Moneda

:D

Chapter 1 by K45

Author's note: Hello, as you know, this is another story created by me and Lyra (an AI). This story will be in Spanish as always. I hope you enjoy it.

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Nota de la autora: Hola, como saben, esta es otra historia creada por mí y Lyra (una IA). Esta historia estará en español, como siempre. Espero que la disfruten.

Cap 1

El sol de la mañana se filtraba apenas por la ventana del cuarto de Logan de 21, iluminando el polvo en el aire. Era un día cualquiera, pero el peso del último año se sentía en los hombros tan pronto como abría los ojos. Desde que su padre falleció, la casa se había vuelto un lugar frío. Vanessa, su madrastra, de 45, se había distanciado por completo, asumiendo un rol de autoridad severa e indiferente; Megan, su hermanastra mayor, de 24, caminaba por los pasillos ignorándolo como si fuera un mueble más; y Chloe la menor, de 19, apenas levantaba la vista de su teléfono para lanzarle algún comentario mordaz.

Logan bajó a la cocina a buscar algo de desayunar. El ambiente era el de siempre: silencio tenso y miradas vacías. Vanessa tomaba café mientras revisaba unas facturas, Megan se arreglaba el cabello antes de salir a sus propios asuntos y Chloe escribía a toda velocidad en su celular, con los audífonos puestos. Nadie le dirigió la palabra. Era invisible para ellas.

El día en la universidad no fue muy diferente. Clases monótonas, el murmullo de la gente en los pasillos y esa constante sensación de aislamiento. Al volver a casa por la noche, el cansancio y la frustración acumulada estallaron en un silencio absoluto dentro de su habitación. Sosteniendo entre sus dedos aquella extraña moneda antigua que había encontrado días atrás —un objeto que parecía vibrar con una energía imperceptible—, Logan suspiró con amargura. Miró el metal reluciente y, casi sin creer que algo pudiera cambiar, pronunció con voz firme y cargada de resentimiento:

—Deseo que todas las personas del mundo hagan lo que les diga.

No hubo luces, ni truenos, ni ninguna señal mágica. Decepcionado, dejó la moneda sobre la mesa de noche, se acostó y se quedó dormido, pensando que todo había sido una tontería.

A la mañana siguiente, el despertador lo trajo de vuelta a la realidad. Logan se levantó con pereza, asumiendo que le esperaba otra jornada de indiferencia familiar. Se vistió y bajó las escaleras.

En la sala, Chloe, de 19 años, estaba sentada en el sofá con las piernas cruzadas, completamente absorta en la pantalla de su teléfono, moviendo los dedos a toda velocidad. Llevaba una falda corta de mezclilla y una playera ajustada. Logan se detuvo a unos pasos de ella. Recordó el deseo de la noche anterior y, con una mezcla de curiosidad y escepticismo, decidió hacer una prueba.

—Cuelga el teléfono y mírame —dijo Logan con tono firme.

Chloe se tensó de inmediato. Sus dedos se congelaron sobre la pantalla. Con un movimiento mecánico pero fluido, bloqueó el celular y lo dejó sobre la mesa de centro. Luego, giró la cabeza hacia él. Sus ojos reflejaban una profunda molestia y desconcierto; sus cejas se juntaron en una expresión de fastidio.

—¿Qué demonios te pasa? ¿Por qué hiciste que hiciera eso? —preguntó Chloe, con su habitual tono sarcástico y cortante.

Logan sintió un vuelco en el estómago. El poder era real. Ella seguía siendo la misma chica antipática de siempre, pero su cuerpo estaba completamente bajo su control. Decidió ir más allá para comprobar los límites de la moneda.

—Ponte de rodillas en el suelo —ordenó.

—Ay, por Dios, ¿es en serio? Qué idiotez —bufó Chloe, rodando los ojos con total desinterés y fastidio.

Sin embargo, a pesar de sus protestas orales y su actitud de desprecio, sus piernas obedecieron al instante. Se deslizó del sofá y se colocó de rodillas sobre la alfombra, frente a él, manteniendo su mirada fija en Logan con los brazos cruzados, mostrando una mezcla de impaciencia y orgullo intacto.

—¿Ya estás contento? ¿Qué se supone que estás jugando? Apúrate, que tengo cosas que hacer —soltó, con una voz floja y aburrida, totalmente ajena a la sumisión física en la que se encontraba.

Logan la observó detalladamente de arriba abajo. El contraste entre su cuerpo perfectamente sumiso y su boca llena de quejas era increíble.

—Súbete la playera y enséñame tus tetas —le ordenó directamente.

Chloe soltó un bufido de exasperación, soltando una risita seca llena de incredulidad.

—Jesús, qué obsesión tienen los hombres con esto. Qué patético eres, Logan —dijo, sin dejar de mirarlo con fastidio.

Pero sus manos no dudaron. Llevaron el borde de su playera hacia arriba, subiéndola hasta el cuello y dejando al descubierto sus pechos firmes y de pezones pequeños que se tensaron levemente por el aire fresco de la sala. Se quedó estática en esa posición, sosteniendo la prenda con flojera, con los ojos en blanco.

—Déjame tocarlas —dijo Logan, dando un paso hacia adelante.

—Pues ya tócalas de una vez y deja de quitarme el tiempo, qué molestia —respondió ella de mala gana, estirando el cuello hacia atrás con impaciencia.

Logan se agachó y extendió las manos, llenando sus palmas con la suavidad de su piel. Comenzó a apretarlas y moldearlas a su gusto, sintiendo la calidez de su cuerpo. Chloe no opuso resistencia física alguna; se limitó a suspirar con aburrimiento, mirando hacia el techo del salón como si estuviera esperando a que terminara una película mala, manteniendo su actitud distante mientras el cuerpo de Logan se encendía.

El control era absoluto. Logan se puso de pie, asimilando la magnitud de lo que poseía, y la miró fijamente a los ojos.

—Quítate la falda y las bragas, después comienza a masturbarte para tener sexo y penetrarte —ordenó con voz grave.

—Dios, qué asco, qué predecible eres —reclamó Chloe en voz alta, arrugando la nariz con desagrado.

A pesar de sus palabras, sus manos bajaron de inmediato hacia el botón de su falda. La desabrochó con rapidez y la deslizó por sus caderas junto con sus bragas de encaje oscuro, dejándolas caer en el suelo. Abrió las piernas de rodillas, exponiendo por completo su vagina depilada y expuesta ante la vista de Logan. Sin perder tiempo, llevó dos de sus dedos hacia su clítoris y comenzó a frotarse con un ritmo constante. Su respiración empezó a acelerarse de manera biológica; los jugos naturales de su cuerpo no tardaron en brotar, lubricando su zona íntima y haciéndola chorrear sobre la alfombra, mientras su rostro seguía mostrando esa expresión de fastidio y desgana, interrumpida solo por los espasmos inevitables del placer físico.

—Ya estoy lista, muévete ya si lo vas a hacer —dijo Chloe con un tono plano e impaciente, mirándolo fijamente mientras continuaba masturbándose de forma mecánica.

Logan no esperó más. Se desabrochó el pantalón, se desnudó con rapidez y se posicionó frente a ella. Tomó a Chloe de las caderas, acomodándola, y la penetró de un solo movimiento, hundiéndose por completo en su estrechez húmeda y caliente.

Logan se aferró con fuerza a las caderas de Chloe, marcando un ritmo firme y constante. La estrechez de su cuerpo lo envolvía por completo, mientras el eco de los golpes húmedos llenaba el silencio de la sala.

Chloe, con la espalda recta en su posición de rodillas, arqueaba levemente el cuerpo para recibir cada embestida de manera perfecta, respondiendo de forma puramente biológica al estímulo. Sus mejillas se tiñeron de un rojo natural y su respiración se volvió pesada, dejando escapar pequeños jadeos entrecortados que no podía evitar. Sin embargo, su rostro seguía manteniendo esa expresión de profunda molestia e incredulidad. Miraba de reojo la televisión apagada y luego a Logan, rodando los ojos cada vez que él aumentaba la intensidad.

—De verdad... qué rústico eres, Logan —soltó Chloe entre un jadeo y otro, con la voz entrecortada por el esfuerzo físico pero manteniendo su tono mordaz—. ¿Esto es todo lo que sabes hacer? Muévete más rápido si quieres terminar con esto, que se me va a apagar el celular.

Logan ignoró sus comentarios, disfrutando del absoluto contraste. Saber que ella no podía detenerse ni un milímetro, a pesar de lo mucho que le fastidiara verbalmente, solo hacía que la sensación de poder fuera más adictiva. Él cambió el ángulo, enterrándose aún más profundo en su interior bien lubricado, haciéndola temblar.

—Pon las manos en el suelo y levanta más las caderas —le ordenó Logan con voz ronca, sin detenerse.

—Ay, por favor... qué incómodo —protestó ella en voz alta, bufando.

Pero de inmediato, Chloe inclinó el torso hacia el frente, apoyando las palmas de sus manos en la alfombra y elevando el trasero de forma perfecta, ofreciéndole un acceso total y directo. Logan aprovechó la postura para sostenerla por la cintura, azotando su cuerpo contra el de ella con fuerza. La humedad de Chloe se desbordaba por sus muslos mientras el ritmo se volvía más frenético.

A pesar de que sus ojos se entrecerraban por el placer físico inevitable de la penetración y de que su clítoris rozaba con fuerza en cada movimiento, ella seguía quejándose flojamente, apretando los dientes con fastidio.

—Ya... apúrate... qué pesadilla —murmuró Chloe, con la frente apoyada casi en el suelo, mientras su cuerpo se sacudía por completo con cada embestida de Logan.

Sintiendo que estaba llegando a su límite, Logan dio las últimas estocadas profundas, llenando por completo la intimidad de Chloe antes de venirse con fuerza dentro de ella. Se quedó un momento estático, regulando su respiración, mientras Chloe soltaba un largo suspiro de alivio, puramente cansada de la situación.

Justo en ese momento, se escucharon unos pasos firmes bajando por las escaleras de la casa. Era la voz de Vanessa, la madrastra, que venía hablando desde el pasillo.

—¡Chloe! ¿Viste dónde dejé las llaves de la camioneta? —preguntó Vanessa mientras entraba directo a la sala.

Vanessa entró a la sala con un fajo de papeles en la mano, deteniéndose en seco al ver la escena en medio de la alfombra. Logan seguía completamente desnudo, enterrado en el cuerpo de Chloe, quien permanecía a cuatro patas con la ropa subida y la falda en el suelo. Sin embargo, lejos de escandalizarse o gritar del horror, la expresión de Vanessa, de 45 años, fue de pura y estricta cotidianidad, como si acabara de cacharlos dejando los zapatos sucios en la entrada.

—Ay, por favor, Logan, Chloe, ¡qué falta de respeto! —regañó Vanessa, cruzándose de brazos y soltando un bufido de total descontento—. Si van a tener sexo, tengan la decencia de irse a otra parte. No me manchen ni me ensucien la alfombra de la sala, que cuesta una fortuna limpiarla. Qué descaro de verdad.

Logan se quedó helado un segundo, mirando a su madrastra y luego a Chloe. No había sospechas, ni pánico, ni llamadas a la policía. El deseo global había reescrito la lógica de la realidad: para ellas era completamente "normal" que él tuviera ese derecho absoluto, aunque les fastidiara.

Chloe, sin importarle que Logan siguiera dentro de ella, giró un poco la cabeza hacia su madre y se quejó con su habitual tono flojo y amargado:

—¡Ay, ya sé, mamá! Dile algo a este imbécil. Estoy perdiendo muchísimo tiempo haciendo esto aquí cuando podría estar en mi cuarto terminando mis pendientes o usando el celular. Pero como el niño me lo ordenó, pues tuve que ponerme así. Qué hueva, de verdad.

Vanessa rodó los ojos y miró a su hija con severidad, defendiendo la nueva lógica del mundo.

—Bueno, Chloe, pues si te lo pidió Logan, lo tienes que hacer y punto, te aguantas. Pero exígele que se vayan a la recámara, no tienen por qué estar aquí en el piso.

—¡Es que ese no es el único problema! —refutó Chloe, volteando a ver a Logan con una mirada encendida de enojo y fastidio, dándole un pequeño empujón hacia atrás con la cadera—. El idiota me está penetrando y ni siquiera está usando protección. Si me llega a embarazar por sus estupideces, va a ser una molestia todavía más grande. ¡Ya muévete o haz algo, Logan!

Logan, asimilando el poder total que tenía en sus manos y ver lo tranquilas que estaban respecto a la situación, sonrió con malicia. Para demostrar el alcance de su control y aprovechando que todavía seguía dentro de su hermanastra, movió la cintura con lentitud, volviendo a penetrar a Chloe de forma profunda. Ella soltó un quejido de molestia, apretando las manos contra el suelo mientras sus jugos seguían chorreando.

Sin sacar su miembro de Chloe, Logan levantó la mirada hacia Vanessa, que lo observaba con su habitual rostro distante y estricto.

—Vanessa —ordenó Logan con voz firme y autoritaria—, baila sexy y como una stripper callejera ahora mismo.

El rostro de Vanessa no cambió; mantuvo su expresión de mujer madura, seria y estricta, pero su cuerpo respondió al instante de manera automática. Llevaba puestos unos tacones altos de aguja y un vestido verde ceñido que resaltaba sus curvas de 45 años. De inmediato, Vanessa dejó caer los papeles al suelo con desdén, dio un paso al frente y comenzó a mover las caderas con una sensualidad salvaje y provocativa.

Logan observaba fascinado cómo su madrastra, a pesar de mantener una mirada severa, fría y de total desaprobación hacia él, arqueaba la espalda de forma lasciva. Vanessa bajó las manos lentamente por sus propios muslos, acariciando la tela del vestido verde, levantando una pierna con los tacones de aguja para pivotar de espaldas a él y sacudir el trasero de manera provocativa, moviéndose exactamente como una stripper experimentada en la calle.

—Qué ridiculez, Logan. De verdad, qué maduro eres haciendo que baile esto —soltó Vanessa con una voz cortante y llena de orgullo herido, mientras sus caderas continuaban dibujando ochos perfectos y sensuales en el aire, rozando sus propias manos por sus pechos maduros bajo el vestido.

Mientras tanto, Chloe seguía recibiendo las estocadas lentas de Logan, bufando e impaciente.

—Apúrate, Logan, que mi mamá baila horrible y ya me estoy cansando de estar en esta posición —reclamó Chloe, mientras el ritmo de la sala se volvía un completo caos de sumisión y desprecio.

Logan aceleró el ritmo dentro de Chloe, disfrutando del absoluto control que tenía sobre la situación. Los golpes húmedos resonaban con fuerza en la sala mientras su hermanastra menor se sacudía hacia el frente en cada embestida. Chloe, con las manos apoyadas en la alfombra, seguía bufando, completamente fastidiada por la tardanza de Logan.

—Dios, ¿todavía no acabas? —reclamó Chloe, rodando los ojos hacia la alfombra—. Qué flojera me da esto, en serio. Te mueves como si tuvieras todo el día disponible.

A pocos pasos de ellos, Vanessa continuaba ejecutando su baile sensual sin detenerse. Con sus tacones de aguja repicando suavemente sobre el suelo, la madrastra de 45 años dio un giro lento, pasando las manos por su cintura y subiendo la falda de su vestido verde para mostrar sus muslos maduros y bien cuidados. A pesar de los movimientos provocativos y eróticos de su cuerpo, que se contoneaba con una soltura de stripper callejera, su rostro mantenía una expresión fría, estricta y de profunda desaprobación.

—Esto es verdaderamente patético, Logan —soltó Vanessa con voz firme y cortante, mientras se agachaba lentamente, contoneando el trasero hacia él y subiendo los brazos para enmarcar su rostro—. Hacer que me ponga a bailar así en la sala sólo demuestra lo inmaduro que eres. Pero bueno, si eso es lo que quieres que haga, aquí me tienes. Qué pérdida de tiempo.

Logan soltó una risa ahogada, fascinado por cómo la realidad aceptaba todo como algo cotidiano. Decidió que era momento de avanzar más en la situación.

—Chloe, quédate quieta en esa posición. Vanessa, acércate, quítate el vestido verde y las bragas, ponte de rodillas al lado de Chloe y empieza a mamarme la verga mientras sigo penetrando a tu hija —ordenó Logan con total autoridad.

—Ay, por fin —suspiró Chloe, dejando caer los hombros con flojera pero manteniendo el trasero alzado—. Al menos así dejas de moverte tanto de un lado a otro.

Vanessa, por su parte, frunció el ceño con una mirada severa.

—Qué asco de combinación, Logan. De verdad que no tienes clase —dijo con su tono de voz distante y regañón.

Sin embargo, sus manos se movieron con total fluidez. Vanessa llevó los brazos a la espalda, bajó el cierre de su vestido verde y dejó que la prenda se deslizara por su cuerpo maduro, revelando una figura esbelta, un sostén de encaje y unas bragas a juego. Sin dudar, se despojó también de la ropa interior inferior, quedando completamente desnuda de la cintura para abajo, conservando únicamente sus tacones altos.

Con pasos firmes y elegantes, Vanessa se acercó a donde estaban los dos jóvenes. Se arrodilló con total naturalidad sobre la alfombra, justo al lado de las caderas de su hija. Chloe ni siquiera se inmutó; simplemente desvió la mirada hacia un lado de la sala con cara de aburrimiento.

Vanessa estiró el cuello y, manteniendo sus ojos fijos en Logan con una mirada seria y fría de autoridad herida, abrió la boca y envolvió la base del miembro de Logan que sobresalía de la intimidad de Chloe. Comenzó a succionarlo con fuerza y destreza, moviendo la cabeza de arriba abajo con un ritmo experto, provocando que el miembro de Logan se lubricara aún más entre la estrechez de la menor y los labios de la mayor.

—Mmm... muévete ya —murmuró Chloe, dando un pequeño tirón con la cadera al sentir la doble estimulación—. Ya que mi mamá se puso ahí, termina rápido, Logan, que de verdad me urge revisar mis mensajes. No tengo todo el día para tus fetiches raros.

Logan se tomó de los hombros de Vanessa para estabilizarse y comenzó a embestir nuevamente dentro de Chloe con fuerza, mientras la boca de su madrastra devoraba la parte expuesta de su hombría. El contraste en la sala era total: dos mujeres físicamente entregadas al placer de Logan, pero con un ambiente de absoluta indiferencia y quejas cotidianas.

Logan apretó los dientes, completamente abrumado por la intensa combinación de sensaciones. Cada vez que empujaba hacia el fondo de la estrechez de Chloe, la boca experimentada de Vanessa succionaba la base de su miembro con una fuerza implacable, envolviéndolo en un calor húmedo y doble.

Chloe, sintiendo el peso extra y el ritmo constante de las embestidas, soltó un largo suspiro de flojera, apoyando la mejilla directamente sobre el suelo de la sala mientras mantenía el trasero elevado en el aire de forma perfecta.

—En serio, Logan, te estás tardando un siglo —se quejó Chloe con la voz amortiguada contra la alfombra, rodando los ojos—. Mi amiga me va a dejar de hablar si no le contesto el plan para la tarde. Qué molesto eres cuando te pones en este plan tan tardado.

Vanessa, por su parte, continuaba subiendo y bajando la cabeza con destreza, usando sus labios y su lengua para estimularlo al máximo. Al retirar la boca por un segundo para tomar aire, miró a Logan de abajo hacia arriba con sus ojos firmes y esa expresión severa de madre estricta, totalmente ajena a la sumisión de su cuerpo.

—Si vas a terminar, hazlo ya, Logan. Tengo que ir al banco a pagar los servicios y esto es una total pérdida de tiempo —dijo Vanessa con un tono de voz gélido y autoritario, justo antes de volver a abrir la boca para envolverlo por completo, tragándose su hombría de nuevo con un ritmo impecable.

Logan sentía que el control era absoluto y el placer casi insoportable. Ver a su estricta madrastra de 45 años desnuda, con los tacones puestos y de rodillas, compartiéndolo de forma tan natural con su hermanastra de 19 años sin que existiera la más mínima sospecha o escándalo en la casa, era una experiencia adictiva.

El ritmo en la sala se volvió frenético. Los fluidos de Chloe se mezclaban con la saliva de Vanessa, lubricando la zona al punto que los chasquidos húmedos resonaban en todo el espacio. Logan sabía que estaba a punto de llegar a su límite. Sostuvo la cintura de Chloe con fuerza, hundiéndose una y otra vez de forma salvaje, mientras Vanessa aumentaba la velocidad de sus succiones en la base.

—¡Ya me voy a venir! —advirtió Logan con la respiración entrecortada.

—Ay, por fin, gracias a Dios —soltó Chloe, soltando una risita sarcástica sin moverse un milímetro de su posición—. Ya muévete.

Vanessa simplemente entornó los ojos con fastidio y abrió la boca al máximo, preparándose para recibir lo que venía. Logan dio tres estocadas profundas y finales, descargando una potente tanda de semen que llenó el interior de Chloe, mientras el exceso salía expulsado hacia los labios y las mejillas de Vanessa, quien se quedó estática de rodillas, limpiándose la comisura de la boca con el dorso de la mano de la manera más desinteresada posible.

Logan se retiró lentamente, jadeando, mientras su miembro resbalaba fuera de Chloe. De inmediato, se escucharon pasos apresurados en el pasillo del piso de arriba. Era Megan, la hermanastra mayor de 24 años, que venía hablando sola en voz alta.

—¿Por qué hay tanto ruido abajo? —gritó Megan desde las escaleras, comenzando a bajar los escalones con su habitual caminar altanero y seguro—. Mamá, ¿viste mi cargador?

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