What's next?

Cap 12

Chapter 12 by K45

El clímax compartido terminó por disiparse lentamente, dejando sobre la alfombra de la sala una marea de respiraciones agitadas, sudor reluciente y el aroma dulce de la satisfacción contenida. Entre los pliegues de la bata de seda entreabierta, mi cuerpo alto y exuberante de Valeria comenzaba a recobrar el ritmo normal del pulso. A mi lado, la renovada Roxana descansaba con la espalda recta y la mirada serena de una mujer completa, mientras Sydney y Sabrina se acomodaban a mis costados como dos felinos devotos, frotando sus mejillas contra mi piel todavía tibia.

Giré la cabeza de mi hermana mayor sobre el respaldo del sofá, dejando que mis ojos de veintidós años recayeran sobre la figura pequeña y delicada de Sofía. Hugo —habitando la carne suave de diecinueve años de mi hermana menor— permanecía sentado con las piernas cruzadas sobre la alfombra, acariciando distraidamente el tobillo de Roxana con los dedos finos de Sofía.

Una duda genuina, nacida de la madurez que la anatomía de Valeria me otorgaba, me cruzó la mente.

—Oye, Sofía... —llamé usando la voz grave, pausada y sensual que mi garganta femenina emitía—. ¿De verdad no sientes nada de enojo ni celos?

Hugo levantó la vista, ajustándose un tirante suelto de la bata rosa.

—¿Enojo por qué, Valeria? —preguntó usando el tono agudísimo de la hermana menor, ladeando la cabeza con curiosidad.

—Bueno... la carne que habita Roxy ahora era tu novia Hugo—expliqué, indicando con un gesto elegante de la mano hacia Roxana—. El cual ahora es una mujer deslumbrante, educada por estas dos estrellas, entregada casi por completo a darme servicio a mí. Prácticamente Roxy en el cuerpo de tu difunta novia está casi como para nada más que yo. Pensé que tal vez te molestaría ver la carne de la que fue tu chica Hugo, sea tan volcada hacia mí.

Sofía soltó una risita suave y despreocupada, encogiéndose de hombros con la gracia natural de su figura de diecinueve.

—Para nada, no hay ningún problema con eso —respondió Sofía con total frescura, pasándose las manos delicadas por el cabello largo—. A ver, seamos realistas: de todas maneras terminamos teniendo orgías todo el tiempo aquí adentro. Como todas nos estamos quedando en esta casa y compartimos la misma cama y la misma alfombra casi a diario, esto ni a problema llega. Además, ver a Roxy pasar de ser un animal torpe a una mujer hiperinteligente y hermosa es un beneficio para todos. Si ella te da placer a ti, al final nos salpica a todas en las noches.

—Sofía tiene razón —intervino Roxana, usando la voz profunda y aterciopelada de la difunta novia para hablar en tercera persona en la intimidad del grupo—. Roxana fue educada por Sydney y Sabrina para servir a Marcos en el cuerpo de Valeria, pero Roxana sabe que la casa es de todos. Roxana no tiene celos; la mente del perro solo conoce la lealtad a la manada.

—Exacto —asintió Sydney Sweeney desde mi regazo, acomodando su busto firme sobre mis costillas—. En este hogar no hay espacio para discusiones tontas de humanos antiguos. Todas pertenecemos a esta casa.

Janeth, apoyada contra el brazo del sillón con la soltura madura de mi madre Elena, dejó escapar una columna de humo de su cigarrillo y soltó una risotada seca.

—Mucho amor y mucha filosofía de cama, pero se les está olvidando un pequeño detalle, par de vagos —soltó Janeth con su voz ronca de mujer de cuarenta y cuatro años—. La semana de descanso ya se nos está consumiendo. El lunes vuelven a la realidad y me da la impresión de que tienen los cuadernos agarrando polvo en los cuartos.

La mención del lunes cayó como un balde de agua helada sobre la sala. Hugo —en el cuerpo de Sofía— se petrificó por un segundo, abriendo los ojos de par en par con un gesto de pánico repentino que desencajó el rostro juvenil de mi hermana menor.

—¡Madre santísima, las clases! —gritó Sofía, llevándose las manos a las mejillas—. ¡Se me había olvidado por completo!

—¿Qué pasa? —pregunté yo, incorporándome en el sofá mientras la seda de la bata se me deslizaba por los hombros—. ¿De qué te acordaste?

—¡De la materia de la profesora Patricia! —exclamó Sofía con desesperación, poniéndose de pie de un salto y mostrando la agilidad de sus piernas jóvenes—. ¿Se acuerdan de ella? Es una de las profesoras más sexys del instituto, la que nos da las materias clave del semestre. Pero es un demonio en persona; es ridículamente estricta, no perdona ni un segundo de retraso y reprobaba a medio salón por cualquier tontería antes del Cambio.

—Ah, sí... la profesora de la figura perfecta y la cara de pocos amigos —recordé con la voz de Valeria, sintiendo un leve estremecimiento de memoria escolar—. Apenas me acabo de acordar de que nos dejó una actividad larguísima que falta por hacer y que vence justo este fin de semana antes de regresar. Si no se la entregamos en el portal digital antes de medianoche, estamos completamente muertos.

—¡Y no la hemos ni empezado! —chilló Sofía, dando vueltas torpes por el tapete—. Incluso con el caos del mundo, esa mujer sigue mandando correos amenazando con reprobar a cualquiera que no cumpla. ¡Aunque ahora la situación sea una locura, no podemos darnos el lujo de perder la materia!

—Bueno, pues a moverse —sentenció Sydney Sweeney, poniéndose de pie con la majestuosidad de su cuerpo desnudo de celebridad—. Sydney y Sabrina van a ayudar. Nosotras leímos muchos libros de texto durante estos cinco días y el cerebro de Roxana procesa información a toda velocidad. Nos ponemos a hacerlo ahora mismo en la mesa del comedor.

En cuestión de minutos, la dinámica de la casa cambió drásticamente. El ambiente erótico y relajado dio paso a un frenesí académico. Traje la laptop Dell desde mi habitación, Sofía sacó sus cuadernos y tabletas, y nos instalamos alrededor de la mesa amplia de madera. La imagen era surrealista: tres celebridades desnudas —Sydney, Sabrina y la espectacular Roxana— inclinadas sobre libros digitales y apuntes, dictando conceptos complejos mientras Sofía tecleaba con agilidad y yo revisaba la redacción usando la voz madura de Valeria para corregir los párrafos.

Janeth se acercó a la mesa cargando una taza de café caliente, vistiendo únicamente una bata abierta que dejaba ver la carne madura de Elena. Se recostó contra el marco de la puerta, observando los esquemas y las diapositivas que Sofía tenía abiertas en la pantalla.

—Oigan... —preguntó Elena de pronto, soplando el humo del café con curiosidad—. Tanto lío con esa dichosa maestra... ¿a poco sí estaba tan buena la profesora esa como para tenerles tanto miedo y ganas al mismo tiempo?

Sofía levantó la vista del teclado, soltando una risa corta y cargada de nostalgia morbosa.

—¿Que si el cuerpo de esa profesora era sexy, Elena? —respondió Sofía usando la voz agudísima de diecinueve años—. ¡Por favor! Era una locura de mujer. Tenía unos treinta y cinco años, una cintura pequeñísima, unas caderas anchas que apretaba en faldas de tubo pegadísimas y unos pechos que casi reventaban los botones de sus camisas. Cuando nos daba clase antes del Cambio, cuando todavía éramos hombres y nos sentábamos en las bancas de adelante, nuestros penes se ponían erectos nada más de verla caminar hacia el pizarrón. Era imposible poner atención a la clase sin estar imaginando cómo se vería sin ropa.

—Doy fe de eso —agregé yo con la voz grave de Valeria, recordando los días en que ocupaba mi viejo cuerpo de veinte años—. A todos los hombres del salón se nos encogía el estómago y se nos ponía la entrepierna como piedra cuando se inclinaba a escribir en la laptop. Era hermosa, pero tenía un carácter de perros; te miraba con un desprecio que te hacía sudar frío.

—¿Y qué le pasó a esa mujer con El Gran Cambio? —inquirió Elena, dando un sorbo a su taza—. Me dijeron que le tocó una suerte bastante mala, ¿no?

Sofía soltó una carcajada burlona, negando con la cabeza mientras ajustaba un gráfico en la computadora.

—Mala suerte para ella, pero una comedia para el resto del mundo —explicó Sofía con sarcasmo—. La pobre profesora terminó atrapada en el cuerpo de un viejo decrépito de casi ochenta años. Un señor calvo, lleno de arrugas, con artritis en las manos y una voz temblorosa que apenas se le escucha cuando intenta gritar en las llamadas virtuales. Sigue siendo igual de estricta y malhumorada, pero ahora tiene que dar sus indicaciones enojada desde la piel de un anciano que huele a medicina y camina con bastón. Es trágico ver esa mente tan dominante metida en un empaque tan desgastado.

—¿Y quién se quedó con semejante cuerpazo? —preguntó Elena con una ceja levantada—. Porque me imagino que la carne sexy de la maestra no se quedó vacía.

—¡Ah, esa es la mejor parte! —exclamó Sofía con brillo en los ojos—. Larry, un tipo súper nerd del salón de al lado, un muchacho tímido, flacucho, que no le dirigía la palabra a nadie y que se la pasaba escondido detrás de unos lentes de armazón grueso... ¡él tuvo la suerte de haber caído en su cuerpo!

—¿El nerd se quedó con la maestra sexy? —se sorprendió Elena, soltando una risotada.

—¡Sí! —confirmó Sofía riendo a mandíbula doliente—. Larry cayó directo en la anatomía escultural de la profesora. De la noche a la mañana, el chico más tímido del campus despertó siendo una mujer de treinta y cinco años con un cuerpo de diosa, caderas de infarto y una cara preciosa. Al principio el pobre no sabía ni cómo caminar con tacones y se tropezaba solo, pero ahora dicen que se pasea por todas partes disfrutando la atención de todo el mundo y usando la ropa apretada que la profesora dejó en su closet. El nerd heredó la gloria de la maestra, mientras a ella le tocó irse a jubilar a la fuerza en la figura de un anciano.

—La vida de verdad tiene un sentido del humor bastante negro —comentó Elena, negando con la cabeza mientras daba otro trago a su café—. De maestrísima deseada por todos los chiquillos a viejo decrépito con reumatismo. Por eso les digo que hay que disfrutar la carne que nos tocó, porque a otros les fue como en feria.

Roxana, que escuchaba la conversación mientras tipeaba con una velocidad sorprendente una sección del trabajo en su propia tableta, intervino con su voz ronca y perfecta de la difunta novia:

—Roxana comprende esa ironía —dijo la chica en tercera persona, sin perder el ritmo de escritura—. El valor del empaque humano es temporal. La profesora perdió su atractivo exterior, pero Larry ahora tiene una estructura biológica de alta calidad. Sin embargo, si esa profesora estricta está en un cuerpo viejo, su nivel de amargura debe ser el doble. Roxana sugiere que terminemos esta redacción con ortografía perfecta para que el viejo decrépito no tenga ningún pretexto para reprobar a Valeria y a Sofía.

—Sydney está de acuerdo con Roxana —agregó la voluptuosa actriz rubia, inclinándose sobre el hombro de Sofía para dictarle una conclusión académica impecable—. Sydney revisó la bibliografía digital y los argumentos están blindados. El profesor anciano no podrá quitarnos ni un solo punto.

—Sabrina ya terminó de diseñar las portadas y el formato gráfico —anunció la pequeña cantante con orgullo, mostrando la pantalla de su dispositivo con un trabajo estéticamente perfecto—. Sabrina hizo que se viera como el trabajo de dos estudiantes ejemplares.

Miré la mesa del comedor, viendo a las tres hermosas mujeres desnudas colaborando codo a codo con Sofía, usando su inteligencia y sus habilidades para salvarnos la carrera universitaria. La imagen era tan absurda como fascinante: la Poodle dividida en dos estrellas de Hollywood y la perrita Labrador convertida en una erudita de etiqueta, todas unidas para vencer la amargura de una profesora atrapada en la piel de un anciano.

—Perfecto —dijo Sofía, dando el clic final para subir el archivo al portal escolar justo cuando el reloj digital marcaba la tarde—. ¡Enviado! Proyecto entregado a tiempo. Que se muerda la lengua el viejo decrépito, porque no nos va a poder reprobar.

Un suspiro de alivio colectivo recorrió la mesa. Sofía se dejó caer hacia atrás en su silla, cerrando los ojos con una sonrisa de satisfacción, mientras Roxana, Sydney y Sabrina se acercaban de nuevo hacia mi cuerpo de Valeria, buscando el contacto de mis manos.

El deber académico estaba cumplido, la amargura de la profesora esquivada, y con el fin de semana por delante antes de volver a las aulas, la casa volvía a quedar a nuestra entera disposición, lista para sumergirnos de nuevo en el descanso, el deseo y la perfecta sintonía de nuestra nueva vida.

Start your own immersive adult AI roleplay story
Ad

What's next?

Back Start Over View Story Map

0 comments