¿Shizune cayó o solo quiere huir?

la Resistencia de Shizune

Chapter 23 by Locoloco Locoloco

Varios días habían pasado desde que Natsu Hyūga y Shizune fueron llevadas al apartamento de Naruto. Días de tortura sexual, de negación del orgasmo, de entrenamiento intensivo. Y los resultados comenzaban a notarse.

La mañana de este día, Natsu se despertó en el colchón que habían colocado en el suelo del apartamento. Su cuerpo estaba marcado por las sesiones de los días anteriores, pero ya no sentía vergüenza. Algo había cambiado en ella durante esas largas horas de estimulación constante y negación.

Se levantó y, automáticamente, se dirigió al baño. Se miró en el espejo, observando su reflejo. Su cabello verde, que solía llevar corto y práctico, ahora comenzaba a crecer, cayendo suavemente sobre sus hombros. Hinata le había ordenado que se lo dejara crecer hasta la altura de su trasero, y Natsu obedecía sin cuestionar.

Se desnudó y entró en la ducha. El agua caliente cayó sobre su piel, y sus manos se movieron instintivamente hacia su coño, completamente depilado. Ya no quedaba ni un solo vello en su cuerpo. Sakura se había encargado personalmente de ello, usando una combinación de cera y técnicas médicas para asegurarse de que nunca volviera a crecer, una invención que ella encontró muy conveniente, Tsunade solo lo tomo como un pequeño paso en sus habilidades médicas, aunque no muy útil.

—Qué bonita te ves —dijo una voz desde la puerta.

Natsu se giró, encontrando a Hinata apoyada contra el marco, una sonrisa en sus labios.

—Hinata-sama —dijo Natsu, inclinando la cabeza— Buenos días.

—Buenos días, Natsu —respondió Hinata, acercándose— ¿Cómo te sientes?

—Bien —respondió Natsu, honestamente— Diferente. Pero bien.

—Me alegra oírlo —dijo Hinata, extendiendo una mano para acariciar su mejilla— Hoy es un día importante. Hoy comenzarás a usar tu nuevo uniforme.

Natsu sintió un escalofrío de emoción recorrer su cuerpo.

—¿Es un uniforme de sirvienta?

—Sí —respondió Hinata— Ven, te lo mostraré.

Salieron de la ducha y Hinata llevó a Natsu a una habitación que habían convertido en vestidor. Allí, colgado en una percha, estaba el traje.

Era un uniforme de sirvienta, pero claramente diseñado para ser provocativo. La falda era extremadamente corta, apenas cubriendo la parte superior de los muslos. El corpiño era ajustado, con un escote pronunciado que dejaba ver la mayor parte de sus pechos. Las mangas eran de encaje, y un delantal blanco completaba el conjunto.

—Es... hermoso —dijo Natsu, sus ojos brillando.

—Póntelo —ordenó Hinata.

Natsu obedeció, deslizando el vestido sobre su cuerpo. La tela se ajustaba a sus curvas como una segunda piel, resaltando cada línea de su figura. Cuando terminó, se miró en el espejo.

Se veía hermosa. Se veía sexy.

—Perfecto —dijo Hinata, ajustando el lazo del delantal— Ahora, ven. Las otras te esperan.

Natsu siguió a Hinata a la sala principal, donde Sakura, Kurenai, Ayame y Mebuki ya estaban esperando. Todas vestían ropa casual, pero sus ojos estaban fijos en Natsu.

—Miren quién se unió a nosotras —dijo Sakura, sonriendo—. La nueva sirvienta.

—Da una vuelta —ordenó Kurenai.

Natsu obedeció, girando lentamente para que todas pudieran verla.

—Excelente —dijo Ayame—. El traje le queda perfecto.

—Pero recuerda —intervino Mebuki, su voz severa—, esto es solo temporal. Hasta que Naruto-sama regrese y decida si eres digna de llevar su collar, todas estaban seguras que Naruto la aceptaría, pero querían alimentar su dependencia a Naruto.

Natsu asintió, su expresión seria.

—Lo sé. Haré todo lo posible para ser digna de él.

—Bien —dijo Sakura—. Entonces, comencemos con tu entrenamiento del día.

El entrenamiento de Natsu fue intenso. Durante horas, las cinco mujeres la sometieron a todo tipo de estímulos sexuales. Vibradores, consoladores, lenguas y dedos. La llevaban al borde del orgasmo una y otra vez, solo para negárselo en el último momento.

—Todavía no —decía Kurenai, retirando el vibrador justo cuando Natsu comenzaba a temblar— Debes aprender a controlarte.

—Pero por favor —suplicaba Natsu, su cuerpo ardiendo de necesidad— Solo una vez. Déjenme correrme solo una vez.

—No —respondía Sakura— No hasta que creamos que eres digna.

Y Natsu lloraba, suplicaba, pero nunca recibía el alivio que tanto deseaba.

A pesar de la tortura, Natsu no se quejaba. Había aceptado su destino. Sabía que era propiedad de Naruto, y que su único propósito era servirlo. Y aunque los juguetes sexuales que usaban eran más pequeños que el miembro de Naruto, para mantenerla apretada para cuando él la tomara, pero el placer que sentía era real y si así eran estos juguetes, quería saber cómo sería el real.

—Eres una buena sirvienta —le susurró Hinata al oído, mientras la penetraba con un consolador de tamaño mediano— Naruto-sama estará orgulloso de ti.

Natsu gimió, sus ojos nublados por el deseo.

—Gracias, Hinata-sama.

—Pero recuerda —continuó Hinata, aumentando el ritmo— todavía no eres nada. No eres más que una sirvienta, una puta en entrenamiento. Hasta que Naruto-sama te ponga su collar y te marque con su tatuaje, no eres digna de nada.

—Lo sé —respondió Natsu, las lágrimas corriendo por sus mejillas— Lo sé.

Y continuaron.

En la habitacion del apartamento, Shizune yacía en un colchón, escuchando los gemidos que llegaban desde el comedor. Sabía lo que estaba sucediendo. Sabía que Natsu estaba siendo entrenada como una esclava sexual.

Y Shizune sentía asco.

No por Natsu, sino por sí misma. Porque a pesar de su resistencia, a pesar de sus intentos de escapar, sabía que estaba perdiendo la batalla.

Había intentado todo. Al principio, había suplicado, rogado, llorado. Pero las mujeres solo se reían de ella.

—¿Crees que tus lágrimas nos afectan? —decía Mebuki— Hemos visto lágrimas antes. Hemos oído súplicas antes. No significan nada.

Shizune no entendía como Ayame había oído suplicas si se supone que es una civil, además de que Sakura e Hinata son genin, y no muy experimentadas

Luego, Shizune había intentado actuar. Fingió estar rota, fingió someterse, esperando que la dejaran ir o que bajaran la guardia para poder escapar.

—Por favor —decía, con voz temblorosa— Haré lo que quieran. Solo déjenme vivir.

—Qué conmovedor —decía Kurenai, sonriendo— Pero no nos engañas, Shizune. Tus ojos aún tienen ese brillo de resistencia. No estás lista.

Y entonces, la tortura continuaba.

Pero lo peor no era el dolor físico. Lo peor era el placer. Porque a pesar de su resistencia, su cuerpo respondía. Cuando Sakura la tocaba, cuando Kurenai la besaba, cuando Ayame la penetraba, su cuerpo se encendía como una llama.

—Mira —decía Mebuki, señalando su sexo húmedo— Tu cuerpo nos quiere. Solo tu mente se resiste.

—Es una cuestión de tiempo —decía Hinata— Pronto, tu mente también se rendirá.

Y Shizune temía que tuvieran razón.

Esa noche, después de que el sol se hubiera puesto, las cinco mujeres se reunieron alrededor de la mesa, bebiendo sake y observando a sus prisioneras.

Natsu estaba arrodillada a un lado, su uniforme de sirvienta impecable, su expresión serena. Había sido entrenada para servir, y servía bien. Les traía sake, les masajeaba los hombros, les lamía los pies cuando se lo ordenaban.

Shizune, en cambio, estaba atada a una silla en la esquina, su cuerpo desnudo y expuesto. Sus ojos estaban fijos en el suelo, pero su mandíbula estaba apretada, mostrando su resistencia.

—Shizune —dijo Sakura, llamándola— Ven aquí.

Shizune levantó la cabeza, sus ojos llenos de odio.

—No me moveré.

—No te estamos pidiendo que te muevas —dijo Kurenai, sonriendo— Te estamos ordenando.

—Y si no obedeces —añadió Mebuki— habrá consecuencias.

Shizune tragó saliva, pero no se movió, ni siquiera podía porque estaba atada a la silla pero no se levantaría por resistirse a ellas.

Sakura suspiró, levantándose de su asiento.

—Está bien. Si no quieres venir, iremos nosotras.

Las cinco mujeres se levantaron y rodearon a Shizune. Kurenai desató las cuerdas que la sujetaban a la silla, pero antes de que Shizune pudiera moverse, Sakura la agarró del cabello y la arrastró al centro de la habitación.

—Vas a aprender —dijo Sakura, su voz fría— Vas a aprender a obedecer.

Y comenzó la sesión.

Durante horas, las mujeres se turnaron para torturar a Shizune. La penetraron, la lamieron, la mordieron. La llevaron al borde del orgasmo una y otra vez, solo para negárselo en el último momento.

—Di que eres una puta —ordenó Ayame, mientras insertaba un consolador en su ano.

—No —respondió Shizune, apretando los dientes.

—Dilo —insistió Hinata, succionando su clítoris.

—No.

—Dilo —gritó Kurenai, azotando sus nalgas.

—¡No!

Pero su cuerpo no podía mentir. Su coño estaba empapado, sus pezones erectos, su respiración entrecortada.

—Mira —dijo Sakura, señalando su cuerpo— Puedes negarte con palabras, pero tu cuerpo ya nos pertenece.

Shizune cerró los ojos, las lágrimas corriendo por sus mejillas.

Sabía que tenía razón.

A la mañana siguiente, Natsu se despertó temprano, como era su costumbre ahora. Se puso su uniforme de sirvienta, se cepilló el cabello y se preparó para el día.

Antes de salir del baño, toco su entrepierna sonriendo al no sentir su ropa interior. Estaba vacío. Había entregado todas sus bragas y sujetadores a Hinata, quien los había guardado en un pergamino de almacenamiento para entregárselo a Naruto cuando vuelva.

—Nunca más usarás ropa interior —le había dicho Hinata— Estarás siempre disponible para tu amo.

Y Natsu había aceptado.

Ahora, mientras se miraba en el espejo, sintió una extraña paz. Sabía que su vida había cambiado para siempre. Sabía que nunca volvería a ser la misma.

Pero no le importaba.

Porque ahora, tenía un propósito. Ahora, era propiedad de Naruto Uzumaki.

Y eso era todo lo que necesitaba.

En la cama, Shizune yacía mirando el techo. Su cuerpo estaba agotado, su mente nublada.

Pero aún resistía.

—No me rendiré —susurró, apretando los puños— No me rendiré.

Pero incluso mientras lo decía, sabía que era una batalla perdida.

Porque el placer era demasiado intenso. La rendición demasiado tentadora.

Y Naruto Uzumaki, se estaba convirtiendo en el centro de su universo.

Pronto, muy pronto, también caería.

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¿seguimos con Shizune o volvemos con Naruto?

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