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Chapter 74 by bla12 bla12

¿Cómo la prepara Magi?

Con el disfraz de sirena

El vestuario estaba frío y olía a cloro y a humedad antigua. Julia miraba a su alrededor con los ojos muy abiertos, abarcando las tuberías expuestas, los armarios metálicos oxidados y los restos de escenografía apilados en un rincón. No se parecía en nada a los estudios luminosos y pulcros que había imaginado.

Magi se dirigió a uno de los armarios más grandes y lo abrió. De su interior sacó una gran bolsa de plástico negra. Al desenrollarla, reveló el contenido con un movimiento casi ceremonial. Julia contuvo el aliento. Era el disfraz de sirena.

La cola era un espectáculo de escamas iridiscentes que, incluso bajo la luz mortecina del vestuario, parecían capturar y refractar cada miserable haz de luz. El top era un sostén blanco, mínimo.

—Es... más de lo que imaginé —murmuró Julia, extendiendo una mano para tocar las escamas frías.

—Es solo la herramienta —dijo Magi, con una voz que sonaba plana por el esfuerzo de mantenerse neutral—. La transformación está en cómo lo llevas. —Colgó la cola en un perchero alto y se volvió hacia Julia—. Tienes que desvestirte. Completamente.

Julia dudó, un rubor intenso subiéndole por el cuello y el escote. Magi recordó vívidamente su propia vergüenza, el frío del aire en su piel, la sensación de exposición brutal.

—La ropa interior no se puede llevar debajo —explicó Magi, con una frialdad que le costó sangre fingir—. Se marca bajo el látex. Rompe la ilusión de la línea continua. La magia está en la fluidez, y cualquier bulto o costura la arruina. —Eran las mismas palabras que May le había escupido a ella.

—¿Pero...? —Julia se aferró a la cintura de sus pantalones, su última barrera.

—Es la regla, Julia —dijo Magi, endureciendo su tono ligeramente, imitando la impasibilidad de May—. No es una sugerencia. Tienes que elegir entre tu modestia y el trabajo. Aquí no se pueden tener las dos cosas. Piensa que no te estás desnudando. Te estás quitando lo de fuera para ponerte lo que de verdad eres aquí.

Eran palabras huecas, pero Julia, después de un momento de pánico visible, asintió con la resignación de quien ya ha firmado su sentencia. Con movimientos torpes y avergonzados, se quitó el suéter holgado, los jeans y, por último, su ropa interior sencilla. Se quedó de pie, completamente desnuda, temblando, cruzando los brazos instintivamente sobre su pecho y bajando la mirada hacia el suelo sucio.

Magi le tendió el top blanco, evitando mirarla directamente para no aumentar su bochorno.

—Este primero.

Julia se lo puso con dedos que apenas respondían. La tela mínima estaba demasiado ajustada, comprimiendo su pecho de una manera que se sentía obscena y ****. Magi ajustó las tiras traseras con manos expertas y frías, evitando tocar su piel más de lo estrictamente necesario.

—Ahora la parte difícil —dijo Magi, descolgando la pesada cola. La sostuvo abierta—. Tienes que meter las piernas y deslizarte hacia adentro. Yo te ayudo con los cierres.

Julia introdujo las piernas desnudas en la abertura fría y húmeda del interior de la cola. La sensación del látex directamente sobre su piel íntima la hizo estremecerse con un escalofrío violento. Magi se agachó detrás de ella y comenzó a cerrar la serie de broches ocultos a lo largo de la costura, sellándola dentro del disfraz.

—Los cierres son complicados —explicó Magi, con un monólogo aprendido—. Tienen que quedar perfectamente sellados. Si no, entra agua y se vuelve peligroso.

—¿Peligroso? —preguntó Julia, con un hilo de pánico en la voz.

—Incómodo —se corrigió Magi rápidamente—. Se vuelve incómodo. Solo respira hondo. Concéntrate en la sensación del material. En el peso. Deja que te ancle.

Magi terminó de ajustar los últimos broches. Julia estaba ahora completamente atrapada dentro de la cola, su cuerpo desnudo oculto pero palpable bajo la segunda piel de látex. Intentó dar un paso y tambaleó, agarrándose del brazo de Magi para no caer.

—Es muy pesada —jadeó Julia.

—Te acostumbrarás —dijo Magi, sosteniéndola—. Tienes que moverte desde las caderas, no desde las rodillas. Imagina que tienes una cola de verdad. Es un movimiento fluido, como una ola. —Hizo una demostración con su propio cuerpo, un leve y sensual movimiento que había aprendido a la fuerza—. Así.

Julia lo intentó, con una torpeza que delataba su vulnerabilidad.

—¿Y ahí abajo? —preguntó Julia, mirando hacia la puerta que llevaba al tanque principal con terror—. ¿Qué hago?

—Sonríe —respondió Magi, la palabra sabiendo a ceniza en su boca—. Siempre sonríe. Saluda. Mueve la mano. Enfócate en los niños, en sus caras. Ellos sí creen que eres real. Su creencia te hace real. Es tu escudo.

Era el consejo más valioso y traicionero que podía darle. Enfocarse en la ilusión para sobrevivir a la realidad de su desnudez y exposición.

—¿Y si... —Julia tragó saliva— ¿si pasa algo? ¿Si me siento... demasiado expuesta?

Magi la miró directamente a los ojos, y por un segundo, la máscara se le cayó. Vio a la chica asustada y desnuda que ella había sido, y su estómago se retorció de culpa.

—Aguanta —susurró Magi, y su voz casi se quiebra—. Solo aguanta. Piensa en el dinero. Piensa en los lienzos. Eso te mantiene a flote. La respiración es clave. Respira lento y profundo por la nariz. El pánico es tu único enemigo real ahí abajo.

Desde la puerta, la voz de May cortó el aire como un cuchillo.

—¿Listas para la debutante? El público espera.

Magi le ofreció el brazo a Julia para que se apoyara. Juntas, dieron los primeros y torpes pasos hacia la puerta, arrastrando el peso de la cola y el de la deuda contraída. Magi sintió que cada paso suyo era una traición, pero también un acto de supervivencia. Le había dado las herramientas para sobrevivir a la inmersión, pero ninguna para salir a flote ilesa. Le había mostrado cómo entregar su cuerpo, pero no cómo proteger su alma.

¿Cómo es la presentación de Julia?

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