¿Qué tal va la expedición?
se encuentran con una pesadilla
La expedición hasta ahora había transcurrido bajo una normalidad inquietante. Para el mundo exterior, la Familia Astrea simplemente estaba realizando una incursión de alto nivel para fortalecer a su nuevo integrante, el supuesto superviviente de la Familia Zeus que milagrosamente pudo sobrevivir en la mazmorra por años sin un falna. El grupo avanzaba con una disciplina militar impecable: Alisse lideraba la vanguardia, Ryuu vigilaba los flancos con su habitual rigor, y el resto de las chicas —Kaguya, Lyra, Noin, Neze, AstaIska, Maryuu, Ryana y Celty— formaban una formación impenetrable.
Asmodeus se movía entre ellas como un lobo disfrazado de cordero. luchar, cansarse, pero en realidad, disfrutaba de la cercanía de tantas mujeres fuertes y puras, sabiendo que pronto serían sus juguetes. Sus ojos recorrían los cuerpos atléticos de las aventureras, imaginando cómo se verían esos cuerpos tensos temblando bajo el poder de su corruption.
Al llegar a la Metrópolis Acuática, el hogar de la Amphisbaena, Asmodeus experimentó un momento de extraña nostalgia. Mientras el piso aún se preparaba para el renacimiento del jefe de piso, él divisó entre las corrientes un Xeno: una sirena de mirada inteligente y consciente. Para el mundo, los que sabían de su existencia, los Xenos eran anomalías, monstruos que traicionaban su naturaleza al poseer voluntad propia. Pero para Asmodeus, ellos eran los únicos seres en toda la Mazmorra con los que podía identificarse.
La Mazmorra lo había creado como un virus, un híbrido diseñado para infiltrarse. Lo habían hecho humano en apariencia para que los monstruos normales lo atacaran por instinto, permitiéndole moverse entre los humanos sin levantar sospechas. Esa soledad existencial, la de ser un monstruo que finge ser hombre mientras los monstruos como él lo quieren matar para devorarlo, lo hacía sentir un vínculo fraternal con los Xenos. Por un breve instante, su mirada se cruzó con la de la sirena; no hubo palabras, pero hubo un reconocimiento mutuo de dos parias en un mundo de reglas rígidas.
Sin embargo, la paz terminó al superar el piso 27. En la penumbra de los pasillos profundos, se toparon con un grupo que no debería estar allí: la Familia Rudra. Eran mercenarios crueles, afiliados a la organización terrorista Evilus, conocidos por sus tácticas despiadadas y su desprecio por la vida humana.
—Vaya, vaya... miren qué joyitas tenemos aquí —se burló el capitán de la Familia Rudra, observando con lujuria a las mujeres de la Familia Astrea—. Unas perras justicieras. Sería una lástima que no sobrevivieran para contar su historia.
La pelea estalló violentamente. El acero chocó contra el acero, y la justicia de Alisse se enfrentó a la maldad descarada de Rudra. Pero el caos de la batalla y el derramamiento de sangre en los niveles profundos, no terminaron, la familia rudra en un ataque desesperado generaron muchas explosiones con piedras mágicas de fuego, sin saberlo despertaron la furia de la Mazmorra. El aire se volvió pesado y las paredes comenzaron a vibrar con un rugido ensordecedor.
De repente, la roca se fragmentó y emergió el Juggernaut, el "Sistema inmunológico de la mazmorra", una masa de armadura, hueso, carne y odio inmune a la magia, diseñada específicamente para aniquilar a quienes generan demasiado daño a la mazmorra. El monstruo embistió con una fuerza devastadora, lanzando a varios aventureras por los aires y dejando al grupo en un estado de pánico momentáneo.
Asmodeus vio su vida pasar frente a sus ojos, ese monstruo solo existe para destruir la amenaza y que la mazmorra pueda regenerarse en paz.
—¡Mierda! —gritó, con miedo real y desesperado, la mazmorra soltó a su sistema inmunológico, y esa cosa mata todo lo que se encuentra a su paso, incluso monstruos.
Asmodeus liberó una cantidad masiva del fango "males del mundo", el lodo negro y corrosivo que emanaba de su cuerpo, al menos la mazmorra no creo esos canticos mágicos para que él pueda usar su habilidad más poderosa. La sustancia espesa y oscura voló hacia el Juggernaut, envolviendo la armadura del monstruo. El lodo comenzó a burbujear y a corroer el cuerpo practicamente impenetrable, deshaciendo la estructura del Juggernaut desde adentro hacia afuera en un proceso agónico.
Pero el ataque fue deliberadamente impreciso. En el caos de la explosión de lodo, Asmodeus manipuló la trayectoria de las gotas, no todas, solo algunas para crear un agujero y que puedan escapar él y sus presas, pero las otras gotas mostraron gala de una suerte que nadie podría creer.
Una gota espesa y negra aterrizó directamente sobre el pecho de Iska, filtrándose instantáneamente tocando su piel, esto generándole una cicatriz en medio de su pecho por la corrosion. Otra gota, pequeña pero letal, saltó directamente al parpado de Noin, quien soltó un gemido de dolor mientras la sustancia se absorbía en su piel.
No se detuvo ahí. Asmodeus se aseguró de que cada una de ellas fuera "bendecida". Una gota cayó sobre la ropa de cada integrante del grupo, quemando la tela y fundiéndose con su piel. En Kaguya, el lodo se depositó discretamente en su adorno del cabello; en Alisse, la gota se deslizó por su coleta rubia, deslizándose hacia su nuca; y en Ryuu, la gota aterrizó justo en el centro de su cabello castaño, comenzando a filtrarse lentamente hacia su cuero cabelludo.
El impacto final del ataque de Asmodeus fue tan potente que el suelo bajo sus pies no resistió. Con un estruendo colosal, el piso se colapsó, tragándose a todo el grupo de la Familia Astrea y haciéndolos caer varios niveles hacia abajo.
Mientras caían al vacío, Asmodeus miró hacia arriba y vio que la Familia Rudra se había quedado atrás, obligada a luchar contra los restos del Juggernaut y los monstruos atraídos por el ruido. Estaban solos ahora.
Cuando aterrizaron en el piso inferior, la mayoría de las chicas estaban aturdidas y heridas por la caída. No se dieron cuenta de que el "accidente" con el lodo no había sido un error. No sabían que las gotas negras que ahora adornaban sus cuerpos no eran suciedad, sino semillas de corrupción.
Asmodeus se puso de pie, sacudiéndose el polvo, mientras observaba a las mujeres jadear y recuperarse. Sus ojos brillaban con una malicia insaciable. El lodo ya estaba trabajando; estaba penetrando sus poros, envolviendo sus nervios y empezando a reescribir su ADN.
"Sientan cómo entra", pensó Asmodeus con una sonrisa depredadora. "Sientan cómo la pureza de la justicia empieza a pudrirse. Muy pronto, ya no serán guerreras... serán mis súcubos, y cada gota de ese lodo se convertirá en un grito de placer y sumisión".
Alisse intentó levantarse, tocándose la nuca donde la gota había caído, sintiendo un calor extraño y punzante que empezaba a irradiar hacia su columna vertebral. Ryuu, distraída por el dolor de la caída, no notó que el lodo en su cabello estaba empezando a fundirse con su mente, preparando el terreno para la humillación que Asmodeus tenía planeada para ella.
La expedición ya no era una misión de entrenamiento; se había convertido en un punto de inflexión donde la Familia Astrea era una presa indefensa y Asmodeus era el cazador invisible.
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