Chapter 3
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K45
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Capitulo 3
Mineta caminaba por el apartado de verdulería arrastrando un pequeño carrito de compras, pero sus ojos morados no estaban buscando comida. Estaba completamente hipnotizado por lo que tenía a su alrededor.
A unos metros, **Inko Midoriya** y **Rei Todoroki** —quienes se habían vuelto grandes amigas tras las reuniones de padres de la UA— platicaban animadamente junto a los estantes de lechugas y tomates. Inko, con sus curvas maduras y maternales, reía tapándose la boca, mientras Rei, con su andar elegante, su cabello blanco y su habitual timidez, le sonreía con dulzura. Un poco más allá, su compañera **Kyoka Jiro** estaba de espaldas revisando la sección de frutas; sostenía una sandía pequeña, pero su mirada se desviaba constantemente hacia la caja de los pepinos, midiéndolos con el ceño fruncido y golpeando sutilmente uno de sus *Earphone Jacks* contra su mejilla por puro aburrimiento escolar.
—¡Cielos, este lugar es el paraíso del brote maduro y juvenil! —susurró Mineta para sí mismo, babeando descaradamente mientras miraba el trasero de Jiro y las caderas de las dos madres—. ¡La mamá de Midoriya es pura carne suave y la de Todoroki es una maldita reina de hielo! ¡Y Jiro... con esos pepinos... dios!
Antes de que pudiera dar un paso más, la onda expansiva del fenómeno global azotó el supermercado. Un dolor agudo, como si le clavaran agujas en el cerebro, hizo que Mineta cayera de rodillas, tirando su carrito.
Al mismo tiempo, Inko y Rei soltaron un jadeo ahogado y se desplomaron juntas sobre el suelo pulido del pasillo. Jiro dejó caer el pepino que sostenía, llevándose las manos a la cabeza antes de colapsar de espaldas justo al lado del mostrador de las frutas. Las luces del establecimiento parpadearon y el pánico generalizado hizo que los pocos clientes y empleados huyeran despavoridos hacia las salidas, dejando el supermercado completamente desierto.
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### El Despertar en la Verdulería
Mineta se levantó temblando, sobándose la cabeza. El dolor había desaparecido, pero fue reemplazado por una oleada de calor tan intensa en su entrepierna que casi lo hace gritar. Miró a su alrededor: la tienda estaba vacía, el silencio era absoluto y las tres mujeres yacían inconscientes en el suelo de la verdulería.
De repente, Inko y Rei comenzaron a moverse. Cuando abrieron los ojos, la dulzura maternal y la timidez gélida se habían esfumado por completo. Sus miradas se clavaron directamente en el pequeño Mineta, cargadas de una lascivia desquiciada, vulgar y hambrienta, exactamente igual a la mente del enano.
Inko se incorporó lentamente, sentándose sobre el suelo con las piernas entreabiertas. Su blusa se había desabrochado un poco debido a la caída, exponiendo su generoso escote. Se pasó la mano por sus labios carnosos con una sonrisa perversa.
—Vaya... con que esto es lo que piensa el pequeño Mineta todo el tiempo —dijo Inko, con una voz arrastrada y descarada que chocaba horriblemente con su aspecto de madre—. Qué maldita delicia... Sé perfectamente quién soy, recuerdo a mi hijo Izuku, pero mi cabeza ahora solo puede pensar en lo mucho que deseo que este enano me use como su juguete inflable. ¡Mírame, Mineta! Sé que te volvían loco mis pechos maduros.
Rei Todoroki se levantó apoyándose en el mostrador de las papas. Su cabello blanco caía desordenado sobre sus hombros y sus ojos reflejaban una calentura salvaje que rompía por completo con su aura de reclusión. Con manos temblorosas, comenzó a subirse la falda larga, mostrando sus muslos pálidos y perfectos.
—Es una locura... comparto tu mente enferma, Mineta —susurró Rei, soltando una risita lasciva—. Soy Rei Todoroki, pero también soy tú. Sé perfectamente que querías ver qué tan caliente podía ponerse la esposa de Endeavor si un mocoso pervertido la tomaba por la fuerza. Desnúdanos ahora mismo, dueño.
Jiro se incorporó de golpe, sacudiendo la cabeza. Sus *Earphone Jacks* se movían de forma errática debido a la agitación. Miró a Mineta con una expresión de pura soberbia y lascivia, muy alejada de su timidez rockera. Agarró el pepino que había dejado caer y se lo pasó por los labios, lamiendo la superficie rugosa mientras miraba fijamente al pelimorado.
—Con que esto querías que hiciera con los pepinos en tus fantasías, ¿eh, Mineta? —se mofó Jiro, con una sonrisa torcida—. Qué mente tan jodidamente sucia tienes... y lo peor es que ahora yo también lo quiero. Olvídate de la escuela. Ven aquí y bájate los pantalones, enano suertudo.
Mineta sintió que el corazón le iba a explotar de la emoción. Su miembro se puso ridículamente duro, empujando con violencia su traje de héroe/ropa casual. Ver a las dos madres de sus compañeros más poderosos y a la chica rockera de su clase pensando exactamente como él, listas para adorar su cuerpo, era el sueño de su vida hecho realidad.
—¡¡JAJAJAJA! ¡DIOS EXISTE Y ES UN PERVERTIDO IGUAL QUE YO! —gritó Mineta con lágrimas de felicidad en los ojos, desabrochándose el pantalón con desesperación—. ¡Si sus cabezas quieren acción, la van a tener! ¡A la alfombra de verduras las tres!
Jiro fue la primera en actuar. Impulsada por la agresividad de la mente clonada, se arrastró hacia él sobre sus rodillas. Con una mirada desorbitada, le bajó por completo la ropa interior a Mineta, liberando su erección gruesa y palpitante. Sin dudarlo, Jiro estiró sus cables de los oídos, enrollándolos suavemente alrededor de los muslos de Mineta para estabilizarlo, mientras abría la boca de par en par y se tragaba el miembro del pelimorado hasta la base, comenzando una succión ruidosa y desesperada.
—¡¡¡AHHHHG!!! ¡Jiro... maldita sea... tu boca se siente increíble! —bramó Mineta, enterrando sus manos en el cabello corto de la pelimorada, empujando su pelvis hacia adelante mientras las dos madres observaban la escena con los ojos encendidos, tocándose a sí mismas sobre el suelo de la verdulería.
Jiro continuaba succionando con una desesperación salvaje, moviendo la cabeza con un ritmo frenético que hacía que sus *Earphone Jacks* se balancearan con violencia en el aire. La presión de su boca, combinada con la lubricación de su propia saliva, estaba volviendo loco al pelimorado, quien no podía creer que la chica rockera de su clase lo estuviera complaciendo con semejante nivel de perversión y entrega.
—¡Mmmgh... ahh! —Jiro soltó un quejido ahogado, abriendo más los ojos, los cuales destellaban con la misma mirada lasciva y desvergonzada de Mineta. Sus manos apretaban con fuerza las piernas del enano, manteniéndolo firme mientras se lo tragaba hasta la raíz.
Inko Midoriya, completamente consumida por la oleada de lujuria de la mente clonada, se arrastró de rodillas hacia ellos. Su generoso cuerpo maduro temblaba por la agitación. Se colocó justo al lado de la cabeza de Mineta, agarró sus propios pechos enormes con ambas manos y los apretó, restregando sus pezones directamente contra las mejillas del chico.
—¡Mírame, Mineta! ¡Mira lo que le haces a la mamá de Midoriya! —gimió Inko con una voz pastosa y cargada de una calentura vulgar—. Siento tu mente metida en mi cabeza... ¡mi coño está destilando tanta agua que va a inundar el pasillo! ¡Quiero que me des con esa verga hasta dejarme sin aire!
Rei Todoroki, rompiendo con toda la elegancia y el hielo de su pasado, se acomodó justo detrás de Jiro. Con una sonrisa torcida y soberbia, Rei metió sus manos pálidas debajo de la falda de la estudiante, apartando su ropa interior para comenzar a acariciarle la ranura empapada al mismo ritmo en que Jiro succionaba a Mineta.
—Mira cómo se pone tu compañera solo con morderte, dueño —susurró Rei con una lascivia desquiciada, lamiendo el cuello sudoroso de Jiro—. Las tres somos tuyas... la esposa de Endeavor y de tu compañero Shoto, la madre de tu compañero Izuku, están listas para ser profanadas por el más pervertido de todos.
Mineta, al borde del colapso por el exceso de estimulación visual y física, no pudo aguantar más la tentación de la carne madura. Agarró a Jiro del cabello con brusquedad para obligarla a soltar su miembro con un chasquido húmedo. La pelimorada quedó jadeando, con un hilo de saliva colgando de sus labios y una mirada de absoluta sumisión.
—¡Te toca a ti, mami Midoriya! —chilló Mineta con su voz chillona, completamente desquiciado por el poder.
Inko no se hizo esperar. Se dio la vuelta de inmediato, poniéndose en cuatro patas sobre el suelo pulido del supermercado, alzando sus anchas caderas y apartando su ropa interior, exponiendo un trasero enorme, maduro y completamente cubierto por los hilos de sus propios jugos.
Mineta se posicionó detrás de ella. A pesar de su baja estatura, el ángulo elevado de las caderas de Inko le permitió acomodarse a la perfección. Agarró la carne suave de sus nalgas con ambas manos y, con un empuje salvaje, sepultó su gruesa erección por completo dentro del hirviente y apretado coño de Inko.
—¡¡¡AHHHHHHHG!!! —Inko soltó un grito desgarrador que resonó en todo el pasillo de la verdulería, arqueando la espalda por completo mientras sus ojos se ponían en blanco—. ¡Me entraste... me entraste todo, maldito enano! ¡Siento cómo me estiras las paredes por dentro... dale más duro!
Mineta comenzó un bombeo brutal y rápido, haciendo que los enormes glúteos de Inko rebotaran salvajemente con cada estocada. El sonido húmedo y ruidoso de la carne chocando llenaba el pasillo desierto, mientras Rei y Jiro se acercaban a los costados, frotando sus cuerpos y masturbándose con desesperación, completamente atrapadas en el bucle lascivo de la mente del pelimorado.
El pasillo de la verdulería se convirtió en un escenario de absoluto desenfreno. Mineta embestía a Inko con una velocidad y fuerza que nadie habría esperado de su pequeño cuerpo, impulsado por la pura adrenalina de estar cumpliendo la mayor fantasía de su vida. El eco húmedo y ruidoso de sus pelvis chocando resonaba entre los estantes de verduras, mientras la carne madura de Inko se sacudía con violencia ante cada estocada profunda.
—¡¡Sí... sí... dale más duro, Mineta!! —gritaba Inko con la voz completamente rota y la cabeza hundida entre las lechugas del mostrador—. ¡Mutila a la mamá de Midoriya! ¡Siento tu maldita perversión quemándome por dentro!
Rei Todoroki, completamente poseída por el calor de la mente clonada, se arrodilló justo al lado del rostro de Inko. La mujer de cabello blanco, rompiendo cualquier rastro de su antigua timidez, abrió sus propias piernas sobre el suelo pulido y comenzó a frotar su intimidad contra la mejilla de su mejor amiga, compartiendo fluidos y jadeos en una sincronía desquiciada.
—Mírala, dueño... mira cómo se traga tu verga entera —gimió Rei, mirando a Mineta con los ojos desorbitados y una sonrisa lasciva—. El hielo de los Todoroki se derritió por completo... ¡hazme tu perra a mí también en cuanto termines con ella!
Kyoka Jiro no se quedó atrás. La rockera de la Clase A se colocó justo detrás de Mineta. Con una mirada cargada de pura soberbia y sumisión, extendió sus dos *Earphone Jacks* y los conectó directamente en los lóbulos de las orejas de Mineta. A través de ellos, comenzó a transmitir un pulso sónico de baja frecuencia que vibraba directamente en el sistema nervioso del pelimorado, amplificando sus sensaciones al triple y haciendo que su erección se pusiera aún más venosa y dura dentro de Inko.
—Te gusta esto, ¿verdad, Mineta? —se mofó Jiro con voz ronca, mientras se masturbaba frenéticamente frente a él, lamiendo un pepino que había recogido del suelo—. Siente los latidos de mi corazón en tu cabeza... haz que nos corramos todas al mismo tiempo.
La combinación de los pulsos sónicos de Jiro, los fluidos congelantes y calientes de Rei en su piel, y el apretado abrazo de carne hirviente del coño de Inko llevaron al enano a su límite absoluto.
Inko llegó primero a su clímax. Las paredes de su maduro coño comenzaron a contraerse en espasmos brutales y asfixiantes, atrapando el miembro de Mineta en un agarre que casi lo hace gritar de placer.
—¡¡¡ME CORRO... ME CORRO OTRA VEZ CON EL ENANO... AHHHH!!! —chilló Inko, colapsando de pecho contra el estante mientras su cuerpo temblaba de pies a cabeza.
Mineta no pudo contenerse más. Con tres estocadas finales y salvajes que sepultaron su miembro hasta la base dentro de Inko, el pelimorado soltó un chillido de puro éxtasis. Su cuerpo se tensó por completo y se vino con una fuerza animal, disparando una densa, abundante y ardiente carga de semen que inundó por completo el útero de la madre de Izuku, desbordándose a borbotones entre sus piernas y salpicando el suelo del supermercado.
Los cuatro quedaron unidos en una masa de carne exhausta y sudorosa sobre el suelo de la verdulería, respirando con dificultad entre los fluidos y las frutas aplastadas, con la certeza de que el pelimorado aún tenía energía de sobra para reclamar a las otras dos receptoras.
Mineta sacó su miembro del interior de Inko con un chasquido húmedo y espeso. El enano jadeaba como un loco, con la cara roja y los ojos morados completamente desorbitados. Inko quedó tendida boca abajo sobre el suelo, temblando levemente mientras hilos de semen caliente se desbordaban por la parte interna de sus muslos maduros. El pelimorado miró su verga, que lejos de ablandarse, palpitaba con una rigidez venosa y amenazante, goteando los jugos de la madre de su compañero.
—¡Uf... uf... esto es el maldito cielo! —chilló Mineta, soltando una risa chillona y desquiciada—. ¡Aún me queda mucha energía, extras! ¡¿Quién maldita sea sigue?!
Rei Todoroki no lo hizo esperar. Impulsada por la perversión de la mente clonada que había derretido por completo su compostura de hielo, se arrastró de rodillas hacia él. Su cabello blanco estaba pegado a su frente por el sudor y sus ojos reflejaban una lascivia salvaje. Se colocó en cuatro patas justo frente a Mineta, alzando su falda por completo y mostrando su estrecho y rosado coño, que ya estaba destilando hilos de lubricante sobre el suelo pulido.
—Yo sigo, dueño... —gimió Rei con una voz ronca que rompe con toda su timidez—. Hazme pedazos como lo hiciste con Inko. Sé perfectamente lo mucho que te ponía cachonda mi apariencia pura... ¡ven y profana a la madre de Shoto con toda tu maldita suciedad!
Mineta soltó un grito de victoria y se posicionó detrás de ella. Agarró las pálidas y firmes caderas de Rei con sus manos y, de una sola estocada salvaje, se hundió por completo en su hirviente interior.
—¡¡¡AHHHHHGG!!! —Rei soltó un gemido desgarrador, arqueando la columna y clavando sus manos en las losetas del supermercado. El coño de la mujer madura, increíblemente apretado debido a sus años de reclusión, se contrajo como un puño de carne alrededor del miembro de Mineta, succionándolo con una presión asfixiante.
Mineta comenzó un bombeo despiadado, rápido y violento, haciendo que los pálidos glúteos de Rei chocaran ruidosamente contra su pelvis. El eco lascivo de la carne golpeando llenaba el pasillo desierto de la verdulería.
Jiro, que seguía con sus *Earphone Jacks* conectados a los lóbulos de Mineta, aumentó la frecuencia de los pulsos sónicos. La rockera se arrastró hasta quedar cara a cara con Rei, pasando su húmeda lengua por los labios de la peliblanca, compartiendo sus jadeos mientras con una mano se frotaba su propia intimidad empapada, completamente enloquecida por el flujo de pensamientos pervertidos que compartían.
—¡Siente eso, Mineta! ¡Siente cómo vibra el cuerpo de la reina de hielo! —provocó Jiro con una sonrisa torcida y lasciva—. ¡Rómpela... haz que grite tu nombre hasta que se quede sin voz!
Estimulado por los pulsos sónicos de Jiro, los gemidos lascivos de Rei y la visión de Inko recuperándose a un lado mientras se tocaba a sí misma, Mineta aumentó la velocidad al máximo. Rei comenzó a perder el control; su propio cuerpo comenzó a emitir un vaho helado debido a su quirk, enfriando el ambiente pero haciendo que la fricción interna con el miembro ardiente del enano fuera una tortura absolutamente deliciosa.
—¡¡ME CORRO... MINETA, ME CORRO CON TU MALDITA PERVERSIÓN... AHHHHG!! —chilló Rei, estirando las piernas por completo mientras un clímax destructor la sacudía de pies a cabeza, haciendo que sus paredes vaginales bombearan la erección del chico con desesperación.
Mineta llegó a su propio límite. Con tres estocadas finales y profundas que sepultaron su miembro hasta la base dentro de Rei, el pelimorado soltó un chillido de puro éxtasis. Su cuerpo se tensó por completo y se vino con una fuerza animal, disparando chorros espesos y ardientes de semen que inundaron por completo el útero de la mujer, desbordándose a borbotones y salpicando las papas y verduras del mostrador.
Rei colapsó hacia adelante, hiperventilando y temblando sobre el suelo, mientras Mineta sacaba su miembro humeante y goteante, fijando ahora sus ojos hambrientos en Jiro, quien lo esperaba con las piernas abiertas, lista para ser la siguiente.
Mineta sacó su miembro del interior de Rei con un crujido húmedo y espeso, soltando un soplido chillón mientras se limpiaba la barbilla. El enano estaba completamente cubierto de fluidos, sudor y trozos de hojas de lechuga aplastadas, pero su erección morada y venosa seguía latiendo con la misma furia pervertida que dominaba toda su existencia.
Fijó sus ojos desorbitados en Kyoka Jiro, quien permanecía sentada sobre el suelo pulido, con las piernas abiertas de par en par y la blusa del uniforme completamente desarreglada, exponiendo su pequeño pero firme pecho. Sus *Earphone Jacks* seguían parpadeando sutilmente, vibrando al ritmo de la sucia excitación de Mineta que gobernaba su cabeza.
—¡¡Te toca, rockera pretenciosa!! —chilló Mineta, abalanzándose sobre ella como un duendecillo lujurioso—. ¡Ya viste lo que les hice a las dos mamis, ahora voy a destrozar ese coño plano tuyo!
—¡Kaj... ven aquí de una puta vez, enano suertudo! —respondió Jiro con una sonrisa torcida y altanera, muy alejada de su timidez habitual—. Sé perfectamente lo mucho que te ponía cachonda mi actitud de chica dura. ¡Ven y úsame como tu maldito juguete!
Mineta no esperó. Se acomodó entre sus muslos delgados y, agarrándola firmemente de las caderas, empujó su pelvis hacia adelante con todas sus fuerzas, sepultando su gruesa erección por completo en el estrecho y ardiente coño de Jiro.
—¡¡¡AHHHHHHHG!!! —Jiro soltó un grito desgarrador que vibró con una frecuencia sónica real, haciendo que un par de frascos de especias cercanos en los estantes se agrietaran.
Echó la cabeza hacia atrás, clavando las uñas en los hombros del pelimorado. Al ser una adolescente y no haber tenido experiencia previa, su intimidad era un verdadero muro de carne hirviente que apretó el miembro de Mineta con una presión casi dolorosa, pero increíblemente placentera para los fetiches del enano.
Mineta comenzó un bombeo despiadado, rápido y ruidoso. El sonido de sus pelvis chocando con fuerza retumbaba en el pasillo de la verdulería, mientras Jiro saltaba sobre el suelo liso con cada embestida profunda que le tocaba el fondo del útero.
Inko y Rei, completamente exhaustas pero unidas por la misma red mental libidinosa, se arrastraron de rodillas hacia la pareja. Inko, con sus pechos maduros aún goteando sudor, se colocó detrás de Jiro, envolviendo el torso de la estudiante con sus brazos maternales para sostenerla y evitar que se deslizara por el suelo debido a la fuerza de Mineta. Al mismo tiempo, Rei se acomodó frente al rostro de Jiro, capturando sus labios en un beso húmedo y lascivo, pasándole su saliva fría mientras compartían los gemidos del clímax inminente.
—¡Mírate... te estás tragando al enano entero, Kyoka! —gimió Inko al oído de la chica, frotando su propio trasero manchado contra el suelo.
Jiro aumentó la potencia de sus *Earphone Jacks*, los cuales seguían conectados a las orejas de Mineta. La vibración sónica directa en el cerebro del pelimorado duplicó su testosterona; el enano comenzó a soltar lágrimas de puro éxtasis mientras aceleraba el ritmo a una velocidad inhumana, haciendo que el coño de Jiro destilara chorros de lubricante que salpicaban las losetas.
—¡¡ME CORRO... MINETA, NOS CORREMOS CON TU MENTE ENFERMA... AHHHHG!! —chilló Jiro a través del beso con Rei, perdiendo el control por completo mientras sus paredes vaginales colapsaban en espasmos brutales que succionaron la verga del enano.
Mineta llegó a su clímax definitivo. Con tres estocadas salvajes que sepultaron su miembro hasta la base dentro de Jiro, el pelimorado soltó un chillido agudo de pura felicidad. Se tensó de pies a cabeza y se vino con una fuerza animal, disparando ráfagas espesas y ardientes de semen que inundaron por completo el interior de la rockera, desbordándose a borbotones entre sus muslos.
Los cuatro quedaron colapsados en un montón de carne exhausta, sudorosa y completamente empapada de fluidos en medio del pasillo desierto del supermercado, con las mentes clonadas vibrando en un silencio post-orgásmico absoluto.
Mineta quedó tirado boca arriba sobre el pecho de Jiro, con los ojos en blanco y la lengua afuera, respirando de manera entrecortada. El pasillo de la verdulería era un auténtico desastre: sábanas improvisadas de verduras aplastadas, fluidos corporales esparcidos por las losetas pulidas y el eco de los jadeos pesados de las tres mujeres que flotaba en el aire estancado del supermercado.
Su pequeño miembro se deslizó fuera de Jiro con un sonido sumamente húmedo y perezoso, quedando expuesto y humeante, cubierto de los jugos de la joven rockera. Sin embargo, la mente insaciable y retorcida de Mineta, que operaba al unísono en los cerebros de sus tres receptoras, no les permitió descansar por mucho tiempo.
Kyoka Jiro parpadeó, y la mirada de sumisión lasciva volvió a encenderse en sus ojos. Con un movimiento lento, usó sus cables de los oídos para darles un suave azote a las nalgas de Inko y Rei, quienes seguían recostadas a los lados.
—Oigan... muévanse, extras maduras —dijo Jiro con la voz ronca y una sonrisa soberbia, idéntica a las expresiones de suficiencia de Mineta—. El dueño apenas tuvo su primera ronda con cada una. Sé perfectamente que en su cabeza todavía hay un montón de fantasías cochinas que quiere cumplir en este pasillo.
Inko Midoriya soltó una risa profunda y carnosa, acomodándose el cabello verde que tenía pegado a la frente por el sudor. Se incorporó sobre sus rodillas, mostrando sus enormes pechos maduros que se sacudían con pesadez.
—Es verdad... mi cabeza está llena de sus fetiches —gimió Inko, agarrando al pequeño Mineta por la cintura con sus manos suaves para sentarlo en medio de las tres—. Siento perfectamente cómo desea vernos adorar su cuerpo al mismo tiempo. Quiere que usemos nuestras bocas para ponerlo listo otra vez.
Rei Todoroki, cuya piel pálida contrastaba con el piso perlado de fluidos, se arrastró hacia el enano. El vaho helado que solía emitir debido a su quirk ahora salía de sus labios como un suspiro caliente y cargado de lujuria.
—Ven aquí, Mineta... déjanos prepararte para la siguiente ronda —susurró Rei, inclinándose hacia adelante mientras abría sus labios con una lascivia desquiciada.
Las tres receptoras se abalanzaron sobre el pelimorado de manera coordinada, actuando como una sola mente colmena dominada por la perversión. Jiro se colocó detrás de él, lamiéndole el cuello y usando sus *Earphone Jacks* para masajearle suavemente los hombros, enviando pequeñas vibraciones que relajaban sus músculos. Al mismo tiempo, Inko y Rei se disputaron el miembro del enano.
Inko tomó la erección a medio gas con sus manos maduras, cubriéndola con su saliva abundante mientras Rei bajaba la cabeza para lamer la base y los testículos del chico, compartiendo el espacio con una complicidad vulgar que habría escandalizado a sus respectivos hijos.
—¡¡¡DIOS MÍO, SÍ!!! —chilló Mineta, echando la cabeza hacia atrás mientras su miembro respondía de inmediato al estímulo triple, volviendo a ponerse ridículamente venoso, duro y apuntando hacia el techo—. ¡Las dos mamis y mi compañera usándome al mismo tiempo! ¡Esto es mejor que ser el héroe número uno!
—¡Kaj... cállate y disfruta, enano! —le ordenó Jiro desde atrás, mordiéndole sutilmente el lóbulo de la oreja mientras se masturbaba con una mano—. Ya sabes lo que viene ahora. Nos vas a tomar a las tres juntas hasta que el supermercado se quede sin verduras.
Mineta, con la hombría completamente renovada y los ojos brillando de pura locura libidinosa, agarró a Inko del cabello verde y a Rei del cabello blanco, obligándolas a levantar la mirada para ver su sonrisa lasciva, listo para desatar la segunda y más salvaje oleada de su mente clonada sobre los cuerpos de sus receptoras.
Mineta soltó una carcajada chillona, completamente ebrio de poder al ver a las dos madres y a su compañera rockera rindiéndole culto a su entrepierna. Con un movimiento brusco, apartó las cabezas de Inko y Rei, obligándolas a romper la succión con un par de chasquidos húmedos que dejaron su verga reluciente, venosa y apuntando directo al techo del pasillo.
—¡Ya estuvo bueno de preámbulos! —exclamó Mineta, poniéndose de pie sobre las rodillas de Jiro con una soberbia desquiciada—. ¡Quiero ver qué tan elásticas se ponen la Clase A y las mamis de la UA cuando el rey de la perversión las toma en serio!
Inko Midoriya, con la mente completamente fundida por los fetiches del enano, se acomodó de inmediato. Se recostó de espaldas sobre el suelo pulido, justo al lado de una pila de tomates aplastados, elevando sus anchas y maduras piernas en el aire, abriéndose de par en par. Su intimidad, completamente dilatada y rebosante de jugos, palpitaba exigiendo el regreso del miembro del pelimorado.
—¡Ven aquí, Mineta! —gimió Inko, con los ojos inyectados en una lujuria vulgar—. ¡Siento cómo tu mente me obliga a desear que me llenes hasta el tope otra vez! ¡No me dejes a medias!
Mineta no se lo pensó dos veces. Se arrojó entre los muslos carnosos de Inko y, sosteniéndose de sus enormes pechos para ganar estabilidad, empujó su pelvis hacia adelante con un salto salvaje, sepultándose por completo en el hirviente y húmedo coño de la madre de Izuku.
—¡¡¡AHHHHHHHG!!! —Inko soltó un grito que resonó en los estantes metálicos, arqueando el cuerpo mientras sus glúteos se despegaban del piso pulido por el violento impacto.
Mineta comenzó un bombeo brutal, rápido y ruidoso, aprovechando el colchón de carne madura de Inko para rebotar con saña. Pero la locura de su mente colmena no se detuvo ahí. Rei Todoroki, completamente poseída por el frenesí, se acomodó gatas justo sobre el rostro de Inko, dándole la espalda a Mineta. Rei se bajó por completo los restos de su ropa interior y comenzó a restregar su hendidura pálida y empapada contra los labios de Inko, compartiendo fluidos y jadeos en una cadena de lascivia absoluta.
—Kaj... mira cómo nos tienes, Mineta —susurró Rei, mirando hacia atrás por encima de su hombro con una sonrisa lasciva y desorbitada—. La esposa de Endeavor sirviendo de juguete para que tu mami favorita se corra... ¡eres un maldito demonio!
Detrás de Mineta, Kyoka Jiro operaba como la directora de orquesta de la perversión. Conectó de nuevo sus *Earphone Jacks* en los lóbulos del enano y comenzó a enviar ráfagas de pulsos sónicos de alta intensidad, sincronizados exactamente con el ritmo de las estocadas del pelimorado dentro de Inko. Las vibraciones hicieron que el miembro de Mineta se expandiera aún más por la presión sanguínea, causando que Inko entrara de inmediato en una serie de espasmos vaginales violentos y asfixiantes.
—¡Eso es... muerde al enano, Inko! —chilló Jiro con una risa ronca, mientras metía sus propios dedos en su ranura, completamente encendida por el eco del placer que compartían en la red mental.
Inko llegó a su límite en cuestión de segundos. Sus paredes vaginales se contrajeron como un puño de carne hirviente, ordeñando la erección de Mineta con una fuerza descomunal.
—¡¡¡ME CORRO... MINETA, ME CORRO CON TU MALDITO ORGULLO PERVERTIDO... AHHHH!!! —aulló Inko, con los ojos en blanco y la saliva desbordándose de su boca.
Mineta sintió el interruptor de su propio placer activarse por los pulsos de Jiro y el agarre asfixiante de Inko. Con tres embestidas brutales que levantaron el cuerpo de la mujer madura del suelo, el enano soltó un chillido de puro éxtasis y se vino con una violencia animal, disparando chorros espesos, abundantes y ardientes de semen que inundaron el útero de Inko por segunda vez, desbordándose a borbotones y manchando las losetas de la verdulería.
Los cuerpos colapsaron calientes y exhaustos en el piso del supermercado, pero con la verga de Mineta aún palpitando entre los muslos de Inko, listos para la siguiente víctima de su insaciable bucle mental.
Mineta continuaba embistiendo a Inko con un ritmo salvaje, haciendo que las caderas maduras de la mujer rebotaran con fuerza contra el suelo de la verdulería. El eco de los fluidos y los jadeos llenaba el pasillo cuando, de repente, un tono de llamada estridente y ridículo rompió la atmósfera de lujuria: era el teléfono de Mineta, tirado en el suelo junto a unas manzanas aplastadas.
El enano detuvo el bombeo por un segundo, bufando de frustración, pero sin sacarse del interior hirviente de Inko, quien se quedó temblando debajo de él con los ojos entreabiertos y una sonrisa lasciva. Con un gruñido, Mineta estiró el brazo y contestó sin fijarse, poniendo el altavoz.
—*¡¿Mineta?! ¡Maldita sea, hermano, contesta!* —la voz de Denki Kaminari sonó distorsionada y cargada de pánico desde el auricular—. *¡El mundo se volvió completamente loco! ¡Hay clones mentales por todas partes y la gente está actuando de forma jodidamente extraña! ¡¿Dónde diablos estás?! ¡¿Estás a salvo?!*
Mineta apretó los dientes, sintiendo cómo el coño de Inko se contraía a su alrededor y cómo Rei, arrodillada a su lado, comenzaba a lamerle el cuello para provocarlo. Jiro, que seguía conectada a sus orejas con sus *Earphone Jacks*, le envió una sutil vibración sónica que casi lo hace gemir en plena llamada. El pelimorado tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para estabilizar su voz y no sonar completamente delatado.
—¿K-Kaminari?... Sí, viejo, sigo vivo —respondió Mineta, hablando de forma entrecortada y apretando los puños para contener el éxtasis—. Estoy... uf... resguardado. Me agarró el caos en... en un lugar cerrado. Un almacén.
—*¡Qué alivio, hermano!* —exclamó Kaminari, sin notar la extraña agitación de su amigo—. *¡Tienes que tener un cuidado enorme! Dicen que la mente de la gente se está duplicando y que se vuelven unos salvajes. ¡No hables con nadie y busca un refugio seguro hasta que los héroes controlen esto!*
En ese momento, Inko Midoriya arqueó la pelvis hacia arriba de forma sutil, enterrando el miembro de Mineta un poco más profundo, lo que hizo que al enano se le escapara un suspiro pesado y ahogado.
—Sí... seguro, Kaminari... —apresuró Mineta, sudando frío por la intensa estimulación—. Yo... estoy bien. No te preocupes. Hay... mucha interferencia aquí. Voy a... a mantener la cabeza fría. Hablamos luego. ¡Adiós!
*Click.*
Mineta cortó la llamada de golpe y arrojó el teléfono lejos, soltando un bufido cargado de pura adrenalina y testosterona. Miró hacia abajo y vio a las tres mujeres observándolo con miradas desorbitadas, soberbias y completamente entregadas al juego de su propia mente clonada.
—Kaj... estuviste muy cerca de arruinarlo, dueño —se mofó Jiro con una sonrisa torcida, aumentando la vibración de sus cables para encender la verga del enano al máximo—. Pero me encanta ver cómo juegas a ser el chico bueno mientras nos tienes en cuatro patas.
—¡Olvídate de ese idiota de la Clase A! —bramó Mineta, perdiendo la poca cordura que le quedaba al verse libre de interrupciones—. ¡Que el mundo se caiga a pedazos afuera! ¡Aquí adentro nadie nos va a molestar!
Reinició el bombeo dentro de Inko con una furia renovada y destructiva, mientras Rei se acomodaba para recibirlo en la boca en cuanto terminara, continuando el bucle insaciable de perversión en el pasillo desierto del supermercado.
Mineta redobló la fuerza de sus embestidas, haciendo que las caderas de Inko impactaran contra el suelo con un sonido carnal y húmedo que eclipsó por completo el silencio del supermercado. La adrenalina de haber colgado a Kaminari y el absoluto secreto de lo que estaba ocurriendo en ese pasillo solo sirvieron para inflar su ego pervertido a niveles estratosféricos.
—¡¡Eso es... mami Midoriya... tómalo todo!! —chilló Mineta, con los ojos inyectados en sangre y la saliva goteando de su boca directamente sobre el vientre de la mujer.
Inko se aferraba con las uñas a las losetas, soltando gemidos desgarradores y seseantes que delataban cómo su mente, completamente doblegada por el clon mental del enano, disfrutaba cada centímetro de la profanación.
—¡¡AHHHG... Mineta... dale... dale más duro... rompe a la mamá de Deku!! —clamaba Inko con la voz pastosa, entregada por completo al frenesí destructivo.
A su lado, Rei Todoroki no se quedó de brazos cruzados. Impulsada por la lascivia colectiva, se inclinó sobre el torso de Inko y capturó sus pechos maduros con las manos, apretándolos con fuerza mientras bajaba la cabeza para lamer el sudor del cuello de su amiga, sincronizando sus propios espasmos vaginales con el ritmo que Mineta imponía.
—Mírate, enano... eres un maldito monstruo —gimió Rei, mirando de reojo a Mineta con sus ojos desorbitados por el calor—. Nos tienes a las tres vueltas locas... ¡no te atrevas a parar!
Kyoka Jiro, posicionada detrás de Mineta, jaló con fuerza de sus *Earphone Jacks* para intensificar los pulsos sónicos que enviaba directo al cerebro del pelimorado. La vibración fue tan intensa que el miembro de Mineta se puso aún más venoso y grueso, rozando las paredes internas de Inko con una fricción brutal que la llevó directo al borde del abismo.
—¡Se va a correr, Mineta! ¡Siente cómo te aprieta... haz que explote! —provocó Jiro con una sonrisa torcida, mientras se frotaba con desesperación su propia ranura empapada.
Inko colapsó. Su coño maduro entró en una serie de contracciones espasmódicas tan violentas que succionaron la verga de Mineta como un remolino hirviente.
—¡¡¡ME CORRO... ME CORRO OTRA VEZ... AHHHH!!! —aulló Inko, arqueando la espalda por completo.
Mineta, espoleado por la vibración de Jiro y el agarre asfixiante de Inko, llegó a su propio límite. Con tres estocadas salvajes que sepultaron su miembro hasta la raíz, el enano soltó un chillido agudo de puro éxtasis. Se tensó por completo y liberó una densa, abundante y ardiente carga de semen que inundó las entrañas de la madre de Izuku, desbordándose a borbotones entre sus piernas.
Mineta sacó su miembro humeante con un chasquido espeso y, sin perder un solo segundo, se giró hacia Rei, listo para enterrarse en ella y continuar el bucle insaciable en la verdulería.
Mineta sacó su miembro del interior de Inko con un chasquido sumamente húmedo y espeso, dejando a la peliverde jadeando boca abajo en el suelo pulido, con las caderas temblando y los hilos de semen caliente desbordándose por sus muslos maduros. Sin darle un solo segundo de tregua al ambiente saturado de lascivia, el pelimorado clavó sus ojos desorbitados en Rei Todoroki, quien ya se encontraba esperándolo de rodillas, con las piernas abiertas de par en par y una sonrisa de absoluta sumisión y soberbia.
—¡Te toca a ti, reina de hielo! —chilló Mineta con su voz distorsionada por la testosterona, acomodándose bruscamente entre sus pálidos muslos—. ¡Vamos a ver si ese cuerpo tuyo se congela o se derrite por completo cuando te meta toda mi perversión!
—¡Ven y descúbrelo, dueño! —provocó Rei con una voz ronca y lasciva que rompía con cualquier rastro de su antigua timidez—. ¡Profana a la esposa de Endeavor en el suelo de la verdulería! ¡Hazme tuya hasta que no pueda ni respirar!
Mineta no esperó más. Agarró a Rei firmemente por las caderas, hincando sus dedos en su piel pálida, y con un empuje salvaje e implacable, sepultó su gruesa erección de un solo golpe dentro del hirviente coño de la mujer de cabello blanco.
—¡¡¡AHHHHHHHG!!! —Rei soltó un alarido desgarrador que retumbó en las paredes del supermercado desierto, arqueando la espalda de tal manera que sus manos se aferraron con fuerza a las bases de los estantes de verduras.
Su interior, increíblemente estrecho y sensible, se contrajo como un puño de carne hirviente alrededor del miembro de Mineta, mordiéndolo con una presión asfixiante que casi hace que el enano se venga en la primera estocada. El pelimorado aguantó el impacto y comenzó un bombeo brutal, rápido y ruidoso, haciendo que los glúteos pálidos de Rei chocaran salvajemente contra su pelvis en cada embestida profunda.
Kyoka Jiro, operando desde atrás con sus *Earphone Jacks* aún conectados a los lóbulos de Mineta, aumentó la frecuencia de las vibraciones sónicas al máximo. El pulso directo en el sistema nervioso del enano expandió sus venas y duplicó sus sensaciones, permitiéndole embestir a Rei con una fuerza y velocidad inhumanas.
—¡Eso es... dale más duro, Mineta! ¡Mira cómo se retuerce la mamá de Todoroki! —se mofó Jiro con una sonrisa lasciva, metiendo sus propios dedos en su ranura empapada mientras observaba el vaivén carnal.
Inko, recuperando un poco el aliento, se arrastró de rodillas hasta quedar frente al rostro de Rei. Con los ojos encendidos por la red mental compartida, Inko capturó los labios de su mejor amiga en un beso húmedo y desesperado, pasándole su saliva caliente mientras Rei gemía sin control por la brutal fricción que Mineta le imponía desde abajo.
El calor dentro de la verdulería llegó a su punto de ebullición. El coño de Rei colapsó en una serie de espasmos brutales que succionaron la verga de Mineta en un torbellino de fluidos.
—¡¡ME CORRO... MINETA, ME CORRO CON TU MALDITA SUCIEDAD... AHHHH!! —chilló Rei a través del beso con Inko, perdiendo el sentido por completo.
Mineta llegó a su propio límite de frenesí. Con tres estocadas finales que tocaron el fondo del útero de Rei, el enano soltó un chillido agudo de puro éxtasis, tensándose por completo mientras disparaba una densa y ardiente carga de semen que inundó las entrañas de la mujer, dejándolos a los cuatro sumergidos en un silencio post-orgásmico absoluto en medio del pasillo.
Mineta se desplomó de frente sobre la espalda pálida de Rei, soltando jadeos ruidosos y agudos que rompían el pesado silencio de la verdulería. Su miembro se deslizó fuera con un chasquido pastoso, goteando hilos de semen espeso sobre el suelo pulido del supermercado, que ya parecía un campo de batalla de fluidos, tomates aplastados y ropa rota.
El enano estiró las extremidades, completamente exhausto pero con una sonrisa de absoluta y enferma satisfacción dibujada en el rostro. A su lado, los cuerpos de Inko, Rei y Jiro yacían desparramados en el piso, hiperventilando y con la piel perlada de sudor.
La adrenalina del coito comenzó a asentarse, pero la conexión mental no se había roto. La mente clonada de Mineta seguía operando en los cerebros de las tres receptoras, manteniéndolas en un estado de sumisión y laxitud absoluta, saboreando los residuos del clímax colectivo.
—Uf... diablos... —consiguió articular Mineta, dándose la vuelta para quedar acostado boca arriba, mirando las luces parpadeantes del techo—. Soy un maldito dios... estas mujeres, todas mías en un solo pasillo.
Inko Midoriya fue la primera en reaccionar. Con un gemido perezoso, se arrastró de lado hasta pegar su generoso y maduro pecho contra el brazo del enano. Sus ojos verdes, aún nublados por la lascivia del clon mental, miraron a Mineta con una adoración vulgar. Estiró una de sus manos suaves y comenzó a acariciarle el pecho al chico, limpiándole sutilmente el sudor.
—Estuviste increíble, dueño... —susurró Inko con la voz pastosa y ronca—. Dejaste a la mamá de Izuku completamente inservible en el suelo... mírame, todavía estoy temblando por tu culpa.
Rei Todoroki soltó un suspiro largo, enderezándose lentamente hasta quedar sentada sobre sus talones. Su cabello blanco caía desordenado sobre su rostro, y el vaho helado que soltaba sutilmente por la boca ayudó a refrescar el ambiente caliente del pasillo. Con una sonrisa de soberbia compartida, Rei se acercó y estiró su mano pálida para tomar el miembro flácido de Mineta, dándole un suave apretón con sus dedos fríos para limpiarle los restos de fluido.
—El orgullo de los Todoroki no vale nada frente a tu mente, Mineta —gimió Rei, pasando la lengua por sus propios labios resecos—. Hiciste lo que quisiste con nosotras... somos tus malditas perras de supermercado.
Kyoka Jiro, que finalmente desconectó sus *Earphone Jacks* de las orejas de Mineta con un movimiento perezoso, se dejó caer de espaldas justo al otro lado del pelimorado. Tenía las piernas cruzadas y el uniforme completamente destrozado, pero su rostro reflejaba una paz lasciva que jamás habría mostrado en las instalaciones de la academia.
—Kaj... el enano pervertido resultó tener más resistencia que todo el curso de héroes junto —se mofó Jiro, soltando una risita ronca mientras estiraba un brazo para acariciar el cabello morado de Mineta—. Cuelgas esa llamada con Kaminari y luego nos dejas sin poder caminar... eres jodidamente desquiciado.
Mineta, sintiéndose el rey del mundo mientras era acariciado, limpiado y alabado por las tres mujeres al mismo tiempo, cerró los ojos con una sonrisa de oreja a oreja. El caos exterior no importaba en lo absoluto; en el aislamiento de ese pasillo de verduras, el bucle de posesión y placer post-orgásmico continuaba uniendo sus mentes en un secreto absoluto que nadie más llegaría a conocer.
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Gran Duplicado
BNHA
"Gran Duplicado de Mentes". Temática de clonación mental (emisores y receptores), las receptoras no solo tienen la mente clonada de (del emisor), sino que conservan absolutamente todas las memorias, habilidades y la personalidad original de ellas mismas (las receptoras), fusionándose con los pensamientos, deseos y la consciencia de (del emisor). "Great Duplicate of Minds". The theme of mind cloning (senders and receivers), the receivers not only have the cloned mind of (the sender), but they also retain absolutely all of their own memories, skills and original personality, merging with the thoughts, desires and consciousness of (the sender).
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