientes de que el desierto no perdonaba a los que perdían el tiempo.
—Manténganse alerta —advirtió Jiraiya, ajustando su capa— El desierto está lleno de criaturas peligrosas. Escorpiones, serpientes, aves rapaces... y eso sin mencionar las tormentas de arena.
—Podemos manejarlo —dijo Naruto, con confianza.
—Eso espero —respondió Jiraiya, una sonrisa en sus labios.
Caminaron durante horas, el sol cayendo a plomo sobre ellos. El paisaje era monótono: dunas interminables de arena dorada, interrumpidas ocasionalmente por formaciones rocosas y cactus gigantes. El calor era sofocante, y el sudor se evaporaba casi tan pronto como aparecía.
—Necesitamos agua —dijo Karin, limpiándose la frente— Nos estamos deshidratando.
—Hay un oasis no muy lejos —respondió Jiraiya, señalando hacia el este— Podemos reabastecernos allí.
Pero antes de que pudieran continuar, un estruendo sacudió la arena bajo sus pies.
—¿Qué fue eso? —preguntó Fū, sus ojos abriéndose de par en par.
La arena frente a ellos comenzó a moverse, formando un montículo que crecía y crecía. De repente, una criatura emergió de la arena, sus pinzas chasqueando, su aguijón levantado.
Era un escorpión gigante, del tamaño de un carro de carga. Su caparazón era de un color marrón oscuro, casi negro, y sus ojos rojos brillaban con malicia.
—¡Maldición! —exclamó Jiraiya, dando un paso atrás— Un escorpión del desierto. Deben ser al menos de rango S —les mintió descaradamente, quería asustarlos antes de mandarlos a luchar.
—¿Rango S? —preguntó Naruto, su voz temblorosa.
—Sí —respondió Jiraiya, cruzando los brazos— Y este será su primer examen de supervivencia. Mientras yo me siento a observar, ustedes tres tendrán que matarlo.
—¿Qué? —exclamó Karin— ¿Estás loco? ¡Esa cosa nos matará!
—Si no pueden matar a un simple escorpión, no sobrevivirán en el desierto —dijo Jiraiya, sentándose en una roca cercana— Así que demuéstrenme de lo que son capaces. O mueran intentándolo.
Naruto apretó los puños, su determinación creciendo.
—Está bien. Lo haremos.
El escorpión chasqueó sus pinzas, preparándose para atacar. Naruto, Karin y Fū se colocaron en formación, sus mentes trabajando rápidamente.
—Fū —dijo Naruto— ¿puedes usar tus alas?
Fū asintió, y de repente, alas de escarabajo emergieron de su espalda, brillando con un tono verde esmeralda.
—Puedo volar —dijo— Pero necesito un plan.
—Toma a Karin —ordenó Naruto— Mientras vuelas, ella puede usar sus cadenas de chakra para contener al escorpión. Yo crearé clones de sombra para atacar su punto débil.
—¿Su punto débil? —preguntó Karin.
—La los ojos —respondió Naruto— Si podemos golpearlo con suficiente fuerza, podremos matarlo.
—Entendido —dijo Fū, tomando a Karin en sus brazos— ¡Vamos!
Fū desplegó sus alas y se elevó en el aire, Karin aferrada a ella. El escorpión las vio y lanzó su aguijón hacia ellas, pero Fū era demasiado rápida, esquivando el ataque con facilidad.
—¡Ahora, Karin! —gritó Fū.
Karin extendió sus manos, y cadenas de chakra rojo emergieron de sus palmas, enroscándose alrededor del escorpión. Las cadenas se tensaron, inmovilizando al monstruo.
—¡Lo tengo! —exclamó Karin— ¡Pero no por mucho tiempo! ¡Es demasiado fuerte!
—¡Naruto! —gritó Fū— ¡Ahora!
Naruto sonrió, y de repente, una docena de clones de sombra aparecieron a su alrededor.
—¡Todos juntos! —ordenó— ¡Rasengan!
Los clones comenzaron a formar esferas de chakra giratorio en sus manos, el aire a su alrededor distorsionándose por la energía. El escorpión luchó contra las cadenas, pero no pudo liberarse.
—¡Ahora! —gritó Naruto.
Los clones cargaron hacia el escorpión, sus Rasengan brillando. Golpearon los ojos del monstruo al unísono, la energía giratoria atravesando directo a su cerebro.
El escorpión emitió un chillido ensordecedor, su cuerpo convulsionándose. Luego, se desplomó, muerto.
Silencio.
Luego, Fū aterrizó, dejando a Karin en el suelo. Ambas estaban jadeando, pero sonreían.
—Lo logramos —dijo Fū.
—Sí —asintió Karin— Lo logramos.
Naruto disipó sus clones y se acercó al cadáver del escorpión, una sonrisa de satisfacción en su rostro.
—No fue tan difícil —dijo, volviéndose hacia Jiraiya.
Jiraiya estaba de pie, su mandíbula caída, sus ojos abiertos de par en par.
—¿Cómo... cómo hicieron eso? —preguntó, su voz apenas un susurro.
—Trabajo en equipo —respondió Naruto, encogiéndose de hombros.
Jiraiya negó con la cabeza, una sonrisa incrédula en sus labios.
—No pensé que les sería tan fácil. Ese escorpión era de rango S. Podría haber matado a un escuadrón entero de jōnins— para este punto Jiraya deveria haber parado con su mentira pero no lo hizo.
—Bueno, no somos un escuadrón de jōnins —dijo Fū, riendo.
—Somos mejores —añadió Karin.
Jiraiya las miró, y luego a Naruto. Una idea comenzó a formarse en su mente.
—Muy bien —dijo, cruzando los brazos— Han demostrado que pueden trabajar en equipo y manejar situaciones peligrosas. Pero el verdadero desafío apenas comienza.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Naruto.
Jiraiya sonrió, una sonrisa que no presagiaba nada bueno.
—Los dejaré solos durante tres meses.
—¿Qué? —exclamaron Naruto, Karin y Fū al unísono.
—Tres meses —repitió Jiraiya— En el desierto. Sin mi ayuda. Sin mi protección. Tendrán que sobrevivir por su cuenta.
—¿Estás loco? —preguntó Karin— ¡Moriremos!
—No morirán —dijo Jiraiya— Son fuertes, inteligentes, y tienen habilidades impresionantes. Si pueden matar a un escorpión de rango S, pueden sobrevivir en el desierto.
—Pero... —comenzó Fū.
—Sin peros —la interrumpió Jiraiya— Esta es una prueba. Si logran sobrevivir tres meses en el desierto, los consideraré listos para el siguiente nivel de entrenamiento. Si no... bueno, al menos habré aprendido algo sobre mis límites como maestro.
Naruto apretó los puños, su determinación ardiendo en sus ojos.
—Está bien. Aceptamos el desafío.
—Naruto... —dijo Karin, preocupada.
—Confía en mí —dijo Naruto, tomándola de la mano— Podemos hacerlo.
Fū asintió, tomando la otra mano de Naruto.
—Estamos contigo, Naruto-sama.
Jiraiya sonrió, satisfecho.
—Bien. Entonces, nos veremos en tres meses. En el puesto de avanzada al este de Sunagakure. Si llegan, los estaré esperando.
Dicho esto, Jiraiya se giró y comenzó a caminar hacia el este, su capa ondeando al viento.
—¡Jiraiya! —lo llamó Naruto— ¿A dónde vas?
—A Sunagakure —respondió Jiraiya, sin volverse— Tengo que informar a los altos cargos sobre su entrenamiento. No quiero que piensen que soy un espía o algo así.
—¿Y qué les dirás? —preguntó Fū.
Jiraiya se detuvo, y se volvió hacia ellos, una sonrisa pícara en su rostro.
—Les diré que mis discípulos están haciendo lo que mejor saben hacer: sobrevivir.
Y con eso, desapareció entre las dunas, dejando a Naruto, Karin y Fū solos en el vasto desierto.
Jiraiya caminó durante horas, el sol cayendo a plomo sobre él. Pero a diferencia de sus discípulos, él estaba acostumbrado al calor del desierto. Había pasado años viajando por todo el mundo, y conocía bien los peligros y las maravillas de cada región.
Llegó a Sunagakure justo cuando el sol comenzaba a ponerse, las puertas de la aldea abriéndose para recibirlo. Los guardias lo reconocieron inmediatamente, y lo escoltaron hasta la oficina del Kazekage.
—Jiraiya-sama —dijo el asistente del Kazekage, inclinándose— El Kazekage interino lo espera.
Jiraiya asintió y entró en la oficina. Baki estaba sentado detrás de su escritorio, su expresión seria pero acogedora.
—Jiraiya-sama —dijo Baki, levantándose— Es un placer verte de nuevo.
—El placer es mío —respondió Jiraiya, inclinándose— Lamento no haber anunciado mi visita con anticipación.
—No es necesario —dijo Baki, sentándose— Siempre eres bienvenido en Sunagakure. Pero me imagino que no has venido solo por placer.
—No —admitió Jiraiya— He estado entrenando a Naruto en el desierto. Y he decidido dejarlo solo a él y a sus compañeras durante tres meses, para que aprendan a sobrevivir por su cuenta.
—¿Compañeras? —preguntó Gaara, levantando una ceja.
—Sí —respondió Jiraiya, sonriendo— Karin Uzumaki y Fū, la jinchūriki del Siete Colas.
Bki asintió, procesando la información.
—Entiendo. Y querías informarme para evitar malentendidos diplomáticos.
—Exactamente —dijo Jiraiya— No quiero que pienses que estoy entrenando a un ejército privado en tu territorio.
Baki sonrió, una sonrisa rara en su rostro.
—No me preocupo por eso, Jiraiya-sama. Confío en Naruto. Y confío en ti.
—Gracias—dijo Jiraiya, inclinándose— Entonces, si me lo permites, me gustaría quedarme en la aldea durante unos días. Para descansar y, ya sabes, investigar.
—¿Investigar? —preguntó Baki, confundido.
—Sí —respondió Jiraiya, su sonrisa ampliándose— He oído que Sunagakure tiene algunos baños termales excelentes.
Baki negó con la cabeza, una sonrisa en sus labios.
—Lo siento, Jiraiya-sama. Sunagakure no tiene baños termales.
—¿Qué? —exclamó Jiraiya, su rostro cayendo— ¿No hay baños termales?
—No —respondió Baki— Estamos en medio del desierto. El agua es escasa. No podemos permitirnos baños termales, y no hay un volcán cerca para que estas se puedan formar.
Jiraiya suspiró, derrotado.
—Supongo que tendré que conformarme con una ducha fría.
—Lo siento —dijo Baki, con una sonrisa— Pero si quieres, puedo ofrecerte una habitación en la posada local. Es modesta, pero cómoda.
—Acepto —dijo Jiraiya— Gracias por la hospitalidad.
Y así, mientras Naruto, Karin y Fū se enfrentaban a los peligros del desierto, Jiraiya se instalaba en Sunagakure, listo para esperar su regreso.
Pues en el fondo, Creía que los tres meses que se avecinaban serían los más importantes en la vida de su alumno.
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