Erick
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Nota de la autor: Hola de nuevo, esta es mi historia con la ayuda de Lyra (una IA). Todos los personajes son mayores de edad y esta historia también contiene errores, así que pido disculpas de antemano. ¡Espero que la disfruten! :)
Historia escrita en español
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Author's Note: Hello again! This is my story, written with the help of Lyra (an AI). All characters are age legals, and this story also contains errors, so I apologize in advance. I hope you enjoy it! :)
Story written in Spanish
1.-
El silencio de la sala era absoluto, roto solo por el llanto sofocado de su madre. Erick flotaba cerca del techo, contemplando su propio cuerpo inmóvil sobre el sofá, cubierto por una sábana blanca. Llevaba apenas dos días en ese estado incorpóreo. El impacto inicial de saberse muerto había dado paso a una extraña fascinación al descubrir que ya no estaba limitado por la materia: podía atravesar muros, elevarse en el aire y desplazarse sin hacer el menor ruido.
Sin embargo, el verdadero giro de su existencia como espectro ocurrió por puro accidente esa misma tarde.
Salió a la calle buscando dejar atrás la pesadez de su hogar. A media cuadra vio avanzar a Rose, la vecina del barrio. Era una mujer madura de unos treinta y cinco años, de curvas pronunciadas, busto firme y una figura impactante que siempre le había llamado la atención cuando estaba vivo. Caminaba despacio, sujetando una bolsa de compras.
Erick flotó hacia ella. Movido por la curiosidad, se lanzó directamente contra el pecho de la mujer.
La transición fue instantánea. No encontró la menor resistencia ni barrera; sencillamente se deslizó en su interior como un guante a la medida. El entorno, que antes veía en tonos grises y tenues, recuperó de golpe todo su color y textura. Sintió el peso real de los pasos de Rose sobre el pavimento, el calor del sol contra su piel, el roce de la tela de su ropa y el firme pulso de su corazón. El control de los músculos y de la voz era absoluto.
Decidió probar el alcance de lo que podía hacer. Hijo de la curiosidad, hizo dar media vuelta a Rose y la guio de regreso hacia su casa.
En la entrada, su madre salía con los ojos rojos y el rostro desgastado por el duelo. Erick ajustó la postura de Rose, adoptando un ademán de profunda pena, y habló con la voz suave y madura de la mujer:
—Señora... lo siento muchísimo. Apenas me enteré de lo de Erick —dijo Rose, dando un paso al frente y tomando las manos de la madre de Erick con delicadeza—. Erick era un muchacho tan servicial, tan atento... Siempre que me veía cargando las bolsas de las compras venía a ayudarme. Yo... de verdad lo quería mucho. Me duele en el alma que se haya ido.
La madre de Erick, sorprendida al ver a una mujer tan atractiva expresándole sus condolencias con semejante cercanía, le apretó las manos y le dio las gracias entre sollozos. Erick sostuvo la conversación unos instantes más, maravillado por la soltura con la que movía ese cuerpo ajeno, hasta que decidió retirarse.
Se impulsó hacia atrás y se desprendió del cuerpo de Rose.
Erick quedó flotando a un costado, aguardando que Rose reaccionara confundida o desorientada al no saber por qué estaba ahí. Pero lo que ocurrió superó cualquier expectativa.
Rose se llevó una mano temblorosa al pecho. Un rubor intenso le cubrió las mejillas y sus ojos se llenaron de lágrimas reales. Dejó escapar un suspiro cargado de añoranza que dejó a la madre de Erick totalmente descolocada.
—Ay, Dios mío... —murmuró Rose para sí misma, con la voz entrecortada—. Me siento fatal por no habérselo dicho cuando podía. Yo... yo me enamoré de ese muchacho. Lo amaba en secreto y me daba tanta vergüenza por la diferencia de edad... Ahora se ha ido y me quedé con todo este amor atorado en el pecho...
Erick observó la escena con la boca abierta desde su plano fantasmal. La mente de Rose no solo no rechazó la idea, sino que la absorbió por completo, creando recuerdos y emociones intensas para darle sentido a lo que acababa de decir. El efecto de las secuelas funcionaba de forma implacable.
Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro incorpóreo de Erick. El rango de posibilidades que tenía ante sí era enorme, y la universidad iba a ser su próximo destino.
Erick dejó atrás a su madre y a Rose en medio de aquella extraña escena de consuelo y confesiones inesperadas. Volar de regreso a la universidad no le tomó más que un par de minutos; cruzó las calles y las avenidas a una velocidad asombrosa, sintiendo cómo el viento espectral simplemente lo atravesaba sin ofrecer la menor resistencia. Llegar al campus fue como entrar en un mundo completamente distinto: mientras en su hogar todo era luto y silencio, aquí la vida continuaba con su ritmo habitual. Estudiantes caminando con prisa entre los pasillos, grupos charlando bajo las sombras de los árboles y la cafetería llena a rebosar.
Erick se deslizó entre los muros de la facultad de ciencias aplicadas, buscando rostros conocidos. No tuvo que buscar demasiado. Al final del pasillo principal, cerca de los casilleros de la segunda planta, vio a Daniela y a Eleonor. Ambas eran sus compañeras de clase, chicas con las que había compartido aulas, trabajos en equipo y alguna que otra conversación casual.
Daniela era una joven de complexión delgada, tez clara, cabello castaño claro que le caía en ondas sobre los hombros y unos ojos expresivos que solían transmitir una calma casi tímida. Llevaba puesta una falda escolar a cuadros de talle alto y una blusa blanca ajustada que remataba su figura. A su lado, Eleonor sostenía una carpeta de archivos contra el pecho, escuchando atentamente lo que su amiga le decía mientras caminaban despacio hacia la salida del edificio.
Erick descendió lentamente desde el techo, flotando por encima de sus cabezas sin que nadie advirtiera su presencia. La sonrisa socarrona regresó a su rostro incorpóreo. Sabía exactamente lo que quería probar esta vez.
Se alineó justo detrás de Daniela, extendió sus brazos espectrales y se dejó caer hacia adelante, introduciéndose en su espalda.
La vibración del cambio de plano fue una chispa helada que se transformó de inmediato en una ola de calor vivo. Erick respiró hondo con los pulmones de Daniela, llenándose la boca con el olor a perfume de flores que ella usaba. El dominio de sus miembros fue instantáneo. La caminata fluida de Daniela se interrumpió abruptamente; sus pasos se frenaron de golpe a mitad del pasillo, haciendo que Eleonor diera dos pasos más antes de darse cuenta de que su amiga se había quedado atrás.
—¿Dani? —preguntó Eleonor, volteándose con curiosidad—. ¿Pasa algo? Se nos va a hacer tarde para la siguiente clase.
Erick no respondió de inmediato. Utilizó los ojos de Daniela para mirar a Eleonor de arriba abajo, midiendo la situación. Luego, haciendo uso pleno de la voz dulce y ligeramente aguda de su compañera, dejó escapar un suspiro entrecortado que rápidamente se convirtió en un gimoteo dramático.
—Mi Erick se fue, Ele... se fue... —dijo la voz de Daniela, quebrándose con una desesperación artificial pero aterradoramente convincente.
Eleonor parpadeó, confundida por el cambio tan radical de tema.
—¿Erick? Ah... sí, el muchacho del grupo de proyectos que falleció esta semana... Dani, es una lástima, pero ¿por qué te pones así de repente? Ni siquiera eran tan cercanos...
—¡No lo entiendes! —exclamó Erick a través de Daniela, elevando el tono lo suficiente para que un par de estudiantes que pasaban cerca giraran la cabeza—. No le pude dar mi vagina para que la penetrara con su gran pene... No pudo chupar mis pechos, que eran solo para él. Ya no podré tener hijos con el hombre que amaba. Ele, ¿qué hago? Mi vagina está triste...
El rostro de Eleonor se quedó completamente en blanco. La carpeta que llevaba contra el pecho estuvo a punto de resbalársele de las manos.
—Dani... ¿qué... qué estás diciendo? —susurró Eleonor, mirando a su alrededor con pánico, temiendo que la gente las escuchara hablar de algo tan escandaloso y explícito.
Pero Erick no tenía intención de detenerse en las palabras. Para hacer el impacto imborrable, tomó el control directo de las manos de Daniela. Llevó la mano derecha directamente hacia abajo, levantando ligeramente el borde de la falda a cuadros para meter la palma con descaro por debajo de la tela, presionando sus dedos contra la entrepierna por encima del calzón de encaje. Con la mano izquierda, rodeó su propio seno izquierdo por encima del blusón, apretándolo con firmeza mientras su cabeza se inclinaba hacia atrás y sus labios dejaban escapar un gemido ahogado en pleno pasillo.
—Ah... de verdad lo deseaba tanto... —continuó Daniela, con los ojos entreabiertos y la respiración volviéndose agitada por la manipulación muscular de Erick—. Quería que me tomara aquí mismo... en el escritorio... que me abriera de piernas y me hiciera suya hasta dejarme sin aire...
Eleonor estaba completamente petrificada. Sus ojos se abrieron de par en par, pasando de la mano de Daniela que se manoseaba la entrepierna sin el menor recato a su cara desencajada por un éxtasis inventado. La boca de Eleonor se abría y cerraba sin poder formular una sola palabra coherente.
—¡Dani, por el amor de Dios, detente! ¡Estamos en la universidad! —logró articular al fin Eleonor, dando un paso adelante para sujetar los hombros de su amiga y obligarla a bajar las manos.
Satisfecho con la reacción y tras haber empujado los límites del cuerpo de Daniela lo suficiente para dejar la marca de la "secuela", Erick decidió que era momento de salir. Se impulsó hacia atrás con fuerza, desprendiéndose de la piel de la chica y volviendo a su forma fantasmal e invisible.
La transición para Daniela fue un parpadeo. En el segundo en que Erick la abandonó, la frialdad de la posesión se disipó, pero la secuela mental actuó de inmediato, ensamblando la escena dentro de su memoria de forma impecable. Daniela no pareció notar la brecha de conciencia; en su lugar, sus ojos se llenaron de lágrimas reales y profundas. Se ajustó la falda con manos temblorosas, respirando con dificultad y mirando a Eleonor con una culpa dolorosa pero convencida de cada palabra que acababa de pronunciar.
—Lo siento, Ele... lo siento mucho —dijo Daniela, limpiándose una lágrima que le rodaba por la mejilla—. No pude contenerlo más... Se me rompió el corazón. Llevaba meses guardándome estas ganas, este amor por Erick... Pensé que tendría tiempo de confesárselo, de entregarle mi cuerpo... y ahora jamás sabré lo que se siente estar con él.
Eleonor, aún temblando por lo que acababa de presenciar, abrazó a su amiga por los hombros, completamente dominada por la empatía y la incredulidad.
—No... no me imagino lo difícil que debe ser para ti, Dani... pero no puedes hacer esto en público —dijo Eleonor con voz suave, tratando de calmarla mientras la guiaba hacia los baños—. Tranquila... vamos adentro a que te limpies la cara.
Erick flotaba a medio metro de distancia, cruzado de brazos y soltando una carcajada silenciosa que nadie podía escuchar. Mirar cómo la mente humana justificaba y daba sentido a los impulsos implantados era simplemente fascinante. Daniela no solo creía haber sentido todo eso por él, sino que ahora llevaba consigo una pena de amor apasionada y explícita por un fantasma.
Pero la tarde aún era joven y el entusiasmo de Erick estaba lejos de apagarse.
Dejó a Daniela y a Eleonor caminando lentamente hacia los sanitarios y emprendió el vuelo de nuevo, esta vez saliendo del campus universitario en dirección al área residencial cercana. Sabía exactamente a dónde ir: el departamento de Elora.
Elora era una chica de una personalidad reservada, casi distante. En la universidad siempre se le veía sola, con la mirada puesta en sus libros o en su computadora laptop, vistiendo ropas sencillas y hablando únicamente lo necesario. Nunca se le había conocido pareja ni pretendiente alguno, lo que la convertía en el objetivo perfecto para los experimentos de Erick.
Llegar a su edificio fue cuestión de segundos. Erick atravesó la pared exterior del tercer piso sin tomarse la molestia de buscar una ventana abierta. Se encontró de lleno en el departamento de Elora: un espacio pequeño, ridículamente ordenado, con olor a lavanda y libros apilados con precisión milimétrica sobre la mesa del comedor.
Elora estaba en su habitación, sentada frente a un escritorio de madera clara. Llevaba puesto un pantalón de tela suave de color gris y una blusa delgada de tirantes. Tenía unos audífonos puestos y pasaba las páginas de un cuaderno de notas con total concentración, ajena por completo a la presencia espectral que acaba de colarse en su cuarto.
Erick se acercó flotando por detrás de su silla. Se tomó unos segundos para contemplarla. La tranquilidad y la pulcritud de la chica eran un lienzo en blanco esperando ser alterado.
—Veamos qué tan reservada eres realmente, Elora... —murmuró Erick para sí mismo.
Se dejó caer de golpe hacia adelante, sumergiéndose en el cuerpo de la estudiante.
La sensación fue más intensa que con Rose o Daniela. El cuerpo de Elora estaba visiblemente relajado, por lo que el choque de la posesión le provocó un leve escalofrío muscular. Erick tomó el control absoluto de sus cuerdas vocales, sus extremidades y cada uno de sus sentidos. Lo primero que hizo fue quitarse los audífonos con un movimiento brusco y arrojarlos sobre la mesa, haciendo que rodaran hasta el suelo.
A continuación, hizo que Elora se pusiera de pie. La guio hacia el centro de la habitación, justo al lado de la cama matrimonial. Con calma y deliberación, Erick movió las manos de la chica hacia el botón de su pantalón gris. Lo desabrochó lenta y meticulosamente, bajando el cierre y dejando caer la prenda hasta sus tobillos. De inmediato, enganchó los dedos en el elástico de su ropa interior y la bajó también, dejándose completamente descubierta de la cintura hacia abajo.
Sintió la brisa fresca del cuarto contra la piel desnuda de las piernas de Elora. La sensibilidad del cuerpo era asombrosa; podía percibir cada terminación nerviosa, el calor acumulado en su zona íntima y la aceleración gradual de su pulso.
Erick hizo que Elora se dejara caer de espaldas sobre la cama. Flexionó sus rodillas y las abrió de par en par, exponiéndose sin la menor timidez al techo de la habitación.
—Dios mío, sí... esto se siente mucho mejor —dijo la voz de Elora, rasposa y ahogada por una repentina ola de calor que Erick empezó a generar forzando los músculos de su pelvis.
Llevó la mano derecha de la chica directamente a su entrepierna. Con dos dedos, comenzó a acariciar la zona, notando cómo la humedad natural comenzaba a manifestarse rápidamente. No esperó más: introdujo dos de sus dedos profundamente en la vagina de Elora, iniciando un movimiento de arremetida rápido, constante y rítmico.
La reacción corporal fue inmediata. Elora arqueó la espalda sobre el colchón, enterrando los talones en las sábanas mientras los gemidos empezaban a salir de su garganta sin ningún tipo de filtro.
—Ummm... sí... sí, más fuerte... —gemía la voz de Elora, mientras Erick aceleraba el ritmo de los dedos, entrando y saliendo con fuerza, provocando un chasquido húmedo que resonaba en las cuatro paredes del dormitorio—. Una mujer siente esto mucho mejor... Dios, sí... voy a usar a más mujeres...
Con la mano izquierda, Erick subió la blusa de tirantes de Elora hasta por encima de sus Pechos, dejando sus senos al descubierto. Agarró con firmeza uno de ellos, amasando la carne suave y apretando el pezón entre el pulgar y el índice, tirando de él con un toque de crudeza que hizo que Elora soltara un grito de placer.
—Dios, viene... viene... ¡aaahh! ¡AAHHH! —gritaba la voz de la chica, con la vista fija en el techo, las pupilas dilatadas y el rostro completamente bañado en sudor.
Erick empujó el cuerpo de Elora al límite absoluto, apretando el ritmo de los dedos y pellizcando el pezón hasta desatar una contracción muscular violenta. El orgasmo recorrió la espina dorsal del cuerpo poseído como una descarga eléctrica; las piernas de Elora temblaron descontroladamente mientras su vagina se contraía con fuerza alrededor de sus propios dedos, expulsando una cantidad generosa de flujo que mojó por completo su mano y parte de las sábanas.
El cuerpo de la chica quedó convulsionando levemente sobre la cama, atrapado en los residuos de un placer extremo e ininterrumpido.
Satisfecho de haber llevado la experiencia hasta el clímax más explícito posible, Erick desencajó su esencia espectral del cuerpo de Elora, elevándose lentamente hasta quedar flotando cerca del techo para observar el resultado final.
Elora no se levantó de inmediato. Se quedó tendida en la cama durante casi un minuto completo, respirando de manera agitada, con el pecho subiendo y bajando a un ritmo acelerado. Poco a poco, la niebla de la posesión se disipó, pero las "secuelas productivas" entraron en funcionamiento de manera instantánea. Su cerebro entrelazó las sensaciones físicas reales del orgasmo recién experimentado con la idea implacable de Erick.
Se incorporó despacio, quedando sentada a la orilla de la cama. Se miró la mano derecha, cubierta con el brillo de su propio flujo, y luego se pasó los dedos por los labios, saboreando el aire con una expresión de obsesión fascinada. Su rostro ya no era el de la chica fría y reservada de la facultad; sus mejillas estaban encendidas por un rubor intenso y sus ojos brillaban con una devoción febril.
—Erick... —murmuró Elora en voz alta, tocándose la piel del pecho que aún guardaba la marca del apretón—. Tenías que ser tú... Supiera que estabas muerto o no... tu recuerdo me vuelve completamente loca...
Se puso de pie con cierta torpeza, ignorando el pantalón que yacía en el suelo, y caminó hacia el espejo del peinador. Se miró fijamente al reflejo, acomodándose el cabello desordenado con una sonrisa inquieta.
—Tengo que ir a ver a su madre... —se dijo a sí misma, con una firmeza absoluta en la voz—. Tengo que buscar a su familia y decirles la verdad. No puedo quedarme con esto dentro. Necesito que sepan lo que Erick producía en mí... el amor tan salvaje que le tenía.
Erick, flotando en el aire sobre su cabeza, no pudo evitar dejar escapar una sonrisa de oreja a oreja. La cadena que estaba construyendo comenzaba a tomar una forma impredecible y maravillosamente caótica.
No solo había logrado que mujeres de distintos entornos y edades quedaran completamente convencidas de haber albergado una pasión desmedida hacia él, sino que ahora todas y cada una de ellas sentían el impulso irreprimible de buscar a su madre para confesarle sus "sentimientos".
Erick cruzó los brazos en el aire y contempló a Elora mientras ella comenzaba a vestirse a toda prisa, dominada por la ilusión que él mismo le había sembrado.
—Esto se va a poner muy interesante... —pensó el fantasma, preparándose para seguir la ola de acontecimientos que él mismo acababa de desatar.
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