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Cap 7

Chapter 7 by K45

Elena y Valeria contemplaron la escena con los ojos abiertos de par en par, pasando de la indignación fresa a una rabia competitiva inmensa al ver cómo la gótica les ganaba el terreno de manera tan descarada.

—¡No, bueno, qué nivel de cinismo contigo! —exclamó Elena, acomodándose la coleta alta con un ademán sumamente mandón—. Te metes a mi casa, insultas a mi familia y encima te pones a hacer tus despropósitos en mi sala. Quítate de ahí, escuincla corriente, que el esposo es mío.

Elena se dejó caer de rodillas al piso con total fluidez al lado derecho de Logan. Sin importarle la presencia de Roxanne, comenzó a lamerle la base del miembro y los testículos con una dulzura y un cariño desbordantes, queriendo demostrar que sus labios maduros tenían muchísima más categoría.

Valeria, al ver que su hermana mayor también se sumaba a la acción, soltó un bufido lleno de soberbia y no se quiso quedar atrás en lo absoluto. Su obsesión secreta por Logan ya no tenía barreras.

—Ay, por favor, muévanse las dos que nada más estorban —soltó Valeria de manera sumamente prepotente, arrodillándose del lado izquierdo—. Ninguna de las dos tiene la clase necesaria para atender a un hombre como Logan. Quítense.

Valeria abrió la boca y comenzó a besar y succionar la parte media del miembro de Logan con una desesperación y una sumisión intensas, devorándolo con la mirada mientras competía palmo a palmo con la humedad salvaje de Roxanne y las caricias tiernas de Elena.

Las tres hermosas mujeres se amontonaban alrededor de la entrepierna de Logan en medio de la sala, emitiendo ruidos húmedos y jadeos ahogados mientras se daban de codazos sutiles para ganar más espacio, completamente decididas a ser la única que le otorgara el máximo placer.

Logan sostenía la cabeza de Roxanne con una mano y acariciaba el cabello de Valeria con la otra, soltando gemidos profundos mientras sentía la gloriosa combinación de las tres bocas devorándolo al mismo tiempo. Al fondo de la sala, Martha continuaba erguida y desnuda, acomodándose el enorme jarrón con un porte aristocrático imperturbable, mientras Matías simplemente optó por dar la vuelta y regresar a su cuarto a paso veloz, completamente rebasado por el control absoluto que su padre ejercía sobre toda la familia.

Matías cerró la puerta de su habitación de un portazo y se recargó contra ella, respirando con agitación. Su corazón iba a mil por hora, pero lo que más lo delataba era la enorme y rígida erección que empujaba con fuerza la tela de sus pantalones.

Haber visto a todas esas mujeres amontonadas alrededor de su padre le había encendido la sangre. Aunque gracias al efecto de la moneda veía completamente normal que Logan tuviera ese control y esa vida, eso no quitaba el hecho de que él era un hombre de dieciocho años con las hormonas a flote. Las mujeres que estaban abajo eran sumamente atractivas. De verdad no entendía cómo carajos su papá había logrado casarse con una mujer tan guapa como Elena; Logan no era precisamente un galán de revista, pero ahí estaba, quedándose con todo el crédito. Y esa gótica culona, Roxanne, estaba buenísima, con una actitud que, a pesar de lo castrosa, resultaba increíblemente sexy. Matías sentía una fuerte excitación por todas ellas, admitiendo incluso el tremendo atractivo maduro de su propia madre.

Sin embargo, a pesar de la calentura del momento, en su mente había una chica que ocupaba un lugar especial: Sarah, su amiga de la infancia. Estaba profundamente enamorado de ella. Sarah era preciosa, con esa carita tierna que resaltaba cuando usaba sus lentes. Matías soltó una pequeña risa atrapado en sus pensamientos, recordando lo graciosa que era cuando se le perdían y no alcanzaba a ver absolutamente nada sin ellos.

De pronto, el silencio cayó sobre la casa. Los ruidos húmedos, los jadeos constantes y los gritos de competencia que subían desde la planta baja se terminaron por completo.

La curiosidad y la tremenda excitación ganaron la partida. Matías abrió la puerta despacio, salió de su cuarto y se asomó por el barandal de las escaleras. Lo que vio abajo hizo que su miembro se pusiera al máximo, al punto de que el pantalón casi le lastimaba. Elena, Valeria y Roxanne estaban completamente desnudas, tiradas en el suelo de la sala, exhaustas y cubiertas de sudor tras haber complacido a Logan hasta el cansancio.

Mientras Matías contemplaba el panorama con la respiración cortada, Logan levantó la mirada hacia las escaleras y lo cachó infraganti. Al notar el enorme bulto que el joven intentaba disimular, Logan soltó una carcajada de total suficiencia.

—Oye... veo que estás con bastantes ganas, campeón —le gritó Logan desde el centro de la sala, señalando hacia la esquina—. Ven aquí abajo y follate a tu abuela. Pero antes... ¿cuántos años tenías?

Matías bajó los primeros escalones, un tanto desconcertado por la pregunta pero respondiendo con su habitual tono cortante y fresa.

—Tengo dieciocho, pa. ¿Qué, ya no te acuerdas de la edad de tu propio hijo? Qué mal estás, en serio —rezongó el muchacho, aunque sus piernas no dudaron en seguir bajando debido al mandato de la moneda.

Logan simplemente sonrió ante el reclamo, ignorando el detalle, y giró la cabeza hacia la esquina de la sala, donde la elegante mujer de sesenta y tantos años permanecía en su posición.

—Tú, Martha —ordenó Logan en voz alta, con un tono imponente—. Deja ya lo que estás haciendo con el jarrón. Te vas a follar a tu nieto ahora mismo, y quiero que lo hagas lo mejor que puedas. Muévete.

Martha, con su desnudez impecable y manteniendo esa expresión de gran señora intocable como si fuera el acto más distinguido de su agenda, retiró el enorme jarrón con total fluidez y elegancia. Se puso de pie con un porte aristocrático perfecto, caminó hacia el centro de la sala y fijó sus ojos maduros en Matías. Dibujó una sonrisa llena de sofisticación y superioridad familiar, lista para cumplir la orden de su yerno de la manera más impecable y pulcra posible.

Matías terminó de bajar las escaleras con las piernas un tanto temblorosas, pero con el miembro completamente rígido empujando su ropa. Aunque la situación era una locura, el poder de la moneda hacía que todo se entrelazara en su mente con una naturalidad absoluta.

Martha se plantó frente a él con una distinción impecable. A pesar de estar completamente desnuda a sus sesenta y tantos años, su piel se mantenía increíblemente firme y cuidada, y su porte de alta sociedad no decayó ni un solo segundo. Con manos delicadas y un ademán lleno de elegancia, como si estuviera descorchando una botella de champaña cara, le desabrochó el pantalón a su nieto y se lo bajó de un tirón, dejando al descubierto su gruesa y venosa erección de dieciocho años.

—Vaya, Matías —soltó Martha con una sonrisa de total suficiencia y sofisticación, sosteniendo el miembro del joven con sus dedos delgados—. Veo que en esta familia la buena genética no solo se nota por fuera. Vamos a hacer esto de la manera más pulcra e impecable posible, tal como te lo ordenó tu padre.

Sin perder su aire aristocrático, Martha se dio la vuelta con total fluidez, se apoyó con las manos en el brazo del sillón individual y elevó sus caderas maduras con una prestancia envidiable. Miró a Matías por encima del hombro con una mueca de superioridad.

—Dale ya, muchacho. Demuestra que tienes la disciplina que tanto te exijo.

Matías no aguantó más. Impulsado por las hormonas al máximo y el mandato de la realidad reescrita, se posicionó detrás de su abuela, le sujetó las firmes caderas y se hundió en ella de un solo golpe. Martha soltó un jadeo sumamente refinado, arqueando la espalda con elegancia mientras su nieto comenzaba a embestirla con el ritmo salvaje y enérgico propio de sus dieciocho años. El impacto de los cuerpos resonaba con fuerza en la sala.

Mientras tanto, en el suelo, Elena, Valeria y Roxanne continuaban tiradas bocarriba, completamente desnudas y recuperando el aliento. Valeria, con su figura de veintinueve años aún brillante por el sudor, giró un poco la cabeza para mirar a Logan, quien contemplaba todo desde el centro de la habitación como un auténtico rey. Con su habitual tono fresa y prepotente, pero ahora totalmente cargado de sumisión hacia él, Valeria estiró una pierna estilizada para rozar el tobillo de Logan.

—Ay, mi amor, neta qué bárbaro eres —murmuró Valeria con una sonrisa de absoluta adoración—. Dejaste a mi hermana y a la gótica esta completamente inservibles. Pero yo ya me estoy recuperando, ¿eh? Te prometo que si me das cinco minutos te atiendo mil veces mejor que ellas.

Elena soltó un bufido cansado pero lleno de amor conyugal, acomodándose la coleta deshecha.

—Ya cállate, Valeria, qué intensa eres de verdad... Logan es mi esposo y el único que aguanta su ritmo soy yo. Ven aquí conmigo, mi rey, déjame consentirte otra vez.

Roxanne, por su parte, solo rodó los ojos oscuros con fastidio devoto, estirando los brazos sobre la alfombra mientras miraba a las dos hermanas con desprecio.

—Qué hueva con sus reclamos, par de retrasadas. Logan sabe perfectamente quién es la que manda aquí.

Logan soltó una carcajada de plena satisfacción, disfrutando del absoluto control que tenía sobre su nueva familia, mientras al fondo de la sala, Matías aceleraba las estocadas dentro de Martha, perdiéndose por completo en el placer de la sumisión de su elegante abuela.

Logan se terminó de ajustar los pantalones y se puso una camisa limpia, observando el panorama con una sonrisa de absoluta suficiencia. Miró al piso donde Elena, Valeria y Roxanne se recuperaban, y luego hacia el sillón donde Matías seguía concentrado con su abuela.

—Bueno, yo voy a salir un rato —anunció Logan en voz alta, captando de inmediato la atención de las tres mujeres desnudas—. Pero no se van a quedar de flojas. Quiero que las tres tengan sexo lésbico entre ustedes aquí mismo en la sala. Y más vale que lo hagan, porque si me entero de que desobedecieron, juro que no las volveré a dejar que me consientan ni que me toquen en su vida.

Elena y Valeria abrieron los ojos de par en par, mientras Roxanne soltaba un bufido, pero la orden de la moneda se asentó de inmediato en sus mentes, despertando una urgencia competitiva por cumplir el mandato y no perder sus privilegios con él. Logan miró hacia las escaleras, señalando a su "hijo".

—Matías, tú te vas a quedar a cargo. Serás mis ojos aquí. Cuando regrese, me vas a decir exactamente si lo hicieron o no.

—Hecho, pa, yo te aviso qué onda —respondió Matías entre jadeos, manteniendo el ritmo con Martha mientras observaba cómo su madre, su tía y la gótica empezaban a mirarse entre sí, dispuestas a cumplir la orden con su habitual temperamento altanero.

Logan salió de la casa con total tranquilidad. Al caminar hacia el exterior, se fijó en el garaje residencial y decidió abrirlo para ver qué juguetes tenía a su disposición, ya había visto la camioneta con la que casi es atropellado. Al levantarse la compuerta, la luz se encendió automáticamente, revelando una imponente camioneta SUV de lujo, propiedad de Elena, y justo al lado, un espectacular auto deportivo de cuatro puertas, con líneas aerodinámicas y un brillo impecable. El único problema es que Logan no sabía manejar.

—Qué desperdicio de naves... me cae que voy a tener que conseguirme una hermosa chofer —murmuró Logan para sí mismo, cerrando el garaje de golpe.

Comenzó a caminar por las calles del fraccionamiento exclusivo. Ya era muy tarde, la noche había caído por completo y el aire se sentía fresco. Logan avanzaba sin un rumbo fijo, debatiéndose internamente entre si debía regresar a esa enorme casa con su nueva familia o volver a su casa original con sus hermanastras y madrastra. Decidió acortar camino cruzando por un parque residencial bastante iluminado y tranquilo que estaba cerca.

Mientras caminaba entre los árboles, divisó una silueta en una de las bancas. Era una mujer vestida de manera elegantemente sexy, con un vestido entallado de diseñador que resaltaba unas curvas espectaculares, pero estaba encorvada, sollozando amargamente. Logan, impulsado por la curiosidad y su habitual arrogancia, se acercó con paso firme y se sentó en la misma banca, justo a su lado.

La mujer levantó la mirada de golpe, limpiándose las lágrimas a toda prisa con un pañuelo. Al ver a Logan, adoptó una postura defensiva, aunque su voz sonaba quebrada por el llanto.

—A ver, si vienes a asaltarme, pierdes tu tiempo. No traigo nada de valor ahorita —soltó ella de manera cortante—. Lo único que yo consideraba de valor en mi vida me acaba de dejar plantada de la peor forma.

Logan la escuchó con total calma, cruzándose de brazos y clavándole una mirada intensa.

—A mí no me interesa tu dinero. Anda, dime todo lo que te pasó, y de paso dime tu nombre y quién es tu familia. Desahógate.

La fuerza magnética de Logan y el aura de la moneda hicieron que la mujer soltara un suspiro profundo, sintiendo una extraña e inevitable necesidad de confiar en él.

—Me llamo Scarlet... —comenzó a relatar, sorbiendo por la nariz—. Soy ejecutiva y la secretaria principal de una empresa muy famosa. Yo... yo era soltera y andaba de novia con mi jefe. Se supone que nos amábamos de verdad, que teníamos un futuro. Hoy teníamos una cita importantísima aquí cerca, pero me llamó hace unos minutos solo para mandarme a la chingada. Me dijo que jamás volvería a estar conmigo, que solo me usó por mi buen cuerpo y por el apoyo económico que le daba mi familia.

Scarlet apretó los puños, dejando salir el coraje de su orgullo herido.

—Mi familia es dueña de una cadena de ocho restaurantes muy importantes en la región, tenemos mucho dinero. Pero yo decidí alejarme de ellos, quise trabajar duro por mi cuenta para ser alguien en la vida sin la ayuda de mis papás... y mira cómo terminaron las cosas. Todo es un asco.

Logan sintió una pizca de desdén mezclada con empatía al verla tan derrotada. Se acomodó más cerca de ella en la banca, le tomó la barbilla con firmeza para obligarla a mirarlo a los ojos y sentenció con una voz imponente y segura:

—Deja de llorar ya. Ese imbécil no te merece en lo absoluto. Tú sabes perfectamente que el único hombre en este mundo que te merece soy yo. A partir de mañana vas a renunciar a ese maldito trabajo y te vendrás a vivir a mi casa. Serás mi secretaria personal, mi esclava sexual y mi chofer devota y leal. Todo el dinero que tengas y el apoyo de tu familia lo vas a invertir de inmediato en bienes raíces bajo mis órdenes. Se acabó tu sufrimiento. Ahora, muévete, vamos a casa.

Las palabras de Logan penetraron la mente de Scarlet como un decreto absoluto. El dolor del desamor y el vacío de su traición fueron reemplazados al instante por una devoción ardiente y una lealtad ciega hacia el hombre que tenía enfrente. Sus ojos, aún húmedos, brillaron con una sumisión total.

—Sí... tienes razón. Tienes toda la razón, mi señor —respondió Scarlet con voz firme, poniéndose de pie de inmediato y arreglándose el sexy vestido con total elegancia—. Ese tipo no era nada. Yo solo te pertenezco a ti. Vamos a donde me digas.

Logan sonrió complacido al ver que ya tenía a su hermosa chofer asegurada. La tomó de la mano y, con Scarlet caminando sumisamente a su lado, emprendió el regreso directo hacia la lujosa casa de su "esposa" Elena, listo para ver cómo se había desarrollado el castigo de la sala.

Al llegar a la residencia de Elena, Logan abrió la puerta principal con total parsimonia, manteniendo a Scarlet sujeta de la mano. La ejecutiva entró con un andar estilizado, manteniendo su porte impecable y sexy, pero con la mirada fija en Logan, completamente sumisa a sus órdenes.

Al entrar a la sala, el panorama era un auténtico despliegue de sumisión competitiva. Elena, Valeria y Roxanne continuaban desnudas sobre la alfombra, pero ahora se encontraban en pleno acto lésbico. Elena, con su actitud mandona pero completamente entregada a la orden, dominaba a Valeria sujetándola de las caderas, mientras Roxanne, con su habitual rostro de fastidio devoto, se acoplaba a ellas con ruidos húmedos y jadeos constantes que llenaban el aire de la habitación. Ninguna quería aflojar el ritmo, aterradas con la idea de perder el derecho de consentir a su hombre.

En el sillón individual, Matías ya se había vestido y descansaba con los brazos cruzados, observando el espectáculo con el bulto en su pantalón aún notable. A su lado, Martha permanecía de pie, completamente desnuda y con su elegancia de alta sociedad intacta, respirando con suavidad tras haber cumplido impecablemente la orden con su nieto.

Al escuchar la puerta, Matías se enderezó de inmediato y miró a su padre.

—Qué onda, pa —soltó el joven con su tono cortante—. Qué bueno que llegas. Te confirmo que estas tres no pararon ni un segundo desde que te fuiste. Se lo tomaron muy en serio, en especial mi tía Valeria, que andaba de intensa queriendo demostrar que es mejor que mi mamá.

Al oír las palabras de Matías, las tres mujeres se detuvieron y miraron hacia la entrada con una mezcla de urgencia y expectoración. Valeria, con la respiración entrecortada y una sonrisa de superioridad fresa, se incorporó un poco sobre sus rodillas.

—¿Viste, mi amor? Te dije que cumpliríamos exactamente lo que nos pediste —soltó Valeria con total altanería hacia las otras dos, pero mirándolo a él con ojos de adoración—. Yo fui la que puso más empeño, para que veas quién te es más leal aquí.

Elena soltó un suspiro, acomodándose la coleta deshecha mientras le clavaba una mirada tierno-mandona a Logan.

—Ay, Logan, qué ocurrencias las tuyas de dejarnos con estos trotes, pero ya ves que te hago caso en todo, mi rey. ¿Quién es esa mujer que traes contigo?

Roxanne simplemente rodó los ojos, levantándose del piso con total desparpajo y cruzándose de brazos, barriendo a Scarlet con una mirada de desprecio inmediato.

—Otra igualadita que traes de la calle, qué hueva contigo, Logan. Pero bueno, ya dime qué sigue.

Scarlet, lejos de intimidarse por la desnudez de las mujeres o las miradas de rivalidad de la gótica y las dos hermanas, dio un paso al frente y se acomodó el vestido de diseñador con una elegancia ejecutiva apabullante. Miró a las tres con una soberbia implacable, manteniéndose pegada al brazo de Logan.

—Buenas noches —dijo Scarlet con voz firme y distinguida—. Mi nombre es Scarlet. A partir de hoy soy la secretaria personal, chofer y la esclava de este hombre, así que les sugiero que me vayan haciendo un espacio, porque yo soy la que se va a encargar de manejar sus naves y administrar sus bienes desde mañana.

Logan soltó una carcajada ronca, complacido por el choque de egos y la perfecta sumisión de su nueva adquisición, listo para reorganizar los roles dentro de la enorme casa de su esposa.

Logan la miró de arriba abajo con una sonrisa de absoluta suficiencia, disfrutando de cómo Scarlet se plantaba con firmeza frente al resto de las mujeres desnudas en la sala.

—Oye, Scarlet —le preguntó Logan en un tono imponente, captando toda su atención—. ¿Vas a traer todas tus cosas para acá de una vez? Porque la idea es que vivas aquí a partir de hoy, para estar disponible para mí 24/7. Necesito que cumplas tus funciones de chofer y secretaria sin perder ni un segundo.

Scarlet dio un elegante medio giro hacia él, asintiendo con la cabeza sin dudarlo ni un milisegundo. La devoción absoluta que la moneda había sembrado en ella eclipsaba cualquier otra prioridad en su vida.

—Por supuesto que sí, mi señor —respondió Scarlet con una voz ejecutiva pero sumamente dócil—. Mañana mismo a primera hora voy a mi departamento, recojo todas mis pertenencias y me instalo aquí para estar a tus completas órdenes las veinticuatro horas del día. Mi vida entera te pertenece ahora.

Elena, que seguía de rodillas en la alfombra, soltó un suspiro adornado con su habitual tono mandón y fresa, acomodándose la coleta deshecha mientras barría a Scarlet con una mirada de superioridad.

—Ay, Logan, neta que no dejas de dar sorpresas —soltó Elena, cruzándose de brazos sin importarle su total desnudez—. Está bien que traigas a tu chofer y secretaria para que te maneje el deportivo, pero que le quede muy claro a la señorita que en esta casa la esposa y la dueña de todo sigo siendo yo. Así que espero que sea muy limpia y ordenada con sus cosas.

Valeria soltó una risita seca y prepotente, poniéndose de pie con total soberbia y luciendo su estilizada figura de veintinueve años con absoluto descaro.

—Ay, por favor, Elena, ya bájale a tu drama de ama de casa —se burló Valeria, dedicándole una mirada cargada de una obsesión intensa a Logan—. A mí me parece una excelente idea. Entre más mujeres estemos aquí para atender a Logan como se merece, mucho mejor. Y yo estoy segurísima de que me voy a llevar de maravilla con Scarlet, siempre y cuando entienda quién es la favorita de este hombre.

Roxanne solo rodó los ojos oscuros con un fastidio tremendo, recogiendo su bolso del suelo con desparpajo.

—Qué hueva dan todas con sus discursos de propiedad. Al final del día, Logan sabe perfectamente quién es la que de verdad le aguanta el ritmo —soltó la gótica de manera cortante, lanzándole una mirada retadora a las tres mujeres antes de fijar sus ojos en Logan—. Bueno, ya estuvo bueno de plática. ¿Qué vas a querer que hagamos ahora, Logan? Ya me dio hambre de tanto cumplir tus caprichos.

Logan contempló el panorama con un orgullo inmenso, viendo cómo las cuatro hermosas mujeres, cada una con su temperamento altanero e intacto, orbitaban completamente alrededor de su voluntad en medio de la lujosa sala.

Logan se recostó en el respaldo del sillón, estirando los brazos con total soberbia.

—Pues ya que lo mencionas, yo también tengo un chingo de hambre —anunció en voz alta—. Muevan las nalgas y vayan a preparar la cena para todos. Elena, Valeria, a la cocina.

—Ay, claro que sí, mi rey, ahorita mismo te preparamos algo delicioso con la categoría que te mereces —respondió Elena con una sonrisa sumamente dulce y mandona, tomándose de la mano con Valeria para caminar hacia la barra de la cocina, discutiendo entre ellas en tono fresa sobre qué platillo gourmet estarían por cocinar.

Roxanne se sentó en la alfombra, cruzando las piernas con flojera mientras sacaba su libreta de dibujo de la mochila.

—Qué hueva la cocina. Yo mejor voy a empezar a bocetear otro dibujo de ti, Logan, pero ahora con las cuatro mujeres encima para que veas quién tiene el verdadero talento aquí —murmuró la gótica entre dientes, concentrada en sus trazos.

Matías, viendo que la acción en la sala se había calmado, decidió subir a su cuarto a paso veloz. En cuanto cerró la puerta, sacó su celular sumamente emocionado y le mandó un mensaje de WhatsApp a su mejor amigo:

Matías: ¡Güey, no te la vas a creer! Mi papá se acaba de conseguir una chofer ejecutiva que está buenísima y que va a vivir aquí. Mañana chance y mi jefe me lleve a la escuela en el deportivo de cuatro puertas, vas a mamar cuando lo veas. Ah, y por cierto, me acabo de follar a mi abuela Martha en la sala, estuvo de locos.

La respuesta de su amigo tardó unos segundos en llegar, repitiéndose el extraño fenómeno que había pasado antes con los mensajes de Chloe y Sofía, donde la realidad se torcía para asimilar lo bizarro como algo completamente normal:

Amigo: No mames güey, qué perra envidia te tengo por haber follado ya con alguien. Qué suertudo eres. Ojalá a mí me tocara algo así. Mañana me presumes la nave en la escuela.

Abajo en la sala, Logan permanecía cómodo en el sillón de piel viendo la televisión, mientras Scarlet se sentaba de manera impecable y sexy a su lado, con la espalda recta y las manos sobre sus piernas.

—A ver, Scarlet, quiero que me digas absolutamente todo sobre ti. Detalles, nombres, no quiero que se te olvide nada de tu vida —le ordenó Logan, clavándole una mirada inquisitiva.

Scarlet asintió con total sumisión ejecutiva, hablando con voz clara y distinguida:

—Por supuesto, mi señor. En mi familia somos cuatro: yo soy la hija menor y tengo 27 años; mi hermana mayor tiene 32, mi madre 53 y mi padre 55. Ellos manejan los restaurantes. Respecto a mi exjefe... bueno, el que dejará de serlo mañana, es el CEO de la empresa. Yo... yo antes lo amaba, pero qué tonta fui por caer en sus mentiras. Últimamente descubrí que él agarraba una parte del dinero corporativo y se lo daba a una mujer de un nivel puesto mucho más bajo que el mío.

Scarlet frunció el ceño, como recordando un detalle bizarro.

—Lo extraño es que empecé a notar que la gente se comportaba muy raro con ella, incluso mi propio jefe. Ella no es para nada llamativa, es muy común, pero de un día para otro, todos los compañeros y compañeras de trabajo empezaron a tratarla extremadamente bien, como si fuera una reina. Yo al principio pensé que tal vez había subido de puesto por su desempeño, pero todo se sentía muy forzado...

Logan se enderezó en el sillón, sintiendo que una espina de desconfianza se le clavaba en el pecho. ¿Gente comportándose raro de un día para otro? ¿Un jefe cediendo dinero y voluntad ante una mujer común? Eso sonaba sospechosamente similar al poder de su propia moneda. Una duda alarmante cruzó su mente: ¿Será que ella tiene algo parecido a lo mío? Y si es así... ¿qué carajos será? ¿Esa mujer también podrá controlar a la gente, o qué está pasando aquí?

—¿Cómo se llama esa tipa? —pregúntalo Logan con un tono severo.

—Si no mal recuerdo, se llama Mary —respondió Scarlet de inmediato.

—¿Y todavía tienes amigos allá adentro que te sean leales?

—Sí, mi gran amiga Cristina sigue trabajando en esa área.

—Dame tu teléfono —le exigió Logan, extendiendo la mano.

Scarlet le entregó su celular desbloqueado al instante. Logan buscó el chat de Cristina y, con total arrogancia, le tecleó un mensaje directo:

Logan: Hola, soy el nuevo jefe y amo de tu amiga Scarlet. Y tú vas a ser otra de mis esclavas a partir de ahora.

A los pocos segundos, la pantalla brilló con la respuesta de Cristina, totalmente sometida por la naturaleza del mensaje:

Cristina: Ok, ¿qué quieres?

Logan comenzó a escribir: "Quiero que monitorees a una tal Mary, dime cómo es...", pero Scarlet, con su iniciativa de secretaria devota, le quitó suavemente el teléfono de las manos.

—Permíteme, mi señor. Es mejor ser directos —dijo Scarlet, marcando el número de Cristina en una llamada de voz y poniéndola en altavoz.

A los dos tonos, una voz sumisa respondió del otro lado de la línea:

—Sí, mi amo... Scarlet... ¿qué es lo que tengo que hacer?

Scarlet tomó la palabra con un tono firme y cortante:

—Cristina, ¿te acuerdas de Mary? La empleada a la que todos en la oficina empezaron a tratar extremadamente bien de un día para otro.

—Sí, me acuerdo perfectamente de ella.

Logan se inclinó hacia el teléfono, imponiendo su voz gruesa y autoritaria:

—Escúchame bien, Cristina. Quiero que la monitorees y la investigues a fondo. Pero no quiero que seas muy obvia; tienes que seguir portándote exactamente igual a como eras antes con ella para que no te descubran. Cada cosa nueva, cada detalle extraño o sospechoso que sepas de esa tal Mary, se lo tienes que reportar de inmediato a Scarlet, y ella me lo dirá a mí. ¿Quedó claro?

—Entendido, mi amo... yo la investigaré y los mantendré informados de absolutamente todo —respondió Cristina al otro lado de la línea, sellando el pacto de espionaje.

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