What's next?
Cap 3
—Bueno, yo ya terminé aquí abajo —dijo Logan, limpiándose tranquilamente y recogiéndose los pantalones—. Chloe, muévete. Nos vamos tú y yo a la plaza.
Chloe despegó los ojos del celular por una milésima de segundo y soltó un bufido de frustración tan grande que casi se le sale el aire.
—¡Ay, no mames, Logan, qué castre de verdad! —reclamó la menor de 19 años, azotando los brazos con total desgano—. ¿También tengo que ir contigo? Qué hueva, yo iba a ir sola con Sofía para chismear a gusto sin que un metiche estuviera ahí. De verdad que no me dejas en paz ni un segundo.
—Te aguantas, Chloe. Te vas conmigo y punto —ordenó Logan, usando ese tono firme que anulaba cualquier decisión de su cuerpo.
Chloe se puso de pie de inmediato. Aunque su boca seguía torcida en una mueca de profundo fastidio y de camino a la entrada iba arrastrando los pies como una niña chiquita, sus manos recogieron su bolsa de manera perfectamente sumisa.
Mientras tanto, en la sala, Vanessa y Megan comenzaron a moverse bajo las órdenes implícitas de mantener el orden en el hogar. Vanessa, todavía con su vestido verde desabrochado y sus tacones altos, recogió los papeles y fue directo por los productos de limpieza.
—A ver, Megan, muévete del sillón y ayúdame a pasarle un trapo a la alfombra antes de que la mancha que dejó tu hermana se quede ahí para siempre —regañó Vanessa con su tono estricto de jefa de casa—. Qué desorden me hacen en un momento.
Megan, bufando y limpiándose los muslos de mala gana, se levantó de los cojines.
—Ay, ya voy, mamá. Qué asco de verdad, todo por los fetiches corrientes de Logan. Déjame ayudarte rápido porque me urge meterme a bañar. Se me está haciendo tardísimo para mi cita y huelo a él por completo. Qué oso.
La hermanastra mayor de 24 años ayudó a su madre a acomodar la sala a la velocidad de la luz. En cuanto terminaron, Megan subió las escaleras corriendo, se metió a la ducha para un baño exprés de cinco minutos, se arregló con su ropa más llamativa, se retocó el peinado que Logan tanto le había desarreglado y salió de la casa a toda prisa, azotando la puerta con su habitual aire de superioridad y altanería, sin mirar atrás.
Mientras tanto, Logan y Chloe ya iban caminando por la calle con rumbo al centro comercial donde Sofía la estaba esperando. El día estaba completamente normal; la gente pasaba de largo sin sospechar que el universo entero se regía bajo la voluntad de Logan.
Chloe caminaba a su lado, un paso por delante de él, tecleando furiosa en su celular y quejándose en voz alta cada tres cuadras.
—Es que de verdad, Logan, sigo sin entender por qué tenías que venir —soltó Chloe sin mirarlo, con su tono flojo y cortante—. Qué incómodo va a ser que estés ahí parado como un mueble mientras nosotras platicamos.
Logan sonrió con malicia, metiendo las manos en los bolsillos. Miró de reojo las caderas de su hermanastra y luego pensó en el mensaje que había leído en WhatsApp hace un rato.
—No voy a ir a verlas platicar, Chloe —soltó Logan con total tranquilidad—. En cuanto lleguemos con Sofía, me la voy a follar a ella también.
Chloe se detuvo en seco en medio de la banqueta. Giró la cabeza hacia él, arrugando la nariz y mirándolo con unos ojos llenos de total incredulidad, fastidio y absoluto desprecio por su falta de llenadero.
—Ay, no mames, Logan, qué asco de verdad contigo —le soltó Chloe, rodando los ojos con una fuerza increíble—. O sea, ¿qué te pasa? ¿Acaso no fue suficiente con haberme follado a mí en la alfombra y luego haberte metido con mi hermana Megan en el sillón? ¿Ahora también quieres arruinarme la tarde con mi mejor amiga? Qué pinche enfermo eres, en serio. Deja a Sofía en paz, qué oso con tus urgencias.
Chloe soltó un último bufido de fastidio total y siguió caminando a regañadientes, arrastrando los pies y tecleando en su teléfono hasta que entraron a la zona de comida de la plaza comercial. A lo lejos, sentada en una de las mesas, estaba Sofía, de 19 años. Llevaba unos jeans ajustados y una blusa corta, y levantó la mano para saludarlas en cuanto las vio venir.
—¡Hola, amiga! Por fin llegas, ya pensaba que tu hermanastro te iba a tener ahí atrapada toda la... —Sofía se interrumpió a sí misma al notar que Logan venía justo detrás de Chloe, caminando con total tranquilidad.
Al igual que el resto de la familia, la expresión de Sofía no fue de pánico o confusión al ver al causante de la demora de su amiga; simplemente arrugó la nariz con una mirada de profunda pereza y altanería adolescente, cruzándose de brazos mientras se recargaba en la silla.
—Ay, hola, Logan. Qué hueva que tú también viniste —soltó Sofía con un tono de voz plano y desinteresado, masticando chicle—. Chloe me contó el numerito que te aventaste en la sala de tu casa. Qué originales son los hombres, de verdad. En fin, ¿ya nos vas a dejar en paz o qué?
Chloe se dejó caer en la silla de al lado, soltando su bolsa sobre la mesa con flojera.
—Ni me digas, Sofi. El niño no se cansa. Le dio por venir a dar lata aquí también. Qué castre.
Logan se paró justo frente a la mesa, mirando a la amiga de su hermanastra de arriba abajo. Saber que el deseo controlaba cada rincón del mundo y ver la absoluta naturalidad y desgana con la que Sofía hablaba de lo ocurrido hacía que el poder se sintiera aún más adictivo. Dando un paso hacia el frente, Logan la miró fijamente y le lanzó la orden de manera directa y cortante.
—Sofía, levántate de la silla ahora mismo, dame un beso lo más lascivo que puedas y, mientras lo haces, mete la mano en mi pantalón y agárrame el pene con fuerza.
La expresión en el rostro de Sofía no cambió; mantuvo su mirada de superioridad y sus cejas juntas en un gesto de total fastidio. Su mente seguía pensando que Logan era un fastidio, pero su cuerpo no dudó ni una milésima de segundo. De inmediato, escupió el chicle en una servilleta, se puso de pie de manera fluida y caminó directo hacia él con paso firme.
—Ay, por Dios, Logan. Qué corriente y qué predecible eres —reclamó Sofía en voz alta, bufando con impaciencia mientras recortaba la distancia entre ambos—. No puedes ver a una mujer tranquila porque luego luego quieres fregar. Qué oso con la gente de la plaza.
A pesar de sus protestas verbales, sus acciones fueron completamente entregadas y sumisas. Sofía rodeó el cuello de Logan con un brazo, se puso de puntitas y pegó sus labios a los de él, abriendo la boca por completo para introducir su lengua con una desesperación y una lascivia salvajes, devorándole la boca de forma experta. Al mismo tiempo, su otra mano bajó sin titubear hacia la entrepierna de Logan, abrió el cierre de su pantalón con rapidez y metió los dedos para sujetar firmemente su miembro, que ya se encontraba completamente erecto y caliente bajo su tacto.
Chloe, sentada a un lado, desvió la mirada hacia su celular de la manera más aburrida posible, soltando otra queja en voz alta.
—Ay, ya van a empezar. Qué flojera de verdad, muévanse a otra parte si van a hacer eso, que me da un buen de pena que los vean —dijo Chloe, tecleando furiosa en su pantalla mientras Sofía continuaba devorándole la boca a Logan con pasión biológica pero manteniendo una mirada fría y molesta entre los ojos entreabiertos.
Sofía continuaba devorándole la boca a Logan con una lascivia salvaje y puramente mecánica, moviendo la lengua de un lado a otro mientras sus dedos apretaban firmemente su miembro erecto dentro del pantalón. A pesar del beso tan apasionado que su cuerpo ejecutaba, sus ojos, que permanecían entreabiertos, miraban a Logan con una frialdad y un fastidio absoluto, como si estuviera cumpliendo una tarea escolar aburrida y obligatoria.
Cuando Logan finalmente rompió el beso para tomar aire, Sofía no tardó ni un segundo en soltar un bufido de total desprecio, limpiándose los labios con el dorso de la mano sin soltarle la hombría.
—Qué asco, Logan, besas horrible —soltó Sofía con su habitual tono de superioridad adolescente, rodando los ojos—. Y qué urgido estás, de verdad. No dejas pasar ni cinco minutos sin querer fregar. ¿Ya nos podemos ir a un motel o a dónde me vas a llevar? Qué oso estar haciendo esto aquí en medio de la zona de comida con todo el mundo pasando.
Logan miró a su alrededor. Algunas personas que caminaban por los pasillos de la plaza miraban la escena de reojo, pero nadie se escandalizaba ni llamaba a la seguridad; para todos en ese nuevo mundo, la sumisión absoluta ante Logan era una regla tan cotidiana y normal como el tráfico de la tarde, por mucho que a las mujeres les molestara cumplirla.
Chloe, que seguía sentada revisando su Instagram, soltó una risita seca y burlona sin levantar la vista.
—Te lo dije, Sofi. El niño no tiene llenadero. Se sopló a mi mamá y a Megan en la casa y ahora viene por ti. Qué hueva con sus fetiches corrientes. Logan, ya llévatela a otra parte, no quiero que la gente piense que te conozco.
Logan sonrió con total suficiencia, sintiendo el control absoluto palpitar en sus venas. Miró a Sofía fijamente, disfrutando de cómo su mano seguía rodeando su miembro de forma sumisa mientras su rostro mantenía esa expresión de profunda molestia.
—Sácame el pene del pantalón por completo, ponte de rodillas aquí mismo en el suelo de la plaza y empiezame a mamar la verga. Chloe, quédate ahí sentada y grávanos con tu celular —ordenó Logan con una voz fría y autoritaria que resonó en la mesa.
—¡Ay, no mames, Logan, qué naco eres! —reclamó Chloe de inmediato, azotando el celular contra la mesa con total frustración y fastidio—. ¿De verdad tengo que grabarte? Qué pinche flojera, se me va a acabar la batería y qué oso tener videos tuyos en mi galería.
A pesar de su berrinche verbal, las manos de Chloe tomaron el teléfono al instante, desbloquearon la cámara y apuntaron directamente hacia ellos con una precisión perfecta y sumisa.
Sofía, por su parte, soltó una risa de pura incredulidad y molestia.
—De verdad que eres un corriente de lo peor, Logan. Qué poca clase tienes haciendo esto en público —dijo con la voz cortante y llena de orgullo herido.
Pero sus acciones no se detuvieron. Con total fluidez, Sofía jaló el miembro de Logan hacia afuera, dejándolo completamente expuesto en medio de la zona de comida. Acto seguido, se deslizó de la silla y se colocó de rodillas sobre el piso de la plaza comercial, justo frente a su entrepierna. Con una mirada severa y de absoluto desprecio fija en los ojos de Logan, abrió la boca al máximo y la cerró alrededor de su hombría, comenzando a succionarlo con una destreza salvaje mientras Chloe grababa cada detalle con cara de aburrimiento.
La chica gótica se quedó estática un segundo, con el tenedor a mitad de camino a la boca. Sus grandes ojos delineados de negro se abrieron por completo, reflejando una súbita oleada de confusión interna al sentir cómo sus prioridades psicológicas y sus emociones eran hackeadas y reescritas por completo en un instante.
De inmediato, bajó el tenedor con un golpe seco sobre el plato. Su rostro no perdió esa expresión original de chica ruda, alternativa y antisocial, y sus cejas siguieron juntas en una mueca de profundo fastidio con el universo, pero su cuerpo y sus palabras se rindieron ante la nueva e inquebrantable realidad.
—Ay, no mames... ¿es en serio? —soltó la gótica con una voz ronca, cortante y cargada de una tremenda rabia contenida, mientras se ponía de pie arrastrando la silla—. Qué maldito coraje me da esto. De entre todos los idiotas del mundo, tenías que ser tú. Qué perra hueva me da mi vida ahora mismo, pero es la verdad... eres lo único que me importa en este pinche planeta. Te adoro, qué asco de verdad.
Logan soltó una carcajada llena de suficiencia al escucharla. El poder de la moneda funcionaba a la perfección: la chica gótica mantenía intacto su estilo, su orgullo, su lenguaje grosero y su personalidad amargada, pero internamente estaba completamente encadenada a él, adorándolo por obligación mágica.
Sofía, que seguía al lado de Logan acomodándose la blusa ajustada, miró a la recién llegada con los ojos entreabiertos y su habitual tono de superioridad adolescente.
—Ay, qué flojera, otra más. Logan, neta no tienes llenadero. Qué oso con tus fetiches de andar coleccionando tipas en la plaza comercial. Ya vámonos a otra parte.
Chloe, por su parte, guardó su teléfono en la bolsa tras terminar de subir el video y se acercó arrastrando los pies, mirando a la gótica de arriba abajo con total desinterés.
—Sí, ya, muévanse. Qué estrés con ustedes tres aquí parados. Sofi, vámonos por un helado o algo en lo que el niño decide qué hacer con su nueva novia rara.
La chica gótica ignoró por completo los comentarios de las hermanas. Caminó con paso firme hacia Logan con sus botas de plataforma repicando en el piso. Aunque su mirada seguía siendo fría, desafiante y llena de desprecio hacia el entorno, se plantó a escasos centímetros de su pecho, cruzándose de brazos con arrogancia pero sin poder apartar los ojos de él.
—Bueno, ¿y ya me vas a decir qué quieres que haga, mi amor, o me voy a quedar aquí parada viendo tu cara de imbécil todo el día? —soltó la gótica con un tono plano, sarcástico y sumamente sensual a la vez—. Porque de verdad me caga la gente de esta plaza y me urge que nos larguemos a un lugar donde pueda adorarte como se debe sin que estas dos me estén viendo con cara de juzgar. Mueve las piernas, Logan.
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