Chapter 29
by
bla12
¿Qué pasa en su departamento?
Intenta limpiar las marcas de la noche
El agua de la ducha había corrido fría y caliente, luego solo caliente, hasta empañar por completo el pequeño baño y ahogar cualquier sonido que pudiera escapar de sus labios. Magi se frotó con la esponja hasta que la piel le ardió, enrojeciéndose bajo la fricción áspera. Usó un jabón fuerte, con un olor antiséptico que nada tenía que ver con los perfumes dulzones del club, frotándose una y otra vez, especialmente donde los dedos de Adrián y de los otros hombres, habían posado sus manos, donde el encaje negro había mordido su piel.
Pero por más que se restregó, la sensación de suciedad no se iba. No era una mugre física; era una mancha más profunda, una grasa moral que se le había adherido al alma. Al salir de la ducha, el vapor se dispersó revelando su reflejo en el espejo empañado. Una extraña la miraba. Ojos demasiado grandes en un rostro pálido, cercado por mechones de pelo oscuro y húmedo. Y la piel, aunque enrojecida y limpia, parecía llevar todavía la memoria de las miradas, de las manos, del vestido negro y la lencería obscena.
Se envolvió en una toalla áspera y pasó a la habitación. Allí, en el suelo, yacía el vestido. Un charlo de seda arrugada y sudor que parecía contener la esencia misma de la noche. Y junto a la cama, en la mesilla, la tarjeta blanca de Adrián. Inversiones Estratégicas. Las palabras le resultaron obscenas. Él no invertía en negocios; invertía en personas, en degradación, en silencios.
Se dejó caer en la cama, sintiendo la aspereza de la toalla sobre su piel sensible. Cerró los ojos, pero las imágenes acudieron de inmediato, nítidas y crueles: la luz cegadora del foco, el peso de las miradas, el sonido de la cremallera al ceder, la sensación del aire frío en su piel casi desnuda ante una multitud de desconocidos, la expresión de lujuria satisfecha en el rostro de Adrián.
Una náusea repentina la hizo incorporarse. Contuvo el arcón, respirando hondo. Se sentía... distinta. Como si la Magi que había entrado en Ébano no fuera la misma que había salido. Algo se había quebrado, algo se había añadido: una capa de cinismo, de conocimiento sucio del mundo y de sí misma que no había pedido.
Había obedecido a Costa. Había hecho lo que le habían ordenado. Había sido "útil". Pero la utilidad tenía un sabor amargo y metálico, como el de la sangre de una herida autoinfligida. Se preguntó si alguna cadete, algún agente, había tenido que pagar un precio así antes. Y se preguntó, con un estremecimiento de horror, si a Costa le importaba siquiera.
La voz de la Suboficial en el micro, fría y calculadora, dándole órdenes mientras se desnudaba en un escenario... era el recuerdo más vomitivo de todos. No había compasión, ni siquiera preocupación táctica por su bienestar. Solo el puro, duro cálculo del beneficio sobre la persona.
Y luego estaba Adrián. Su toque, sus insinuaciones, la tarjeta que ahora era como una serpiente envenenada sobre su mesilla. Se sentía atrapada entre dos fuegos: la fría ambición de Costa y la lujuria posesiva de Adrián. Ambas la veían como un instrumento, un medio para un fin.
Se levantó y cogió la tarjeta. La partió por la mitad, luego en cuartos, y finalmente en pedazos tan pequeños que apenas eran reconocibles. Los dejó caer en la basura, sobre los restos del vestido. Un acto simbólico, inútil. Sabía que Adrián no era el tipo de hombre que se daba por vencido con facilidad. Y sabía que Costa esperaría que usara ese contacto, que sacara más provecho.
Se miró las manos. Ya no temblaban. Había un nuevo peso en ellas, una pesadez que no estaba antes. Eran las manos de alguien que había hecho cosas que nunca había imaginado hacer. Ya no eran las manos de una estudiante que pasaba páginas de libros; eran las manos de una mujer que se había desnudado para una multitud por orden superior.
La noche había terminado, pero la misión, lo sabía, no. La misión era ella ahora. Su cuerpo, su mente, su voluntad, todo había sido reclutado, moldeado y usado. Y al acostarse, rodeada por la penumbra de su pequeño departamento, Magi no sintió alivio por haber sobrevivido. Sintió el frío vacío de quien sabe que ha cruzado una línea de la que no hay regreso, y que la persona que era antes se estaba desvaneciendo, reemplazandoce por otra, más dura, más frágil, y terriblemente sola, vestida con una piel que ya no sentía del todo como suya.
¿Qué pasa el próximo día?
Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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