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Cap 9
Logan asintió con una sonrisa de absoluta superioridad, saboreando el momento. Miró a Jef y a Cristina con desprecio y luego fijó sus ojos en la sumisa empleada.
—Tú, Mary, ven conmigo. Quiero hablar contigo a solas —ordenó Logan de manera imponente.
—Sí, mi amo, lo que usted mande —respondió Mary de inmediato, caminando con la cabeza baja y una docilidad absoluta detrás de él.
Logan abrió la puerta de una sala de juntas privada, totalmente aislada del resto del piso ejecutivo, y entró con paso firme. Mary lo siguió en silencio y cerró la puerta con cuidado. Logan se cruzó de brazos, se recargó contra la mesa de cristal y la barrió con una mirada inquisitiva, yendo directo al grano.
—A ver, dime cómo carajos lograste controlar a todos en esta maldita empresa. Quiero saber exactamente cómo funciona tu truco.
Mary dio un paso al frente, temblando ligeramente por la intensa necesidad de complacer a su nuevo dueño. Levantó la mirada con una devoción total y comenzó a explicarle con lujo de detalles:
—Mi amo... yo obtuve el poder de controlar a las personas con una sola condición. Puedo hacer que cualquiera me obedezca ciegamente e incluso puedo alterar sus mentes por completo para que acepten la realidad que yo decida. Pero mi restricción... lo que me limita, es que si o sí tengo que decir el nombre de la persona primero y, justo después, lo que quiero que haga. Si no pronuncio su nombre antes del mandato, el poder simplemente no funciona. Por eso con Jef y con los demás siempre tuve que llamarlos por su nombre de pila antes de dominarlos...
Mary se arrodilló lentamente sobre la alfombra de la sala de juntas, juntando las manos en un gesto de total sumisión y mirándolo con ojos suplicantes.
—Pero espero de todo corazón que lo que hice le haya gustado, mi amo... Todo este imperio corporativo, todo el dinero y el control que acumulé usando mi habilidad fue pensado para usted, para entregárselo en bandeja de plata. ¿Lo hizo bien su perra? Dígame que está orgulloso de mí, por favor.
Logan la escuchó con atención, procesando la información con una sonrisa interna. Así que ese era el secreto de Mary: un poder condicionado al nombre de la víctima. Una sonrisa de triunfo absoluto se dibujó en su rostro al darse cuenta de que la moneda que él poseía era infinitamente más práctica y letal, ya que no requería de ninguna fórmula previa para doblar la realidad.
Mary se inclinó un poco más hacia adelante, borrando cualquier rastro de duda en su rostro y adoptando una expresión de profunda seriedad y advertencia leal.
—Pero mi amo... —continuó Mary en un susurro tembloroso—, aunque ahora tengas este imperio corporativo en tus manos, debes tener muchísimo cuidado con Salomón.
Logan frunció el ceño de inmediato, sintiendo cómo la intriga y una punzada de sospecha le recorrían la espalda. ¿Otro más?
—¿Quién carajos es ese tal Salomón? —preguntó Logan con un tono severo e imponente.
—A Salomón se le conoce como "El Emperador", mi amo —explicó Mary, con los ojos bien abiertos—. Él es el que mueve absolutamente todo desde las sombras. Tiene bajo su control total a presidentes de naciones, a jefes de la policía, a directores de corporaciones gigantescas y varias empresas famosas a nivel mundial... incluso tiene a cantantes, actrices y celebridades como sus marionetas. Yo... yo obtuve mi poder porque un día me encontré una moneda extraña en la calle. Gracias a eso, tuve la oportunidad de conocer la existencia de Salomón. Él es el verdadero dueño de todo, el mero mero.
Logan se enderezó, escuchando con total atención el relato de su sumisa empleada.
—Pero antes de llegar a él —prosiguió Mary—, están las "5 Estrellas de Salomón". Son cinco personas sumamente ricas, famosas o influyentes que le sirven directamente; nunca las he visto en persona, pero ejecutan sus órdenes en diferentes sectores. Salomón siempre oculta su identidad detrás de una máscara. Mira, mi amo, las únicas personas en este mundo que tenemos este don de controlar a la gente somos tú, yo y Salomón. La habilidad de él para dominar a los demás es brutal: le basta con mirar a alguien a los ojos y ya está, quedan completamente sometidos a su voluntad. Por eso es extremadamente peligroso. Su única limitante es que si no te ve directamente a los ojos, no puede controlarte.
Mary se acercó un poco más a las piernas de Logan, abrazando su rodilla con total devoción y sumisión, queriendo proteger a su nuevo dueño.
—Por favor, mi amo, nunca lo enfrentes de frente... Perderías contra él si te descuidadas. Pero no te preocupes ni te agüites por eso; ahora tienes a tu perra leal aquí para darte todo el control de esta empresa, y por supuesto, para que me uses y tengas todo el sexo que quieras conmigo cuando me lo ordenes. Yo me encargo de complacerte en todo.
Logan clavó la mirada en el suelo de la sala de juntas, procesando la monumental información. El panorama se acababa de expandir de golpe: una red de corrupción mental, cinco lugartenientes poderosos y un rival en la cima del mundo que dominaba con la mirada. Lejos de acobardarse, una chispa de ambición salvaje y competitiva comenzó a encenderse en el pecho de Logan. Sabía que el juego por el dominio absoluto se había puesto mil veces más interesante.
Logan se pasó una mano por la nuca, asimilando la magnitud de las palabras de Mary. La euforia de haber conquistado la empresa de un plumazo se transformó en una cautela fría y calculadora. Si ese tal Salomón tenía en su bolsillo a políticos, policías y celebridades, el mundo exterior ya no era un terreno de juego libre; era un campo minado.
—Con que esas tenemos... —murmuró Logan con la mandíbula apretada, clavando su mirada magnética en Mary—. Eso significa que a partir de ahora tengo que andar con pies de plomo. No sé qué personas de las que me cruce en la calle, en los negocios o incluso en la televisión ya están sometidas a las órdenes de Salomón o pertenecen a sus malditas "5 Estrellas". Cualquier cabrón podría ser un espía de ese tipo con máscara.
Mary asintió sumisamente, frotando su mejilla contra la rodilla de Logan en señal de devoción absoluta.
—Así es, mi amo. El peligro es real. Cualquiera de los altos mandos, o la gente que maneja hilos importantes, podría estar bajo su mirada. Por eso debe ser discreto con lo que hace fuera de sus dominios. Aquí, en esta corporación, yo me encargaré de que nadie mueva un dedo sin que usted lo sepa primero. Soy su escudo.
Logan se cruzó de brazos, analizando la situación. Pensó en su moneda, en la facilidad con la que reescribía la mente de las personas sin necesidad de saber sus nombres como Mary, o de mirarlas directamente a los ojos como Salomón. Su poder era letal por su sutileza y alcance verbal, pero un descuido visual con "El Emperador" y todo su naciente imperio de mujeres y lujos se iría directo al carajo.
“Tengo que descubrir quiénes son esas cinco estrellas antes de que ellos me descubran a mí”, pensó Logan, sintiendo que la ambición le quemaba el pecho. El juego ya no era solo dominar a las familias ricas de la zona o quedarse con secretarias sexys; ahora se trataba de una guerra silenciosa por la supremacía absoluta del mundo.
—Ponte de pie, Mary —le ordenó Logan con voz imponente, extendiendo la mano para levantarla del suelo—. No me voy a agüitar por un imbécil con máscara. Al contrario, esto se puso mil veces mejor. Pero quiero que tú, Jef y Cristina se vuelvan paranoicos desde hoy. Nadie entra a este piso ejecutivo sin que lo investiguen a fondo. Y tú, mantente lista, porque si ese tal Salomón llega a mandar a uno de sus peones, lo vamos a quebrar desde las sombras.
—Como usted ordene, mi señor. Su perra leal obedecerá hasta las últimas consecuencias —respondió Mary con una sonrisa llena de sumisión ciega, lista para ejecutar cualquier mandato de su nuevo y absoluto dueño.
Logan la miró con fijeza, complacido por su total sumisión y por la valiosa información que acababa de proporcionarle. Sin pensarlo dos veces, dio un paso al frente y le sujetó los pechos con firmeza por encima de la blusa, haciéndola soltar un jadeo dócil.
—A ver, demuestra qué tan buena perra eres —le ordenó Logan con su habitual tono imponente—. Levántate la falda y bájate las bragas de una vez.
—Sí, mi amo... lo que usted me pida —respondió Mary con voz trémula, completamente dominada por el mandato.
Sin perder un segundo, se acomodó contra la mesa de cristal de la sala de juntas, se levantó la falda ejecutiva y se deslizó la ropa interior hasta los tobillos, quedando completamente expuesta ante él. Logan se desabrochó el pantalón, liberando su gruesa erección, y la penetró de un solo golpe por detrás. Mary soltó un gemido ahogado de puro placer y sumisión, aferrándose al borde de la mesa mientras Logan comenzaba a embestirla con un ritmo salvaje y dominante en la privacidad de la oficina.
Mientras la usaba a su antojo, la mente de Logan seguía trabajando a mil por hora. Cada impacto de sus cuerpos resonaba en la silenciosa sala de juntas, pero su atención estaba dividida entre el clímax carnal y la estrategia que tendría que armar para protegerse de Salomón. Mary se arqueaba por completo, entregándose por entero a los deseos de su nuevo dueño y demostrando con cada gemido su absoluta lealtad.
Logan mantuvo un ritmo salvaje, sujetando a Mary firmemente por las caderas mientras ella gemía sumisamente contra la mesa de cristal. La adrenalina de tener el control absoluto de la situación y haber desactivado una amenaza potencial lo hacía sentirse el dueño del mundo. Mary se entregaba por completo, asimilando cada embestida con total docilidad, repitiendo entre suspiros lo mucho que le pertenecía a su nuevo amo.
Después de unos minutos de intensa fricción, Logan sintió el clímax inminente. La jaló del cabello con fuerza para obligarla a arquear más la espalda y se vino profundamente dentro de ella, soltando un gruñido ronco. Mary recibió la descarga temblando, dejándose caer exhausta sobre la superficie de la mesa mientras Logan se retiraba lentamente y se acomodaba el pantalón con total parsimonia.
—Estuviste excelente, Mary. Así me gusta que obedezcas —sentenció Logan, dándole una palmada en la nalga.
—Gracias, mi amo... para eso nací, para servirte en lo que me pidas —respondió ella con la respiración entrecortada, limpiándose a toda prisa y acomodándose la falda ejecutiva para recuperar su postura profesional.
Logan salió de la sala de juntas con paso firme y regresó al pasillo principal. Jef y Cristina seguían en sus puestos, completamente estáticos y esperando sus directrices. En ese momento, el celular de Logan vibró en su bolsillo. Al sacarlo, vio que era una llamada entrante de Scarlet, quien ya debía estar en la residencia principal con todas sus pertenencias.
Logan contestó de inmediato:
—¿Qué pasa, Scarlet? Ya terminé mis asuntos aquí —soltó Logan con tono autoritario.
—¡Mi señor! Qué bueno que respondes —dijo Scarlet al otro lado de la línea, con una mezcla de alivio y sumisión en su voz—. Ya llegué a la casa de tu esposa, ya instalé todas mis maletas en la habitación que me asignaron. Dime, por favor, que estás bien. Estaba sumamente preocupada de que esa tal Mary intentara algo en la empresa.
Logan soltó una carcajada llena de soberbia que resonó en todo el piso ejecutivo, llamando la atención de Jef y Cristina.
—Despreocúpate, Scarlet. Esa perra ya está bajo mi control absoluto. Resulta que toda esta empresa y su dinero ahora me pertenecen a mí. Me lo entregó todo en bandeja de plata.
Al escuchar eso, Scarlet soltó un suspiro de profunda admiración.
—Eres increíble, mi señor... No cabe duda de que nadie puede competir contra ti. ¿Quieres que vaya a recogerte en el deportivo para traerte de regreso a casa?
Logan miró a Jef, luego a Mary que salía de la sala de juntas, y finalmente a Cristina. Tenía un imperio entero que administrar y una guerra oculta contra un tal Salomón de la cual protegerse, pero por ahora, el hambre y el deseo de ver a todas sus mujeres juntas en un solo lugar lo llamaban de vuelta.
—Sí, Scarlet. Trae el deportivo para acá y ven por tu amo. Quiero ver cómo manejas —ordenó Logan con una sonrisa de suficiencia.
—Entendido, mi señor. Salgo para allá de inmediato, no tardo nada —respondió Scarlet con voz firme y distinguida, cortando la comunicación para cumplir la orden al instante.
Logan guardó el teléfono y se giró hacia sus nuevos subordinados. Mary ya se había acomodado la ropa por completo, luciendo impecable, y permanecía de pie al lado de Jef con las manos entrelazadas al frente, esperando indicaciones con la mirada baja. Cristina, por su parte, se mantenía atenta desde su cubículo, admirando la imponente figura de su amo.
—Escúchenme bien los tres —soltó Logan con su tono más autoritario y cortante—. A partir de hoy, la empresa sigue operando exactamente igual hacia el exterior. No quiero movimientos bruscos que llamen la atención de nadie afuera, y mucho menos de la gente de ese tal Salomón. Jef, tú sigues firmando los papeles como el CEO, pero cada centavo de las cuentas principales y cada decisión importante me la reportan a mí a través de Mary.
—Sí, mi señor, se hará exactamente como usted ordena —respondió Jef con total sumisión corporativa.
—Mary, tú mantén tus ojos bien abiertos. Si notas el más mínimo cambio en el ambiente, o si alguna de esas "5 Estrellas" o el mismo Emperador intenta meter las manos en mis negocios, me avisas de inmediato —añadió Logan, clavándole una mirada severa.
—Por supuesto, mi amo. Su perra leal cuidará su imperio con la vida —aseguró Mary con una sonrisa sumamente dócil.
Logan caminó hacia los ascensores escoltado por Cristina, quien le abrió paso con absoluta deferencia. Al bajar al lobby, las dos recepcionistas del mostrador se enderezaron de inmediato, mirándolo con ojos de total adoración y respirando con suavidad, completamente sumisas tras el encuentro anterior. Logan solo les dedicó una sonrisa de superioridad y cruzó las puertas de cristal del edificio.
No pasaron ni diez minutos cuando el rugido del motor del auto deportivo de cuatro puertas resonó en la entrada principal de la corporación. El imponente vehículo se detuvo con total precisión justo frente a él. Scarlet bajó la ventanilla, luciendo sus lentes de sol con una elegancia ejecutiva apabullante, y le dedicó una mirada llena de devoción.
—Sube, mi señor. Tu transporte está listo —dijo Scarlet con una sonrisa sexy, estirándose para abrirle la puerta del copiloto.
Logan subió al auto, acomodándose en el asiento de piel con total parsimonia mientras Scarlet ponía en marcha la nave, ansioso por llegar a la casa para ver el despliegue de sus mujeres y planear su siguiente movimiento en este tablero mundial.
El auto deportivo avanzaba con suavidad por las avenidas principales, devorando los kilómetros gracias a la destreza de Scarlet al volante. Logan iba recostado en el asiento de piel, observando el paisaje urbano con una mezcla de triunfo y profunda concentración.
—Scarlet, la situación en esa empresa resultó ser mucho más densa de lo que esperábamos —soltó Logan de repente, quebrando el silencio con su tono imponente—. Esa tal Mary tenía exactamente lo que imaginaba: un don para doblegar voluntades. Pero ya está de nuestro lado, completamente sometida.
Scarlet desvió la mirada un milisegundo hacia él, asintiendo con absoluta seriedad ejecutiva.
—Me alivia saber que está bajo tu control, mi señor. ¿Qué fue lo que descubriste sobre su forma de operar?
—Su poder tiene una trampa: necesita decir el nombre de la persona primero para que funcione. Una debilidad patética comparada con lo mío —explicó Logan con una sonrisa de suficiencia, pero de inmediato su semblante se tornó serio—. Pero eso no es lo importante. Mary me soltó una información cabrona. No somos los únicos. Hay un sujeto allá afuera que está en la cima de todo, un tipo al que llaman Salomón, o "El Emperador".
Scarlet apretó firmemente el volante, manteniendo la vista fija en el camino, escuchando con total atención cada palabra de su amo.
—Ese cabrón se oculta tras una máscara y mueve los hilos de presidentes, policías, corporaciones y celebridades desde las sombras —continuó Logan, analizando la situación en voz alta—. Controla a la gente con solo mirarla a los ojos. Su única limitante es el contacto visual, pero tiene una red enorme. Antes de llegar a él, hay un grupo de élite llamado las "5 Estrellas de Salomón", que son sus peones más poderosos y ricos. Prácticamente el mundo es suyo, y ahora nosotros estamos en su radar sin que él lo sepa.
—Esto cambia las cosas por completo, mi señor... —respondió Scarlet con voz firme, procesando la magnitud de la amenaza—. Significa que cada movimiento exterior que hagamos a partir de hoy debe ser quirúrgico. No podemos permitirnos llamar la atención de ninguna de esas cinco estrellas ni de sus infiltrados. De mi parte, vigilaré cada contacto y cada contrato que pase por mis manos con una paranoia absoluta. Nadie va a tocar lo que es tuyo.
—Así me gusta, Scarlet. Pies de plomo fuera de la casa. Aquí adentro somos los reyes, pero afuera hay que jugar como fantasmas hasta que sepamos a quiénes nos enfrentamos —concluyó Logan, cruzándose de brazos mientras el deportivo se adentraba finalmente en las calles exclusivas del fraccionamiento residencial.
El auto se detuvo frente a la imponente fachada de la casa principal. Scarlet apagó el motor con total elegancia y se apresuró a bajar para abrirle la puerta a Logan, lista para escoltar a su amo al interior de su fortaleza, donde el resto de las mujeres ya aguardaban su regreso.
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En un lujoso y opulento penthouse ubicado en lo más alto de un rascacielos exclusivo, la atmósfera estaba cargada de un derroche de poder y sumisión absoluta. En medio de la enorme habitación, una mujer mundialmente famosa y reconocida en la industria del entretenimiento se encontraba completamente desnuda, brincando con una devoción intensa y una agitación salvaje encima de un hombre que permanecía sentado.
El hombre estaba desnudo, pero su rostro estaba completamente oculto detrás de una inquietante máscara negra, en donde la parte de los ojos presentaba dos orificios marcados con un borde blanco que resaltaba de manera imponente en la oscuridad del diseño.
—Sabrina... sigue así —ordenó el enmascarado con una voz profunda, gélida y de una soberbia aplastante que dominaba el lugar.
—Sí, mi amo... ya sabes que para eso estoy... para complacerte en todo lo que me pidas —respondió la famosa mujer entre jadeos de puro placer, moviéndose con una entrega ciega y sumisa.
De pronto, las pesadas puertas dobles de la habitación se abrieron de golpe de manera imponente. Una persona mundialmente conocida, una figura pública en el mundo, entró al lugar con paso firme pero manteniendo una postura de profunda deferencia hacia el hombre de la máscara.
—Mi señor... —anunció el recién llegado, inclinando la cabeza con total respeto.
El enmascarado ni siquiera se inmutó por la interrupción, manteniendo su ritmo mientras Sabrina continuaba encima de él.
—¿Sí, 4 Estrella? Habla de una vez —soltó el hombre con un tono de voz que denotaba que controlaba el planeta entero.
La persona llamada 4 Estrella dio un paso al frente y soltó la alarmante información:
—Parece que la mujer llamada Mary, la usuaria de la tercera moneda, ha cambiado de bando. Los reportes indican que fue sometida por el portador de la primera moneda.
El hombre de la máscara negra se tensó un milisegundo, deteniendo por un instante sus movimientos. Sus ojos, fijos a través de los orificios blancos, parecieron brillar con una mezcla de intriga y frialdad calculadora.
—La primera moneda... —murmuró "El Emperador" Salomón con una voz ronca—. Dios... todavía no sé si el portador de la primera moneda sea hombre o mujer. Pero finalmente ha salido de las sombras y se está moviendo.
Sabrina, sintiendo la ligera distracción de su dueño y queriendo ganarse su favor por completo, lo abrazó por el cuello con total sumisión, frotando su cuerpo desnudo contra él de manera sexy y devota.
—Mi amo, no te preocupes por eso... —le susurró la famosa mujer al oído con una sonrisa sumamente dócil—. Aun si ese rival apareció, tú eres el portador de la segunda moneda y tienes tu gran imperio mundial intacto. Tienes a presidentes, empresas y a nosotras a tus pies. No tienes por qué preocuparte por nada... y ahora, por favor, sigame rompiendo todo el cuerpo.
Salomón soltó una risa seca detrás de su máscara y volvió a sujetar a Sabrina por las caderas con fuerza, reanudando el acto salvaje mientras la 4 Estrella permanecía de pie esperando órdenes, sabiendo que la guerra silenciosa entre los portadores de las monedas universales acababa de encenderse a nivel global.
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