Realidad
Reality
Chapter 1
by
K45
Nota de auto: Hola, como siempre digo este fanfic fue creada por mi y con ayuda de Lyra una (inteligencia artificial o abreviado IA) y como siempre en español
Author's note: Hi, as I always say, this fanfic was created by me with the help of Lyra, an artificial intelligence (AI), and as always, in Spanish.
Capitulo 1
Izuku Midoriya tenía cuatro años cuando comprendió que su mente no funcionaba como la de los demás. Mientras otros niños manifestaban explosiones o extremidades alargadas, él sentía que el mundo era como un dibujo hecho a lápiz que él podía borrar y volver a trazar.
Aquel día en el parque, el aire era denso y caluroso. Izuku observaba desde atrás de un árbol a una niña de cabello negro azabache. Estaba perdida y lloraba, mientras dos niños más grandes la rodeaban con intenciones crueles.
—¡Miren qué llorona! —gritó uno de ellos—. ¡Enséñanos tu quirk o te daremos una paliza!
Izuku sintió una rabia líquida subiendo por su garganta. No era solo que quisiera ayudar; era que *necesitaba* que esa escena no fuera real. Cerró los ojos con fuerza, concentrándose en un punto exacto de su voluntad. Fue entonces cuando activó el **Modo Control** por primera vez.
Un zumbido ensordecedor llenó sus oídos. El sudor frío le empapó la frente. Visualizó a los agresores y decidió que ellos no eran los fuertes. Decidió que sus habilidades eran patéticas, algo de lo que avergonzarse. Y decidió algo más... que esa niña no era una extraña.
**El destello ocurrió.**
Cuando Izuku abrió los ojos, sus rodillas temblaban y sentía que iba a desmayarse. Pero la realidad se había doblado. Los dos niños estaban en el suelo, llorando de pura humillación. Uno de ellos intentaba usar su nuevo y absurdo quirk de "beber orina sin hacerse daño", mientras el otro sufría intentando controlar sus esfínteres con un esfuerzo agónico. Eran quirks feos, inútiles, diseñados por el desprecio de Izuku.
Izuku, que ahora en esta nueva línea temporal siempre había sido el "alfa" que defendía a Momo, se acercó a ella.
—¿Estás bien? —preguntó él instintivamente.
Momo lo sostuvo antes de que él colapsara. Sus ojos brillaban con una devoción total.
—¿Estás bien, amor? Te esforzaste mucho —dijo ella con dulzura.
—Sí... solo... ¿puedes decirme tu nombre? —susurró Izuku, luchando por no cerrar los ojos.
—¿Por qué? ¿Se te olvidó? —Momo soltó una risita, sonrojándose.
—No... solo quiero escuchar el nombre de quien salve.
—Tonto... soy **Momo Yaoyorozu**. Siempre he sido tu...
Izuku se sorprendio, pero el esfuerzo del Modo Control lo dejó en un estado de trance. Caminó hacia su casa como un autómata, con la mente nublada. Al llegar a la puerta, su instinto de niño pequeño tomó el mando. Quería el consuelo de su madre, pero su cerebro, agotado y fuera de control, disparó el **Modo Aleatorio** sin que él pudiera evitarlo.
—¡Ya llegué, mamá! —anunció al entrar, esperando ver a la mujer bajita y de cabello verde de siempre.
—¿No le vas a dar un abrazo a mami? Siempre me lo das cuando llegas —respondió una voz que no reconoció.
Izuku se quedó helado en el pasillo. Al entrar a la cocina, no encontró a Inko Midoriya. En su lugar, una mujer de una belleza salvaje, con largas orejas de conejo y una musculatura tonificada pero elegante, lo esperaba con los brazos abiertos. Era **Rumi Midoriya**.
Él la abrazó por puro instinto, pero mientras su cara se hundía en el hombro de la mujer, sus ojos recorrieron las paredes. Las fotos familiares habían cambiado. No había rastro de la Inko que él recordaba. En todas las imágenes, desde su nacimiento hasta ese día, estaba Rumi.
Gracias al "truco" de su quirk, Izuku podía ver la costura: **sabía que ella no era su madre original**. Pero el cambio era tan profundo que el resto del mundo —y la propia Rumi— siempre la habían conocido como la Sra. Midoriya, la mujer ruda pero cariñosa que criaba sola a su hijo.
Inko Midoriya había dejado de existir en su vida, borrada por un error de cálculo aleatorio. Pero Izuku, aunque sentía el vacío, también sentía el nuevo amor que emanaba de Rumi, una madre que, a pesar de su aspecto de guerrera, lo miraba con la misma ternura que la mujer que acababa de perder.
Los años pasaron como un susurro, y para Izuku, la extraña amalgama de realidades se volvió su único suelo firme. Se acostumbró a la fuerza explosiva de su madre, **Rumi**, quien lo despertaba cada mañana con un entrenamiento que haría llorar a cualquier recluta. Aunque el "Modo Aleatorio" había borrado a su madre original, Rumi conservaba toda la calidez y los hábitos de Inko, pero con una disciplina física que Izuku terminó absorbiendo. No tenía orejas de conejo, pero su agilidad y su fuerza eran un eco genético de la mujer que ahora, y para siempre, lo había traído al mundo.
—¡Muévete, cachorro! ¡Si no puedes ganarme en un sprint, los villanos te comerán vivo! —le gritaba Rumi mientras corría a su lado, con sus músculos definidos brillando bajo el sol.
Momo siempre estaba ahí, observándolos desde el porche con una sonrisa devota. Ella era su ancla. Gracias al cambio que hizo de niño, su amor por él no conocía límites. Ella no solo era su novia; era su estratega y su apoyo incondicional.
Finalmente, llegó el día del examen de la UA.
—Izuku, sabes que no tienes que hacer esto —le dijo Momo mientras caminaban hacia las puertas de la academia, entrelazando sus dedos con los de él—. Un par de llamadas y ya estamos dentro. Lo sabes, ¿verdad?
—Lo sé, Momo. Pero quiero ganármelo. Quiero saber qué se siente —respondió Izuku con una chispa de determinación.
Momo asintió, admirando esa chispa.
—Entonces lo haremos juntos. Será divertido ver cómo los demás se esfuerzan por alcanzarnos.
En el camino, se cruzaron con una figura que llamó la atención de Izuku: una heroína joven, rubia y de mirada feroz. **Himiko Usagiyama**, conocida como **Mirko**. Izuku sintió un deja vu extraño, pero en esta realidad, ella era simplemente una profesional en ascenso. Se acercó, pidió una foto, y ella aceptó con una sonrisa llena de colmillos antes de seguir su camino.
Pero entonces, el aire cambió.
Cerca de un árbol, en las afueras del recinto de la UA, Izuku divisó una silueta colapsada. Era una mujer de cabello verde, igual al suyo. Sus ojos se abrieron de par en par. Las noticias hablaban de ella: **Inko Toga**, la fugitiva peligrosa. Estaba herida, su ropa desgarrada y su piel pálida por la pérdida de sangre.
—¡Momo, rápido! ¡Ayúdame! —gritó Izuku corriendo hacia ella.
Mientras Momo creaba un botiquín de emergencia con su quirk, Izuku sostuvo a la mujer. Al verla de cerca, algo en su pecho dolió, un eco de una vida que ya no existía. Inko se desmayó en sus brazos. No podían dejarla ahí, pero tampoco podían entregarla si Izuku sentía que había algo más en ella. La llevaron a su escondite secreto de la infancia, la curaron y, tras terminar el examen (el cual pasaron con notas perfectas), la llevaron a casa bajo el amparo de la noche.
Rumi los recibió en la entrada, con los brazos cruzados y una expresión severa al ver a la fugitiva.
—¿Qué creen que están haciendo con esa mujer? —preguntó Rumi, su instinto de heroína alerta.
—No es mala, mamá. Lo presiento. Déjanos ayudarla —suplicó Izuku.
Izuku miró a Inko Toga, que descansaba en el sofá. Su cuerpo de "milf" era imponente, pero se veía tan **** que Izuku tomó una decisión. No dejaría que el mundo la persiguiera. Usaría el **Modo Control** una vez más, aunque supiera que lo dejaría al borde del colapso.
Se concentró. Reescribió su historia. Borró los crímenes, borró la huida. Ella no era una villana; era **Inko**, su vecina de toda la vida, una mujer solitaria que siempre lo había mirado desde la distancia. Y añadió un detalle más, impulsado por una curiosidad oscura y el cansancio: ella sentiría una devoción física y emocional incontrolable por él.
El mundo dio un vuelco. El zumbido regresó y la realidad se reacomodó con un "click" metálico en su mente. Izuku cayó al suelo, la energía abandonando su cuerpo como agua en un desierto.
Cuando despertó, la habitación estaba en silencio, pero se sentía llena.
Alzó la vista. **Momo** estaba a su lado izquierdo, apretando su mano con alivio. Al frente, su madre, **Rumi**, lo observaba con el ceño fruncido pero con una mano puesta en su hombro. Y a su derecha, sentada en el borde de la cama, estaba **Inko**. Su vecina ya no tenía rastro de dolor; sus ojos brillaban con una necesidad nueva, una obsesión que Izuku mismo había tallado en su alma.
—Despertaste... —susurró Inko, y la forma en que pronunció su nombre hizo que el aire en la habitación se volviera pesado—. Estaba tan preocupada... mi pequeño Izuku...
Izuku miró a las tres mujeres. La realidad era suya, pero el peso de haberla cambiado tantas veces empezaba a nublar la diferencia entre lo que era real y lo que él había decidido que fuera.
Izuku intentó incorporarse, pero el esfuerzo le provocó un pinchazo en las sienes que lo hizo soltar un pequeño quejido. Al instante, tres pares de manos se movieron hacia él, cada una impulsada por una forma de amor distinta, pero todas igualmente reales bajo el cielo de esta nueva existencia.
—Cuidado, cachorro. Casi te fundes los sesos esta vez —dijo **Rumi**, su madre, con ese tono directo y firme que siempre la caracterizaba. Ella no se andaba con rodeos; lo tomó por los hombros y lo ayudó a sentarse, dejando que su fuerza natural le sirviera de apoyo. En su mente, ella siempre había sido la que le enseñó a levantarse después de cada caída.
—Toma un poco de agua, amor —intervino **Momo**, acercándole un vaso que acababa de materializar. Sus ojos no se apartaban de los de Izuku, llenos de esa lealtad que él mismo había cimentado años atrás en aquel parque. Ella notaba la presencia de Inko, la vecina, pero para ella era simplemente la mujer de al lado que siempre había estado un poco "loca" por su novio.
—Gracias... —susurró Izuku, bebiendo el agua mientras trataba de procesar la mirada de la tercera mujer.
**Inko** no decía nada, pero su lenguaje corporal gritaba devoción. Ya no era la fugitiva herida; ahora vestía una blusa ligera que dejaba ver su piel ya recuperada y sus curvas maduras, las cuales parecían vibrar ante la cercanía de Izuku. Su obsesión, programada por el Modo Control, era tan profunda que apenas podía contener el impulso de tocarlo. Para ella, Izuku no era solo el chico de la casa de al lado; era el sol alrededor del cual giraba su vida privada y sus fantasías más oscuras.
—Me alegra tanto que estés en casa, Izuku-kun —dijo Inko con una voz que rozaba lo íntimo, ignorando casi por completo la presencia de Rumi y Momo.— Pensar que estabas ahí fuera, esforzándote tanto... me dan ganas de cuidarte para que no tengas que mover un dedo nunca más.
Rumi arqueó una ceja, soltando una risa corta y seca.
—Oye, Inko, deja que el chico respire. Ya tiene suficiente con su madre y su novia encima como para que la vecina también quiera adoptarlo —comentó Rumi con un tono que mezclaba la burla con su instinto protector.
Izuku sintió un escalofrío. El efecto retroactivo era perfecto: en esta realidad, Inko siempre había vivido en la casa contigua, siempre había sido esa mujer hermosa y solitaria que le traía comida y lo miraba con ojos hambrientos cuando nadie se daba cuenta. La Inko Toga fugitiva había muerto en la memoria de todos, menos en ese pequeño rincón de la mente de Izuku que aún recordaba la "costura".
—Bueno, basta de sentimentalismos —sentenció Rumi, poniéndose en pie y mostrando su imponente figura atlética.— El examen de la UA ya pasó. Si mis fuentes son correctas, y conociendo el potencial de mi cachorro y de Momo, ya están dentro. Pero en esta casa no se celebra descansando. ¡Inko, si vas a quedarte, ayuda a preparar la cena!
Inko asintió rápidamente, con una sonrisa que no llegó a sus ojos, los cuales seguían fijos en Izuku antes de levantarse para ir a la cocina.
Momo se inclinó hacia el oído de Izuku, aprovechando el ruido de las cacerolas en la cocina.
—Me gusta que seas tan amable con ella, Izuku, pero me da la impresión de que Inko-san se está volviendo cada vez más intensa contigo —susurró con un matiz de celos que a Izuku le resultó extrañamente satisfactorio.— No olvides quién estuvo contigo desde el principio.
Izuku la miró y le dio un apretón en la mano.
—Nunca podría olvidarlo, Momo.
Mientras ellas se alejaban para organizar la casa, Izuku se quedó un momento a solas en su habitación. Miró sus manos. Tenía el poder de un dios, la capacidad de hacer que cualquier mujer lo amara, que cualquier enemigo fuera ridículo y que cualquier pérdida se convirtiera en una ganancia. Pero al mirar la foto en su mesa de noche, donde aparecía él de niño junto a una Rumi radiante, pero muy hermosa, se preguntó cuántas capas más de "realidad" podría añadir antes de que él mismo olvidara quién era el Izuku original.
Izuku aprovechó un momento de distracción en la cocina para deslizarse fuera de la casa, moviéndose con la agilidad silenciosa que había heredado de **Rumi**. El aire fresco de la tarde golpeó su rostro, pero el mareo persistía; sus reservas de energía seguían bajo mínimos por el esfuerzo de haber reescrito la existencia de Inko.
Mientras caminaba por las calles familiares, un ruido de forcejeo lo detuvo en seco frente a un callejón oscuro. Un villano acorralaba a dos mujeres, una mayor y otra de su misma edad. Izuku levantó la mano por instinto para usar el **Modo Control**, pero un pinchazo de dolor en su cerebro le advirtió que se desmayaría antes de lograr nada preciso.
—Maldición... tendré que arriesgarme —susurró.
Activó el **Modo Aleatorio**.
El cambio en la realidad fue grotesco y absurdo. El villano, que un segundo antes amenazaba con un arma, soltó todo, se bajó los pantalones y, con una mirada perdida, comenzó a mostrarles el trasero mientras intentaba introducirse un palo en el ano. Las dos mujeres retrocedieron con muecas de absoluto asco, pero al ver a Izuku, sus expresiones se transformaron en una mezcla de alivio y devoción.
—¡Mi amo! —exclamó la mujer mayor, corriendo a abrazarlo junto a la joven—. Volvíamos de la tienda con los suministros para la comida. Debería estar descansando en cama por el desmayo de hace rato.
—Sí, mi amo —añadió la hija con preocupación—. Usted debería estar reposando. Su novia Momo se preocupará mucho, y su madre, la señora Rumi, se enojará con usted.
Izuku, aún procesando que el "azar" acababa de convertir a estas dos desconocidas en sus sirvientas personales, dejó que lo escoltaran de vuelta a casa. Al llegar, **Momo** abrió la puerta con el rostro desencajado por la angustia.
—¡Gracias a Dios que lo encontraron! —dijo Momo, suspirando de alivio al ver a las dos mujeres—. **Mika**, **Kyoka**, son muy buenas esclavas por preocuparse así por su amo.
Entraron a la casa, donde el ambiente ya se sentía distinto. **Inko**, su vecina, se había marchado finalmente a su propia casa, dejando el espacio para la cena familiar. **Rumi** sirvió la comida con su energía habitual, y todos se sentaron a la mesa: Izuku, Rumi, Momo, y las dos recién llegadas, Mika y Kyoka.
Izuku, observando cómo Kyoka le servía el té con una reverencia perfecta, no pudo evitar preguntar:
—¿Qué... qué pasa exactamente con Kyoka y Mika?
Momo soltó una risita dulce y le tomó la mano por encima de la mesa.
—¿Ya se te olvidó por el cansancio, amor? Mika y su hija Kyoka fueron mi regalo para nuestro aniversario de novios. Han sido entrenadas desde que nacieron para ser tus esclavas personales: son expertas en combate, sumamente inteligentes y están preparadas para cumplir cualquier deseo, incluso los sexuales.
Momo acarició la mejilla de Izuku mientras Kyoka se sentaba discretamente a su lado.
—Kyoka entrará a la UA con nosotros, en nuestra misma clase —continuó Momo—. Así podrá protegerte y atenderte incluso durante el horario escolar. Es lo mínimo que el amor de mi vida se merece.
Izuku miró a su alrededor. La mesa estaba llena de mujeres que, ya sea por azar o por diseño, vivían exclusivamente para él. La realidad se sentía cada vez más como un sueño lúcido donde las reglas de la moral y la lógica original de su mundo se desvanecían frente a la comodidad de este nuevo orden.
Izuku se hundió en el sofá, intentando procesar la extraña normalidad de su nueva vida mientras el televisor emitía un zumbido de fondo. **Momo** se recostó contra él con una ternura que rozaba lo posesivo, y al acomodarse, su mano rozó "accidentalmente" la entrepierna de Izuku.
—Perdón, amor... —susurró ella, aunque no retiró la mano de inmediato.
Por dentro, la mente de Momo era un torbellino de deseos oscuros y calculados. *Tengo que excitarlo, quiero tener sexo con él ya*. *Hace demasiado tiempo que no lo hacemos*. Sus pensamientos se volvieron más retorcidos mientras miraba de reojo a las dos sirvientas que ordenaban la habitación: *Puedo usar a esas perras esclavas de mierda para que lo preparen, para que lo dejen a punto y así tener sexo los tres con mi Izuku*.
Momo sentía su propio cuerpo reaccionar ante la cercanía de Izuku, sus pezones endureciéndose bajo su ropa. *Incluso sé que mi futura suegra, Rumi, se masturba pensando en él... no me lo creía al principio, pero quién no se enamoraría de alguien como él*. *Mi coño ya está empapado*.
De repente, una idea surgió en su mente, haciéndola sonreír con una mezcla de inocencia fingida y perversión. *Iré a la cocina a preparar algo para él... y le echaré mis propios jugos vaginales para que se los coma sin saberlo*. *Y obligaré a esas perras de Mika y Kyoka a que hagan lo mismo; sus jugos solo le pertenecen a mi Izuku*.
Luchando por contener un orgasmo ahí mismo para no manchar el mobiliario de la familia Midoriya, Momo respiró hondo y se separó lentamente de él.
—Izuku, amor, iré a la cocina a prepararte algo especial para que recuperes energías —dijo ella con una voz dulce, ocultando la excitación que la consumía.— **Mika**, **Kyoka**, vengan conmigo. Necesito que me ayuden con unos "ingredientes" especiales.
Izuku la vio alejarse seguido por las dos esclavas, sintiendo un escalofrío que no sabía si era por el cansancio de su quirk o por la intensidad que emanaba de su novia. En esa casa, donde la realidad se doblaba ante su voluntad, los deseos más profundos de quienes lo rodeaban empezaban a cobrar una vida propia y peligrosa.
Momo cruzó el umbral de la cocina, seguida de cerca por Mika y Kyoka. La puerta se cerró tras ellas, aislando el espacio del resto de la casa. En el rostro de la joven de cabello azabache ya no quedaba ni rastro de la dulzura inocente que le mostraba a Izuku; sus ojos brillaban con una fijeza perturbadora y sus movimientos eran rápidos, dictados por la urgencia de su fijación.
—Muévanse —ordenó Momo, con una voz gélida que contrastaba con el calor que sentía en el cuerpo. Su respiración era errática—. Saquen los platos para la cena. Pero antes, van a hacer exactamente lo que les diga.
Mika y Kyoka mantuvieron la cabeza baja. Sus cuerpos, moldeados por la reescritura que la realidad había asimilado como un entrenamiento de por vida, respondieron con sumisión absoluta. Para ellas, las órdenes de la novia de su amo eran mandatos divinos.
—Sí, ama Momo —respondieron al unísono, con voces desprovistas de cualquier voluntad propia.
Momo se apoyó contra la barra de la cocina, sintiendo cómo el pulso le latía con fuerza en los oídos. La sola idea de lo que estaba a punto de preparar la hacía estremecer. Mientras tanto, en la sala, el televisor seguía encendido, llenando el silencio con el ruido de fondo de un programa nocturno. Izuku permanecía en el sofá, con la mente agotada, ajeno a los extremos a los que la devoción de quienes lo rodeaban estaba llegando en esa línea temporal perfectamente alterada.
Momo levantó la falda de su uniforme con dedos temblorosos. Su respiración se había vuelto completamente errática, rota por los gemidos contenidos que amenazaban con escapar de su garganta. Se deslizó los dedos entre las piernas, encontrándose con una humedad ardiente y abundante que la hizo jadear en voz baja.
—Ah... Izuku... —gimió, entornando los ojos mientras se frotaba con urgencia. Cada pensamiento en su mente invocaba la imagen del chico en la sala, desatando una oleada de calor que le recorría el vientre—. Mírenme bien, perras... Miren lo que el amo me hace sentir con solo existir.
Mika y Kyoka se arrodillaron frente a ella de inmediato, manteniendo sus rostros impasibles pero con los ojos fijos en la sumisión que se les había programado desde su nacimiento alternativo.
Momo hundió sus dedos con fuerza, llegando rápidamente al clímax. Soltó un suspiro ahogado, arqueando la espalda mientras sus fluidos se humedecían en sus manos. Sin perder tiempo, acercó los dedos mojados hacia el tazón de sopa que Rumi había dejado preparado sobre la barra de la cocina, dejando caer sus jugos directamente en el caldo caliente.
—Ahora ustedes —ordenó Momo, con la voz ronca por el orgasmo y los pezones marcados rígidamente bajo la tela—. Abran las piernas y saquen su esencia para el amo. Todo lo que somos le pertenece a él. Su comida debe estar impregnada de nosotras.
Mika, con la madurez de su cuerpo de esclava sumisa, se levantó la falda sin dudarlo, seguida de inmediato por su hija Kyoka. Ambas comenzaron a tocarse con rapidez mecánica, estimulándose hasta que sus propios fluidos corporales estuvieron listos. Una tras otra, vertieron sus jugos vaginales dentro del plato de Izuku, mezclándolos cuidadosamente con la comida para que no quedara rastro visual, convirtiendo la cena en una ofrenda puramente carnal y secreta.
Mientras tanto, en la sala, Izuku seguía recostado en el sofá. Su cuerpo aún se sentía pesado, pero un extraño presentimiento, como una vibración en el aire, lo hizo mirar hacia la puerta de la cocina. El mundo que había reescrito seguía su curso, y las mujeres que lo rodeaban se sumergían cada vez más en la absoluta locura de su devoción.
Momo revolvió la sopa minuciosamente con una cuchara de madera, asegurándose de que la mezcla quedara completamente homogénea y que el calor del caldo disolviera cualquier rastro visible. Sus mejillas seguían encendidas, pero recuperó la compostura con una velocidad asombrosa, limpiándose las manos y desarrugando su falda con movimientos elegantes.
—Perfecto —susurró Momo, dedicándole una mirada de complicidad a las dos esclavas—. Lleven los platos a la mesa. Y recuerden manténganse firmes. No quiero que el amo note nada extraño hasta que sea el momento adecuado.
—Sí, ama Momo —respondieron Mika y Kyoka con la misma sumisión de siempre, tomando las bandejas con cuidado.
En la sala, Izuku estiró los brazos, sintiendo que un poco de la pesadez en sus músculos comenzaba a ceder. El olor que provenía de la cocina era sumamente apetitoso, lo que despertó un hambre voraz en él tras el tremendo desgaste de su quirk. Justo en ese momento, la puerta principal de la casa se abrió y **Rumi** entró con paso firme, vistiendo ropa limpia tras haberse dado una ducha rápida en el baño del piso inferior.
—¡Vaya, parece que llegué justo a tiempo para el banquete! —exclamó Rumi, su madre, su tono enérgico llenando la estancia. Se acercó a Izuku y le revolvió el cabello de forma afectuosa—. ¿Cómo te sientes, cachorro? Ya tienes mejor cara.
—Mucho mejor, mamá, gracias —respondió Izuku con una sonrisa genuina.
Momo salió de la cocina justo detrás de las sirvientas, esbozando su habitual sonrisa angelical y perfecta.
—¡Qué oportuna, señora Rumi! La cena ya está servida —anunció Momo con voz dulce, acercándose a Izuku para guiarlo hacia el comedor—. Ven, amor. Preparé una sopa especial para ti, te aseguro que tiene todo lo que necesitas para recuperar tus fuerzas por completo.
Izuku se levantó del sofá, sintiendo las miradas de las cuatro mujeres fijas en él. Mika y Kyoka permanecían de pie junto a la mesa, esperando a que su amo se sentara, mientras que Momo mantenía una expresión de absoluta expectativa, ansiosa por ver a Izuku probar la ofrenda secreta que habían preparado para él.
Izuku se acomodó en la cabecera de la mesa, todavía sintiendo un ligero cosquilleo en la nuca, ese recordatorio físico de que su cuerpo seguía procesando el desgaste del Modo Control. A su lado, Momo se sentó con una elegancia impecable, manteniendo la espalda recta y una sonrisa que desbordaba una dulzura casi hipnótica.
Frente a él, Mika y Kyoka se movieron con sincronía perfecta, colocando el tazón de sopa humeante justo delante de su plato. Sus rostros permanecían serenos, pero los ojos de Kyoka buscaron por una milésima de segundo los de su amo, mostrando esa absoluta sumisión que ahora formaba parte de su código genético.
—Huele de maravilla, Momo —dijo Rumi, sentándose con energía a la mesa y tomando sus propios palillos—. Te luciste con el aroma. Mi cachorro necesita precisamente esto para recuperar el color en las mejillas.
—Muchas gracias, señora Rumi. Todo sea por la salud y el bienestar de Izuku —respondió Momo, cuyas manos descansaban sobre su regazo, apretándose mutuamente mientras contenía la respiración. Sus ojos oscuros estaban fijos en los movimientos del peliverde.
Izuku tomó la cuchara. El vapor que ascendía del plato llevaba un aroma intenso, rico en especias y con un matiz denso que atribuyó a los ingredientes especiales que Momo solía utilizar en sus recetas de alta cocina. Con las miradas de las cuatro mujeres convergiendo sobre él en un silencio expectante, levantó la cuchara y sopló ligeramente antes de probar el primer bocado.
Al tragar, una calidez inmediata se extendió por su garganta, arrastrando consigo un sabor extrañamente concentrado, dulce y metálico a la vez, que pareció encender una chispa de energía en su estómago.
—Está... realmente delicioso, Momo —comentó Izuku, parpadeando al notar cómo el cansancio acumulado en su frente parecía disiparse un poco con cada cucharada—. Tiene un sabor muy único.
Momo dejó escapar un suspiro imperceptible, y un leve rubor tiñó la parte alta de sus pómulos. Sus pezones, ocultos bajo la tela, se tensaron aún más al escuchar el elogio. De reojo, Mika y Kyoka mantuvieron la cabeza ligeramente inclinada, compartiendo el secreto de la ofrenda que ahora corría por el cuerpo de su dueño.
—Me alegra tanto que sea de tu agrado, mi amor —dijo Momo con una voz que vibraba con una intensa satisfacción interna—. Come todo lo que quieras. Esa sopa fue hecha pensando exclusivamente en ti, con lo mejor de cada una de nosotras.
Izuku continuó comiendo en silencio, sintiendo cómo esa extraña y densa calidez se extendía por todo su cuerpo, disipando por completo los últimos rastros del agotamiento mental. La combinación de sabores era intensa, pero su mente, todavía abrumada por las costuras de las realidades que él mismo había cruzado y reescrito, simplemente aceptó el confort del alimento.
Rumi, ajena a los pensamientos y secretos que flotaban sobre la mesa, devoraba su propia porción con la energía de siempre.
—Oye, Momo, realmente tienes talento para esto —dijo Rumi, dejando los palillos un momento para mirar a la joven—. Si esta sopa puede levantarle el ánimo a mi cachorro tan rápido, vas a tener que pasarme la receta. Con el ritmo de entrenamiento que le espera en la UA, va a necesitar comidas así de completas todos los días.
Momo sintió un escalofrío de pura satisfacción recorrerle la espalda al escuchar el comentario de la madre de Izuku. Mantuvo su postura perfecta, aunque por debajo de la mesa sus piernas temblaban levemente por la excitación contenida.
—Por supuesto, señora Rumi. Me encantaría compartir mis secretos culinarios con usted en otro momento —respondió Momo con una sonrisa impecable, aunque sus ojos oscuros regresaron de inmediato a Izuku, devorándolo con la mirada—. Aunque dudo que los ingredientes principales sean fáciles de conseguir en un mercado común. Son... muy personales.
Mika y Kyoka permanecieron de pie a un lado, inmóviles como estatuas, con las manos entrelazadas al frente. Kyoka mantenía la vista baja, pero su respiración se había vuelto un poco más profunda al ver a su amo consumir la sustancia que ella misma había aportado bajo las órdenes de Momo. Para las dos esclavas, ver que su dueño se fortalecía con su sumisión era la máxima recompensa que su realidad alterada les permitía experimentar.
Izuku terminó el tazón y dejó la cuchara a un lado, soltando un suspiro de alivio. Se sentía completamente renovado, listo para lo que fuera, pero al mirar a las mujeres que lo rodeaban, una extraña intuición le recordó que cada cambio en el tejido de su vida traía consigo consecuencias imprevistas. El examen de la UA había quedado atrás, pero la verdadera prueba apenas comenzaba en esa casa donde los deseos más profundos se entrelazaban con la estructura misma del mundo.
Al terminar la cena, Izuku sintió que una oleada de energía recorría sus extremidades. El cansancio del Modo Control se había disipado por completo, reemplazado por una lucidez que ponía todos sus sentidos en alerta. La calidez en su estómago persistía, densa y persistente.
Rumi se puso en pie de un salto, estirando los brazos y haciendo que los músculos de su espalda se marcaran bajo la camiseta.
—¡Excelente cena! —exclamó con una gran sonrisa, dándole una palmada en la espalda a Izuku que casi lo hace avanzar un paso—. Mañana empieza una nueva rutina para ti, cachorro. Ya que estás recuperado, no hay excusas. ¡A dormir temprano!
—Sí, mamá —respondió Izuku, sonriendo ante la incombustible energía de Rumi.
Mika y Kyoka comenzaron a recoger los platos con movimientos rápidos y silenciosos, sin levantar la vista del suelo, manteniendo su postura de sumisión absoluta. Momo, por su parte, se levantó lentamente de su silla. Sus ojos oscuros seguían fijos en Izuku, brillando con una mezcla de triunfo y una expectación ardiente que ya no se molestaba en sutilizar.
—Buenas noches, señora Rumi —dijo Momo con una perfecta reverencia—. Acompañaré a Izuku a su habitación para asegurarme de que se acomode bien y no tenga más recaídas.
—Está bien, niña. Gracias por cuidarlo tanto —asintió Rumi, despidiéndose con un gesto antes de dirigirse hacia la sala de entrenamiento de la casa.
Momo tomó a Izuku del brazo, guiándolo escaleras arriba hacia el pasillo de los dormitorios. Sus dedos se enterraban firmemente en su bicep, y el calor que emanaba de su cuerpo era casi palpable. Detrás de ellos, a una distancia prudencial, Mika y Kyoka subían los escalones en total silencio, esperando las órdenes que sabían que vendrían.
Al entrar a la habitación de Izuku, la puerta se cerró con un clic seco. El ambiente en el cuarto se volvió denso al instante. Momo soltó un largo suspiro, dejando caer la fachada de perfecta calma que había mantenido durante la cena. Se giró hacia Izuku, con el rostro encendido por un rubor intenso y la respiración entrecortada.
—No tienes idea de cuánto tiempo he estado esperando este momento hoy, mi amor —susurró Momo, avanzando hacia él mientras desabrochaba los primeros botones de su blusa, revelando la tensión de su piel—. Mi cuerpo no puede aguantar más.
A una señal de su mano, Mika y Kyoka entraron a la habitación, cerrando el cerrojo tras de sí y arrodillándose de inmediato a los pies de la cama, listas para cumplir cualquier instrucción de sus amos en esa realidad donde sus voluntades pertenecían por entero a Izuku.
What's next?
Izuku con quirk bla bla bla Realidad bla bla bla / Izuku with quirk blah blah blah Reality blah blah blah
Updated on Jun 9, 2026
Created on Jun 9, 2026
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