Chapter 2
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K45
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Capitulo 2
Mientras el caos del fenómeno apenas comenzaba a sacudir los cimientos de la sociedad, a un par de kilómetros del departamento de los Midoriya, Katsuki Bakugo se encontraba en una plaza peatonal de Musutafu. Estaba de un humor de perros, parado frente a Tsuyu Asui y Reiko Yanagi. Las dos chicas lo habían interceptado para discutir unos reportes pendientes sobre los entrenamientos conjuntos entre la Clase A y la Clase B.
—¡Me importa un bledo lo que diga el profesor de la Clase B, maldita sea! —gritaba Bakugo, con chispas saliendo de sus manos—. ¡Si no pueden seguirme el ritmo, no es mi maldito problema!
—Kero... debes ser más cooperativo, Bakugo-chan —respondió Tsuyu con su habitual calma, con su dedo índice en la barbilla—. El trabajo en equipo también es parte de la nota.
Reiko Yanagi, con su postura encorvada y su cabello cayendo sobre su rostro de manera sombría, asintió levemente en silencio, flotando ligeramente sus manos debido a su quirk de telequinesis.
Antes de que Bakugo pudiera soltar otro insulto, la onda invisible los golpeó. Un dolor punzante, como un taladro encendido, perforó el cerebro de Bakugo. El rubio cayó de rodillas, apretándose la cabeza con rabia, sudando frío. Frente a él, Tsuyu y Reiko ni siquiera tuvieron tiempo de gritar; ambas se desplomaron sobre el concreto por completo inconscientes.
Bakugo, jadeando y con los ojos inyectados en sangre, se levantó como pudo. Al ver la ciudad colapsada y a las dos extras tiradas, las cargó a regañadientes usando sus explosiones para impulsarse y se metió en un motel de paso cercano que estaba completamente abandonado por el pánico de los dueños. Las arrojó sobre la enorme cama de una de las habitaciones y se sentó a esperar, encendiendo el televisor que anunciaba la emergencia internacional del duplicado mental.
En la Habitación del Motel
Bakugo miraba la pantalla con el ceño fruncido, pero el dolor de cabeza ya había desaparecido, reemplazado por una extraña e intensa pulsación en su entrepierna. En ese momento, Tsuyu y Reiko comenzaron a moverse en la cama. Cuando abrieron los ojos, la inocencia de Tsuyu y la timidez gótica de Reiko se habían esfumado. Sus miradas hacia Bakugo eran salvajes, altaneras y cargadas de una lascivia idéntica a la personalidad del rubio.
Tsuyu fue la primera en sentarse. Se pasó la mano por sus largos labios, pero en lugar de su expresión neutra, esbozó una sonrisa retorcida y soberbia.
—Vaya... con que esto es lo que se siente ser el número uno, ¿eh? —dijo Tsuyu, con una voz que mantenía su tono seseante pero ahora cargada de la arrogancia de Bakugo—. Kero... qué maldita locura. Sé quién soy, recuerdo a mi familia y mis habilidades de rana... pero mi mente piensa exactamente como tú, Bakugo. Sé perfectamente lo mucho que te excitaba ver la elasticidad de mi cuerpo en los entrenamientos y cómo te imaginabas amarrado por mi lengua mientras me dabas por el coño.
Reiko Yanagi se levantó lentamente, dejando que su blusa holgada se deslizara por uno de sus hombros, revelando su piel pálida. Sus ojos, antes sombríos, ahora brillaban con una perversión agresiva.
—Es verdad... somos unos malditos genios —susurró Reiko, usando su quirk de telequinesis para desabrochar el cinturón de Bakugo desde la distancia con una sonrisa lasciva—. Soy Reiko Yanagi, pero también soy Katsuki Bakugo. Comparto tu maldito orgullo y tu deseo enfermo de someter a las mujeres. Sé que te ponía cachondo mi aspecto de muerta viviente y que querías ver qué cara ponía si me profanabas. Aliviemos esta tensión ahora mismo, extra.
Bakugo soltó una carcajada ronca, sintiendo cómo su miembro se ponía ridículamente duro, golpeando contra sus pantalones desabrochados. El shock inicial desapareció, reemplazado por el ego colosal de ver a dos chicas de la UA pensando exactamente como él, listas para adorar su virilidad.
—¡Ja! ¡Así me gusta, malditas extras! —rugió Bakugo, despojándose de la camisa y mostrando su físico marcado—. Si sus cabezas piensan como yo, ¡entonces ya saben perfectamente lo que les espera! ¡A la lona las dos!
Tsuyu, impulsada por su quirk de rana y la agresividad de la mente de Bakugo, se abalanzó sobre él. Se arrodilló de inmediato en la alfombra, bajándole los pantalones con brusquidad para liberar la gruesa y palpitante erección del rubio. Con una mirada desquiciada, Tsuyu extendió su larga y húmeda lengua, envolviendo el miembro de Bakugo desde la base hasta la punta, saboreándolo con una destreza animal antes de meterlo por completo en su boca.
—¡¡AHHHG!! ¡Maldita rana, sí que sabes succionar! —bramó Bakugo, agarrando a Tsuyu fuertemente por el cabello verde oscuro, empujando su pelvis hacia adelante mientras la chica gemía con la garganta completamente tapada por la verga del rubio.
Reiko no se quedó atrás. Usando su telequinesis, hizo que las sábanas de la cama volaran por la habitación mientras ella se subía al colchón, poniéndose en cuatro patas, alzando su falda y apartando su ropa interior, mostrando su estrecho y rosado coño, que ya estaba destilando hilos de lubricante.
—¡Déjate de rodeos conmigo mismo y ven a romperme, Katsuki! —gritó Reiko, volteando el rostro con una expresión de pura soberbia y calentura—. ¡Demuéstrame que tu verga es tan explosiva como tus malditas manos! ¡Hazme tu perra de la Clase B!
Bakugo soltó el agarre del cabello de Tsuyu, dejando a la peliverde jadeando con la boca llena de saliva, y se subió a la cama como un depredador. Agarró las pálidas caderas de Reiko con una fuerza brutal y, de una sola estocada salvaje, se hundió por completo en su apretado interior.
—¡¡AHHHHHG!! —Reiko soltó un grito desgarrador, arqueando la espalda por completo. Las paredes de su coño se contrajeron como un puño alrededor del miembro de Bakugo, mientras pequeñas chispas de sudor y adrenalina comenzaban a brotar de la piel del rubio debido a la intensidad del encuentro.
Bakugo comenzó a embestir a Reiko con una furia implacable, imprimiendo en cada estocada el ritmo violento y destructivo que lo caracterizaba. El sonido seco y húmedo de sus pelvis chocando retumbaba en las paredes de la habitación del motel. Con sus manos firmes y sudorosas, Katsuki apretaba las pálidas caderas de la peliblanca, hincando los dedos en su piel hasta dejarle marcas rojas.
—¡¿Esto es lo que querías, extra?! —rugió Bakugo con la voz ronca por la adrenalina—. ¡Siente cómo te destrozo por dentro! ¡Tú y tu maldita Clase B no son nada contra mí!
—¡¡AHHH... sí... más duro, Katsuki!! —gritaba Reiko, con la cabeza enterrada en las almohadas, balanceando el trasero al compás de los feroces empujones del rubio. La mente de Bakugo en su cabeza la obligaba a exigir más castigo, disfrutando de la humillación de ser sometida de esa manera—. ¡Siento... siento tu verga quemándome hasta el fondo... eres el puto amo!
Tsuyu no se quedó observando desde abajo. Impulsada por la misma consciencia soberbia y lasciva, se subió a la cama con una agilidad felina. Se colocó a gatas justo al lado del rostro de Reiko, dándole la espalda a Bakugo. Sin una pizca de la timidez que solía tener, Tsuyu se alzó la falda, apartó su ropa interior empapada y comenzó a frotar su intimidad contra la mejilla de Reiko, mientras su larga lengua salía para lamer los pezones de la peliblanca a través de la blusa desabrochada.
—Kero... miren cómo nos ponemos por una verga —gimió Tsuyu, con los ojos desorbitados y las mejillas encendidas—. Bakugo-chan... haz que Reiko se corra primero para que me toque a mí. ¡Rómpela de una vez con tus malditas explosiones!
La estimulación visual y auditiva encendió la nitroglicerina en el sudor de Bakugo. Pequeñas chispas reales comenzaron a brotar de sus hombros y espalda debido a la extrema excitación, llenando la habitación con un ligero olor a pólvora y quemado. Agarró a Reiko del cabello gótico y le jaló la cabeza hacia atrás, obligándola a mirar cómo Tsuyu se masturbaba frente a ellas.
—¡Miren cómo se retuercen, par de perras! —exclamó Bakugo con una sonrisa salvaje y ególatra.
Reiko llegó a su límite. Las paredes de su estrecho coño comenzaron a contraerse en espasmos violentos y asfixiantes, atrapando el miembro de Bakugo en un agarre de carne hirviente que casi lo hace perder el control.
—¡¡ME CORRO... KATSUKI, ME CORRO CON TU MALDITO ORGULLO... AHHHHG!! —chilló Reiko, estirando las piernas por completo mientras el clímax la sacudía de pies a cabeza.
Katsuki dio tres estocadas finales, brutales y profundas, sepultando su miembro hasta la base dentro de Reiko. Con un rugido de puro éxtasis, se vino con una fuerza descomunal, disparando una densa y abundante carga de semen caliente que inundó por completo el útero de la chica de la Clase B, haciéndola colapsar boca abajo sobre el colchón, temblando e hiperventilando.
Bakugo sacó su miembro, aún firme, goteando fluidos y humeante por el calor de su propio cuerpo, y fijó su mirada depredadora en Tsuyu, quien lo esperaba con las piernas abiertas y la lengua afuera, lista para su turno.
Bakugo soltó un bufido salvaje, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano. Su miembro, lejos de ablandarse tras la descarga dentro de Reiko, palpitaba con una rigidez furiosa, goteando hilos de semen mezclados con los jugos de la chica de la Clase B. Fijó sus ojos inyectados en sangre en Tsuyu, quien lo miraba desde el colchón con una lascivia desquiciada, restregando su hendidura completamente empapada contra las sábanas deshechas.
—A ver si es verdad que aguantas el ritmo, maldita rana —rugió Bakugo, agarrándola por los muslos con un movimiento brusco y jalándola hacia el centro de la cama.
—Kero... ponme a prueba, Bakugo-chan. Ya sabes perfectamente lo elástica que soy —respondió Tsuyu con una sonrisa soberbia, abriendo las piernas por completo y arqueando la pelvis hacia arriba, exponiendo su intimidad rosada y latiendo de impaciencia.
Katsuki se posicionó entre sus piernas, apoyando sus manos firmes a los costados de la cabeza de la peliverde. Sin preámbulos ni delicadeza, empujó sus caderas hacia adelante con toda su fuerza, sepultando su gruesa erección de un solo golpe hasta el fondo del coño de Tsuyu.
—¡¡AHHHHHG!! —Tsuyu soltó un grito seseante y agudo, echando la cabeza hacia atrás mientras sus ojos se ponían en blanco. Las paredes vaginales de la chica rana, increíblemente elásticas pero ridículamente apretadas, se adaptaron al miembro de Bakugo como un guante de carne hirviente, succionándolo con una presión asfixiante que hizo jadear al rubio—. ¡Dios... kero... se siente... jodidamente gigante! ¡Me estás llegando al fondo del útero, Katsuki!
—¡Cállate y muévete, extra! —bramó Bakugo, comenzando un bombeo despiadado, rápido y violento.
El sonido de sus pelvis chocando con fuerza inundó la habitación del motel, un eco rítmico y ruidoso de carne húmeda que se mezclaba con los gemidos descontrolados de Tsuyu. Bakugo la embestía con una furia animal, aprovechando la flexibilidad del cuerpo de la chica para levantarle las piernas hasta los hombros, abriéndola por completo y destrozándola por dentro en cada estocada.
Reiko, recuperando un poco el aliento tras el orgasmo devastador que la había dejado tendida, se arrastró de rodillas por el colchón. Su rostro pálido estaba completamente encendido y sus ojos góticos brillaban con la perversión de la mente clonada. Se colocó justo al lado de la cadera de Bakugo y, usando sus manos temblorosas, comenzó a masajear los testículos del rubio al compás de sus feroces embestidas, mientras con la otra mano se estimulaba su propio clímax.
—Mírate nada más... eres un maldito monstruo, Katsuki —susurró Reiko con voz ronca, pegando sus labios al oído del rubio—. Mira cómo doblas a la ranita de tu clase. Dale más duro... haz que explote por dentro.
El estímulo de las palabras de Reiko y la salvaje fricción dentro de Tsuyu hicieron que el sudor de nitroglicerina de Bakugo comenzara a reaccionar de verdad. Pequeñas explosiones sordas y chispas reales brotaron de sus hombros, iluminando la oscura habitación y dejando un denso olor a pólvora en el aire, lo que encendió aún más la lujuria de las dos receptoras.
Tsuyu, completamente poseída por el clímax y la agresividad de la mente de Bakugo, estiró su larga lengua y la envolvió firmemente alrededor del cuello de Katsuki, jalándolo hacia ella para besarlo con desesperación, ahogando sus propios gemidos en la boca del rubio mientras su coño comenzaba a contraerse en espasmos violentos y dolorosamente deliciosos.
—¡¡Mmmmgh!! —gimió Tsuyu a través del beso, con el cuerpo totalmente rígido mientras el orgasmo la sacudía de pies a cabeza, apretando el miembro de Bakugo en un abrazo de carne asfixiante.
Bakugo llegó a su propio límite de frenesí. Con tres estocadas brutales que levantaron el cuerpo de Tsuyu del colchón, Katsuki rugió de puro éxtasis, liberando una pequeña detonación de sus manos contra la cama. Se tensó por completo y se vino con una fuerza descomunal, disparando chorros espesos y ardientes de semen que inundaron el interior de la chica rana, desbordándose a borbotones entre sus muslos.
Los tres colapsaron en un montón de carne exhausta, sudorosa y cubierta de fluidos sobre las sábanas manchadas, con el olor a pólvora flotando en el aire y las mentes duplicadas vibrando de puro placer dentro del encierro del motel.
Bakugo se dejó caer de espaldas sobre el colchón deshecho, bufando como un animal acorralado mientras el sudor de nitroglicerina se evaporaba de su piel, dejando hilos de vaho y un denso olor a pólvora en la habitación. A su lado, Tsuyu jadeaba con la lengua ligeramente afuera y Reiko permanecía boca abajo, con los muslos manchados por la abundante descarga que el rubio acababa de dejar en su interior.
La adrenalina del orgasmo comenzó a asentarse, y con ella, el orgullo arrogante y la mente analítica de Bakugo volvieron a encuadrarse en la realidad. Se incorporó bruscamente sobre sus codos, ignorando el cansancio físico. Sus ojos inyectados en sangre escanearon el cuarto del motel antes de fijarse en su pantalón tirado en la alfombra.
—¡Tsk! Qué maldito desastre —gruñió, estirando el brazo con brusquedad para sacar su teléfono del bolsillo.
Tenía la respiración pesada. La consciencia duplicada seguía vibrando en las cabezas de Tsuyu y Reiko, quienes lo miraban desde la cama con sonrisas cómplices, altaneras y perezosas, disfrutando del absoluto descaro de la situación. Bakugo desbloqueó la pantalla; el aparato estaba saturado de alertas de emergencia gubernamentales sobre el "Gran Duplicado de Mentes", pero a él solo le importaba una cosa. Buscó el contacto de su casa y marcó directamente al número de su madre.
El tono de llamada resonó un par de veces en el altavoz del motel. Bakugo apretaba los dientes con rabia creciente por la falta de respuestas en la ciudad. Finalmente, la línea hizo clic y la voz ronca de Mitsuki Bakugo saltó desde el auricular.
—*¿Qué quieres, Katsuki?* —la voz de su madre sonaba extrañamente pausada, arrastrada, con un tono de suficiencia que a Katsuki le pateó el estómago.
—¡¿DÓNDE DIABLOS ESTÁS, VIEJA BRUJA?! —rugió Bakugo, levantándose de la cama por completo desnudo, caminando de un lado a otro mientras Tsuyu se acomodaba sobre las sábanas para lamerse los labios con lascivia—. ¡La ciudad es un maldito caos! ¡Hay idiotas desmayándose en todas partes y la televisión dice puras estupideces de clones mentales! ¡¿Estás con el viejo?!
Al otro lado de la línea, hubo un breve silencio, seguido de un crujido húmedo que Katsuki, en su ceguera de ira, no alcanzó a descifrar.
—*Estoy bien, maldito mocoso. Me agarró el tráfico y me tuve que resguardar en un lugar seguro. No salgas de la casa, hazle caso a tu padre* —respondió Mitsuki. Su tono tenía una cadencia contenida, como si estuviera haciendo un esfuerzo físico por mantener el aire en los pulmones.
—¡Tsk! ¡Más te vale! —maldijo Katsuki, dándole un puñetazo sordo a la pared del motel—. ¡El nerd de Deku tampoco responde y el mitad-mitad dice que su hermana Fuyumi no aparece! ¡Si te pasa algo te mato, oíste!
Desde el otro lado del teléfono se escuchó un ahogo, un sonido sutil de fricción y saliva que cortó la respiración de la mujer por un instante, justo antes de que respondiera con una brusquedad idéntica a la del propio Katsuki.
—*Ya te dije que te calmes. Voy a estar incomunicada un buen rato, así que no estés jodiendo. Adiós.*
*Click.*
La llamada se cortó de golpe. Bakugo se quedó mirando la pantalla parpadeante con una vena inflándose en su frente.
—¡Maldita vieja loca! —bramó, arrojando el teléfono contra la cama.
Tsuyu, que había estado escuchando todo de rodillas con la falda levantada, soltó una risa soberbia y seseante, una réplica exacta de la risa burlona de Bakugo.
—Kero... tu madre se escucha bastante ocupada, Bakugo-chan —se mofó Tsuyu, arrastrándose hacia el borde del colchón y gateando directamente hacia los pies del rubio—. Pero deja de preocuparte por los extras. Ella ya te lo dijo, está en un lugar seguro... y nosotras también.
Reiko Yanagi usó su quirk de telequinesis para hacer flotar el teléfono de Bakugo lejos de su alcance, asegurándose de que nada los distrajera. Se incorporó, dejando que su largo cabello oscuro enmarcara su rostro pálido y encendido por la perversión.
—Olvídate del nerd y de tu maldita familia por ahora, Katsuki —provocó Reiko, lamiéndose los dedos con una mirada altanera—. Ahora mismo tú eres el único que importa aquí dentro. Siento tu maldita furia en mi cabeza, y tu verga ya se está poniendo dura otra vez solo de pensar en que tu madre te colgó. Ven aquí y demuéstranos quién manda.
Katsuki bajó la vista hacia su entrepierna. Era verdad. La furia de la llamada y el descaro de las dos chicas de la UA pensando y provocándolo con su propia mentalidad competitiva y lasciva hicieron que su miembro bombeara sangre con una violencia renovada, poniéndose venoso y firme de inmediato.
—¡Ja! Tienen agallas para hablarme así, malditas extras —exclamó Bakugo con una sonrisa salvaje, olvidándose por completo del mundo exterior—. Si quieren más, ¡les voy a dar hasta que supliquen que me detenga!
Se abalanzó de nuevo sobre el colchón, agarrando a Tsuyu del cuello con brusquedad para estampar sus labios contra los de ella en un beso agresivo, listo para desquitar toda su rabia y ego en los cuerpos de sus receptoras.
El beso agresivo entre Katsuki y Tsuyu se interrumpió con un jadeo pesado, dejando un hilo de saliva uniendo sus labios. Bakugo no perdió el tiempo; acomodó las piernas elásticas de la chica rana sobre sus hombros y, con un empuje cargado de pura rabia y frustración por la llamada, se hundió por completo en su coño empapado.
—¡¡AHHHG!! —Tsuyu soltó un grito seseante, apretando las sábanas con fuerza mientras su interior, ridículamente estrecho, recibía el embate violento del rubio.
Bakugo comenzó a darle estocadas brutales, rítmicas y ruidosas, haciendo que toda la cama del motel rechinara contra la pared. En ese momento, Reiko se arrastró por el colchón hasta quedar pegada al oído de Katsuki. Su piel pálida estaba brillando por el sudor y sus ojos góticos fijos en el rubio desbordaban una burla soberbia y desquiciada, nacida de la misma mente analítica de Bakugo que ahora compartía.
—Katsuki... olvídate de esa vieja bruja —le susurró Reiko con una voz ronca y lasciva, mientras pasaba su lengua fría por el lóbulo de su oreja—. ¿A poco no lo notaste en la llamada? Esos ahogos... ese crujido húmedo de saliva antes de colgarte...
Bakugo detuvo el movimiento por un segundo, apretando las caderas de Tsuyu con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Una vena comenzó a palpitarle peligrosamente en la frente.
—¡¿De qué demonios hablas, maldita extra?! —rugió Bakugo, mirándola de reojo con pura furia.
—Hablo de que te olvides de tu verdadera madre, idiota —soltó Reiko con una sonrisa perversa y altanera, idéntica a las que ponía el propio rubio cuando ganaba un combate—. A ella le pasó exactamente lo mismo que nos pasó a nosotras. Alguien se clonó en su cuerpo y ahora mismo la están usando y destrozando en alguna parte de Musutafu. Esa mujer que te contestó ya no es solo tu madre; ahora es la perra sumisa de algún emisor que la tiene en cuatro patas, tragándose una verga igual que nosotras nos tragamos la tuya.
Escuchar esas palabras, procesadas por la fría lógica de su propio duplicado mental en el cuerpo de Reiko, hizo que a Bakugo se le congelara la sangre por un instante antes de que una ola de pura testosterona y locura posesiva le explotara en el cerebro. La idea de que el mundo exterior estaba colapsado en perversión solo alimentó su ego destructivo.
—¡¡ME IMPORTA UN BLEDO!! —bramó Bakugo con los ojos inyectados en sangre, reiniciando el bombeo dentro de Tsuyu con una fuerza aún más salvaje y despiadada—. ¡Que hagan lo que quieran afuera! ¡Aquí adentro yo soy el único que manda, malditas extras!
—¡Sí! ¡Kero... así, Bakugo-chan! ¡Rómpeme pensando en eso! —chilló Tsuyu, perdiendo el control mientras su coño se contraía en espasmos violentos que succionaban el miembro de Katsuki como un torbellino caliente.
Reiko soltó una carcajada ególatra al ver cómo había encendido la furia del rubio. Se colocó de espaldas sobre el colchón, justo debajo del rostro de Bakugo, abriendo sus piernas pálidas y guiando la mano libre de Katsuki directamente hacia su clítoris empapado.
—¡Eso es, Katsuki! ¡Usa toda tu maldita rabia con nosotras! ¡Somos tu propiedad ahora! —gemía Reiko, completamente entregada al frenesí destructivo de la habitación.
Pequeñas chispas y detonaciones sordas comenzaron a brotar de la espalda y los brazos de Bakugo debido al sudor de nitroglicerina, llenando el cuarto con el denso olor a pólvora mientras el rubio continuaba destrozando a Tsuyu y devorando a Reiko, completamente aislado del destino de su madre y entregado al caos de sus mentes compartidas.
El ritmo de las estocadas de Bakugo dentro de Tsuyu se volvió verdaderamente inhumano. Cada embestida levantaba ligeramente las caderas de la chica rana del colchón, provocando un eco constante y ruidoso de carne chocando que se mezclaba con el siseo incontrolable de sus gemidos. La nitroglicerina de su sudor seguía reaccionando, haciendo que pequeñas chispas brotaran de sus hombros e iluminaran intermitentemente la penumbra del cuarto de motel.
—¡Kero... ahhh! ¡Me estás... desarmando, Bakugo-chan! —gritaba Tsuyu, con los ojos completamente en blanco y las manos aferradas con fuerza a las sábanas rotas. Su flexibilidad le permitía soportar el salvaje ángulo que Katsuki le imponía, pero las paredes de su coño ya no aguantaban la presión, contrayéndose en espasmos eléctricos que ordeñaban el miembro del rubio con una desesperación absoluta.
Reiko, tendida justo al lado y sintiendo cada oleada de pensamientos y sensaciones a través de la conexión mental, se retorcía sobre su propia espalda. La frialdad gótica de la chica de la Clase B había sido erradicada por completo; ahora solo quedaba la arrogancia libidinosa de la mente de Bakugo operando en su cuerpo pálido. Con una mano se estiraba el cabello oscuro hacia atrás y con la otra se frotaba la ranura con dedos rápidos y empapados, soltando risitas lascivas y jadeantes.
—¡Mírate el maldito rostro, Katsuki! Estás desquiciado... te encanta saber que afuera todo se fue al demonio y que aquí eres el puto rey —provocaba Reiko con la voz pastosa por la excitación, clavándole la mirada fija—. ¡Dale más duro a la rana! ¡Haz que se corra hasta que no pueda respirar y luego ven a llenarme a mí otra vez!
—¡¡CÁLLATE, EXTRA REVOLTOSA!! —rugió Bakugo, con una sonrisa salvaje y ególatra que mostraba los dientes.
La combinación de la provocación de Reiko, el olor a pólvora que flotaba en el aire y la brutal fricción dentro de Tsuyu lo llevaron directo al borde del abismo. Katsuki la tomó con más fuerza de los muslos, hincando los dedos en su piel, y dio cinco estocadas finales, rápidas y profundas, que sepultaron su miembro hasta la raíz, golpeando el fondo del útero de la peliverde.
—¡¡AHHHHG... ME CORRO... KATSUKI, NOS CORREMOS!! —chilló Tsuyu en un siseo prolongado, tensando el cuerpo por completo mientras su coño colapsaba en un orgasmo destructor que succionó la erección del rubio con una fuerza implacable.
Bakugo soltó un rugido de puro éxtasis que retumbó en las cuatro paredes del cuarto. Su cuerpo se puso completamente rígido y se vino con una violencia animal, disparando una densa, abundante y ardiente carga de semen que inundó por completo el interior de Tsuyu, desbordándose a borbotones y salpicando los muslos de ambos.
Tsuyu cayó de golpe contra el colchón, completamente inutilizada, temblando de pies a cabeza mientras hilos de saliva y jadeos cortos escapaban de su boca.
Bakugo, respirando como un toro, sacó su miembro, que aún se mantenía firme, humeante y goteando fluidos, y giró el cuerpo para quedar directamente sobre Reiko. La chica gótica lo miró desde abajo con una sonrisa de absoluta soberbia, abriendo las piernas de par en par, lista para recibir el castigo de su propia mente duplicada. El encierro en el motel continuaba, y la furia del rubio parecía no tener fin.
Bakugo no le dio a Reiko ni un segundo para seguir provocándolo con la mirada. Se acomodó entre sus pálidos muslos, apoyando las manos a los costados de su cabeza, y con un gruñido cargado de testosterona pura y orgullo herido, empujó sus caderas hacia adelante, hundiéndose de golpe y sin piedad en el estrecho coño de la chica de la Clase B.
—¡¡¡AHHHHGG!!! —Reiko soltó un alarido ronco, arqueando la espalda de tal manera que solo su cabeza y sus talones tocaban el colchón.
Sus ojos góticos se abrieron de par en par, completamente inyectados en la lujuria soberbia que compartía con el rubio. Sus paredes vaginales, ya lubricadas por la ronda anterior y el semen residual, se tensaron al máximo alrededor de la venosa erección de Bakugo, mordiéndola con una presión salvaje.
—¡Eso es... maldita sea, Katsuki! ¡Siente cómo me tienes! —bramó Reiko, con la voz rota por la intensa fricción, clavando sus uñas en los hombros marcados del rubio mientras él comenzaba un bombeo implacable y destructivo—. ¡Sé que te vuelve loco pensar que tu mente está controlando mi cuerpo... dale más duro, maldito ególatra!
—¡Cállate la boca de una puta vez! —rugió Bakugo, aumentando la velocidad de las estocadas.
El sonido húmedo y ruidoso de sus pelvis chocando inundaba la habitación del motel, compitiendo con el crujido de los resortes de la cama. Katsuki la embestía con una furia animal, desquitando en cada golpe la rabia de la llamada telefónica, el desastre de la ciudad y el puro placer de saberse el dueño absoluto de la situación.
Tsuyu, recuperándose lentamente a un costado, se arrastró de rodillas con la lengua ligeramente afuera y los muslos aún perlados de semen. Con la mente de Bakugo dictando sus movimientos, se acomodó justo detrás de la cabeza de Reiko. Estiró su larga y húmeda lengua, pasándola por los labios y las mejillas sudorosas de la peliblanca, mientras sus manos bajaban a apretar los pechos de su compañera, sincronizándose con el ritmo frenético de Katsuki.
—Kero... mira cómo se retuerce la gótica, Bakugo-chan —gimió Tsuyu, con los ojos desorbitados por el eco del placer que sentía a través de la conexión—. Nos tienes completamente dominadas... somos tu maldito ejército de perras.
El estímulo visual de ver a las dos chicas de la UA devorándose entre sí bajo su propio y destructivo mandato hizo que la nitroglicerina en el sudor de Bakugo reaccionara con más fuerza. Pequeñas explosiones sordas y chispas reales comenzaron a chamuscar sutilmente las sábanas, llenando el ambiente con ese denso y adictivo olor a pólvora que solo aumentaba la locura en la habitación.
Reiko comenzó a perder el conocimiento por el exceso de placer; su coño entró en una serie de espasmos violentos y asfixiantes que succionaron la verga de Bakugo hasta el límite.
—¡¡ME CORRO... KATSUKI, ME CORRO OTRA VEZ CON TU MALDITA FURIA... AHHHH!! —chilló Reiko, estirando las piernas por completo mientras su clímax la sacudía con una violencia brutal.
Bakugo llegó a su propio límite. Con tres estocadas finales que sepultaron su miembro hasta la base, golpeando el fondo del útero de Reiko, el rubio soltó un rugido salvaje que retumbó en las paredes del motel. Se tensó por completo y se vino con una fuerza descomunal, disparando una densa, abundante y ardiente carga de semen que inundó las entrañas de la chica de la Clase B, haciéndola colapsar boca abajo, temblando e hiperventilando sobre el colchón destrozado.
Bakugo se dejó caer con todo su peso sobre la espalda pálida y sudorosa de Reiko, soltando bufidos roncos mientras el calor de su propio cuerpo evaporaba el sudor de nitroglicerina, dejando hilos de vaho flotando en la penumbra del cuarto. Su miembro, enterrado hasta la raíz en el interior de la chica gótica, palpitaba con fuerza, derramando el semen espeso que se desbordaba por los muslos de ella y manchaba aún más las sábanas chamuscadas.
Reiko permanecía con el rostro hundido en la almohada, soltando gemidos ahogados y risitas entrecortadas. La mente de Bakugo operando en su cabeza la hacía disfrutar del peso bruto del rubio sobre ella como si fuera el trofeo definitivo de su propia victoria colectiva.
—Tsk... malditas extras de mierda —gruñió Bakugo, separándose lentamente con un chasquido húmedo.
Se sentó en el borde de la cama, apoyando los codos en las rodillas. Su erección, lejos de ceder, volvió a latir con fuerza, ganando rigidez casi de inmediato debido a la adrenalina y la persistente oleada de pensamientos lascivos que regresaban a él desde los cerebros de las dos chicas. Miró de reojo a Tsuyu, quien se encontraba arrodillada a un costado, jadeando con la mirada fija en su entrepierna y la lengua rozando sus propios labios de manera provocativa.
—Kero... pareces un maldito animal, Bakugo-chan —lo provocó Tsuyu con esa sonrisa soberbia y altanera que ahora compartían—. Mírate... tu verga sigue igual de dura. Sabes perfectamente que tu orgullo no te va a dejar parar hasta que nos dejes sin poder caminar.
—¡Cállate la boca, maldita rana! —respondió Bakugo con una sonrisa salvaje, agarrándola bruscamente por el cuello de la blusa para jalarla hacia él—. Si tantas ganas tienes de seguir jodiendo, ¡ven aquí!
Tsuyu no opuso resistencia; al contrario, impulsada por la flexibilidad de su quirk y la agresividad de la mente clonada, se subió de inmediato al regazo de Bakugo, quedando frente a él. Abrió sus piernas de par en par y, agarrando firmemente el miembro venoso del rubio, lo guió directo a su ranura, dejándose caer con fuerza para empalarse por completo de un solo golpe.
—¡¡¡AHHHHHG!!! —Tsuyu soltó un grito seseante que terminó en un jadeo profundo, echando la cabeza hacia atrás mientras sus ojos se ponían en blanco por la brutalidad de la penetración. Su coño, completamente empapado, se contrajo como un puño de carne hirviente alrededor de la verga de Katsuki.
Bakugo la tomó firmemente de las nalgas, hincando los dedos en su piel, y comenzó a mover las caderas hacia arriba con estocadas salvajes, rápidas y despiadadas. El sonido de sus pelvis chocando con fuerza volvió a retumbar en el cuarto del motel.
Reiko, recuperando un poco el aliento, se giró sobre la cama y se arrastró hacia ellos. Con una mirada desquiciada de pura lascivia, se acomodó justo detrás del torso de Bakugo, envolviendo su cuello con sus brazos pálidos y pegando sus pechos sudorosos contra la espalda del rubio, mientras usaba su telequinesis para hacer vibrar sutilmente la cama, aumentando la fricción y la locura del encuentro.
—¡Eso es... destroza a la Clase A, Katsuki! —gemía Reiko al oído del rubio, mordiéndole el hombro mientras sentía el eco del orgasmo de Tsuyu formándose en su propia cabeza—. ¡Haz que explote por dentro!
El encierro en el motel se mantenía en un bucle interminable de fluidos, pólvora y jadeos, donde el ego colosal de Bakugo y la sumisión lasciva de sus receptoras borraban por completo la existencia del resto del mundo.
El movimiento en el regazo de Bakugo se volvió completamente frenético. Tsuyu saltaba sobre su miembro con los ojos desorbitados, aferrándose a sus hombros con las uñas clavadas en la piel, mientras su cuerpo de rana se adaptaba con una flexibilidad lasciva a cada embestida brutal que Katsuki lanzaba desde abajo. El sonido húmedo y ruidoso del choque de sus pelvis era constante, un eco rítmico que llenaba la habitación destrozada del motel.
—¡¡Kero... ahhh... Bakugo-chan!! ¡Me vas a... me vas a derretir por dentro! —chillaba Tsuyu con la voz rota, mientras las paredes de su coño, completamente dilatadas y bañadas en fluidos, se contraían en espasmos violentos que ordeñaban la erección del rubio con una presión asfixiante.
Bakugo soltó una carcajada ronca, una expresión de pura soberbia y dominación absoluta. Tenía los ojos inyectados en sangre y las venas de los brazos completamente marcadas mientras la sostenía firmemente por las nalgas, guiando el salvaje balanceo.
—¡Eso es lo que pasa cuando intentas ponerte al tú por tú conmigo, maldita extra! —rugió Katsuki, con el aliento caliente golpeando el rostro de la peliverde—. ¡Aprende cuál es tu maldito lugar!
Detrás de él, Reiko Yanagi continuaba pegada a su espalda, gimiendo con locura mientras la conexión mental le transmitía cada centímetro de la fricción que Tsuyu estaba recibiendo. Con una mirada totalmente perdida en el éxtasis, Reiko estiró sus pálidas manos hacia adelante, metiendo sus dedos directamente en la boca de Tsuyu para jalarle la comisura de los labios, obligándola a salivar y a tragar el aire de manera desesperada mientras Bakugo la destrozaba.
—Mírala... mira cómo se rompe tu ranita, Katsuki... —susurró Reiko con una voz distorsionada por la lujuria, mordiendo fuertemente el trapecio del rubio—. Siento su clímax en mi cabeza... ¡nos vamos a correr juntas por tu culpa! ¡Haznos pedazos de una puta vez!
La provocación de la chica gótica y la brutal opresión del interior de Tsuyu llevaron la temperatura corporal de Bakugo al límite. El sudor de nitroglicerina comenzó a brotar en grandes cantidades de su pecho y hombros, provocando pequeñas detonaciones sordas y chispas reales que iluminaban los rincones oscuros del cuarto, dejando ese espeso y adictivo olor a pólvora quemada flotando en el aire.
Tsuyu no aguantó más. Su cuerpo se tensó por completo, arqueando la espalda de forma casi inhumana mientras su coño colapsaba en un orgasmo violento y prolongado que succionó el miembro de Bakugo con una fuerza implacable.
—¡¡¡AHHHHG... KERO... ME CORRO... NOS CORREMOS, KATSUKI!!! —chilló la peliverde, enterrando el rostro en el cuello del rubio.
Bakugo llegó a su propio límite de frenesí. Con tres estocadas ascendentes y brutales que sepultaron su miembro hasta la raíz dentro de Tsuyu, el rubio soltó un rugido animal que retumbó en las paredes del motel. Se tensó por completo y se vino con una violencia descomunal, disparando una densa, abundante y ardiente carga de semen que inundó las entrañas de la chica rana, desbordándose a borbotones y chorreando por los muslos de ambos hasta empapar la alfombra.
Tsuyu se desplomó hacia adelante, completamente exhausta e inutilizada, quedando con la cabeza apoyada en el hombro de Bakugo mientras su cuerpo seguía temblando por los residuos del clímax. El rubio, jadeando como un toro, mantuvo sus manos firmes en su cintura, sabiendo perfectamente que la noche en ese encierro aún estaba muy lejos de terminar para ellos tres.
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Gran Duplicado
BNHA
"Gran Duplicado de Mentes". Temática de clonación mental (emisores y receptores), las receptoras no solo tienen la mente clonada de (del emisor), sino que conservan absolutamente todas las memorias, habilidades y la personalidad original de ellas mismas (las receptoras), fusionándose con los pensamientos, deseos y la consciencia de (del emisor). "Great Duplicate of Minds". The theme of mind cloning (senders and receivers), the receivers not only have the cloned mind of (the sender), but they also retain absolutely all of their own memories, skills and original personality, merging with the thoughts, desires and consciousness of (the sender).
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