Disable your Ad Blocker! Thanks :)
Chapter 42
by
bla12
¿Qué pasa después del spa?
El entrenamiento tiene que continuar
Los días siguientes a la excursión al spa fueron una extraña calma chicha. Adrián no dio señales de vida. No hubo mensajes, no hubo llamadas. El silencio del teléfono desechable era tan ensordecedor como las órdenes de Costa lo habían sido antes. Magi revisaba el dispositivo con una mezcla de ansiedad y alivio, esperando y temiendo a la vez el siguiente zumbido.
Costa, por su parte, parecía más irritada que preocupada.
—El señor Soler estará ocupado con su emergencia —comentó con sarcasmo durante un informe breve—. Manténgase lista. La paciencia es una virtud, cadete. Y mientras tanto, su entrenamiento no puede descuidarse. Ha perdido mucho enfoque.
Y así, Magi fue arrojada de vuelta a la rutina brutal de la academia. Pero era una rutina diferente. La experiencia con Adrián, la exposición forzosa y la humillación constante, habían dejado una marca profunda, redefiniendo los límites de su pudor. El cuerpo de Magi, acostumbrado ya a la desnudez como un estado de la misión, respondía ahora con la torpeza de quien ha pasado demasiado tiempo actuando y ha olvidado cómo ser.
En un pequeño acto de rebeldía o quizás por simple costumbre adquirida en las misiones, a veces Magi se atrevía a no usar ropa interior bajo el uniforme áspero, una práctica que antes habría sido impensable. El uniforme de entrenamiento standard, holgado y áspero, se convirtió en un campo de batalla donde su descuido mental se manifestaba físicamente, pero también en una barrera sorprendentemente frágil ante la exposición.
En un ejercicio de escalada en el muro de práctica, agarró una presa de roca falsa con demasiada fuerza, la tela de la manga de su camiseta se enganchó en un saliente metálico y se rasgó con un rrrip sonoro, desde el hombro hasta el codo. No fue un rasgón discreto, sino una herida abierta en la tela que dejaba su brazo al descubierto.
—¡Cadete Rojas! —rugió la Suboficial Costa, que parecía tener un radar para sus fracasos—. ¿Es que no puede pasar un día sin destrozar el equipamiento? ¡Ese uniforme sale de su sueldo!
Magi no se ruborizó. Su reacción fue un pesado suspiro de fastidio profesional, no de vergüenza personal. La exposición del brazo le parecía casi irrelevante; era el coste económico y la reprimenda de Costa lo que realmente la irritaba. Las risas de sus compañeros fueron esta vez menos burlonas y más cansadas. Se había convertido en una especie de desastre natural recurrente.
Al día siguiente, durante una carrera de obstáculos, al pasar arrastrándose bajo una alambrada baja, el pantalón de entrenamiento, ya debilitado por el uso y quizás por una costura mal hecha, cedió en la entrepierna. Esta vez, la abertura fue lo suficientemente grande como para ser bochornosa, pero la vergüenza no la paralizó.
El aire frío se coló inmediatamente en la piel, un recordatorio obvio de que, como había hecho varias veces desde su regreso, no llevaba nada debajo. El desgarro se sentía húmedo e incómodo, y la exposición era palpable.
—¡Por el amor de Dios, Rojas! —gritó el instructor asignado—. ¡Parece que se viste con papel de seda! ¡Solucione eso!
Magi se levantó, su rostro permanecía impasible. Su mayor preocupación no era la mirada de sus compañeros, ni la exposición de su cuerpo, sino la interrupción del ejercicio y la certeza de otra multa. Con la mano pegada al muslo, terminó el ejercicio. Ya no era una humillación que la destrozara; la sensación de estar expuesta se había trivializado, reducida a una simple molestia logística.
Costa observaba estos incidentes con una expresión de puro desprecio.
—No solo es torpe con los hombres, al parecer —le dijo en voz baja, pasando junto a ella después de que le entregaran un pantalón de repuesto, remendado y desteñido—. Es torpe consigo misma. Una candidata perfecta para el fracaso.
Por las noches, en su departamento, cosía los desgarros con hilo grueso y puntadas torpes, como había hecho con el uniforme rosa. Pero estas costuras no eran un acto de resistencia, sino de resignación. Estaba remendando su propia fachada decaída, sabiendo que al día siguiente algo nuevo cedería.
La ausencia de Adrián creaba un vacío que era llenado por la implacable presión de la academia. Magi se sentía como un boxeador golpeado, tambaleándose, esperando el siguiente golpe, pero el golpe no llegaba desde el lugar esperado. Llegaba de la tela que se rasgaba, de la mirada de Costa, de su propia incapacidad para mantener la compostura. Era una tortura de desgaste, lenta y metódica, y la sombra de Adrián, en algún lugar gestionando su "emergencia", se cernía, sobre todo, una promesa de que el infierno principal solo estaba en pausa
¿Cuándo se rompió la rutina?
Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
- All Comments
- Chapter Comments
