What's next?
Cap 8
Logan colgó la llamada y le devolvió el teléfono a Scarlet, quien lo guardó en su bolso de diseñador con un movimiento grácil y preciso. La intriga seguía flotando en el aire de la sala, rompiendo la total tranquilidad que Logan sentía hasta hace unos minutos. Saber que en la oficina de Scarlet existía una mujer llamada Mary que lograba que todos, incluido el mismísimo CEO, se doblegaran ante ella y le rindieran pleitesía de la noche a la mañana, no era una simple coincidencia.
—Hiciste bien, Scarlet —le dijo Logan, dándole una palmada en el muslo, lo que hizo que la ejecutiva sonriera con una mezcla de orgullo y sumisión—. Esa tal Mary tiene algo raro entre manos y no me voy a quedar con los brazos cruzados. Si tiene una ventaja como la mía, necesito saberlo antes de que se convierta en un problema.
—Haré que Cristina no le quite los ojos de encima, mi señor —aseguró Scarlet, cruzando sus estilizadas piernas—. Ella es sumamente observadora y hábil. Si Mary da un solo paso en falso, lo sabremos de inmediato.
En ese momento, un delicioso aroma a comida casera gourmet comenzó a inundar toda la planta baja. Desde la cocina, Elena asomó la cabeza por encima de la barra, manteniendo su porte de jefa de casa y luciendo su espectacular silueta madura completamente al desnudo, con la coleta alta perfectamente estilizada.
—¡Mi amor! ¡La cena ya está lista! —anunció Elena con su habitual tono fresa, pero con una dulzura inmensa que denotaba lo mucho que quería consentirlo—. Valeria y yo preparamos unos cortes de carne con una guarnición espectacular, digna de ti. Vengan a sentarse de una vez.
Valeria apareció justo detrás de su hermana, sosteniendo una bandeja con copas y cubiertos. Su mirada de veintinueve años derrochaba una soberbia implacable hacia Elena, pero al fijar sus ojos en Logan, se derritió por completo en una expresión de pura devoción.
—Ay, por favor, Elena, no te cuelgues todo el crédito, que el término perfecto de la carne lo logré yo —soltó Valeria de manera sumamente prepotente, caminando hacia el comedor con un andar felino—. Logan, ven a probar lo que te hice. Te prometo que te va a gustar muchísimo más que cualquier cosa que te haya preparado mi hermana en todos sus años de matrimonio.
Roxanne cerró su libreta de dibujo con un golpe seco, levantándose de la alfombra con total flojera y desparpajo. Miró el comedor y luego a Scarlet, soltando una risa seca.
—Al fin, ya me estaba rugiendo la tripa por cumplir los caprichos de este hombre —murmuró la gótica de manera cortante, caminando hacia la mesa sin importarle en lo absoluto caminar desnuda frente a los demás—. A ver, la ejecutiva nueva, muévete y sírvele el agua a Logan, demuestra para qué sirves.
Scarlet ni se inmuto ante el comentario de Roxanne; al contrario, se levantó del sillón con una elegancia ejecutiva envidiable y se dirigió a la mesa para asegurarse de que el lugar de Logan estuviera impecable antes de que él se sentara.
Logan se puso de pie, llamando a Matías y a Martha para que bajaran a cenar con todos, complacido por el absoluto control que ejercía en esa mesa, pero manteniendo firmemente en su mente la espina de la tal Mary y lo que Cristina pudiera descubrir al día siguiente.
Logan se despertó a la mañana siguiente sintiendo un éxtasis salvaje en la entrepierna. Al abrir los ojos por completo, descubrió a Scarlet de rodillas sobre la cama, perfectamente arreglada con su ropa ejecutiva y sexy, pero devorándolo con una destreza y una humedad que lo llevaron al límite en cuestión de segundos.
—Qué buena esclava eres, carajo... —gruñó Logan, agarrándola del cabello.
—Para eso estoy, mi señor... para darte el mejor inicio de día posible —murmuró Scarlet entre bocanadas, manteniendo su elegancia intacta.
Logan no aguantó más y se vino con fuerza dentro de su boca. Scarlet, con total sumisión y lealtad, se tragó hasta la última gota sin gesticular el menor asco, limpiándose la comisura de los labios con un pañuelo fino.
—¿Y las demás dónde están? —preguntó Logan, estirándose en la cama.
—Están abajo, terminando de arreglarse para sus respectivos trabajos. Ya es hora de irse —explicó Scarlet mientras le acomodaba la sábana—. Por cierto, mi señor, ¿llevarás a tu hijo a la escuela hoy?
—No, la verdad es que no quiero ir. Tengo otras cosas más importantes que hacer —respondió Logan con total desparpajo—. Quiero que tú lo lleves en el auto deportivo de cuatro puertas. Mi esposa se va a llevar su camioneta y Valeria usará la otra. Así se mueven todas.
—Entendido. Ah, y tu suegra Martha ya se retiró a su casa muy temprano, manteniendo su porte de siempre —añadió Scarlet antes de ponerse de pie.
Ambos bajaron a la planta baja. En la sala y el comedor, el movimiento era total. Matías ya estaba listo con su mochila, luciendo su habitual tono cortante pero visiblemente ansioso por subirse al deportivo. Al ver a su padre, le preguntó con la mirada si ya era hora.
—Ya estoy lista, Matías. ¿Tú ya estás listo? Porque ya te voy a llevar en la nave —le dijo Scarlet con un tono ejecutivo y firme, mostrando las llaves del coche. El joven asintió de inmediato, emocionado por presumir el auto con su amigo.
Mientras Logan se sentaba a desayunar el buffet que le habían dejado preparado, Elena y Valeria se acercaron a él. Elena, derrochando su amor conyugal fresa, le dio un beso tierno en los labios.
—Ya nos vamos, mi rey. Te dejé todo listo. Al rato te veo para consentirte —dijo con su tono mandón pero cariñoso.
—Ay, por favor, Elena, muévete que se nos hace tarde —la apresuró Valeria, dándole a Logan una mirada llena de una obsesión intensa—. Adiós, mi amor. Recuerda quién es la que de verdad te piensa todo el día.
Roxanne, con su outfit gótico para el trabajo y su mochila al hombro, soltó un bufido cortante y se despidió con un gesto rápido.
—Ya me voy a jalar, qué hueva. Ahí te mandé por mensaje el boceto del nuevo dibujo de las cuatro, ahí lo checas, Logan.
Una vez que la casa se quedó completamente vacía, Logan terminó de desayunar con total tranquilidad. Salió a la calle a caminar bajo el sol de la mañana, disfrutando del aire fresco del fraccionamiento. Sin embargo, su mente no estaba en paz. Con cada paso que daba, la espina de la tal Mary se clavaba más y más en sus pensamientos. No podía dejar de darle vueltas a lo que Scarlet le había contado: una mujer común, un jefe entregándole dinero y una oficina entera rindiéndose a sus pies de la noche a la mañana.
“Si esa tipa tiene un poder parecido al mío, tengo que averiguar qué carajos es antes de que se cruce en mi camino”, pensó Logan con la mandíbula apretada, esperando con ansias el reporte de Cristina.
Logan apresuró el paso y llegó a un cruce peatonal justo cuando el semáforo para los peatones cambió a verde. Se dispuso a cruzar con total tranquilidad, pero de golpe, el semáforo vehicular se puso en rojo y un auto de gran lujo se detuvo frenando a raya justo frente a él.
Logan barrió el vehículo con la mirada. Al volante venía un hombre bastante apuesto, vestido con un traje de diseñador impecable, pero lo que realmente captó su atención fue la mujer que iba en el asiento del copiloto. Físicamente, se notaba a leguas que era de un nivel social y económico mucho más bajo que el sujeto; no era para nada llamativa, vestía ropa común y corriente, pero se movía en el asiento con una confianza absoluta.
Logan, aprovechando que cruzaba justo por enfrente del parabrisas, aguzó el oído ya que la ventana del conductor estaba ligeramente abajo. Pudo escuchar la voz del hombre, que sonaba tensa pero completamente sumisa:
—Mary, por favor, estoy manejando... Ya sé que quieres agarrar mi miembro, pero podemos chocar aquí mismo. En cuanto lleguemos al trabajo te hago ese sexo oral que tanto te fascina, te lo prometo. Aparte... qué raro, Scarlet no me ha llamado para nada después de que la mandé a la chingada anoche. Qué hueva con ella, pero mejor para nosotros.
Logan abrió los ojos de par en par mientras terminaba de pasar el cruce. Las piezas del rompecabezas encajaron al instante en su cabeza con un golpe de adrenalina. ¡No puede ser! El tipo guapo al volante era el mismísimo exjefe de Scarlet, el CEO de la empresa, y la mujer ordinaria que lo traía como un títere era la mentada Mary. Logan se dio la vuelta en la acera y se les quedó viendo fijamente. El semáforo cambió a verde para los autos y el coche de lujo aceleró, perdiéndose entre el tráfico de la avenida.
—Con que esa es la famosa Mary... —murmuró Logan con una sonrisa de absoluta malicia, sintiendo cómo se le erizaba la piel. Ya le había visto la cara a su potencial rival.
Sin perder un solo segundo, Logan sacó su celular del bolsillo y le marcó directamente a Scarlet. Ella iba manejando el deportivo de cuatro puertas, llevando a Matías rumbo a la escuela. Al primer tono, Scarlet contestó a través del manos libres del auto, con su impecable voz ejecutiva y devota:
—Sí, mi señor, dime. Justo voy en camino a dejar a Matías, está fascinado con el deportivo.
—Escúchame bien, Scarlet —interrumpió Logan con un tono severo y autoritario—. Acabo de ver a Mary de lejos. Estaba en un cruce y venía en el coche de lujo con tu exjefe. Escuché perfectamente cómo lo traía de sumiso y cómo mencionaron que tú no habías llamado. Ya sé perfectamente quiénes son.
Al otro lado de la línea, Scarlet contuvo el aliento, adoptando de inmediato una postura de absoluta seriedad corporativa.
—No puede ser... ¿Estaban juntos en el auto a esta hora? Mi señor, eso confirma que esa tipa tiene un control absoluto sobre él.
—Exacto. Así que quiero que le marques a Cristina ahora mismo —le ordenó Logan con firmeza—. Dile que active el monitoreo ya. Que vigile a Mary en cuanto pise la oficina, que observe cada movimiento, con quién habla, qué hace, pero repito: ¡sin levantar la más mínima sospecha! No quiero que Mary note nada raro. Cristina tiene que actuar normal, como siempre. En cuanto sepa el más mínimo detalle de cómo opera esa mujer, me lo reportan.
—Entendido, mi amo. En cuanto deje a tu hijo en la puerta de la escuela, me comunico de inmediato con Cristina para darle las instrucciones exactas. Te mantendré informado de cada maldito paso que dé esa mujer —aseguró Scarlet con total lealtad, lista para activar su red de espionaje mientras Logan colgaba el teléfono, sabiendo que el juego por el control total acababa de comenzar.
Logan guardó el teléfono en el bolsillo, con la adrenalina a tope y una sonrisa de pura malicia en el rostro. La confirmación de que Mary poseía una influencia tan directa y grotesca sobre el CEO no hacía más que alimentar sus ansias de control. Caminó de regreso por las banquetas del fraccionamiento residencial, disfrutando del sol de la mañana pero con la mente fija en el tablero de ajedrez en el que se estaba convirtiendo la ciudad.
Mientras tanto, en el espectacular auto deportivo de cuatro puertas, Scarlet detuvo la marcha justo frente a la entrada de la escuela de Matías. El joven bajó la ventana eléctrica, asomando el brazo con una actitud sumamente fresa y altanera, logrando que varios de sus compañeros se le quedaran viendo con el ojo cuadrado al notar la tremenda nave en la que llegaba.
—Listo, Matías. Ya estás en tu escuela —dijo Scarlet con su tono ejecutivo e impecable, acomodándose los lentes de sol—. Estudia y mantén la disciplina que tu padre exige.
—Sí, gracias, Scarlet. Al rato le marcas a mi papá a ver si me recogen en esta misma joya —respondió Matías con suficiencia, bajándose del auto con una sonrisa de oreja a oreja directo a presumir con su mejor amigo.
En cuanto el muchacho cerró la puerta, Scarlet no perdió ni un segundo. Puso el auto en marcha hacia su departamento para recoger sus maletas, pero al mismo tiempo activó el manos libres y le marcó directamente a Cristina. Al segundo tono, la llamada fue enlazada.
—¿Sí, ama Scarlet? Ya estoy en mi cubículo, dime —respondió la voz sumisa de Cristina desde la oficina.
—Cristina, escucha con mucha atención. Mi señor Logan acaba de ver a Mary y al CEO juntos en el coche de lujo hace unos minutos; van directo hacia allá —sentenció Scarlet con una frialdad corporativa implacable—. Quiero que en cuanto entren a la empresa, comiences el monitoreo absoluto de Mary. Observa cómo actúa, qué órdenes da y cómo reacciona la gente a su alrededor. Pero te lo advierto: no quiero que seas obvia. Actúa con tu habitual profesionalismo fresa, trátala normal, que no sospeche que la estamos cazando. Cualquier detalle, por mínimo que sea, me lo reportas a mí de inmediato.
—Entendido, ama Scarlet... Ya los vi entrar, de hecho. El jefe viene pegado a ella como un perrito faldero. Yo me encargo, no se van a dar cuenta de nada y les tendré toda la información —aseguró Cristina en un susurro antes de colgar.
De vuelta en las calles del fraccionamiento, el celular de Logan vibró en su bolsillo. Pensando que era Scarlet con alguna novedad, sacó el aparato rápidamente, pero vio que se trataba de un mensaje de WhatsApp de Roxanne, la gótica.
Roxanne: Te mandé el archivo por correo pero aquí te dejo la imagen. Ya quedó el pinche boceto de nosotros con las otras tres ridículas en la sala. Qué castre tener que dibujarlas, pero el dibujo me quedó cabrón, como siempre. Chécalo y me dices.
Logan abrió el archivo adjunto y soltó una carcajada de absoluta satisfacción en medio de la acera. El boceto digital en Krita estaba increíblemente detallado: se veía a él sentado como un rey en el sillón, mientras Elena, Valeria, Scarlet y la propia Roxanne se amontonaban a su alrededor en poses sumamente sexys y devotas. A pesar de su actitud de fastidio, el talento de la gótica para plasmar la sumisión de todas era innegable.
Logan le contestó rápido:
Logan: Te quedó perfecto. Sigue trabajando y ni se te ocurra distraerte en tu trabajo. Al rato te quiero ver en la casa.
Guardó el teléfono, sintiéndose el dueño del mundo. Ahora solo restaba esperar a que Cristina hiciera su movimiento en la empresa y descubriera el secreto detrás del extraño poder de Mary.
Logan siguió caminando durante un buen rato, dándole vueltas al asunto en la cabeza, hasta que se hartó de esperar y decidió tomar cartas en el asunto él mismo. Sacó el teléfono y le marcó a Scarlet.
—Sí, mi señor, dime —contestó Scarlet al instante—. Ya recogí todas mis pertenencias de mi departamento, llevo las maletas en el deportivo y voy de regreso a la casa para instalarme por completo.
—Scarlet, dime cómo se llama la empresa donde trabajabas y cuál es la dirección exacta —le ordenó Logan con tono firme.
Scarlet le dio el nombre de la famosa corporación y la dirección en una zona exclusiva de la ciudad, pero su voz ejecutiva se tornó de inmediato en una de profunda preocupación leal.
—Mi señor, ¿piensas ir para allá? Por favor, no lo hagas, es sumamente arriesgado para ti. Si esa mujer nota algo extraño o si tiene un poder como el tuyo, podrías exponerte...
Logan ni siquiera la dejó terminar; le colgó el teléfono de golpe, plantó la mano en la avenida para pedir un taxi y le dio la dirección al conductor. No iba a quedarse de brazos cruzados esperando reportes.
Al llegar al imponente edificio corporativo, Logan entró derrochando una seguridad aplastante. Caminó directo hacia el mostrador donde dos recepcionistas de excelente presencia estaban por pedirle su identificación. Antes de que pudieran articular una sola palabra, Logan se inclinó hacia ellas y sentenció con una mirada magnética:
—Ustedes me van a dejar pasar sí o sí. Y su vagina se les moja por haberme visto, ya que tener al frente a un hombre como yo es un completo placer para ustedes.
Las dos mujeres se quedaron congeladas, respirando agitadamente mientras un intenso calor las invadía por completo. Asintieron con la mirada perdida y una sonrisa sumamente dócil, activando el torniquete de seguridad de inmediato para dejarlo ingresar sin registrarse.
Logan caminó con paso firme hacia el ascensor, marcó el piso ejecutivo y, en cuanto las puertas se abrieron, avanzó por los pasillos alfombrados. No tardó en divisar a Cristina, quien estaba revisando unos papeles en su cubículo. Al levantar la vista y reconocer a Logan por las fotos y la videollamada previa, abrió los ojos de par en par, completamente sorprendida. Dejó lo que estaba haciendo y se acercó a él a toda prisa, hablando en un susurro cargado de urgencia:
—Amo... ¿por qué estás aquí? —murmuró Cristina con la respiración entrecortada—. Es muy peligroso, si Mary te ve se va a dar cuenta de que algo pasa, ella lo controla todo aquí...
Antes de que Cristina pudiera añadir algo más, los pasos de dos personas resonaron en el pasillo. Era Mary junto al CEO, cuyo nombre era Jef. El ejecutivo venía caminando un paso por detrás de ella, con una postura completamente sumisa y la mirada fija en sus movimientos. Mary, al notar a Cristina parada hablando con el desconocido, frunció el ceño con soberbia y se giró hacia su acompañante.
—Jef, mira a Cristina perdiendo el tiempo —soltó Mary con un tono cortante y caprichoso—. Dile que se mueva y mándala a hacer algo útil de inmediato. No se le está pagando para que esté aquí parada de floja sin hacer nada.
—Sí, Mary, tienes toda la razón, ahorita mismo la reprendo... —comenzó a decir Jef con voz monótona, dispuesto a cumplir la orden al instante.
En ese momento, Mary clavó sus ojos ordinarios en Logan. Abrió la boca dispuesta a exigirle que se retirara del piso ejecutivo, pero Logan, con una velocidad mental felina y aprovechando el impacto absoluto de su presencia, le ganó la palabra por completo. Dio un paso al frente, cruzándose de brazos con una sonrisa de superioridad brutal y fulminándola con la mirada.
—Hola, Mary —soltó Logan en voz alta, derrochando una soberbia que congeló el pasillo—. Qué bueno ver al fin a mi perra leal, que se encargó de apoderarse de toda esta maldita empresa solo para entregársela a su amo. Muchas gracias por el regalo, hiciste un trabajo excelente.
Las palabras de Logan cayeron como un balde de agua fría en el lugar. Jef se quedó estático en su sitio, parpadeando confundido ante el violento choque de mandatos que acababa de interferir en su mente, mientras el rostro común de Mary se transformaba por completo, pasando de la altanería a una total estupefacción al ver que un completo extraño la desafiaba con semejante nivel de autoridad en su propio territorio.
Mary se quedó petrificada en medio del pasillo. Sus ojos ordinarios se abrieron desmesuradamente mientras intentaba asimilar el tremendo choque mental que las palabras de Logan acababan de provocar. Por un instante, una expresión de pura furia y resistencia cruzó su rostro; sus puños se apretaron y abrió la boca para gritarle que se largara, intentando aferrarse con uñas y dientes al control absoluto que hasta hace unos segundos ejercía sobre todo el edificio.
Sin embargo, la realidad alterada por el decreto de Logan era una fuerza implacable. La idea de que ella no era más que una "perra leal" trabajando en secreto para conseguirle una empresa a su verdadero amo comenzó a reescribir sus pensamientos a una velocidad aterradora. Mary tembló, soltando un jadeo ahogado mientras la resistencia en sus ojos se desmoronaba por completo, siendo reemplazada por una neblina de absoluta sumisión y devoción ardiente.
El efecto dominó fue inmediato. Jef, el CEO, que hasta hace un momento parpadeaba confundido por el cruce de mandatos, se enderezó de golpe al ver la nueva actitud de Mary. En su mente, la jerarquía se acomodó con una lógica perfecta: Mary era la sierva de Logan, por lo tanto, Logan era ahora el dueño absoluto de todo y de todos en esa corporación.
Mary dio un paso al frente, pero esta vez toda su soberbia se había evaporado. Dejó caer sus carpetas al suelo y, con la respiración entrecortada, se inclinó ante Logan con una postura sumamente dócil.
—Sí... tienes razón, mi amo —murmuró Mary con una voz quebrada por la intensa sumisión—. Perdóname por haber dudado un segundo. Todo este tiempo... todo lo que hice para controlar a Jef y quedarme con la empresa... fue solo para prepararte el terreno. Esta corporación es tuya. Yo soy tu perra leal.
Jef avanzó un paso, colocándose al lado de Mary y bajando la cabeza de manera sumamente sumisa frente a Logan.
—Señor... todo lo que mis empresas y mis cuentas bancarias poseen está a su completa disposición a partir de este momento. Ordene lo que desee.
Cristina, que presenciaba todo desde su cubículo con los ojos como platos, soltó un suspiro de alivio y admiración absoluta, cayendo de rodillas ante la imponente demostración de poder de su amo.
Logan soltó una carcajada ronca y llena de soberbia, resonando con fuerza en todo el piso ejecutivo. Se acomodó el cuello de la camisa, deleitándose al ver cómo la mujer que parecía ser una amenaza se había convertido, en un abrir y cerrar de ojos, en la pieza más valiosa de su creciente imperio.
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