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Chapter 41 by bla12 bla12

¿Cómo sigue el día en el spa?

Con mentiras y accidentes

La pregunta de Valeria flotó en el aire cálido y húmedo de la piscina termal, tan abrupta como un cristal roto: "¿Cómo te metiste a trabajar en un lugar como Ébano?". Magi logró tejer la mentira de la deuda universitaria y el trabajo desesperado, viendo cómo la comprensión y la lástima se pintaban en el rostro de Valeria. Cada palabra se sentía como una traición a la genuina calidez de la mujer.

—Debe haber sido duro —dijo Valeria con un suspiro—. Pero bueno, hoy toca olvidarse de todo. ¡Y para eso, lo siguiente es esencial! —anunció, saliendo del agua con agilidad—. La sauna finlandesa. Te va a encantar.

Magi, sintiendo que había esquivado una bala, la siguió. La sauna era una cabaña de madera de cedro, con un calor seco e intenso que golpeó su piel húmeda al abrir la puerta. Solo había un par de mujeres más dentro. Se sentaron en las gradas altas de madera, donde el aire era más caliente.

Al principio, el calor era un alivio, un calor limpio que penetraba los músculos. Pero luego, Magi empezó a notarlo. La tela del bikini negro, empapada por las piscinas y ahora sometida al calor seco, comenzó a comportarse de manera extraña. El borde elástico, tal vez por la calidad deliberadamente pobre que Costa habría elegido, o simplemente por el estrés térmico, empezó a encogerse ligeramente, a ponerse rígido. No era mucho, pero era suficiente para que las delgadas tiras del tanga y el sostén se clavaran con más fuerza en su piel, marcando líneas rojas e incómodas. El nudo minúsculo en la espalda del sostén parecía apretarse aún más.

—¿Te encuentras bien, Magda? —preguntó Valeria, al notar su leve inquietud—. El calor puede ser abrumador al principio.

—Sí, sí, estoy bien —respondió Magi, forzando una sonrisa y acomodando discretamente la espalda contra la madera caliente para aliviar la presión del nudo.

Pasaron unos minutos y Valeria propuso:

—¿Qué tal un poco de vapor? La sala turca es increíble.

Magi asintió, esperando que el aire húmedo fuera menos agresivo. Error. La sala de vapor era un mundo de niebla blanca y espesa, con un calor húmedo que se adhería a la piel como una segunda piel asfixiante. Aquí, el efecto en el bikini negro fue catastrófico. La tela sintética barata, ya castigada por el calor seco de la sauna, no resistió la humedad extrema.

Magi sintió un repentino y terrorífico alivio de presión en sus caderas. Las finísimas tiras del tanga, cuyo elástico ya estaba rígido, simplemente cedieron. Antes de que pudiera reaccionar, la prenda se deslizó por sus piernas, desapareciendo entre la bruma del suelo de mármol. El pánico la paralizó un segundo, pero el instinto de supervivencia fue más rápido: estiró el brazo y agarró la bata de rizo blanco que había dejado colgada apenas a un paso de la entrada, envolviéndose en ella antes de que el vapor se disipara lo suficiente como para dejarla totalmente expuesta.

Sin embargo, no fue lo suficientemente rápida para los ojos de Valeria.

—¿Magda? ¿Estás bien? —Valeria se acercó, entrecerrando los ojos en la niebla. Al ver la expresión de pavor de Magi y cómo se aferraba a la bata, bajó la mirada al suelo y vio el trozo de tela negra inerte—. ¡Oh, cielos! Se ha roto, ¿verdad?

Magi sintió que la cara le ardía más que por el vapor. —Yo... lo siento tanto. Es que... no era de muy buena calidad —balbuceó, deseando que el suelo de la sala turca se abriera.

Valeria, lejos de burlarse, soltó una risita suave y empática. —No te disculpes. Esas tiendas de diseño a veces venden basura a precio de oro. Escucha, no dejes que esto arruine la tarde. Tengo un bikini de repuesto en mi taquilla.

—No, de verdad, no hace falta, puedo marcharme...

—¡Ni hablar! —Valeria la tomó del brazo con suavidad, guiándola hacia la salida—. Me lo regalaron hace poco y, para serte sincera, es bastante más atrevido de lo que suelo usar. No me lo puse hoy por puro pudor, pero a ti te quedará increíble. Vamos.

Caminaron hacia los vestuarios en un silencio cómplice. Una vez allí, Valeria sacó una pequeña bolsa de seda de su taquilla y le entregó la prenda. Era de un rojo carmesí vibrante, de una licra italiana tan suave que parecía seda. Al tacto, Magi supo que era infinitamente superior a la basura que Costa le había entregado. Pero, tal como Valeria había advertido, el diseño era audaz: los cortes eran más altos, el tejido más escaso y el color exigía una atención que Magi no quería atraer.

Magi entró en el cambiador y se lo puso. El contraste con su piel pálida era impactante. La prenda se ajustaba como una segunda piel, sin clavarse, sin ceder, resaltando cada curva con una elegancia que el bikini negro nunca tuvo.

Al salir, Valeria soltó un silbido de admiración. —Sabía que te quedaría mejor que a mí. ¡Ese rojo es tu color, Magda!

Magi forzó una sonrisa, pero esta vez fue un poco menos tensa. —Gracias, Valeria. De verdad. Me has salvado la vida.

—Para eso estamos las amigas, ¿no? —respondió Valeria, guiñándole un ojo.

Regresaron a la zona de aguas con una nueva energía. El incidente, en lugar de separarlas, había creado una grieta en la armadura de Magi, permitiendo que la cercanía de Valeria se sintiera real. Mientras se sumergían en el jacuzzi, charlando sobre cosas triviales, Magi se dio cuenta con horror de que estaba empezando a disfrutar de la compañía de la hermana de su objetivo. El bikini rojo, de mejor calidad y mayor belleza, era ahora el símbolo de una complicidad que hacía que su misión se sintiera, por primera vez, como algo verdaderamente sucio.

¿Qué pasa después del spa?

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