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Cap 2

Chapter 2 by K45

Megan, de 24 años, terminó de bajar las escaleras con su habitual aire de superioridad, acomodándose la blusa ajustada mientras miraba el piso. Al entrar por completo a la sala, se topó de frente con la escena: su madre Vanessa de rodillas, semidesnuda con los tacones puestos y la cara salpicada; su hermana menor Chloe tirada en la alfombra limpiándose con desgana; y Logan completamente desnudo recuperando el aliento.

Al igual que las otras dos, la expresión de Megan no fue de horror ni de sorpresa; simplemente arrugó la frente con una mirada de profunda altanería y desprecio, cruzándose de brazos de inmediato.

—Ay, no puede ser. Qué asco de verdad —soltó Megan, mirando a Logan de arriba abajo como si fuera un bicho raro—. ¿En serio tenían que ponerse a hacer sus cochinadas aquí en medio de la sala? Logan, eres un naco. Podías haberte llevado a mi hermana y a mi mamá a tu cuarto, qué necesidad de dejar todo el piso oliendo a sexo.

Chloe se sentó flojamente en la alfombra, estirando la mano para alcanzar su falda de mezclilla sin mostrar la más mínima pena frente a su hermana mayor.

—Ay, Megan, ni me lo digas. El idiota de Logan me hizo perder casi una hora aquí. Y para colmo mi mamá se metió a mamarle la verga a mitad de todo. Qué hueva de verdad, me urge ir a ver mi celular.

Vanessa se puso de pie con total elegancia, acomodándose el cabello maduro y limpiándose el rostro con un pañuelo de la mesa con total tranquilidad, mirando a su hija mayor con severidad.

—Bueno, Megan, ya cállate. Si Logan nos lo pidió, lo tenemos que hacer y punto, es lo que hay. Mejor ayúdame a ver si no mancharon el sillón.

Megan rodó los ojos con fastidio, soltando una risita burlona y arrogante mientras miraba a Logan con los ojos entrecerrados.

—Pues qué flojera con sus fetiches raros. A mí ni me miren, yo no pienso perder mi tiempo con las estupideces de Logan. Tengo una cita en la tarde y no voy a dejar que este me arruine el día con sus tonterías.

Logan, viendo la actitud soberbia y altanera de Megan —la misma que siempre lo había ignorado y tratado como si no valiera nada—, sonrió con malicia mientras sentía cómo su miembro volvía a ganar firmeza rápidamente tras el descanso. La dinámica de la casa era perfecta: para ellas esto era una obligación cotidiana y molesta, pero carente de cualquier tipo de tabú o escándalo.

—Megan —ordenó Logan con voz fuerte, dando un paso hacia ella con total autoridad—. Cállate la boca, camina hacia el sillón, quítate toda la ropa y ponte en cuatro de espaldas a mí.

La mandíbula de Megan se tensó de inmediato. Su mirada segura y altanera chocó contra la orden, pero su cuerpo no retuvo el control ni un segundo. Sus brazos se descruzaron de golpe.

—Ay, por Dios, ¿es en serio? Qué corriente eres, Logan —reclamó Megan en voz alta, bufando con fastidio y rabia contenida mientras sus piernas caminaban de manera automática y fluida hacia el sofá principal—. De verdad que no tienes nada mejor que hacer con tu vida. Qué oso que me veas así.

A pesar de sus duras palabras y su tono despectivo, las manos de Megan se llevaron a la basta de su blusa, jalándola hacia arriba y tirándola al suelo. Luego, desabrochó su pantalón ajustado y se lo deslizó por las piernas largas junto con sus bragas, quedando completamente desnuda ante la vista de todos en la sala. Se subió al sillón y apoyó las rodillas y las manos, arqueando la espalda por completo y ofreciendo su trasero firme de 24 años directamente hacia la dirección de Logan.

Giro la cabeza de lado para mirarlo por encima del hombro, manteniendo su expresión de superioridad y orgullo intacto, aunque sus mejillas se encendían por el calor del momento.

—Ya muévete, Logan. Haz lo que vayas a hacer rápido y no me toques el pelo, que me costó carísimo el salón de belleza —soltó Megan con impaciencia y desdén, mientras Vanessa y Chloe observaban la escena desde atrás con total indiferencia, esperando a que el muchacho terminara con sus asuntos.

Logan no se hizo esperar. Se acercó al sillón donde Megan, de 24 años, permanecía en una posición perfecta pero con una mirada cargada de desprecio y altanería por encima de su hombro. El miembro de Logan, completamente erecto y lubricado por los jugos previos de Chloe y la saliva de Vanessa, presionó directamente contra la entrada de su hermanastra mayor.

Sin preámbulos, Logan empujó hacia el frente, hundiéndose de golpe y por completo en la estrechez de Megan.

—¡Ah!... Dios, qué bruto eres, de verdad —soltó Megan de inmediato, con la voz entrecortada por la sorpresa de la penetración, pero recuperando al instante su tono arrogante y quejumbroso—. Muévete con más cuidado, Logan, que no estás tratando con cualquiera. Qué naco eres para hacer las cosas, en serio.

Logan la tomó firmemente de las caderas y comenzó a embestir con fuerza y ritmo constante. El trasero firme de Megan se sacudía con cada golpe, y aunque su cuerpo respondía de forma natural al estímulo físico, humedeciéndose rápidamente y adaptándose a las estocadas profundas, su actitud seguía siendo la de una reina obligada a hacer una tarea doméstica aburrida.

—Ya, apúrate. No pienses que me está gustando tu jueguito —continuó Megan, acomodando las manos en el respaldo del sillón y rodando los ojos con fastidio—. Qué hueva me da tener que estar aquí deteniendo mis planes del día por tus caprichos. Má, dile que no se tarde.

Vanessa, que seguía desnuda de la cintura para abajo con sus tacones puestos, caminó con total tranquilidad hacia la mesa de centro para recoger los papeles que se le habían caído al piso.

—Ay, Megan, ya cállate y déjalo que termine —respondió Vanessa con su habitual tono estricto y distante, sin darle la menor importancia al asunto—. Entre más rápido acabe con todas, más rápido limpiamos este desastre y nos ponemos a hacer las cosas de la casa. Qué fastidio contigo también.

Chloe, mientras tanto, ya se había terminado de poner la falda y las bragas. Se sentó en el otro extremo del sofá, sacó su teléfono y comenzó a escribir a toda velocidad, ignorando por completo los gemidos y los golpes húmedos que ocurrían a un metro de ella.

—Sí, de verdad, cállate, Megan, que no dejas escuchar los audios que me mandan. Logan, dale más rápido para que ya nos deje en paz.

Logan ignoró las quejas de las tres y se concentró en el cuerpo de Megan. La sensación de tener a la hermanastra más altanera y segura de sí misma completamente sometida a sus movimientos, viéndose obligada a sostener la postura y recibir cada una de sus profundas embestidas mientras intentaba mantener el orgullo de dientes para afuera, era sumamente placentera.

Aceleró el ritmo, hundiéndose con fuerza y haciendo que los muslos de Megan temblaran. Los chasquidos húmedos resonaban en la sala.

—Te dije... ¡que no me deshagas el peinado! —reclamó Megan entre jadeos pesados, apretando los dientes con molestia mientras sus ojos se entrecerraban por el placer inevitable que su cuerpo experimentaba—. Dios, qué molesto eres... ya termina de una vez, Logan.

Mientras Logan continuaba embistiendo con fuerza dentro de Megan, los chasquidos húmedos y los quejidos de fastidio de su hermanastra mayor llenaban el espacio. Chloe, totalmente ajena al ritmo salvaje que ocurría a su lado, seguía tecleando en su celular con una expresión aburrida. De repente, soltó un bufido y habló en voz alta, quejándose directamente con Logan.

—Ay, en serio, Logan, qué coraje contigo. Por tu culpa le tengo que mandar un mensaje a Sofía pidiéndole mil disculpas por tardarme tanto en contestar. Qué oso de verdad.

Logan vio cómo Chloe, sin el menor rastro de pena o tabú, activaba el dictado por voz de su teléfono y hablaba frente a la pantalla, mandando un audio en tiempo real mientras ellos seguían en pleno acto:

—Sofía, amiga, perdón por la tardanza, es que estaba aquí en la sala teniendo sexo con mi hermanastro Logan porque me lo pidió y pues ya sabes qué hueva con eso. En cuanto termine este imbécil te alcanzo en la plaza, ¿va?

Logan se congeló por un segundo a mitad de una estocada dentro de Megan. El pánico le recorrió la espalda. Pensó que Chloe la había regado por completo y que todo el secreto se vendría abajo si la amiga se enteraba y llamaba a la policía. Sin embargo, antes de que pudiera procesarlo, el teléfono de Chloe vibró con una respuesta inmediata.

Chloe leyó la pantalla y soltó un suspiro de alivio, sonriendo flojamente.

—Ay, por eso es mi mejor amiga, de verdad. Ella sí me comprende al cien.

Logan, intrigado y aún metido dentro de Megan —quien dio un pequeño tirón de cadera y se quejó: "A ver, Logan, ¿te vas a mover o te vas a quedar a vivir ahí adentro? Apúrate"—, extendió la mano hacia la menor de las hermanas.

—Chloe, dame el teléfono ahora mismo —ordenó Logan con tono autoritario.

—Ay, qué metiche eres, ten —dijo Chloe, pasándole el celular de mala gana y rodando los ojos.

Logan tomó el aparato y miró la pantalla. Al revisar el chat de WhatsApp con Sofía, de 19 años, se quedó con el ojo cuadrado. El deseo de la moneda no solo había reescrito la mente de su familia, sino la de absolutamente todos los habitantes del planeta. La respuesta de Sofía reflejaba esa misma normalidad cotidiana y fastidiosa:

Sofía: Ay no amiga qué horror, te compadezco mil jajaja. Qué castre con los hermanastros de verdad, el mío el otro día también me pidió que le lavara el carro y me soplé dos horas bajo el sol, lo bueno que me pago . Qué hueva que te tocara cooperar con eso ahorita, pero equis, te entiendo perfecto, te espero en la plaza cuando te deje libre.

Logan sintió una descarga de adrenalina pura. El deseo era infalible. Había afectado a todo el mundo de manera literal. La gente en la calle, las amigas de sus hermanas, los desconocidos fuera de esa casa... todos consideraban que obedecerle era una molesta pero indiscutible norma de la vida diaria.

—¿Ya me vas a devolver mi cel o vas a seguir de chismoso? —reclamó Chloe, estirando la mano con impaciencia.

Logan le regresó el teléfono con una sonrisa de absoluta victoria plasmada en el rostro. Miró hacia abajo, donde el trasero de Megan seguía alzado en el sillón esperando por él. Sabiendo que el mundo entero estaba a sus pies y que nadie pondría jamás una sospecha sobre él, Logan sujetó a Megan con más fuerza por las caderas y volvió a arremeter con un ritmo brutal y acelerado, dispuesto a reclamar lo que era suyo.

Logan volvió a hundirse con fuerza en la estrechez de Megan, haciendo que los cojines del sillón rechinaran bajo el impacto constante. Ahora que tenía la absoluta certeza de que el mundo entero estaba bajo el mismo efecto y que Sofía —la amiga de Chloe— o cualquier otra persona reaccionarían con esa misma desconcertante normalidad, ya no había frenos en su mente.

Megan soltó un quejido agudo ante el aumento repentino de la intensidad. Sus manos se aferraron con más fuerza al respaldo del sofá, y aunque sus paredes vaginales se contraían abrazando el miembro de Logan debido al placer puramente biológico, su boca no se callaba.

—¡Oye! ¡Animal! Te dije que más despacio —reclamó Megan por encima de su hombro, arqueando las cejas con esa altanería intacta que la caracterizaba—. Dios, Logan, se nota que nunca habías tenido a una mujer como yo. Qué torpe eres. Muévete bien o ya quítate.

—Cállate y recibe cada golpe sin moverte —le ordenó Logan con voz ronca y dominante.

Al instante, la boca de Megan se cerró de golpe, apretando los labios con rabia contenida. Su cuerpo se tensó, ofreciendo una resistencia perfecta y manteniéndose firme en la posición de cuatro, absorbiendo las embestidas frenéticas de Logan mientras sus ojos rodaban hacia el techo con fastidio. Los chasquidos húmedos se volvieron más sonoros, inundando la sala.

Vanessa, que ya había terminado de ordenar los papeles del suelo, se recargó contra la mesa de centro. Seguía completamente desnuda de la cintura para abajo, con sus tacones de aguja estilizando sus piernas maduras de 45 años. Miró su reloj de pulsera con un gesto estricto.

—Logan, en serio, ya va a ser mediodía —regañó Vanessa, cruzándose de brazos de forma severa—. Apúrate con Megan. Tengo que preparar la comida y limpiar lo que ensuciaron en la alfombra con Chloe. No podemos pasarnos todo el día atendiendo tus necesidades, por más que nos lo pidas. Hay responsabilidades en esta casa.

—Sí, total —secundó Chloe sin levantar la vista de su celular, tecleando a toda velocidad—. Sofía ya me mandó otro mensaje diciendo que ya va camino a la plaza. Apúrense, qué estrés con ustedes.

Logan sintió cómo la presión y el placer acumulado lo llevaban rápidamente al límite. Sostuvo a Megan firmemente por la cintura, hundiéndose tres veces más de manera profunda y salvaje, llenándola por completo. Megan dejó escapar un jadeo ahogado, cerrando los ojos con fuerza mientras su cuerpo experimentaba los espasmos del clímax físico, aunque al abrir los ojos de inmediato recuperó su mirada de desprecio.

Con un fuerte suspiro, Logan se vino con fuerza dentro de su hermanastra mayor, descargando su semen en su interior. Se quedó un momento estático, regulando su respiración, antes de retirarse lentamente. Su miembro resbaló fuera de ella, dejando un hilo espeso que escurrió por los muslos de Megan.

De inmediato, Megan se dejó caer en el sillón de lado, bufando con fastidio mientras estiraba la mano para alcanzar sus pantalones en el suelo.

—Qué asco, me dejaste hecha un desastre —protestó Megan, limpiándose con desdén y mirando a Logan de arriba abajo—. Qué hueva de verdad. Ahora me tengo que bañar a las carreras.

Logan se quedó de pie en medio de la sala, completamente desnudo y contemplando a las tres mujeres de la casa operando bajo su control absoluto. El día apenas comenzaba, el poder en sus manos era ilimitado, y la universidad lo esperaba por la tarde.

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