Qué Calor, Por Favor...

Historia sexual en la playa.

Chapter 1 by davidasissy davidasissy

Ay por favor. Qué calor hacía ese día en la playa gay.

Mis piececitos de mariquita se quemaban encima de la arena, sílice a clara de aquel lugar. Como cada sabadete, llegué con mis chanclitas menudas femeninas, mi petate y mi bici al lugar de siempre, un poco apartado de la civilización. Era un lujo y un relax después de toda la semana trabajando, sentar mis anchas posaderas depiladas y mi cosita desnuda en la toalla y mirar el paisaje mientras comía dos sándwich y bebía dos cervezas.

Mi piel se tostaba debajo del sol a 40 grados, mi sudor me chorreaba por la frente y mis pechitos desnudos.

Pero oh sorpresa. Antes de terminarme mi segunda cerve parece que detrás tenía algo de compañía. Detrás de las dunas, a escasos cuatro metros de mí, un moreno claro árabe en pantalones cortos y camiseta me miraba fijamente. El corazón me dio un vuelco cuando vi que tenia la mano bajo los pantalones. Me miraba mientras se masturbaba descaradamente.

Le lancé una sonrisa picarona mientras a me decía a mi misma "a este chico le conozco": creo que hace un par de le rebañé la polla mientras se corría, jiji.

Mientras pensaba esto, él se la sacó de los pantalones, los árabes no suelen llevar calzoncillos a la playa, y me hizo un gesto para que fuese dejando mi cerveza al lado de la toalla y el petate. En segundos estaba a su lado, no paraba de masturbarse mientras me miraba fijamente.

Mis pies ardían porque con el estupor del encuentro había dejado mis chanclitas en mi sitio.

Uff, que me quemo. La verdad que no tardé ni dos minutos en estar de rodillas con el miembro erecto del macho en la boca, saboreando su líquido preseminal que se mezclaba con mi saliva formando la baba pegajosa que tantas veces había sentido con una sabor delicioso. Ni cuenta me di que me estaba abrasando, las rodillas rojas quemadas en la arena con el placer del sexo gay.

Hasta que me levanté y él se tumbó, no sé cómo hizo, en la arena abrasadora, boca arriba con el miembro duro como la roca, haciéndome un ademán para que me sentara en él. La verdad, poco a poco y en cuclillas fui agachándome hasta sentir la cabeza de su polla coincidir con mi ano caliente maricón y me dejé caer toda la polla dentro. Iba cabalgándomela yo sola arriba y abajo. No era tan grande, normalita, de unos 15 centímetros, pero bien dura y toda en mi esfínter anal. Ah, qué puto gusto.

Apenas empecé a bombearla, él la sacó, se levantó y se fue a la orilla de la playa a bañarse. Mi ano estaba mojado, Me pasé la mano y vi cómo se pringaba de esperma que goteaba de dentro. Con unos empujones llené mi mano al completo de semen que me llevé a la boca, chupe y tragué lentamente ese néctar maravilloso de macho que tanto amo.

Hasta la próxima...Besotes.

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