What's next?
Cap 4
Logan miró a Chloe y a Sofía, quienes seguían paradas junto a la mesa con los brazos cruzados y caras de absoluto aburrimiento.
—Bueno, ustedes dos ya hagan lo que quieran —les dijo Logan, dándoles la espalda—. Ya no las necesito por ahora. Larguense a dar su vuelta.
—Ay, al fin, gracias al cielo —suspiró Chloe, rodando los ojos con una fuerza increíble mientras tomaba a su amiga del brazo—. Vámonos de aquí, Sofi, que el ambiente ya se puso rarísimo con la gótica. Qué hueva de verdad con Logan.
—Sí, neta, qué oso —coincidió Sofía, acomodándose los jeans—. Nos vemos luego, Logan, a ver si la próxima tienes un poquito más de clase. Bye.
Ambas se dieron la vuelta arrastrando los pies y murmurando críticas sobre el calzado de Logan, desapareciendo rápidamente entre los pasillos del centro comercial con total normalidad.
Logan se giró por completo hacia la chica gótica, quien permanecía de pie con sus botas de plataforma alta, los brazos cruzados sobre su pronunciado pecho y una mirada que era una mezcla perfecta entre devoción absoluta y un profundo fastidio existencial.
—A ver, genio —soltó la gótica, tronando la boca con flojera y acomodándose el cabello oscuro—. Ya que espantaste a tus amigas y me reescribiste el cerebro para que seas el centro de mi universo... ¿mínimo me vas a decir cómo te llamas? Porque está muy cabrón adorar a un completo desconocido en medio de la sección de comida rápida.
—Me llamo Logan —respondió él con una sonrisa de suficiencia.
—Logan... qué nombre tan genérico, pero bueno, ya qué —bufó ella, rodando los ojos delineados de negro, aunque sus pasos la llevaron de manera automática un poco más cerca de él, reduciendo la distancia con un magnetismo inevitable—. Yo soy Roxanne. Y como ahora resulta que eres mi única prioridad en este pinche planeta, más te vale que nos larguemos de aquí. Odio el olor a frituras de este lugar y me caga la luz blanca de la plaza.
Roxanne estiró una mano con las uñas pintadas de negro y, con un gesto que combinaba total desgana verbal pero una sumisión física absoluta, tomó a Logan de la playera para jalarlo hacia la salida.
—Muévete, Logan. Vamos a mi departamento. Está aquí cerca, no hay nadie, y ya que tengo esta estúpida necesidad de adorarte, prefiero hacerlo donde no haya un montón de extraños viéndome la cara —ordenó de vuelta con su tono de voz plano y antisocial, mientras sus dedos se aferraban con fuerza a la tela de su ropa, demostrando que no pensaba soltarlo en todo el día.
Roxanne arrastró a Logan fuera de la plaza comercial sin soltarle la playera, caminando con paso firme sobre sus altas plataformas oscuras. El sol de la tarde pegaba de lleno en la banqueta, y cada dos cuadras la chica gótica soltaba un bufido de frustración, quejándose del calor, del ruido de los carros y, sobre todo, de la ridícula pero inquebrantable devoción que sentía en el pecho.
—Neta, qué asco de clima —rezongaba Roxanne, tapándose un poco los ojos con su mano libre, llena de anillos de calaveras—. Odio el sudor. Y odiaría más estar caminando bajo el sol con cualquiera... pero como el universo decidió que eres mi maldito dios o una pendejada así, aquí me tienes, escoltándote como si fueras un premio. Qué ironía de verdad.
Logan la miraba de reojo, fascinado. El contraste de su cuerpo escultural —con ese vestido negro corto que acentuaba sus curvas y su buen pecho— con su actitud de total amargura creaba una combinación adictiva. Sabiendo que tenía el control absoluto, Logan se soltó de su agarre y, en su lugar, le rodeó la cintura con el brazo, pegándola a su cuerpo.
Roxanne se tensó un segundo, frunciendo el ceño con una mirada de profunda superioridad y fastidio, pero de inmediato su cadera se acopló perfectamente al paso de Logan, y su brazo rodeó la espalda del chico de manera automática.
—Ay, miren al niño, qué atrevido —soltó ella con una risita sarcástica y seca, aunque su cuerpo temblaba sutilmente por la cercanía—. Aprovechado tenías que ser, Logan. Pero bueno, no te voy a quitar el brazo porque, para colmo, se siente bien tenerte cerca. Qué coraje me doy.
Finalmente llegaron a un edificio de departamentos de aspecto un tanto descuidado y antiguo, muy acorde al estilo de Roxanne. Subieron las escaleras hasta el segundo piso, donde ella sacó sus llaves con ruidos metálicos y abrió la puerta de su departamento. El lugar estaba decorado con pósters de bandas de metal, luces de neón moradas apagadas y cortinas densas que bloqueaban por completo la luz del día, dejando el ambiente en una cómoda penumbra.
En cuanto la puerta se cerró detrás de ellos, el aire acondicionado recibió a Logan con un frescor agradable. Roxanne soltó las llaves sobre una mesa, se giró hacia él y se cruzó de brazos, clavándole esos ojos oscuros tan expresivos.
—Listo, ya estamos en mi territorio, sin luz del sol y sin gente castrosa alrededor —dijo Roxanne, tronando el cuello con flojera, aunque dio un paso lento hacia él, recortando el espacio—. A ver, Logan, mi amor... Ya que mi mente me está gritando que me ponga a tus pies, dime de una vez qué quieres. ¿Quieres que me encuere, quieres que te sirva algo, o vas a seguir parado con esa sonrisita de imbécil que me está dando unas ganas perras de besarte? Habla ya.
Logan soltó una risa ahogada, disfrutando al máximo de la actitud desafiante pero completamente sometida de Roxanne. Dio un paso al frente, acortando la distancia hasta que sus pechos casi se tocaban, obligándola a levantar la mirada debido a la diferencia de estatura que marcaban sus plataformas.
—Quítate las botas y el vestido —ordenó Logan con voz baja y pausada, cargada de una autoridad absoluta—. Ponte de rodillas en medio de la sala y espérame ahí mientras voy al baño.
Roxanne arrugó la nariz y soltó un bufido que denotaba un fastidio monumental.
—Ay, por Dios, qué original eres, Logan. Lo primero que se te ocurre es encuerarme, de verdad que los hombres no tienen una pizca de imaginación —reclamó en voz alta, manteniendo su tono plano, sarcástico y cortante.
Sin embargo, mientras sus palabras destilaban desprecio, sus manos se movieron con una fluidez envidiable. Se agachó de inmediato, desabrochó los cierres de sus pesadas botas de plataforma y las dejó caer a un lado con un golpe seco. Acto seguido, llevó las manos a la espalda, bajó el cierre de su vestido negro y se lo deslizó por las caderas, revelando un conjunto de lencería de encaje oscuro que contrastaba a la perfección con su piel pálida, acentuando su figura voluptuosa, sus amplias caderas y su pronunciado pecho.
Sin perder un segundo, Roxanne caminó descalza hacia el centro de la sala tapizada, se apoyó sobre sus rodillas y cruzó los brazos, mirando hacia la puerta del baño con una expresión de profunda amargura y altanería, como si estuviera esperando en la fila del supermercado.
—No te tardes, Logan —gritó desde la sala con flojera—. Qué hueva tener que estar aquí congelándome con el aire acondicionado sólo porque al niño le dio por ir al baño a mitad de su teatrito.
Logan entró al baño y se lavó las manos, mirándose al espejo con una sonrisa de absoluta victoria. El deseo no tenía fisuras. Daba igual qué tan ruda, antisocial o amargada fuera una mujer; el efecto de la moneda las obligaba a cumplir cada uno de sus caprichos con una sumisión corporal perfecta, permitiéndoles mantener sus quejas cotidianas para hacer la experiencia aún más real y adictiva.
Al salir del baño un par de minutos después, Logan se topó con la silueta de Roxanne en la penumbra de la sala, iluminada apenas por el reflejo de la cocina. Ella seguía en la misma posición exacta, pero en cuanto lo vio aparecer, rodó los ojos y tronó la boca con impaciencia.
—Por fin, ya me estaba dando el año —soltó la gótica, arqueando una ceja con arrogancia—. Bueno, ya que estás aquí y que mi cerebro insiste en que eres lo más sagrado de mi vida... muévete y haz lo que vayas a hacer, Logan. A ver si de verdad eres tan bueno como para justificar este coraje que me estoy cargando.
Logan no la hizo esperar más. Se desabrochó los pantalones y dejó caer su ropa al suelo, quedando completamente desnudo frente a ella. El miembro de Logan, impulsado por la intensa adrenalina de la situación, recuperó toda su firmeza en un instante.
Roxanne, sin perder su expresión severa, miró de arriba abajo su hombría. Soltó una risita seca, cargada de su habitual cinismo gótico.
—Vaya, al menos en algo no eres una total decepción, Logan —comentó con tono plano, aunque sus ojos se dilataron sutilmente al sentir el calor que desprendía el cuerpo del chico—. Bueno, ¿te vas a quedar ahí parado presumiendo o me vas a dar una razón real para adorarte?
Logan la tomó firmemente de los hombros y la guió hacia el frente. Roxanne, captando la señal sin necesidad de más palabras, abrió la boca y envolvió su miembro por completo. Su técnica era sorprendentemente experta, usando la lengua y la presión de sus labios con una destreza salvaje que contrastaba con la mirada de profundo aburrimiento y superioridad que mantenía fija en los ojos de Logan.
Los chasquidos húmedos se apoderaron del silencio del departamento en penumbra. Logan sentía cómo el control era absoluto; las manos de la gótica subieron de manera automática para sostenerse de sus muslos, apretando con fuerza mientras subía y bajaba la cabeza con un ritmo implacable.
Después de unos momentos de intensa estimulación, Logan la detuvo, tomándola del cabello oscuro con suavidad pero firmeza para obligarla a soltarlo.
—Ponte de espaldas en el suelo, boca arriba, y sube las piernas —le ordenó con voz ronca.
—Ay, qué exigente saliste —protestó Roxanne, rodando los ojos con fastidio mientras se acostaba de inmediato en la alfombra, elevando sus caderas y flexionando las piernas para ofrecerle un acceso total—. De verdad que no das tregua. Dale ya, Logan, antes de que me arrepienta de tenerte tanta paciencia.
Logan se acomodó entre sus muslos y, apuntando directamente a su estrechez, se hundió de un solo golpe en el interior de la gótica. Roxanne soltó un jadeo agudo que rompió por completo su fachada fría, arqueando la espalda mientras sus paredes vaginales, sumamente húmedas y calientes, se contraían con fuerza alrededor de él.
—¡Ah!... Dios, Logan... qué bruto eres —reclamó Roxanne entre dientes, intentando recuperar su tono arrogante a pesar de que su respiración ya se había vuelto frenética—. Te dije... que te movieras bien... qué hueva contigo de verdad...
Logan ignoró sus quejas y comenzó a embestir con un ritmo brutal y constante. El pronunciado pecho de Roxanne se sacudía con cada impacto, y aunque ella intentaba mantener una mirada de desprecio hacia el techo, sus manos terminaron aferrándose a la espalda de Logan, enterrando las uñas pintadas de negro en su piel a medida que el placer físico la dominaba por completo.
La penumbra del departamento, las luces moradas de fondo y los quejidos constantes de la gótica creaban un ambiente denso y adictivo. Logan sabía que tenía todo el tiempo del mundo, y el universo entero a sus pies.
Logan continuó embistiendo con fuerza, llevando a Roxanne al límite del placer físico. A pesar de que la gótica intentaba mantener su semblante de superioridad, sus jadeos se volvieron más agudos y constantes, y sus piernas se envolvieron con fuerza alrededor de la cintura de Logan de manera puramente instintiva.
Sintiendo el clímax parpadear en sus venas, Logan dio tres estocadas finales, hundiéndose al máximo en la estrechez caliente de la chica. Con un gemido ronco, se vino profundamente dentro de ella, descargando su semen en su interior. Se quedó un momento estático, regulando su respiración sobre su pecho, mientras Roxanne soltaba un largo suspiro de alivio, entornando los ojos hacia el techo con fastidio.
—Al fin... Qué hueva de verdad, me dejaste toda pegajosa —protestó Roxanne con su tono plano y cortante, empujándolo sutilmente de los hombros—. Ya quítate de encima, Logan, que pesas un buen.
Logan se separó lentamente, dejando que el fluido escurriera por los muslos pálidos de la gótica, y se sentó en la alfombra para recuperar el aliento. Al apoyar la mano en el suelo, rozó un pedazo de papel grueso que estaba tirado cerca del mueble de la televisión. Curioso, lo levantó y lo giró para verlo bajo la tenue luz morada del departamento.
Se quedó mudo por un segundo. Era una ilustración hecha a mano, un diseño de personaje con un nivel de detalle impresionante, sombreados perfectos con tinta y un fondo sumamente elaborado. El estilo era oscuro pero visualmente hermoso, limpio y profesional.
Logan levantó la mirada hacia ella, mostrando el papel.
—Oye... ¿tú hiciste esto?
Roxanne, que se estaba sentando de mala gana en la alfombra mientras se acomodaba el encaje de sus bragas, miró el papel y de inmediato arrugó la nariz, cruzándose de brazos con su habitual aire de altanería y desdén.
—Ay, sí, yo lo hice. ¿Qué tiene? —soltó la gótica, rodando los ojos con fastidio—. Es sólo un pasatiempo, tampoco te emociones. Hago dibujos así a mano cuando estoy aburrida, y también le muevo al diseño digital en mi tableta gráfica cuando no tengo nada mejor que hacer en este pinche planeta.
A pesar de su tono desinteresado y amargado, sus ojos delineados siguieron el dibujo en las manos de Logan con un brillo de orgullo oculto.
Logan contempló el trazo una vez más, dándose cuenta de que la moneda no sólo le había dado el control sobre mujeres sumamente atractivas, sino que cada una de ellas tenía talentos y facetas ocultas que ahora estaban completamente a su disposición. Sonrió con malicia, guardando el dibujo en la mesa de centro y fijando sus ojos en la escultural figura de la gótica.
Logan soltó una sonrisa llena de suficiencia y acomodó el papel en la mesa de centro, mirando fijamente a Roxanne, quien seguía sentada en la alfombra con su característica expresión de desgana.
—Tengo una excelente idea para tu talento —le dijo Logan con tono firme y dominante—. Vas a prender tu tableta y vas a hacer un dibujo digital de nosotros dos teniendo sexo, justo como acabamos de estar en la alfombra. Y además, te vas a sentir sumamente orgullosa de ese trabajo cuando lo termines.
Roxanne arrugó la nariz y soltó un bufido tremendo, cruzándose de brazos con total fastidio.
—Ay, por Dios, Logan, qué egocéntrico y qué corriente eres, en serio —reclamó la gótica, rodando los ojos con fuerza—. O sea, ¿quieres que gaste mi tiempo y mi pulso en dibujar tu cara de imbécil? Qué hueva de verdad.
Sin embargo, a pesar de su queja verbal, su mente ya estaba asimilando la orden. Sus ojos brillaron con una repentina chispa de inspiración y sus dedos se movieron imperceptiblemente, ansiosos por tomar el lápiz digital.
—Pero bueno, ya qué... de todos modos me va a quedar cabrón el diseño. Ya verás que va a ser de mis mejores piezas, qué pinche coraje me doy por ser tan buena en esto.
Logan se levantó del suelo, se puso los pantalones y sacó su celular del bolsillo. Se lo extendió a la gótica de manera directa.
—Escribe tu contacto en mi teléfono para que estemos comunicados de ahora en adelante.
—Tenías que pedirlo, qué metiche —rezongó Roxanne, tomando el celular de mala gana con sus uñas negras.
Tecleó rápidamente su número, guardó su nombre en la agenda de Logan y, de inmediato, se mandó un mensaje de WhatsApp a su propio teléfono para confirmar que todo estuviera correcto y dejar la línea abierta. El aparato de ella, que estaba sobre el sillón, vibró al instante.
—Ya quedó, ten tu chunche —dijo Roxanne, regresándole el celular con total desinterés—. Ya tienes cómo dar lata cuando estés aburrido.
Logan guardó el teléfono en el bolsillo, se terminó de arreglar la playera y caminó hacia la entrada de la sala, dejando atrás a la escultural gótica en paños menores. Roxanne ni siquiera se levantó; simplemente se quedó sentada en la alfombra, estirando la mano flojamente para alcanzar su tableta digital mientras mantenía esa mirada amargada y altanera fija en la pantalla que se encendía.
—Ya lárgate, Logan, que ahora por tu culpa tengo que ponerme a bocetar. Qué castre contigo —soltó ella como despedida, sin levantar la vista.
Logan abrió la puerta del departamento y salió al pasillo, escuchando el clic de la cerradura a sus espaldas. Bajó las escaleras del edificio con total tranquilidad y cruzó la puerta principal, saliendo nuevamente a la calle bajo el sol de la tarde. Con el contacto de Roxanne en su celular, el video de Chloe y Sofía corriendo por las redes, y el control absoluto del entorno, Logan caminó con paso firme, listo para ver qué más le deparaba el resto del día.
0 comments
No comments yet
The story has no discussion yet. Leave a note here when a branch gives you something to say.
No chapter comments yet
No one has commented on this branch yet. Add the first note above.