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Chapter 85 by bla12 bla12

¿Qué hace Magi?

Convence a Sofia

El ambiente en la cafetería era bullicioso, pero en su mesa se había formado una burbuja de tensión silenciosa. Sofia miraba a Magi con escepticismo, sus dedos manchados de pintura seca rodeando la taza de café como si fuera un escudo.

—El profesor Arditi dijo que ustedes ofrecían... patrocinio para artistas —comenzó Sofia, con cautela—. Pero no dio muchos detalles.

Magi no sonrió. Adoptó la pose de la asistente eficiente y fría que May esperaba que fuera.

—"Patrocinio" es un término amplio —dijo, su voz neutra, profesional—. El colectivo que represento, liderado por May, financia artistas a cambio de su participación en experiencias artísticas inmersivas para un círculo de mecenas muy exclusivo.

—¿Experiencias inmersivas? —preguntó Sofia, arqueando una ceja.

—Performances —aclaró Magi, sin rodeos—. Tu cuerpo será parte de la obra. Los mecenas pagan por una interacción única con el arte... y con el artista. —Dejó que la implicación se colara en el aire—. Es físicamente demandante y psicológicamente intenso. No es un camino para todo el mundo.

Sofia no se inmutó. Magi vio en sus ojos no miedo, sino una curiosidad fría y calculadora. Esta chica no era como Julia; era más dura, más pragmática.

—¿Y el pago? —preguntó Sofia, directa al grano.

Magi le dijo la cifra. Una suma que haría que cualquier deuda estudiantil desapareciera y que sobrara para un estudio propio. Sofia no pudo evitar que sus ojos se abrieran un instante por la sorpresa.

—¿El contrato? —pidió Sofia, extendiendo la mano.

Magi le pasó la tablet. Sofia lo leyó con una velocidad y atención sorprendentes, como alguien acostumbrada a descifrar cláusulas legales en becas y concursos.

—Esta cláusula de "uso de imagen ilimitado y perpetuo" es inaceptable —dijo señalando la pantalla—. Mi imagen es mi capital. No la cedo a perpetuidad. Quiero un límite temporal: dos años. O un porcentaje de los royalties si se usa mi imagen fuera del contexto de las performances privadas.

Magi la miró, impresionada. Nadie había negociado así antes.

—May no suele aceptar cambios —advirtió Magi.

—Entonces May perderá a una artista que podría generarle mucho más que unas cuantas performances —replicó Sofia con una seguridad que rayaba en la arrogancia—. Mis piezas tienen valor por sí mismas. Pueden ser la escenografía, el tema. No solo soy un cuerpo; soy un concepto. Si ella solo quiere un cuerpo, que contrate a una modelo. Pagarían menos.

Magi contuvo una sonrisa amarga. Sofia, sin saberlo, estaba usando el mismo lenguaje de May: todo era una transacción.

—Puedo... intentar proponerlo —concedió Magi—. Pero no prometo nada.

—Hágalo —asintió Sofia—. Y otra cosa: quiero una cláusula de salida. Si cumplo diez performances impecables, el contrato se rompe, sin penalizaciones, y yo conservo los derechos de imagen de todo el material generado hasta entonces. No estoy vendiendo mi alma; estoy alquilando mi talento.

Magi envió un mensaje rápido a May, explicando las demandas de Sofia. La respuesta de May llegó unos minutos después, breve y sorprendente: "Aceptado. Pero si falla en una sola performance, el contrato original se activa automáticamente. Que firme."

May veía en Sofia una inversión de mayor riesgo, pero también de mayor potencial beneficio. Su actitud desafiante podría ser explotada, convertida en parte del espectáculo.

Sofia leyó la contrapropuesta, evaluó los riesgos y, con un gesto casi imperceptible de satisfacción, firmó el contrato modificado.

—Fue un placer hacer negocios —dijo Sofia, levantándose—. Espero los detalles de la primera... inmersión.

Magi se quedó sola en la mesa, la tablet en las manos. Sofia no había sido una víctima convencida con mentiras piadosas; había sido una negociadora fría que había conseguido mejores términos vendiéndose a sí misma como un producto de alta gama. Magi no sentía culpa, sino una extraña admiración mezclada con temor. Sofia creía que podía jugar con fuego y salir ilesa. Y Magi tenía el presentimiento de que, tal vez, ella era la única que entendía lo caliente que ardían realmente esas llamas.

¿Qué pasa después?

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