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Chapter 2 by K45

Erick abandonó el departamento de Elora flotando en el aire con una sensación de triunfo absoluto. Mirar desde arriba a esa chica, que siempre había sido tan sobria y fría en la universidad, vestirse a toda prisa con los ojos brillando de una obsesión febril por él, era la confirmación de que sus facultades como espectro no tenían límite. Pero si había alguien en todo el campus que realmente merecía probar el peso de sus "secuelas", esa era Cinthya.

Cinthya era la definición viviente de la arrogancia y el privilegio. Hija de un próspero empresario local, acostumbraba caminar por la facultad como si fuera la dueña del lugar, luciendo ropa de diseñador, joyas llamativas y una actitud de constante desprecio hacia cualquiera que no perteneciera a su círculo social. Durante el tiempo que Erick estuvo vivo, Cinthya se había encargado de hacerle la vida imposible en el salón de clases: burlas hirientes sobre su ropa, comentarios clasistas frente a otros compañeros y humillaciones continuas solo para demostrar su supuesta superioridad. Por si fuera poco, presumía abiertamente a su novio, Farid, el fornido y vanidoso capitán del equipo de fútbol americano de la universidad, un sujeto igual de pesado que ella.

Erick cruzó volando las dependencias del campus y se dirigió a la zona de las áreas deportivas. Sabía que a esa hora Farid solía entrenar en el campo principal mientras Cinthya lo esperaba en las gradas.

Efectivamente, allí estaba. Cinthya permanecía sentada en el escalón más alto de las gradas de aluminio, cruzada de piernas, revisando su teléfono inteligente de última generación con expresión de aburrimiento. Vestía un top deportivo ajustado que dejaba ver su abdomen plano y un short corto que resaltaba sus piernas contorneadas. Abajo, en el emparrillado, Farid gritaba órdenes a sus compañeros de equipo, luciendo su uniforme y mostrándose ante la multitud.

Erick descendió lentamente y se posicionó justo frente a la chica. Observó su rostro perfecto, maquillado con esmero, y recordó cada una de las palabras crueles que ella le había dicho en vida. Una sonrisa fría y vengativa se dibujó en la boca del fantasma.

—Es hora de saldar cuentas, princesita... —murmuró Erick en el aire.

Se lanzó de frente contra el pecho de Cinthya.

La inmersión fue profunda y súbita. El cuerpo de Cinthya olía a perfume caro de vainilla y tenía una piel suave, cuidada con esmero. Erick tomó el control absoluto de sus cuerdas vocales, sus extremidades y su postura. De inmediato, hizo que se pusiera de pie en lo alto de las gradas. Farid, desde la cancha, pareció notar el movimiento y levantó la mano para saludarla a la distancia con suficiencia.

Erick hizo que Cinthya soltara el teléfono, dejándolo caer al suelo sin importar que la pantalla pudiera estrellarse. Luego, con la voz fina y estridente de la chica, gritó hacia el campo con un tono de amargura y desesperación que resonó en todas las gradas:

—¡Anduve con Farid solo porque era el capitán y pensaba que tenía un buen pene! —chilló Cinthya a todo pulmón, haciendo que Farid se detuviera en seco a mitad del emparrillado y que varias personas en las gradas voltearan horrorizadas.

—¿Cinthya? ¿Qué carajos dices? —gritó Farid desde abajo, confundido y enfurecido.

Erick no le dio tiempo de reaccionar. Utilizó los labios de Cinthya para continuar la humillación pública, elevando aún más la voz:

—¡Pero no! ¡Lo tiene chiquito! ¡Una miseria que ni se siente! ¡El que sí lo tenía enorme y perfecto era Erick! ¡Dios, Erick, por qué te fuiste! ¡Ya no podré probar ese pedazo de carne y tú no podrás probar mi conchita! ¡Estoy tan triste! ¡Me voy a dar placer sola porque este idiota no sirve para nada!

Farid se quedó helado en medio del campo, con la cara completamente roja de la vergüenza mientras sus compañeros de equipo sofocaban las risas.

Erick no se detuvo ahí. Llevó las manos de Cinthya hacia su propio short, metiendo los dedos por debajo de la tela elástica para sobársela con fuerza en público, mientras la cara de la chica se contraía en una mueca de desesperación y lágrimas reales comenzaban a brotar de sus ojos por la manipulación emocional del fantasma.

—¡Erick, lamento todo lo que te hice! —continuó diciendo la voz de Cinthya, quebrada por el llanto y el deseo inducido—. ¡Te iba a dar todo de mí como compensación! ¡Iba a dejar que hicieras lo que quisieras conmigo, que me usaras como tu perra si querías! ¡Pero por qué te fuiste!...

Satisfecho con el escándalo, Erick hizo que Cinthya se diera la vuelta y bajara corriendo las gradas en dirección a los vestidores privados del área VIP. Sabía que Farid vendría corriendo detrás de ella en un par de minutos, enfurecido por la humillación.

Cuando Cinthya entró al vestidor y cerró la puerta con seguro, Erick decidió despegarse de su cuerpo. Abandonó la piel de la chica y quedó flotando cerca del techo para presenciar cómo actuaban las "secuelas productivas" en alguien que lo había tratado tan mal.

Cinthya cayó de rodillas sobre el piso de azulejo. Se llevó las manos a la cara, llorando a mares. No había en su mente el menor rasgo de duda sobre lo que acababa de gritar; la secuela había reescrito su memoria por completo. En su mente, las burlas que le había hecho a Erick en vida no eran más que un intento infantil de ocultar un amor obsesivo y un deseo carnal incontrolable.

—¿Por qué fui tan estúpida? —se lamentaba Cinthya entre sollozos, tocándose el pecho desnudo por debajo del top—. Lo traté tan mal... cuando lo único que quería era que me agarrara, que me llevara a un motel y me hiciera suya... Y ahora Farid... ese idiota no le llega ni a los talones a lo que Erick era...

Erick, desde el aire, la miraba con absoluto deleite. Recordó el infierno que esta chica le hizo pasar durante meses. "No, esto no se va a quedar solo en un numerito público", pensó para sí. Las ganas de seguir jugando con ella y exprimir hasta la última gota de su orgullo eran demasiado tentadoras.

Erick descendió de nuevo y se reintrodujo en el cuerpo de Cinthya.

De nuevo con el control, hizo que la chica se pusiera de pie frente al espejo del vestidor. Se quitó el top deportivo y bajó el short junto con su pantaleta de encaje, dejándose completamente desnuda. Erick movió las manos de Cinthya para empezar a manosear violentamente sus propios senos, apretándolos con fuerza mientras la guiaba hacia una de las bancas de madera.

—Tengo que castigarme por haber sido tan perra con él... —decía la voz de Cinthya impulsada por Erick, mientras la chica se sentaba en la banca y abría de par en par las piernas.

Erick introdujo tres dedos de la mano derecha de Cinthya en su vagina, empujando con brusquedad. El espacio del vestidor se llenó del sonido húmedo y acelerado de la penetración. Cinthya echó la cabeza hacia atrás, pegando la nuca contra la pared mientras sus pechos subían y bajaban agitadamente.

En ese momento, se escucharon golpes violentos en la puerta del vestidor.

—¡Cinthya! ¡Abre la maldita puerta! —gritaba la voz furiosa de Farid desde afuera—. ¡Qué demonios fue todo eso que dijiste en la cancha! ¡Abre ya!

Erick sonrió utilizando el rostro sudado de Cinthya. Aumentó la velocidad de los dedos dentro de ella, haciendo que la chica soltara un gemido alto y prolongado que se escuchó perfectamente del otro lado de la madera.

—¡Lárgate, Farid! —gritó Cinthya por obra de Erick, sin dejar de manosearse la entrepierna—. ¡Estoy ocupada pensando en Erick y dándome el placer que tú jamás me diste! ¡Él tenía todo lo que a ti te falta! ¡Ahhh! ¡Sí, Erick, entra más profundo! ¡Hazme tuya, mi amor!

Afuera, se escuchó un golpe sordo contra la puerta y los pasos apresurados de Farid alejándose hecho un demonio, completamente humillado ante los demás atletas que estaban en el pasillo.

Erick llevó al cuerpo de Cinthya a un orgasmo intenso, haciendo que se estremeciera por completo sobre la banca de madera, dejando una mancha húmeda sobre la superficie. La chica respiraba con dificultad, con la cara roja y el cuerpo bañado en sudor.

Satisfecho por el momento, Erick volvió a desprenderse de su cuerpo y quedó flotando al lado.

Cinthya quedó tendida en la banca, mirando al techo con los ojos nublados por el placer y las lágrimas. Se pasó la mano por la cara, saboreando el sudor y la humillación, pero en su mente la idea era clara: estaba perdidamente enamorada del fantasma de Erick y estaba dispuesta a humillarse cuantas veces fuera necesario para rendirle tributo.

—Tengo que ir a su casa... —murmuró Cinthya con la voz rasposa, poniéndose de pie con dificultad para empezar a vestirse—. Tengo que buscar a su mamá... ofrecerle dinero, ayudarla en lo que sea... pedirle perdón por no haber sido la mujer de Erick cuando él estaba vivo...

Erick observaba a la orgullosa niña de papi vestirse a toda prisa, temblando de la emoción y de la culpa. La venganza no solo había sido dulce, sino que había transformado a su mayor agresora en una devota seguidora de su memoria.

—Esto apenas empieza, Cinthya —pensó Erick con una sonrisa maliciosa mientras la veía salir corriendo del vestidor—. Aún me voy a quedar un buen rato contigo.

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